Antulio Sánchez
El enorme despliegue que en los medios electrónicos y escritos han tenido los videos que involucran
a prominentes perredistas en actos de corrupción contrasta con el poco eco que el asunto tuvo en la red.
De esta forma, salvo los sitios Web de los medios nacionales, no hay muchas cosas que destacar, pues
Internet se mostró, en este sentido, como una endeble caja de resonancia, sobre todo si se compara con la
nutrida participación a próposito de los atentados terroristas del 11 de marzo en Madrid, donde a las pocas horas
de la tragedia circulaban en la red cadenas de textos alusivos al atentado e invitaban a la multitudinaria
marcha en favor de la paz y la democracia llevada a cabo el día siguiente.
Sin embargo, sobre los videoescándalos, la mayoría de los correos electrónicos remitidos en cadena han
sido de simpatizantes del PRD y, en particular, de Andrés Manuel López Obrador; sólo algunos han expresado
su decepción o su repudio por estos acontecimientos y por la torpeza mostrada por el jefe de gobierno
capitalino para enfrentar dicha situación.
Otros mensajes han puesto el acento en lo chusco, al bromear sobre los esfuerzos de René Bejarano por
hacer que las bolsas de su saco alcanzaran la flexibilidad necesaria para guardar todos los fajos de billetes que
recibía del empresario Carlos Ahumada. Asimismo, no han faltado las bromas sobre lo pedagógico que han sido
tales videos para enseñar los diversos usos que pueden tener las bolsas del supermercado.
Medios en la red
En relación con los sitios Web de los medios escritos, el papel más destacado lo han tenido
Reforma (con un servicio de pago), El
Universal y Crónica, diarios que renuevan con mayor frecuencia sus contenidos, sobre
todo los dos primeros que agregan constantemente cápsulas informativas. Tanto
Reforma como El Universal han cubierto lo relativo al videoescándalo ofreciendo la información sólo minutos después de que los
medios electrónicos lo han hecho.
Sin embargo, la página de
El Universal sigue sin explotar de mejor manera estos sucesos, pues no
aprovecha la dimensión multimedia de la red; es decir, ofrece precaria interactividad, no ofrece animaciones en
flash para contextualizar e ilustrar las situaciones e incluso no coloca el audio de las entrevistas efectuadas por
los reporteros que cubren este episodio.
Los videoescándalos también invitan a reflexionar sobre tres aspectos. Primero, que la agenda
informativa de los medios impresos es regulada en buena medida por la dinámica de las televisoras y que, por ende,
la ilustración de la corrupción en el seno del PRD no fue producto de una investigación periodística. Segundo,
que si bien es cierto que en toda sociedad democrática es sano que se destapen los escándalos de
corrupción, hacerlo bajo el terreno de la videopolítica es riesgoso, pues los medios se convierten en jueces y desplazan
a las instituciones encargadas de procurar la justicia; la democracia, así, corre el riesgo de convertirse en un
reality show. Por último, estos sucesos corroboran el aún modesto papel de Internet, es decir, se constata que
los medios por sí mismos no contribuyen a la participación de las personas en los asuntos públicos, que
la horizontalidad de un medio no contribuye por sí mismo a un interés ciudadano y corrobora que aún falta
un buen tramo en materia de ciudadanización para sacarle un provecho democratizador a este emergente
medio de comunicación.