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Latinos en Estados Unidos



Marco Lara Klahr



I

Dice el importante Instituto Cervantes que en Estados Unidos circulan, con periodicidad diversa, mil 500 medios impresos en castellano,1 entre los cuales, por cierto, se cuentan decenas de diarios. La cifra impone y por ello quizá habite ahora mismo las ensoñaciones paranoides de Samuel P. Huntington. Ciertos expertos piensan que la conocida genéricamente como prensa hispana vive un auge, pero otros, incrédulos, están seguros de que ese mercado siempre ha sido muy dinámico e inestable, con profusión de publicaciones que surgen y desaparecen arrasadas por el viento de las dificultades financieras de sus editores -ya ciudadanos o empresas interesadas en estimular la comunicación intercultural, ya conglomerados multimediáticos globales en busca de nuevos nichos de mercado.

A la cuestión de un posible boom de diarios latinos impresos específicamente, Federico Subervi,2 antiguo estudioso del tema, responde con un interesante listado donde es claro que después de apariciones esporádicas durante la segunda década del siglo XX, a partir de 2000 brotan aquí y allá nuevos cabezales. Tras esta forma documentada de decir "Sí", añade: "Todos son nuevos diarios producidos en y para los latinos en Estados Unidos"; o sea, "están excluidos los que circulan aquí pero provienen de otros países".

En una primera aproximación, a su colega Gonzalo Soruco,3 de la Universidad de Miami, no le cabe duda, "el boom de los diarios es real, pero también el de los demás medios en español (revistas, radio y, hasta cierto punto, televisión). Una compañía de Los Angeles que se ha encargado de recopilar datos sobre la producción de medios impresos en castellano informó hace un par de años que ya existían en Estados Unidos unas dos mil publicaciones de este tipo, que incluían diarios, así como las revistas publicadas por las aerolíneas sudamericanas".

Pero Arlene Dávila,4 de la Universidad de Nueva York, opina que no es que esté ocurriendo un boom, sino que "se oye más del tema por el músculo corporativo de los medios estadounidenses que tienen ahora inversiones en los medios latinos". Gabriel Sama,5 coordinador editorial de Meximerica Media, editora de Rumbo, el proyecto editorial en castellano más reciente, concuerda: "Eso de boom es un tanto engañoso. Lo que hay es una serie de publicaciones en castellano que no existían hace algunos años, en dos vertientes; por un lado, cadenas como Tribune Company o The Hearst Corporation, que están ofreciendo traducciones en español de sus productos insignia; y, por el otro, un esfuerzo muy distinto de periódicos en español orientados hacia personas con una idiosincrasia, una cultura y una realidad diferentes al tipo de público que abarcan los periódicos en inglés". Y, por último, Mercedes Lynn de Uriarte,6 de la Universidad de Texas en Austin, da en el mismo tono un "No" rotundo, precisando que "hay más publicaciones semanales" (que diarias), aparte del "alto porcentaje de fracaso en revistas en lengua española o dirigidas al público latino".

Con una posición intermedia, Sallie Hughes, de la Universidad de Miami, expuso en una entrevista concedida a etcétera recientemente que "Los periódicos estadounidenses en inglés están abriendo muchos periódicos en español, hay un boom porque los hispanos quieren noticias de México".7

En todo caso, una gran cantidad de rotativos encabeza una industria con nuevos, aunque quizá todavía difusos, síntomas de transformación;dibuja el emblema de una modalidad de periodismo; forma trechos sólidos -y tantas veces dispares- de un puente idiomático de costa a costa, que ha ido edificándose en el discurrir de casi un siglo8 de obsesión por la ñ,9 palpitando a través de núcleos suburbiales de inmigrantes latinoamericanos (y, en mucha menor proporción, españoles) anhelantes de identidad y terruño.

En específico, existen matutinos cuya significación obedece a razones históricas, culturales, periodísticas o empresariales, como:

El Diario/La Prensa

Nueva York/1913/ImpreMedia

Decano de los medios hispanos en Estados Unidos (lanzado como semanario La Prensa) y hoy parte de un conglomerado que opera también La Opinión y La Raza, el hebdomadario en castellano más exitoso, con sede en Chicago.

La Opinión

Los Angeles/1926/ImpreMedia

Hasta ahora, el hispano de mayor circulación allá y considerado entre los 100 diarios estadounidenses más influyentes.10

Tiempo de Laredo

Laredo/1926/The Hearst Corporation

Presenta un resumen de noticias, deportes y sociedad, y aparece encartado en The Laredo Morning Times, que se fundó en 1881 y en 1984 fue adquirido por el centenario conglomerado Hearst, el cual opera otros 11 cotidianos.

El Nuevo Heraldo

Brownsville/1934/The Brownsville Herald

The Brownsville Herald es su diario hermano.

Diario Las Américas

Miami/1953/Diario Las Américas

Fundado un 4 de julio, día de la independencia estadounidense.

El Nuevo Herald

Miami/1977/Knight Ridder

Publicado originalmente como El Herald, fue rediseñado en 1987. Obtuvo el prestigiado Premio Ortega y Gasset (2002) que concede el diario madrileño El País, y es hermano corporativo de The Miami Herald (que rebasa el siglo de existencia) y Diario La Estrella, éste también en castellano, que aparece en Texas.

El Día

Houston/1995/El Día

Uno de los pocos que no dispone todavía de versión on line no obstante completar una década de vida.

Hoy

Chicago, Nueva York, Los Angeles/1998-2004/Tribune Company

Originalmente aparecido en Nueva York como semanario Éxito, fue adquirido por la misma editora del Chicago Tribune y Los Angeles Times y relanzado para convertirse (sumando las copias de sus tres ediciones) en el segundo de mayor circulación entre los diarios de habla hispana de Estados Unidos, sólo detrás de La Opinión.11

La Visión Newspaper

Atlanta/2000/CHL Communications Inc.

Bilingüe.

El Nuevo Día Orlando

Orlando/2003/Grupo Ferré Rangel

La oferta, en territorio continental, de uno de los principales grupos mediáticos puertorriqueños, el cual publica en San Juan el moderno matutino El Nuevo Día.

Al Día

Dallas-Fort Worth/2003/Belo Corporation

Hermano corporativo de The Dallas Morning News.

Diario La Estrella

Dallas-Fort Worth/2003/Knight Ridder

Ésta es la segunda apuesta en castellano -la primera fue El Nuevo Herald- del conglomerado cuyo buque insignia es The Miami Herald.

Rumbo

Houston, Austin, San Antonio, Del Valle (McAllen)/2004/Meximerica Media

Novísimo proyecto de tabloides en Houston, Austin, McAllen y San Antonio.

Dominique Wolton, sin embargo, opina que "la información no crea comunicación".12 O, dicho de otro modo por Raúl Trejo Delarbre, "disponer de más información no necesariamente nos hace más ilustrados, más piadosos o más competentes para enfrentar los problemas de nuestras sociedades".13

Cuando se fija la mirada sobre los diarios hispanos o latinos en el mercado estadounidense, aquellos asertos se convierten en premisa, porque, es cierto, la comunidad de habla hispana allá posee su brío cultural creciente y aun mensurable, pero muchas veces es sobre todo su potencial poder adquisitivo lo que atrae inversores mediáticos ofertadores de sólo entretenimiento, desdeñosos de su responsabilidad social como empresas de comunicación.

A partir de 2003, al superar demográficamente a la población afroestadounidense, los latinos se convirtieron en la primera minoría de Estados Unidos. Son casi 40 millones, o sea, algo menos de 13% de la población total (de 294 millones), y 35.7% de ellos es menor de 18 años. Tienen un poder de compra de alrededor de 700 mil millones de dólares anuales.14 Están por todo el territorio, pero "el Census 2000 muestra que la mayoría actualmente reside en la región oeste del país: Alaska, Arizona, California, Colorado, Hawaii, Idaho, Montana, Nevada, Nuevo México, Oregon, Utah, Washington y Wyoming".15 (A propósito, 47% de los hispanos que reside legal o ilegalmente en aquella nación es de origen mexicano.) Y el hecho de que 21% padezca diversos niveles de pobreza inhibe cada vez menos a los capitales multimediáticos -lo mismo que a muchos otros.

Hallar cómo se entreveran las precisiones anteriores con la posibilidad realista de un mercado olfateado por los más diversos intereses no es complicado. En lo concerniente a la circulación general de diarios en Estados Unidos, la Newspaper Association of America afirma con triunfalismo hollywoodesco que "Ningún otro medio alcanza continuamente a tanta gente tan seguido. Nacionalmente, más de 54 millones de periódicos se venden diariamente, con un promedio de 2.3 lectores por copia. Y en domingo, se venden más de 58 millones de periódicos, con un promedio de 2.4 lectores por copia. Eso es cobertura masiva"16 -no precisa si incluye a los diarios en castellano.

Pero, a su vez, la National Association Hispanic Publications, Inc., con sede en Washington y cuya membresía está compuesta por la mayoría de los más importantes diarios estadounidenses en español, está segura de que las cerca de 200 publicaciones afiliadas (de diversa periodicidad, aunque predomina la diaria) poseen entre todas "una circulación mayor de 12 millones", llegando a "más de 50% de las familias hispanas de manera semanal".17

Un par de pinceladas más. A despecho del tono exultante del gran sindicato empresarial de diarios en Estados Unidos -la Newspaper Association of America-, en tanto los rotativos en inglés experimentan un estancamiento económico que se ha agudizado en el último lustro, los hispanos crecen a un ritmo superior a 10% (en 2002, por caso, facturaron 339 millones de dólares).18 Asimismo, aunque aquella asociación afirma, según se ha visto, que sus diarios agremiados tienen "un promedio de 2.3 lectores por copia", un estudio de la Western Publication Research -financiado por la NAHP Fundation- establece que los periódicos hispanos tienen hasta 50% más lectores por copia que los escritos en inglés; así, mientras los segundos son leídos por entre 1.9 y 2.1 personas, cada ejemplar de los primeros tiene, en promedio, 2.89 lectores.19

En apariencia, y para efectos lo mismo culturales, sociales e identitarios, que financieros, el platillo está, como nunca, al dente.

El asunto tiene historia. Con la Primera Guerra Mundial en puerta, en 1913 dos periódicos sorprendentemente homónimos -La Prensa- irrumpieron en la sociedad estadounidense, donde hasta entonces la presencia de medios hispanos se reducía a impresos de aparición esporádica y modesta factura. Formato estándar, blanco y negro, sobresaturación de tipografía, unas cuantas páginas y énfasis en la agenda social de los inmigrantes latinoamericanos (entonces no tan diversificada ni compleja), pero sin descuidar una cierta cobertura noticiosa nacional y mundial, caracterizaban a este par de criaturas genésicas en soporte papel -según el lenguaje técnico actual- que, sin relación entre sí, cimentarían en Estados Unidos el periodismo al que en la actualidad se le denomina latino.

Después surgen poco a poco otros matutinos y van escribiendo entre todos la historia en un español incapaz de ocultar de qué país procedían sus editores. Se nota un énfasis latinoamericano peculiar, que transita, por caso, de la preocupación por la revolución mexicana a los problemas cotidianos que va planteando la inmigración; los conflictos laborales; la farándula (músicos, actores); los héroes de guerra de origen hispano; las olas de deportaciones; la aparición de los pachucos; la conformación del ser chicano y las expresiones de resistencia cultural y racial; el movimiento por los derechos civiles; la vida política y social de los países dejados en pos del canto de prosperidad, y, por supuesto, la nota roja -con su profusión de mixtificaciones.

El primer ejemplar de La Prensa de Nueva York -que originalmente era hebdomadario- salió a la luz el 12 de octubre (1913) y "todo indica que el propietario fundador fue Rafael Viera [puertorriqueño]. El contenido informativo estaba a cargo del escritor colombiano José María Vargas Vila, famoso por sus obras catilinarias en contra de la Iglesia católica y el expansionismo norteamericano, postura que haría de él un paria en todos los países. []





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