Mike Sager
De Niro ha dicho que preferiría hacer lo que hace en vez de hablar de ello. Que preferiría ser un actor en vez de una celebridad, que su desempeño debería bastar, que su vida debería pertenecerle. Que es un hombre, nada más que un hombre. Son deseos nobles que no encajan del todo con nuestra época. [...]
Gracias a las celebridades sentimos que existe algo más que la simple existencia, algo más que el trabajo, la familia, las sonrisas burlonas. Ellos nos dan fe en que la Tierra existe una especie de cielo y que algunos de nosotros en realidad podríamos alcanzarlo. Quizá no sean unos santos pero tampoco son fantasmas. Oprimes un botón y aparecen jugando softball de luminarias, apuntándole a alguien con una pistola, tomando un baño de burbujas gratuito con su coestrella, tirando el jabón. En otras palabras, como no podemos conocer a Dios, necesitamos a Robert De Niro.
(Publicado en etcétera, primera época, núm. 268, 19 de marzo de 1998).