El cómic mexicano, especie en extinción
José Antonio Olvera y Humberto Tapia
Nada es eterno, las imágenes se desvanecen, los demonios han cambiado de color y las voces ya no tienen la misma consistencia. El cómic mexicano clásico es una especie en extinción o como muchas otras expresiones de los adentros se ha convertido en una voz subterránea.
La época de oro
En aquellos días cuando la televisión todavía no se convertía en el pariente incómodo de cualquier
familia, en aquellos días cuando la radio era la voz de nuestros fantasmas y el cine era una experiencia mágica, en
los puestos de periódicos levantados en cada esquina se podían encontrar las historietas, las clásicas
historietas mexicanas, donde desfilaban los tonos oscuros de
Lágrimas y risas, las historias cadavéricas de
Mitos y leyendas mexicanas, la historia del negro sobajado pero feliz de
Memín Pinguín, el humor rabioso de
La familia Burrón, las inverosímiles aventuras de
Rolando el Rabioso y los cuentos matemáticos de
Los Supersabios, además de todos aquellos cómics traídos desde el norte, como
Archie, La pequeña
Lulú y los personajes de Walt Disney.
Los primeros desparpajos del cómic mexicano se dan a principios del siglo pasado, cuando Juan
Bautista Urrutia creó las historietas de la fábrica de cigarros El Buen Tono, que tenían por objeto persuadir a los
lectores a consumir su producto. Era 1904 cuando nacían estas historietas, se presentaban en cinco o seis
series autoconclusivas, que eran publicadas en los principales diarios de la época como
El Imparcial, El Mundo
Ilustrado, El Universal,
Excélsior y El
Demócrata.
Para 1922, el mismo autor creó una serie llamada
Ranilla, que también se publicaba en los diarios de la
época. En este caso, el protagonista es un muchacho pueblerino que nace en la provincia mexicana y emigra al
Distrito Federal donde entra en contacto con la inalcanzable aristocracia. Y a pesar de carecer de un apellido de
alcurnia, su hábito de fumar lo hace salir avante de las diferentes situaciones que enfrenta.
Ya en la década de los 30, hacen su aparición las revistas
Pepín, Chamaco y
Pinocho, que reproducían las historietas estadounidenses y además integraban algunas mexicanas. De acuerdo con los números de
esos tiempos, a la semana se llegaban a imprimir hasta cinco millones de ejemplares, entre nacionales y
extranjeras, por lo que se le llamó la época de oro.
En 1947, surgía una publicación semanal llamada
Memín Pinguín, donde se narraban las desventuras de un niño negro y de su madre que a la mínima provocación amenazaba con una zoquetiza que al final se convertía en besos y arrumacos. Un año después doña Borola, don Regino y toda la fauna de La familia Burrón hacía acto de aparición y los enormes cigarros de papel de Doña Borola se hicieron parte de los mexicanos
que se convertían en animales urbanos.
Un poco más tarde, para los años 50 y 60, salieron a la luz historias como las de
Hermelinda Linda, Los Supersabios,
Chanoc, Kalimán y Lágrimas, risas y
amor; esta última se convirtió en un fenómeno que
contaba los avatares de personajes amorosos, canallescos o venidos de lugares paradisíacos como la curvilínea
y enigmática "Rarotonga". Las estadísticas de esos ayeres marcan que publicaciones como
Kalimán y Lágrimas y
risas rebasaban por mucho el millón de ejemplares vendidos cada semana.
Fantomas, la amenaza elegante se deja ver en 1966 y sus aventuras eran seguidas por todos aquellos que veían a la televisión como un
bicho raro, aquellos que hacían de la calle el escenario natural de sus minutos.
Cada viernes el ritual se repetía. En el puesto de periódicos se exhibía el nuevo número de
Lágrimas y risas, donde la historia de un tipo que era conocido como "El canalla" adornaba las páginas de tono sepia de
la publicación. Se trataba de un individuo malo como pocos, de mirada intensa y desafiante, golpeado por la
vida y dispuesto a vengarse de todos aquellos que le habían jugado a la mala.
La revista pasaba primero por las manos maternas, paternas, los hermanos más grandes y al final era
engullida por los menores. Algunos lectores de la época recuerdan que "El canalla" era el tipo de moda; los más
malos de la cuadra se habían ganado el apodo de "El canalla".
Historietas familiares
El cómic o la historieta mexicana se convirtió en la fuente de lecciones de vida a seguir. Los virtuosos
triunfaban al final, los malosos recibían su castigo ejemplar, hasta los rateros se redimían como "Ruperto
Tacuche", de La familia
Burrón, historieta donde doña Borola soñaba con ser rica, tener una criada llamada Jennifer,
como la de su amiga "Cristeta", y no tener que hacer milagros para darle de comer a su prole. El mundo parecía
menos complicado, no había por qué buscar los tonos oscuros o malignos alrededor de las historias.
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Los estudiosos señalan que la historieta se convirtió en otro factor en favor de la unión familiar cuando
la televisión todavía no invadía las intimidades, y en muchos casos asumió un papel de educadora y de
forjadora de un extraño hábito a la lectura. Se documentan casos en los cuales los analfabetas atraídos por los
dibujos aprendieron a leer y se dejaron cautivar por los embustes de la hermosa y maléfica "Rubí". Otro punto en
favor era el reducido costo de las revistas que costaban, por ejemplo, diez centavos, cuando el salario mínimo era
de cinco pesos diarios.
"La historieta mexicana es impecable, está bien hecha, los argumentos responden a una serie de
peculiaridades del mexicano, digamos La familia
Burrón, Los Agachados, Hermelinda
Linda. Esta historieta netamente mexicana propone un forma de ser de lo que podríamos denominar como mexicano. Son muy
creativas, imaginativas, el humor es muy particular y de ahí su popularidad", afirma la académica María Eugenia
Chellet, coautora del libro Mitos y monitos, editado por la UNAM.
Más allá de los tirajes que podían rebasar el millón de ejemplares y de que los editores obtenían
ganancias respetables, los dibujantes y argumentistas tenían que multiplicarse para mal ganarse la vida. Al respecto,
don Rubén Lara, creador de Fantomas, señala: "La historieta siempre ha estado mal pagada y el dibujante es
difícil que pueda mejorar su calidad cuando tiene que realizar historietas en tiempos cortos. Esa combinación es
la que ha dado al traste con la historieta mexicana que en realidad es un fenómeno que está afectando a
toda la historieta mundial, pero desde luego a nosotros nos está yendo peor que en otras latitudes".
De aquel esplendor de la historieta, don Sixto Valencia Burgos, creador del dibujo de
Memín, recuerda las reglas impuestas: "Había algunas reglas que se debían respetar a la hora de dibujar, por ejemplo, no
podía dibujar muy frondosas a las chamacas, no debía verse el pechoOtra particularidad era que
intentábamos estrenar palabras, es decir, palabras que no eran tan usuales en el vocabulario, las metíamos al argumento
y las explicábamos a los lectores dentro de la historieta".
Lo que podríamos llamar la época de plata de la historieta mexicana se extendió hasta los años 70. En
los puestos de cada esquina circulaba
Chanoc y sus estrafalarios personajes donde pululaban una especie
de cavernícolas que vivían empeñados en tumbar aviones a golpe de rocazos.
Además, el fenómeno derivado de
Lágrimas, risas y amor tomaba gran fuerza, y personajes como
"Rarotonga" se convertían en la inspiración de los sueños platónicos de la tribu de adolescentes que crecía en la ciudad
de México. La isla misteriosa donde habitaba la voluptuosa morena era el tema que carcomía las imaginerías
de cómo sería estar con una mujer así.
Conquistas de la historieta
Años más tarde, "Rarotonga" sería llevada al cine. La seudo vedette Gloriella, rellenita por los silicones,
no llenaba las expectativas, la escenografía de cartón-piedra que pretendía ser la isla del enorme mito
causaba humor involuntario y el actor Raúl Ramírez, quien quiso ser el doctor que caía ante los embrujos de
"Rarotonga" no conmovió a nadie. El personaje aún danza en los recuerdos y arranca más que algunos suspiros.
De los responsables de
Lágrimas, risas y
amor también surgió una historieta que tuvo como nombre
Fuego, en la cual se contaba la lucha por la independencia de lo que hoy se llama Haití. Con los típicos excesos
de dramatismo, se narraban las cruentas historias de quienes lucharon contra la ocupación francesa en la isla y
la historieta se convirtió en un gran fenómeno de ventas.
Manelick de la Parra, presidente y director general de Grupo Editorial Vid, hijo de Yolanda Vargas
Dulché, autora de grandes éxitos como
Lágrimas y risas, habla de lo que significó esta historieta: "La suma es que
son historias románticas, bonitas, positivas, donde el personaje central se abre camino a base de esfuerzo y
se impone ante la adversidad, pues obviamente hizo que
Lágrimas y risas fuera un parámetro a seguir".
Otra de las piedras angulares de la historieta mexicana antes de su debacle fue
Kalimán. En 1965, teniendo como referencia que la radionovela donde se narraban las aventuras de este héroe era todo un éxito, un
grupo de dibujantes y argumentistas se dio a la tarea de darle rostro y voz impresa. En poco tiempo,
Kalimán se convirtió en un gran negocio, los tirajes llegaron a rebasar los dos millones y su fulgor se extendió hasta
bien entrada la década de los 70. "Serenidad y paciencia, mi pequeño Solín", se convirtió en una frase que era
usada por más de uno ante situaciones complejas.
A la par de las historias propicias para la bondad y el final feliz, surgió en la década de los 60 una
historieta que rompió esquemas y que se valió de la crítica política para ganar un buen número de seguidores.
Encabezados por "Rius", un grupo de desfachatados dio vida en primera instancia a
Los Supermachos. De golpe y porrazo aparecieron personajes como "Calzonzin Inspector", "El Licenciado Trastupijes" y "Nopalzin
Reuter", entre otros demonios que se dedicaron a diseccionar la realidad nacional en un pueblo perdido en la provincia.
Más tarde llegaron Los
Agachados y además de los problemas nacionales y en un tono bastante
pedagógico se explicaban temas internacionales, se retomaban las luchas sociales y se buscaba acercar al lector a las
tesis del socialismo. "Rius" también aprovechó el espacio para hablar del vegetarismo, para tronar contra la
comida chatarra y ponderar la cura con yerbas.
Y la historieta se desdibuja
La televisión se convirtió en un obstáculo difícil de sortear. Las telenovelas, los programas musicales,
de comicidad y la transmisión de los deportes hicieron de la mal llamada "caja idiota", el pariente incómodo
de muchos hogares mexicanos y cada vez más. Telesistema Mexicano y más tarde Televisa, comandados por
Emilio Azcárraga, se transformaron en un poder muy cercano a los planteamientos del rumbo del país. El noticiero
24 Horas informaba sólo lo que al gobierno le convenía; hechos de sangre como el 68 y el jueves de Corpus
de 1971 fueron editados al estilo de la amistad que mantenían Televisa y el régimen priista; el país era
un verdadero paraíso donde pasaba nada.
La década de los 70 puede ser marcada como el inicio del
boom de la televisión por su abaratamiento.
La transmisión a todos los rincones del mundo de los Juegos Olímpicos de 1968 dejó muy bien parada la
capacidad tecnológica de Telesistema Mexicano. Azcárraga Milmo tenía derecho de picaporte en Palacio Nacional.
En pocos años, la televisora se empezó a dar el lujo de crear estrellas y, cuando quisiera, también dejarlas en
el olvido. La televisión no tenía competencia, el cine entró en una crisis que todavía no termina de superar, la
radio mantenía su nicho de seguidores y las historietas poco pudieron hacer ante el avance de los televisores.
A la TV
Las telenovelas pronto desplazaron a los eternos melodramas de
Lágrimas y risas, incluso, varias historias
de este cómic se convirtieron en exitosos dramas televisados como
María Isabel, Yesenia,
Rubí, Gabriel y Gabriela y
El pecado de Oyuki, entre otros argumentos de Yolanda Vargas Dulché. También la cinematografía
retomó los argumentos de la historieta en cuestión y perpetró varios largometrajes que tal vez se encuentren en el
álbum de la ignominia y el humor involuntario.
Los analfabetas que encontraban en los dibujos y los diálogos mínimos de la historieta un paraíso,
pronto cayeron en manos de la barra programática producida y transmitida por Televisa. Los tirajes de las
historietas antes exitosas bajaban cada día más y muchos títulos tuvieron que desaparecer ante una crisis
interminable. La televisión estaba lista para asumir el mando del entretenimiento. Si bien existían programas
memorables como
Ensalada de locos o
Los
polivoces, los mexicanos aguantaron con verdadero estoicismo las lágrimas
de cartón de algunos "artistas" que se vieron encumbrados con las telenovelas.
Thelma Camacho, historiadora de la UNAM, habla de la crisis de la historieta: "En sus inicios, la historieta
era un medio que no tenía la competencia de la tele, eran sólo el radio y la historieta, y ahora la mayor parte
del tiempo libre se dedica a la televisión, además la gente lee muy poco. Por otro lado, hubo una época en la
que la historieta estuvo buscando no dirigirse al pueblo sino a las clases medias; creo que en el momento que
buscó a las clases medias perdió a sus lectores".
Durante los años 70 no se documenta el nacimiento de una historieta que haya dejado profunda
huella. Lágrimas y risas, La familia
Burrón, Kalimán y
Chanoc sobrevivían con bajos tirajes, eran seguidos por los
lectores aferrados y cada día disminuía el número de compradores de esas revistas. El hábito de comprar cada
semana la historieta pronto quedó en el olvido, el ejemplar que pasaba por las manos de todos los habitantes
de cualquier vivienda era ya una leyenda. El carácter directo y superfluo de la televisión atrapó a las mayorías,
ya no era necesario gastarse la vista con dibujitos y diálogos en los globitos.
Hacia 1980, un grupo de creativos se dio a la tarea de darle forma a un personaje forzudo, mañoso, de
buen corazón y mirada gandalla, se trataba de
El Pantera, una especie de justiciero con pinta de judicial, un
James Bond muy capitalino. Su mayor tiraje fue de 600 mil ejemplares y actualmente sólo salen a la venta 38 mil.
Esto pareció ser el renacimiento de la historieta pero todo quedó en un buen intento.
Durante los últimos 20 años, México ha registrado un franco descenso en el índice de compradores
de publicaciones, y por ende de lectores. Todavía, hasta la década de los 70, un significativo segmento de
la población dedicaba parte del día a las lecturas que iban del periódico a las revistas; de las novelas a
las historietas. En esos años, 44% de la población leía una historieta a la semana y con el paso de los años, la
cifra se derrumbó y el consumo de las revistas cayó bajo las miradas incrédulas de historietistas y editores.
En esos tiempos de crisis, que todavía no llegan a su fin, en los puestos aparecieron
El libro vaquero y
El libro semanal. El primero era una suerte de recreación del viejo Oeste con nombres gringos, mujeres fatales
y argumentos inverosímiles. El segundo se centraba en las historias de amor y desamor, traición y abandono, todo un paisaje de pasiones humanas, pero al final el bien salía triunfante.
El desgaste de la historieta dejó prácticamente en la calle a muchos. Los argumentistas y los dibujantes
eran empleados para matizar y dar una visión más mexicana a los cómics estadounidenses que eran reciclados
en nuestro país. Don Sixto Valencia Burgos, creador del dibujo de
Memín, tiene su visión de qué pasó con el
correr de los años: "Actualmente, la historieta mexicana está perdida un poco porque a la gente ya no le llama
mucho la atención leerlas, han bajado muchísimo en cuestión de ventas. Esto se debe a que la televisión es
gratuita y que absorbe demasiado; la gente como que es floja para leer".
En los años recientes se ha desatado un furor de historietas plagadas de aventuras de choferes, galanes
y, sobre todo, de mujeres con voluptuosos cuerpos en busca de relaciones sexuales con todo aquel que se
los proponga. El especial de choferes, traileros, luchadores y demás, son las nuevas joyas de una corriente de
historias que en ocasiones rayan en la pornografía. A la menor provocación se dan los albures y las
historias truculentas. Don Rubén Lara, creador de
Fantomas, se refiere a los nuevos tiempos: "Ahora las revistas se
han ido por el lado de la pornografía y eso ha hecho que se pierda el respeto y el interés por esas revistas que
están siempre al alcance de la familia, esa era la gran ventaja de que uno podía traer estas revistas a casa.
El Chamaco, El Pepín y todas las demás, mínimo cada revista era leída por cuatro o cinco personas".
De acuerdo con cifras de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem), en 1996
existían 32 diferentes títulos de historietas, fotonovelas y cómics, y para 1997, los títulos llegaron a 74, sin
embargo, los tirajes totales bajaron de 61.1 millones en 1996 a 23.8 millones un año después.
Cambio de rumbo
Gonzalo Araico, presidente de la Caniem, da mayores detalles sobre la crisis de la historieta: "El declive
en el caso de la historieta tiene que ver más con la moda. Recuerdo que las fotonovelas fueron muy exitosas
en su momento y ahora ya no circulan, esto tiene que ver con la cultura y con el uso de publicaciones, tienen
su ciclo de vida. En el caso de Japón circulan muchísimo los mangas, son exitosas y se publican por millones;
creo que Japón tiene un alto nivel cultural y al mismo tiempo, un elevado índice de ventas. Para que en México
se pongan de moda se tendrían que modernizar. Actualmente circulan casi tres mil títulos de historietas a
nivel nacional, pero de esos, 60% son de importación".
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La investigadora de la UNAM María Eugenia Chellet también pone algo muy en claro, la urgencia de que
los argumentistas, dibujantes y editoriales se ajusten a los nuevos tiempos: "Creo que la historieta en México
tiene que cambiar, los editores tienen que reelaborar sus productos y darse cuenta que no pueden darle a la
gente lo mismo que le dieron durante 40 años, el público permaneció constante desde los años 30 hasta los 80,
pero ya en los 90 hubo un quiebre de estas industrias, se empezaron a retirar del mercado series y series y series".
Además de las andanzas seudo eróticas que cada vez pululan más en los puestos de periódicos, se dieron
las reediciones de Memín
Pinguín, Lágrimas y risas,
La familia Burrón y
Kalimán, pero sus argumentos resultan claramente desfasados en una sociedad en franca evolución, bombardeada por publicidad, medios de
comunicación, política, y cada vez más ligada a las herramientas electrónicas, con menos interés en adentrarse
en la vida de personajes de buen corazón y preocupaciones familiares.
La otra competencia
Para cerrar el círculo en torno a la infausta crisis de la historieta mexicana, hay que hablar del llamado
manga japonés. En los años recientes las historietas venidas del lejano oriente se han convertido en la gran
sensación entre el público. Las gestas heroicas de personajes de grandes ojos, piernas largas y mirada cuasi inocente
han encandilado a niños y jóvenes.
El negocio que arrastra el manga japonés es redondo. A la par de la historieta, surgen las tarjetas de
los personajes, juegos para las tarjetas, cd rooms, posters, calcomanías, videojuegos y en algunos casos el
personaje con articulaciones. Además, la televisión es la gran aliada en este negocio pues transmite decenas de caricaturas plagadas de héroes que se transforman en todo y juegan a la filosofía oriental.
La historieta japonesa es otro gran contrincante para los creadores nacionales, pues ni las aventuras de
los superhéroes estadounidenses opacan el fulgor de los personajes nipones. Aunque valga reconocer que
los dibujos de Japón tienen su valor artístico, también existen los puntos radicales cuando el manga se
transforma en "ninfetas" deseosas de carne y los guerreros salpican de sangre a la búsqueda de saciar el calor interno
de las heroínas de ojos grandes y piernas interminables.
El papel es de muy alta calidad para permitir una excelente impresión de las tintas a color casi de
calidad fotográfica, mientras que la creación de los personajes, dibujos, tirajes, costos y distribución, también
son factores que dejan al resto de los cómics sin posibilidad de competir.
Voces del inframundo
Si bien el panorama es un tanto desolador para la historieta mexicana clásica, existen expresiones
subterráneas, sustentadas en un trabajo casi artesanal y sobre todo con una visión más abierta y apegada a los
nuevos tiempos que vivimos.
A fines de los 80 hizo acto de presencia
Karmatrón y los transformables, una historieta influenciada por
la ciencia ficción, los robots y un aire místico donde el "kundalini", una especie de energía interna, era el
motor del mundo. Por otra parte, en Monterrey, en 1994, se generó un leve renacimiento de la historieta
nacional. Dibujantes y argumentistas de esa ciudad pusieron manos a la obra para darle forma a
Ultrapato, un cómic donde un pato adquiría superpoderes por vía de unos guantes de origen extraterrestre, su gran enemigo
era otro superpoderoso; el mundo de
Ultrapato estaba plagado de animales antropomorfos.
Bajo el aura de
Ultrapato, nació un estudio dedicado a darle un nuevo rostro a la historieta mexicana.
Con el nombre de Cygnus, un grupo de creativos escribía y dibujaba las nuevas andanzas de
Ultrapato y de Valiants, una variación de la primera , un poco más adelante salió
Lugo, un vampiro en busca de expiar culpas de
muchas vidas anteriores.
Al tiempo, en Guadalajara se puso en circulación
Xiuhcoatl, la serpiente de fuego, una saga donde
se enfrentaban superhéroes, antiguos dioses aztecas y policías de mal talante, el encargado de esta historieta
fue el Estudio Entropía. Como una muestra del trabajo artesanal podemos situar a
Cerdotado, una suerte de Superman con carnes abundantes y nariz chata, todo esto creado por la editorial Psycomix.
Como corolario a una historia que se niega a morir, las palabras de Rubén Lara: "Creo que en los
próximos años la historieta no va a desaparecer, se puede mantener, lo que sí creo es que ya no tenemos la
historieta como la conocemos. El mercado está abierto para la historieta de calidad porque ahora tenemos que
esforzarnos por hacer una revista que compita con el mercado, que cada vez es mejor, yo veo que Marvel y
los japoneses tienen muchas de calidad, y si nosotros no logramos ponernos a la altura de ese trabajo, no
va funcionar; quedarán sólo los que logren la calidad".
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Antecedentes de la historieta mexicana
Novela Gráfica El Periquillo Sarmiento
Año de aparición:
1816.
Autor: José Joaquín Fernández de Lizardi, el "Pensador Mexicano".
Tema: Relata la vida de un criollo ingenioso llamado Pedro Sarmiento, retratando satíricamente el
México de principios del siglo XIX.
Formato: Fascículos.
Historietas de El Buen Tono
Año de aparición:
1904.
Autor: Juan Bautista Urrutia.
Tema: Anuncia los productos de la fábrica de cigarros El Buen Tono.
Formato: Series de historias donde cada plancha era autoconclusiva y sin secuencia.
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Factores tecnológicos que impactaron la historieta mexicana
· La aparición de nuevas formas de diversión como videojuegos.
· La creciente oferta televisiva y la accesibilidad para ver cine en casa.
· Las computadoras personales y la Internet.
Factores sociales que impactaron la historieta mexicana
· La historieta dejó de cautivar a las nuevas generaciones debido a que los temas ya no reflejaban a la
sociedad actual. Se rompió el vínculo tan estrecho entre la vida del protagonista y el lector.
· El precio de los productos impresos se ha incrementado. Durante los años 40, con un salario mínimo
se podían comprar 500 revistas de historietas, mientras que en la actualidad sólo ocho.
· Cada vez existe más diversidad en la oferta de productos que expenden los puestos de revistas como
mangas acompañados de videocassettes, cómics de importación, cd rooms, audiolibros, revistas eróticas,
pornográficas, etcétera.
· Las situación económica de los historietistas se refleja en la calidad de su trabajo. Según las
fuentes consultadas, continúan ganando alrededor de 100 pesos por cartón.
· Los niveles de educación de la población han aumentando, modificando los hábitos y los pasatiempos de la familia tradicional.
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"En 1975, Editorial Vid vendía un total de cinco millones de ejemplares de historietas a la semana,
mientras que ahora vende sólo cuatro millones al año"
Manelick de la Parra, Presidente del Grupo Editorial Vid.
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"Las historietas han sido desplazadas por la TV, la Internet, los videojuegos, las películas, etcétera, ahora
ya hay otras formas de divertirse"
Rubén Lara, dibujante
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"El material para hacer historieta no se va a acabar nunca. Siempre hay locos que adoran la historieta"
Sixto Valencia Burgos, dibujante