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"Vargas Vila dirige La Prensa durante unos meses, tiempo en que se dice reunía a su alrededor a los representantes hispanos de los sindicatos de obreros, tabacaleros [y] ferroviarios, para luego abandonar Nueva York con rumbo a París.

"El éxito de La Prensa, durante cinco años, hizo que su nuevo propietario V.H. Collao la convirtiera en una publicación diaria. En 1919, los ejemplares informan que el director y propietario es el escritor español José Camprubí, quien desde el primer día, hasta las postrimerías de los años 50, escribió no sólo el editorial diario del periódico, sino una columna llamada 'Tras mis gafas', bajo el seudónimo de Álvaro. [] Hermosos artículos de arte, entrevistas de fondo, columnas políticas [y] de ajedrez, amplia cobertura sobre los países latinoamericanos, suplemento dominical, tiras cómicas, páginas de la mujer, de la sociedad [] hicieron de La Prensa un periódico amado por los inmigrantes hispanos, hasta que Camprubí cae gravemente enfermo. Los siguientes dos directores transforman el periódico en un tabloide y ven caer la tirada hasta el mínimo. La viuda vende el periódico al dueño de El Diario [su competidor natural], O. Rou Chalk, quien lo fusiona llamándolo El Diario/La Prensa".20

Entretanto, también en 1913, en San Antonio, Ignacio E. Lozano lanzó La Prensa, que correría una suerte bien distinta a la de la neoyorquina. La versión es que cinco años antes el hombre huyó de México con su madre y cinco hermanas para librarse de "la injusticia social y los disturbios políticos [] que motivaron la revolución mexicana", estableciéndose en San Antonio. "La pasión de Lozano por el periodismo y su misión de establecer un verdadero diario independiente lo llevaron a fundar el diario en español La Prensa", donde "como director estableció una tradición de servicio a la comunidad latina".21

Se trata del mismo Ignacio E. Lozano que 13 años después, el 16 de septiembre de 1926, fundaría en Los Angeles -el otro extremo de aquel país- La Opinión, el cual con sus 126 mil 628 ejemplares diarios -en promedio- es hoy el segundo diario más leído de esa ciudad (sólo después de Los Angeles Times y a la par de Los Angeles Daily News) y el de habla hispana de mayor circulación entre los de Estados Unidos.

"Mi abuelo era del norte de México, de la frontera, y en 1913 se fue de México a Texas. Al llegar a San Antonio fundó un periódico, La Prensa, que circulaba casi a nivel nacional subiendo al tren. Entonces por la venta de La Prensa en Los Angeles se dio cuenta de que en este lugar había una población de mexicanos tan grande que podía iniciar aquí un periódico", refirió en su amplio despacho del centro angelino Mónica Lozano, entrevistada cuando La Opinión, del cual sigue siendo editora, completaba 65 años de vida.22

Aparte de dirigir este naciente impreso californiano, Lozano mantuvo el matutino de San Antonio en la calle. Cuando murió, en 1953, Alicia Elizondo de Lozano, su viuda, se hizo cargo de la administración de La Prensa, en tanto que su hijo, del mismo nombre y padre de la editora actual, asumió como director general de La Opinión.

Cuarenta y seis años después de su fundación, en 1959 la familia vendió el primer diario. Se infiere que desapareció enseguida, pues en la página virtual de la edición vigente Amelia J. Durán, la coeditora, afirma que "después de un periodo de inactividad de 30 años, mi esposo Tino Durán [editor] y yo misma trajimos a La Prensa de vuelta a la vida en 1989".23 Ya no guarda, sin embargo, ninguna relación con el original, sino que es un tabloide bisemanal (aparece domingos y miércoles) bilingüe y de inocultable tufillo conservador.

Asimismo, aparte del colorido de sus páginas y las grandes fotografías desplegadas, lo único que a estas alturas tienen en común El Diario/La Prensa y La Prensa es una columna del mexicano Jorge Ramos -el lector de noticias televisivas en castellano de moda.

Desde aquellos episodios fundacionales, en el mercado estadounidense de diarios impresos latinos las cosas no progresaron demasiado rápido sino hasta finales de los 90 del siglo XX. Es cierto, nunca en todos esos años dejó de haber al menos un par de cotidianos en español importantes, así como cientos de impresos de diverso calado, pero al enlistar -arriba- los más significativos aparece implícita la cautela histórica del gran capital para aventurarse por estas aguas.

Apenas a mediados de los 70 (siglo XX) el poderoso consorcio Knight Ridder se animó a crear la primera versión de lo que sería El Nuevo Herald (1977). Antes, en 1972, había ocurrió algo que se antoja temerario: "Prensa Española, editora del diario madrileño ABC, lanzó en Nueva York una edición semanal que tuvo sus principales puntos de distribución en Nueva York, Miami y Puerto Rico, denominada 'ABC de las Américas'", refiere el portal Finanzas.com. Quizá la aspiración era acortar la periodicidad hasta tener un diario, pero, "a juzgar por su corta vida -dejó de publicarse en 1975- supo dar una oferta interesante de información a un grupo muy heterogéneo de lectores; hispanos de la Costa Este, de la Costa Oeste y de los estados colindantes con México".24

Durante el primer lustro de la década de 2000 el pulso del mercado ha comenzado a alterarse en buena medida, como se ha dicho, porque algunas de las más importantes empresas que cotizan en la bolsa de Nueva York encontraron ahí un nicho.

La expresión más reciente de los reacomodos de la industria y los aires que se avecinan es el surgimiento de una iniciativa de negocios promovida por La Opinión, el más poderoso diario en castellano, para hacer frente a Tribune Company y empujar su propia visión de hacer prensa en castellano.

El 15 de enero de 2004, Lozano Enterprises emitió dos anuncios significativos: la disolución de su sociedad con Tribune Company y la fundación de ImpreMedia, la cual hoy opera tanto La Opinión como El Diario/La Prensa y el hebdomadario La Raza. Según esta joven empresa, al alcanzar presencia en Nueva York, Chicago y Los Angeles, incide en "los tres mayores mercados hispanos en el país", que "son hogar de 14 millones de hispanos, casi 32% de la población latina de Estados Unidos", con los tres periódicos en castellano "más leídos del país, con un volumen combinado de lectores de 1.9 millones cada semana".25

El semanario Mediabriefing, al dar la primicia tres meses y medio antes, el 1 de octubre de 2003, incluía la participación de Knight Ridder, a través de El Nuevo Herald, con lo cual el grupo naciente (ImpreMedia) llegaría también a Miami (lo cual no se formalizó). Lo interesante de su análisis era que "Aunque los editores asociados en este proyecto se han apresurado a negarlo analistas ven en esta iniciativa una reacción contra Tribune Co., que ha cambiado el nombre del diario Éxito de Chicago -ahora se llama Hoy- convirtiéndolo en una publicación de lunes a viernes, para equipararlo a su homónimo de Nueva York.

"[] en relativamente poco tiempo Hoy ha conseguido convertirse en la segunda cabecera en español de Estados Unidos. Además de la nueva edición en Chicago, y las ya existentes en Nueva York y Nueva Jersey, Tribune [Company] pretende extender la fórmula de éxito a otras ciudades estadounidenses. La próxima será Los Angeles, donde publica Los Angeles Times".26

Es evidente que la urgencia de Lozano Enterprises por desmarcarse de Tribune Company (comprándole el paquete accionario de 50% para liquidar la sociedad) era, en principio, ver que su propio socio acosaba a La Opinión al concebir el proyecto de expansión de Hoy -otro diario en español- de Nueva York y Chicago hacia Los Angeles.

Y, bueno, aparte está el caso sintomático de The Washington Post Company, que en mayo de 2004 compró -a Farragut Media Group, Inc.- el semanario El Tiempo Latino, fundado en 1991 para la zona metropolitana de Washington, DC, y que al momento de la operación tenía una circulación certificada de 34 mil copias y acababa de ser denominado el Mejor Semanario Hispánico en Estados Unidos por la National Association of Hispanic Publications, Inc.

Un año atrás, el prestigioso The Washington Post, matutino de la misma casa, había decidido publicar semanalmente una página en castellano sobre noticias deportivas. Aunque este conglomerado no incursiona aún en el diarismo latino, éste es otro episodio que revela que, al fin, los tiburones corporativos podrían estar salivando ante los rendimientos potenciales de los newspapers hispanos. Boisfeuillet Jones, Jr., editor de The Washington Post, dijo al anunciar la transacción que "el Tiempo Latino jugará un papel vital en nuestros esfuerzos de llegar a la creciente comunidad hispanoparlante", y que permitiría a ambos impresos "satisfacer mejor las necesidades de los lectores hispanos y de los anunciantes que buscan llegar a ellos".27

Con portales on line o encartes semanales en castellano o bilingües en sus diarios impresos, otros consorcios se anticiparon o están emulando a The Washington Post. Es el caso, entre muchos otros, de Gannett Company, Inc., la editora de USA Today, y Media General, la cual controla decenas de matutinos locales y sites. Aparte deben considerarse los esfuerzos de empresas mexicanas que producen o han producido ediciones para aquel público, como las editoras de El Financiero (ciudad de México), El Informador (Guadalajara) y Frontera (Tijuana).

En suma, la guerra de diarios impresos en español que estuvo fraguándose en Estados Unidos desde finales de los 90 comienza a ser inocultable ahora y se desarrolla en varias pistas. Si bien en términos financieros algunos de los principales consorcios multimediáticos estadounidenses son los mejor pertrechados (Knight Ridder, Tribune Company, Washington Post Company, Gannett Company, Inc., The Hearst Corporation, Belo Corporation, ImpreMedia), la disputa no se dirimirá en las alturas corporativas, porque, con fortuna, hay empresas que esgrimen el periodismo profesional, la ética, la vinculación con la sociedad y la calidad editorial como armas que les permitirán atraerse lectores entre la fértil comunidad hispana.

III

Federico Subervi y Heidi Eusebio escribieron "Latino media", uno de los capítulos de Hispanic marketing and public relations: Understanding and targeting America's largest minority,28 obra que nutrirá el creciente debate antropológico, sociológico y mercadológico en torno de las minorías estadounidenses, y en particular de la que encuentra en el castellano un vínculo.29 En palabras de Subervi,30 radicado en Austin y director de The Latinos and Media Project, el capítulo de su coautoría aporta una "visión panorámica de los medios latinos en los EU" donde se concluye que "han tenido un crecimiento exponencial en los últimos cinco años, y posiblemente seguirán aumentando en número y alcance. Ojalá que también en términos de apoyo publicitario, para que puedan sobrevivir".

Asimismo, expone que "cada día son menos los latinos dueños de sus propios medios, y, al contrario, más los 'americanos' (no latinos) y las empresas nacionales e internacionales los que están acaparando el control económico (y de contenido) de dichos medios. Los grandes conglomerados [...] al ver el potencial de ganancias que representan han adquirido más de esos medios y/o enlaces financieros con ellos. Las consecuencias en el contenido y en la diversidad latina puede que se reduzca o esté en peligro cuando los ejecutivos de los conglomerados procuran grandes y rápidas ganancias a costa de la música, los programas y las noticias más diversas y controversiales".

La pertinencia de esta preocupación, que se manifiesta una y otra vez, está relacionada con una discusión más amplia acerca del papel social y cultural que juegan o debieran jugar los diarios -y en general los medios- producidos para el público hispano en Estados Unidos. En las actuales condiciones, ese papel debe desempeñarse bajo las asechanzas de la industria global del entertainment, cuya Meca es Miami y que en su estrategia expansiva quiere reducir a la sociedad hispana a un target de negocios en sí misma, encarrilada a plenitud, ahora sí, en el estilo de vida nacional. En ese caso, se concibe a los diarios impresos como una más entre la gran variedad de presentaciones de productos mediáticos para la masa latina consumista y despersonalizada.

Durante la crisis económica de la era Bush y después de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, en virtud de que el consumidor blanco (anglosajón) prefirió guardar su dinero en espera de certezas, la gran industria mediática insistió en que había que voltear a mirar a los latinos -con cierta reputación de manirrotos-, esgrimiendo un argumento monetario en apariencia irrebatible: 700 mil millones de dólares se estima que pasan cada año por sus manos.31

La versión digital del semanario Mediabriefing publicó el 2 de septiembre de 2003 reveladoras declaraciones de Jim Moroney en este sentido. Para el "editor y presidente de The Dallas Morning News [cuyo diario hermano en español es Al Día de Dallas-Fort Worth], este interés de las grandes cadenas por el público latino se explica por la necesidad que tienen de recuperar el terreno perdido en los últimos años. Desde su punto de vista, 'cada vez vamos a ver más diarios en español en las principales áreas metropolitanas con poblaciones hispanas', fenómeno que interpreta como 'la necesidad de la invención moderna. En tiempos de prosperidad, nadie busca hacer nuevos negocios, pero en estos últimos tres años que han sido terribles para los periódicos, la industria ha estado analizando cómo recuperar esas ganancias'".32

Arlene Dávila, profesora asociada en antropología de la Universidad de Nueva York, enfoca el tema en Latinos, Inc. The Marketing and Making of a People,33 que publicó en 2001. En entrevista,34 a la pregunta de si en verdad existe aquello que la gran industria mediática está empaquetando con la etiqueta latin power, para crear una percepción de bonanza, propone una lectura reservada: "El punto es que se habla del poder latino más como mercado de consumidores que como población en sí; ese discurso reduce lo latino al aspecto económico, a un poder que tiene que ver con los números". Y lo que aun en esa lógica le preocupa es que ese supuesto "poder económico que los latinos han ganado en Estados Unidos" es engañoso, pues "en los censos te das cuenta de que todavía están debajo, que siguen siendo los más afectados por el desempleo, tienen el más bajo ingreso y los peores niveles de educación".

En una palabra, dice Dávila, "el poder que tienen en el discurso del marketing no corresponde con su situación económica real"; esos 700 mil millones de dólares anuales que capta la comunidad de habla hispana en Estados Unidos no describen un auténtico poder de compra derivado del éxito cultural y económico, sino "el hecho de que sean tantos"; y oculta la realidad crítica de los inmigrados, pues "quiere darse la impresión de que están muy bien en este país, cuando los índices socioeconómicos muestran otra historia".

No es que hacer periodismo con responsabilidad social y hacer negocios esté reñido. Pero si se convierte a las noticias, la venta de contenidos noticiosos en un fin lucrativo en sí mismo, y para ello se induce una atmósfera que oculta las precariedades y necesidades de la comunidad hispanoparlante en Estados Unidos, se subvierte la realidad, se deja a esos casi 40 millones de seres humanos indefensos ante los intereses corporativos y se les priva de su derecho a estar informados -ahondando su condición de individuos de segunda o de tercera dentro del mundo industrializado.35





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