Laura Islas Reyes / Jaime Abello Banfi
¿Cómo surge la idea de crear la Fundación Nuevo Periodismo Iberomericano?
La idea surge de Gabriel García Márquez. Es bien conocida su relación con el periodismo, su amor, su pasión;
y también diría, hasta cierto punto, una dualidad, porque García Márquez fue periodista pero al mismo tiempo es
un hombre que ha sido objeto del trabajo periodístico. No sé hasta qué punto esa dualidad haya contribuido a
su preocupación por crear algún sistema para apoyar el mejoramiento profesional de los periodistas.
Recuerdo que la primera vez que hablamos del tema fue en una cena, en Barranquilla, cuando yo era gerente
de TeleCaribe. Él me había llamado de una manera sorpresiva y me dijo "invítame a comer". Estuvimos con
Mercedes, con dos amigos más y con él, y él habló mucho de la época en que era reportero y cómo veía ahora que los
periodistas no sabían ni usar la grabadora, a lo mejor eso ya lo hacía desde la perspectiva de hombre público más que
reportero. Y además de eso pues que le preocupaba mucho que él realmente donde había aprendido era en la sala de
redacción, recordó a su primer editor, Clemente Manuel Zavala, a sus amigos reporteros de los periódicos
El Universal de Cartagena y El
Heraldo de Barranquilla, e insistía en que hoy en día no había tiempo para que el editor se
dedicara a orientar a los periodistas que estaban comenzando. Él creía que había que hacer talleres y así fue como la idea
se gestó. A mí me correspondió tomar esa idea y concebir un poco el esquema que vino a dar origen a la fundación.
Empezamos a trabajar de la mano de Gabo, hicimos reuniones de planeación con otras personas que jugaron
un papel muy importante; Tomás Eloy Martínez fue fundamental en aterrizar la idea. También le consultamos a
Joaquín Estefanía que nos visitó especialmente en esa época, compartiendo con nosotros la experiencia de la escuela de
El País, y un grupo de periodistas colombianos con los que hicimos una tarea de planeación.
A partir de esa idea original, fuimos encontrando, afinando y puliendo nuestra metodología de talleres, que es
la esencia de la fundación.
Y además de eso fuimos afinando nuestro criterio organizativo fundamental, que tiene tres pilares:
El primero son los maestros, son nuestro grupo más cercano de grandes periodistas de Europa y América,
que están muy comprometidos con el proceso de formación y con la fundación misma. Son fundamentales
porque trabajamos de su mano, con sus ideas, motivación, organizamos los programas, ellos son quienes dictan los talleres.
El segundo grupo, son los periodistas de todo el continente, la gente que necesita la oportunidad de formación
y que viene aquí movida ante todo por la vocación y la pasión. Estos periodistas compiten por los cupos que
ofrecemos, hay más o menos diez aspirantes por cada lugar disponible en nuestros talleres y seminarios, en promedio.
 |
Jaime Abello (segundo de izquierda a derecha) Fotos: FNPI |
El tercero son instituciones, personas y empresas de toda América Latina que entienden que el periodismo es
un factor fundamental para la democracia. Es esencial contar con ese tejido que componen desde organismos
multilaterales como la Corporación Andina de Fomento, el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Mundial, con los
cuales trabajamos siempre sobre una base de plena autonomía, igual que los demás patrocinadores. La fundación
siempre ha sido cuidadosa de preservar su autonomía y el principio de libertad de cátedra y de intercambio, entonces
hemos encontrado unos patrocinadores que se han convertido en verdaderos aliados de largo plazo. El caso de Cemex,
por ejemplo, la firma mexicana que empezó a apoyarnos y con la que desarrollamos la idea de hacer el premio y
que llevamos una relación de ocho años continuos de apoyo, de impulso a la fundación.
Nuestra esencia es, con la inspiración de García Márquez y la idea original de los talleres, haber encontrado
cómo articular los intereses, las expectativas y las posibilidades de esos tres. Ése ha sido nuestro enfoque, y creo que es
el enfoque correcto.
¿Qué identifica a este nuevo periodismo iberoamericano frente a lo que se hace en Europa y Estados Unidos?
No es fácil establecer unos rasgos de identidad, inclusive una hipótesis de identidad tendría que mirar
modalidades o variantes nacionales. Pero diría que hay en nuestra propia tradición periodística, un acendrado amor por
contar historias, por la crónica. La crónica latinoamericana, como tantas veces lo ha dicho Tomás Eloy Martínez, es
anterior inclusive a la escuela de nuevo periodismo surgida en Estados Unidos. Sentimos que ése es un tema que
identifica mucho a la gente que viene hacia nosotros, es decir, hay una búsqueda de las herramientas y claves del periodismo narrativo. Hay un segundo aspecto que tiene que ver con los temas. Nuestros temas y preocupaciones son distintas
a las de otras áreas del mundo, es decir, surgen, y lo vemos en el Premio Nuevo Periodismo, ciertos temas comunes
en América Latina que tienen que ver, por ejemplo, con la infancia y los distintos maltratos que niños y jóvenes
sufren; está el tema de las migraciones pero desde la perspectiva nuestra, la perspectiva de los que están buscando
un destino mejor. Se insinúan cada vez más una serie de temas transnacionales, como las relaciones de la vida
de frontera. Hay una preocupación muy grande por la pobreza y tiene que ser así, no puede ser de otra manera, es
una prioridad social para América Latina, es el reto de cómo cubrir la pobreza de una manera apropiada en términos
de un acercamiento humanístico, pero que en el mismo tiempo no se quede en una mera denuncia sino que afloren
las responsabilidades y las soluciones posibles.
Además de eso, hay una preocupación ética, que ante el pragmatismo capitalista que vemos en Europa y
otros países, aquí todavía hay un cierto espíritu romántico, un motor ético interesante que me parece que es muy bueno.
La idea de un periodismo que sirve, que tiene que basarse en unos valores. Hay una enorme preocupación por
los valores éticos porque mientras que en Europa la misma modernidad ha hecho que las empresas tengan una
relación más clara y al mismo tiempo más fría con los periodistas, aquí pues los periodistas trabajan en condiciones de
una cierta precariedad e inseguridad, no sólo laboral y material, sino también de las relaciones institución-medio y
el periodista como persona, al carecer de mayor claridad en política editorial. Entonces hay una especie de deseo
de encontrar en el debate ético algunas certezas, y eso lo observamos en el consultorio ético que mantenemos a
través de nuestro sitio Web, con Javier Darío Restrepo, que tiene una demanda enorme.
¿Qué pasa con la enseñanza del periodismo?
No estoy en disposición de dar un dictamen sobre las escuelas universitarias de periodismo, pero sí
reconozco que de alguna manera esta fundación nació también como una especie de búsqueda, de alternativa, a partir de
constatar que la universidad no estaba produciendo, que no estaba dando las condiciones para que los periodistas salieran
con una claridad, con un entrenamiento adecuado al mundo del trabajo.
Una de las primeras cosas que se enseñan en las escuelas de periodismo es que éste debe ser objetivo.
Ése es otro mito que se está hasta dejando de mencionar, creo que todo mundo reconoce que más que
objetividad se trata de aproximarse desde una subjetividad honrada a la búsqueda de la verdad, entendiendo que la verdad es
una construcción que se va haciendo de a poco frente a la búsqueda y confrontación de los datos y tratando de
ser precisos, correctos, en la verificación e interpretación. De todas maneras lo que sí está claro es que conviene
hacer un esfuerzo por ser claros ante el lector, ante el televidente, de cuáles son los hechos y demostrar cuáles son
las fuentes, cuál es el grado de aproximación o de certeza que hay respecto de los hechos. Pero muchas veces, bajo
el amparo de la objetividad, se vuelve en un mero pretexto para de alguna manera justificar una cierta
arrogancia intelectual de que nosotros tratamos de decir qué es lo que es.
¿Por qué existe un desdén de los medios para realizar periodismo de investigación?
No puede haber periodismo que valga la pena sin que haya un proceso de búsqueda e investigación. Eso es
un punto de partida mínimo para cualquier periodismo de calidad. Otra cosa es lo que llamamos periodismo
investigativo, que busca profundizar en la averiguación de lo que está detrás de ciertos asuntos públicos que atañen a todos,
que busca mostrar las inconsistencias o lo crímenes de quienes ostentan el poder y engañan de una u otra manera
al público. Es un periodismo que le sirve a la comunidad pero que entraña riesgos políticos, económicos, para
medios y periodistas, judiciales, inclusive. Entonces yo diría más que desdén hay un problema de vulnerabilidad de
los medios, y cuando hablo de vulnerabilidad puede ser financiera, por intereses de los propietarios, en fin. La
segunda cosa es que no es fácil organizar una metodología de trabajo seria, rigurosa y que realmente dé argumentos. Por
lo general el periodismo investigativo termina de una u otra manera en manos de fiscales y jueces, entonces quien
se dedica a esto debe hacerlo con mucho rigor. Y no es fácil llegar a crear esos equipos que funcionen de
manera apropiada, que sean productivos en el sentido de que haya un buen equilibrio en el tiempo que le dedican a
la investigación y la necesidad de ir generando publicaciones y resultados. No es fácil, yo diría que es un
camino necesario para los medios pero hay que reconocer la limitaciones que hay.
¿Existen límites para este periodismo?
Existen límites éticos como en toda clase de periodismo, y pueden inclusive existir límites legales. Es
muy importante que sea un periodismo de buena fe, es decir, hecho no para golpear por golpear y perjudicar, sino
para servir a la ciudadanía.
Pero los límites de ninguna manera deben ser de ejercicio de poder o defensa de intereses, sino éticos y
de responsabilidad.
¿Qué papel tienen las filtraciones en este periodismo?
Las filtraciones siempre van a hacer fuente de todas las clases de periodismo, y más aún, lamentablemente
la mayoría de esas fuentes que suministran información confidencial no están motivadas por razones altruistas,
sino muchas veces es por resentimiento, por venganza, en fin, es lo que Daniel Santoro llama las "viudas del
poder", personas que se siente engañadas, despojadas, maltratadas. Otras veces lo que ocurre es que es gente que hace
esas filtraciones para tratar de perjudicar a otro. El periodista no las puede descartar, pero tiene que valorarlas
bien, contrastarlas y tener mucho cuidado de no convertirse en una caja de resonancia de operaciones de desprestigio.
Lo que es lamentable es que saquen ese tipo de filtraciones sin procesamiento y casi en el momento en que se las
entrega la fuente que está interesada en algún objetivo. Porque casi no hay fuente que no persiga algo, son la excepción
las fuentes ingenuas, que suministran información simplemente porque consideran que vale la pena hacerlo y no
porque de pronto esté tratando de conseguir un efecto.