Suplementos culturales en la ciudad de México
Jaimeduardo García
Los suplementos culturales en México tienen
una larga tradición acuñada por Fernando Benítez
cuando
fundó en 1947 la Revista Mexicana de
Cultura en el diario El Nacional. En la actualidad, en la
ciudad de México esos
nichos de lectura sólo la sostienen siete
periódicos, que aunado a las crisis económicas,
deben sortear la paradoja de
los muchos diarios y los pocos lectores.
Con el interés de conocer el universo de
lectores que arriban a las páginas de los suplementos
culturales,
etcétera consultó a los editores de estas cartas
de navegación del quehacer cultural defeño para conocer
el tipo de
lector, cómo seducen a la gente para atraerlos, si son fuente
de ingreso para el diario que los edita y su posible destino.
El futuro está en Internet
El tipo de lector del suplemento
sábado, del periódico
unomásuno fundado por Fernando Benítez en 1977,
el cual dirigió hasta 1986, año en que tomó el
timón Huberto Batis hasta enero de 2000 su actual editor,
Noé Cárdenas, lo explica así: "Hoy los
suplementos tienen sus propios lectores, los diarios saben que los
domingos aumenta su tiraje y sus ventas por éstos. En el caso de
sábado me gustaría hacer hincapié en que como es
un suplemento de tradición, a los dueños les interesa
mantenerlo, además saben que se incrementa la venta
sabatina. Muchos de los lectores de
sábado son escritores en activo, sobre todo
jóvenes que están por publicar o les
interesa saber qué opinan de ellos, o qué se
está haciendo en la literatura actual".
Noé Cárdenas precisa que buena parte
de los lectores de
sábado son del extranjero, pues les interesa mucho
la literatura del país, aunque "es un sector joven que
busca la literatura nacional. El promedio de lectores es entre
30 y 40 años de edad, muchos son estudiantes de
Filosofía, Letras, de Historia, principalmente. Internet es un
gran aliado, muchos lectores y colaboradores llegan por correo".
El editor de
sábado convence a los lectores para que se acerquen a
sus páginas con "un arma: la calidad de
las plumas y cómo se abordan los temas; demandamos de los
autores jóvenes que su escritura tenga voluntad de
estilo; ofrezca entretenimiento y engrandecimiento de la lengua. Los
suplementos se hacen para tomar el cafecito
los domingos en la mañana, se hacen textos para satisfacer al
lector".
El suplemento es un difusor de cultura, pero
aparte de esta tarea da prestigio editorial al periódico que lo
edita. En el caso de sábado su editor dice que "lo
ideal es que sea ambos. La cultura es un patito feo pero viste al
diario, le da presencia y prestigio, indudablemente, además
ofrece orientaciones sobre qué libro comprar o a qué
espectáculo asistir. Si está bien hecho atrae
publicidad. Es prestigio y ventas, aunque no preocupa a los editores
la
cuestión comercial".
Respecto del porvenir de los suplementos,
Noé Cárdenas responde: "Quizá en Internet
está el futuro. Van a
tardar en desaparecer. Las firmas y presencias en los suplementos son
alimentados por los escritores, son una especie
de taller literario, pues con el trabajo de las reseñas pueden
armar un libro. Es alimento natural para un
suplemento, eso les garantizaría la vida. El panorama es
alentador, pues en estos momentos la mayoría de los diarios
tienen suplemento cultural".
No tenemos sensación de
rating
El tipo de lector de
La Jornada
Semanal lo define Luis Tovar, jefe de redacción: "La
mayoría de lectores
del suplemento son los que convergen con el perfil editorial del
diario, y se acercan a la cultura. Otros lectores lo
hacen sólo el domingo porque no siguen durante la semana la
información diaria. El tiraje aumenta los domingos
porque se busca el suplemento. Tenemos más lectores en
provincia. El universo de lectores es universitario, no
necesariamente el estudiante de la UNAM. La mayoría son de
clase estudiada, si se permite el término".
A la pregunta si esta publicación sirve
para ganar lectores o mantener los que ya se tienen, afirma que el
primer objetivo es difundir la lectura. "No tenemos una
sensación de
rating, pero sí importa la cantidad de lectores
que se tenga. Claro que sirve para allegarse más
público. Modestia aparte somos el suplemento más
leído de todos,
eso capta lectores, poner en los ojos de éstos material
valioso los atrae".
¿Y La Jornada
Semanal cómo convence a la gente para que la lea?:
"Los convence si los textos son
ricos, interesantes y accesibles, con una oferta editorial amplia;
sabemos que el contenido del suplemento no todo le interesa a todos, es muy difícil. La
retroalimentación con el lector ayuda mucho. Y cómo
medimos la aceptación
del suplemento, con las respuestas y críticas de los lectores".
Luis Tovar señala que aparte de difusor de
la cultura,
La Jornada Semanal "sí es fuente de ingresos. Los
domingos aumenta el tiraje, por tanto, la venta se incrementa, aunque
todos sabemos que la publicidad es lo que sostiene
la publicación. Sí es un prestigio y también una
preocupación de
La Jornada considerar al suplemento como
muy valioso. El perfil de La Jornada diario siempre ha sido
pensado en el lector, que sea una publicación
incluyente, ofrecerle al público materiales críticos y
novedosos, porque así lo requieren los lectores, reuniendo
estos
elementos somos el suplemento líder".
Para el jefe de redacción de
La Jornada Semanal el futuro de los suplementos culturales es
apostarle a
la supervivencia, sorteando problemas económicos. "En el
suplemento no somos autónomos, dependemos de
una política general. Esperamos que las directivas de los
diarios donde se publican suplementos conserven la
sensibilidad que han tenido para que no desaparezcan, porque
éstos son una alternativa real de difusión
cultural".
La cultura es difícil de vender
Actualmente,
Arena, de
Excélsior, es el suplemento más joven, con tres
años de existencia se ha mantenido
pese a sus recientes crisis económicas, editoriales y
políticas. Miguel Barberena es su director. Este comenta que el
lector de
Arena es el tradicional de
Excélsior, "pero tiene un público
más juvenil, tratamos de captar ese sector y a
lectores más interesados en la cultura, pues es un
periódico tradicional, por eso procuramos subsanar esa
carencia.
Tenemos muchos lectores de provincia, por la circulación que
tiene el diario en la República".
Para ganar lectores, el editor de
Arena quien acepta que son escasos sostiene:
"Tenemos que hacer
un suplemento joven, dinámico, fresco, pues hay que reconocer que
Excélsior tuvo una pérdida de lectores, sobre
todo de los sectores juveniles. Ahora experimentamos con el formato
tabloide y el color. El domingo se vende más
y aumenta el tiraje por el suplemento. Cómo lo notamos, por
Internet, la lectura electrónica es un buen
indicador, aunque pienso que nos hacemos competencia".
En Arena, para que el público lea el
suplemento, se debe hacer un producto de buena calidad, ágil,
romper
con el concepto de que la cultura es aburrida y darle un
carácter más periodístico, afirma. "Yo no
vengo de la
cultura, soy reportero de la fuente económica y
política, pero me gusta lo que hago en
Arena; en ese sentido, manejar información que se gane,
es el anhelo de todo periodista dar primicias, en este caso en
cultura. Si a eso le
agregas literatura, artes plásticas, música, textos no
muy largos pues hay que recordar que la competencia de la
televisión es muy fuerte, además de Internet, esto
obliga a que los textos sean breves lo complementas. Se debe
procurar que cuando el lector abra el suplemento no lo suelte".
El director de Arena comenta que publicar
el suplemento es prestigio editorial para el diario, pero no fuente
de ingresos. "La cultura es difícil de vender en este
país. Al suplemento lo subsidia
Excélsior. Los directivos del
periódico entienden que hacer un suplemento enorgullece y es
una tradición, pero debe hacerse accesible la cultura por
un precio módico. En el caso de
Arena, el suplemento consigue su propia publicidad".
Miguel Barberena dice que el futuro de los
suplementos es difícil predecir, de hecho, no lo sabe, pues lo
asocia con el destino del periódico que lo publica. "El
periodismo escrito atraviesa por un momento difícil. Sin
embargo, la situación actual de los suplementos es muy rica,
casi todos los diarios tienen el suyo. Tener pocos lectores
nos puede beneficiar, pues adquieren cultura por medio de los
suplementos; la cultura cuesta, el precio de los
libros reduce las posibilidades de los lectores, pues éstos
recurren a los suplementos para leer fragmentos y enterarse
de las novedades. El panorama es mejor, más abierto a las
colaboraciones y a los nuevos escritores, es menos
de mafias".
Los escritores son un monstruo en evolución
El editor de
La Crónica
Dominical, Juan Manuel Gómez, dice que "los
suplementos tienen lectores que
buscan cultura. El de
La Crónica
Dominical es el público promedio del diario, aunque hay
lectores específicos
interesados en el suplemento, pero es poca gente. No es una
contradicción decir que hay dos tipos de lectores: uno, que
va directo al suplemento; el otro, el habitual que lee el diario y
luego arriba al suplemento. Cómo sabemos qué
tipo de gente nos lee, pues nos damos cuenta a través de
cartas, correos, colaboraciones, telefonemas, hay
quien pregunta por materiales publicados, traducciones, pues nuestro
perfil es muy literario, sabemos que nos
leen escritores, académicos, estudiantes, intelectuales".
Para convencer a la gente que lea este suplemento,
Juan Manuel Gómez dice apoyarse en "cierto
prestigio ganado", y en mantener niveles de calidad,
"tenemos una fuerte política de traducciones, pues es una
ventana
para los lectores para que conozcan otras literaturas del mundo; es
una función de equilibrar los contenidos. Nos
interesa ser un foro cultural; mostrar al lector lo que están
haciendo las casas editoras, es un servicio de promoción
editorial".
Además señala que no hay muchos
ingresos al periódico por medio del suplemento, pero admite
que "le da
más prestigio. En La Crónica
Dominical con una plana se paga el suplemento; nuestro objetivo
no es atraer dinero
sino la difusión de la cultura y así lo entiende la
directiva".
Juan Manuel Gómez reconoce que los
suplementos culturales siempre serán importantes, y respecto
de su
futuro sostiene que no se agotarán por completo los lectores:
"No creo que llegue el día que no se publique nada.
Hay muchos, aunque no sé si sea una situación mejor o
peor, cualquier suplemento que se hace en la actualidad es perfectible. No pienso que sea un cambio generacional
la ausencia de grandes plumas en los suplementos
culturales; las generaciones siempre cambian y se suceden otras. Los
intelectuales y escritores son un monstruo en
evolución, quizá ya no les interesa. Siempre
habrá lectores de suplementos, y las nuevas generaciones
nutrirán y
continuarán con la tradición de los suplementos".
Los suplementos no están en el mejor momento
La coordinadora general de
El Angel
publicado por el diario
Reforma, fundado en
1993 Rosa María
Villarreal, al referirse al tipo de lector dice que es el mismo de
Reforma. Precisa que hay gente lectora de suplementos,
además de los creadores, literatos y gente deseosa de ampliar
su espectro de lectura. ¿Cómo saben qué tipo de
lector
visita sus páginas?: "En
Reforma hacemos una encuesta anual del tipo de lector de
suplementos, y por las cartas y
correos que nos llegan, vía Internet, sabemos que el público de
El Angel es el mismo que lee
La Jornada
Semanal, o
La C
rónica
Dominical; compartimos lectores, ésa es una verdad, porque
existe un público interesado en la lectura de este
tipo de publicaciones, además de frecuentar los diarios".
El suplemento, indica, sirve para mantener los
lectores que ya se tienen, pues señala que si se toma en
cuenta lo que revelan las encuestas, "estaríamos
derrotados, pues el tiempo de lectura promedio del lector de un
diario es de 30 minutos, los lectores aspiran a enterarse con el
afán de no quedar fuera de la conversación cotidiana.
Hemos captado muchos lectores jóvenes".
Cómo convence El
Angel para que los lectores acudan a sus páginas:
"Ante un paisaje desolador es
sorprendiendo al público con un suplemento a color,
diseño atractivo y ambicioso artísticamente,
además tenemos un
periódico que nos respalda con su prestigio, su tiraje y
solidez económica, aunado a un consejo de expertos con arraigo
en el medio cultural, apoyado en un equipo de periodistas apegados al
momento coyuntural de la información y
capaz de traducir las palabras y las imágenes en
páginas que llegarán a las manos del lector, y hacer un
suplemento
no sólo exquisito, con material de alta cultura, sino
también abordando temas populares, cotidianos, para
acercarle al lector materiales que no sean tan desechables".
La periodista reconoce que el suplemento no es una
fuente de ingresos para el periódico, pero no está
segura si es prestigio editorial, pues señala que éste
"tiene cola que le pisen. Hoy representa un elemento valuado
y devaluado, en tanto que se ha convertido en una etiqueta, una marca
que vende, pero lamentablemente
también en un producto que deja en el lector la
impresión de haberlo leído aun antes de leerlo".
Comenta que este tipo
de ediciones tiene una misión cultural y es parte importante
de la oferta de un periódico. "Hay ciudades donde no
se necesita suplemento, pero en la ciudad de México, con una
larga tradición de estas publicaciones, es necesario
para conservarla".
Para ella el futuro de los suplementos es triste,
pues reconoce que son pocos los lectores de estas
publicaciones y precisa: "En estos momentos cabría ser
fatalista y declarar la muerte de los suplementos culturales, es
difícil,
pues hubo mejores épocas para éstos, en la actualidad
hay muchas ofertas en el mercado editorial, pero existe
un florecimiento de publicaciones dedicadas a la cultura, creo que
los suplementos culturales no están en el
mejor momento, sin embargo, hay cosas alentadoras, una de ellas es
que ya no hay mafias. Si están en crisis pienso
que se debe a las crisis económicas, la gente prefiere comprar
lo que necesita, pero quizá hay una crisis más
profunda que puede ser ideológica".
Rosa María Villarreal no cree que los
suplementos desaparezcan, pues "se insertan en la memoria y la
tradición del periodismo mexicano, aferrarse de esto como
tabla de salvación no asegura la sobrevivencia, pero acepto
que debe ajustarse a los tiempos y compartir las mismas plumas, a
veces las mismas ideas, y los mismos lectores".
Buscar la pureza del lenguaje
Ernesto Herrera, editor de
El
Semanario de
Novedades, dice que el universo de lectores
es la gente del
medio, universitarios con intereses literarios, y aquellos que forman
parte de los lectores comunes del diario y personas
a quienes les gusta estar al tanto del acontecer cultural. Piensa que
una pequeña parte de los lectores afectos a
El Semanario desde su origen siguen leyéndolo,
"aunque es difícil mantenerlos tantos años, no
creo que
ningún suplemento lo logre".
El editor de la publicación fundada por el
poeta Eduardo Lizalde en 1982 en 1983 José de la Colina
asume
la dirección hasta la fecha afirma que los suplementos
culturales deberían servir para ganar lectores y mantener
los que ya se tienen: "Estoy convencido de que sí se
pueden ganar lectores, sobre todo en las universidades,
aunado al compromiso de tener sentido crítico de la palabra,
es la fama que tiene
El Semanario, y no ser hortodoxo sino buscar la pureza del
lenguaje, es como se renueva. Además no creo que haya lectores
jóvenes o viejos sino un
lector culto".
Ernesto Herrera sostiene que para convencer a los
lectores de visitar y leer las páginas de
El Semanario se basa en los temas, que sean atractivos y, en
su caso, con unidad temática. Comenta que al suplemento
recientemente entró gente nueva y "esto inyecta ideas
frescas, además, todo suplemento se hace conforme a un esquema
ya
no hay un culto crítico y con espíritu de
renovación y agilidad, y la manera cómo se presentan
los temas.
Obviamente cuenta mucho el gusto del editor y las propuestas de los
lectores".
Para este editor el suplemento cultural no es fuente
de ingreso por sí solo, y reconoce que sí es prestigio
editorial para el periódico que lo edita. "A los
dueños les interesa un público cautivo, que siempre lea
sus páginas,
el suplemento es una manera de propiciar esto".
Ernesto Herrera confía en que se
mantendrán los suplementos culturales, sin embargo,
señala que el futuro
de éstos depende de las finanzas de los periódicos,
"porque es sabido que en una crisis lo primero que se sacrifica
son las secciones culturales y los suplementos". Respecto del
panorama él percibe un cambio generacional en
estas publicaciones pero con capacidad cultural. Reconoce cierto
declive en la calidad del suplemento que coordina,
pues al preguntarle si coincidía con la opinión de
José de la Colina, actual director de
El Semanario, que hoy todos los suplementos culturales son
muy malos, hasta el suyo, Herrera dijo:
"El Semanario ha decaído, hay una crisis
de contenido, pero sigue siendo un buen suplemento, ya no hay firmas
pesadas, quizá porque hay un cambio
de estafeta y los nuevos lectores se deben acomodar a esto, y no
coincido totalmente con la opinión de De la Colina".
Un suplemento, decisión filantrópica
El editor del decano de los suplementos culturales
que se editan en la actualidad,
El Gallo Ilustrado editado desde 1962 Lorenzo
Delfín Ruiz, dice que, en su caso, el tipo de lector no es el
habitual del diario, y precisa que en
El Día, periódico que publica el suplemento,
hicieron un análisis del público que frecuenta sus
páginas y arrojó
como resultado que son investigadores sociales, intelectuales y
literatos, básicamente.
A la pregunta de cómo convence este
suplemento a la gente para que lo lea, afirma que "haciendo
análisis
político y cultural, diversificando la oferta de lectura, y
quitándole el estereotipo de que un suplemento sólo lo
leen
los intelectuales; pretendemos que nos lean los universitarios, los
historiadores, y un público más amplio con
los artículos de coyuntura y las plumas que publican aquí".
Comenta que El Gallo Ilustrado
se hace sin ningún interés comercial, y no
retribuye económicamente al
periódico, pues "su tarea es de carácter cultural.
En el diario tenemos presente que los medios deben contribuir al
fortalecimiento educativo de la sociedad".
Delfín Ruiz ve el futuro negro, pues
"hay que aterrizar en la realidad, el periodismo escrito, la
prensa
independiente, atraviesa por una crisis editorial muy fuerte, y esto
repercute en cualquier aspecto en los
suplementos culturales, además la fuerza del mercado orilla a
aligerar los contenidos de los diarios, y si a eso le sumamos
los escasos lectores el asunto se complica, por eso digo que la tarea
de sacar un suplemento cultural es una
decisión filantrópica".
Durante el "Encuentro de Revistas Culturales
Latinoamericanas" (celebrado a fines de mayo de 2001) la
mayoría de los editores de suplementos resaltaban el
boom de estas publicaciones y la existencia de éstos en
tiempos de
crisis, pero este optimismo contrasta con las cifras, de 27 diarios
que se editan en la Zona Metropolitana de la
Ciudad de México sólo siete tienen una
publicación con estas características:
La Crónica de Hoy, El
Día, Excélsior, La
Jornada, Novedades, Reforma y
unomásuno.
Los suplementos culturales tienen un fuerte
arraigo, sin embargo, es paradójico en un país donde el
Estado
tiene deficientes programas de fomento a la lectura; donde el injusto
reparto de la riqueza es todavía una promesa
de campaña incumplida e impide crear la necesidad de la
lectura. No obstante, estas publicaciones se aferran a
la palabra escrita como refugios de la inteligencia, el quehacer
cultural, como difusores de las artes, la literatura,
la música, la filosofía, el cine, el pensamiento, y
oasis de la escritura y el placer de la lectura.