La televisión selecciona a la medida de
sus intereses las noticias a difundir
Sergio Marelli / Fernando "Pino" Solanas
Fernando "Pino" Solanas nació en 1936 en Buenos Aires, Argentina. Es uno de los directores de cine
más prestigiosos de Latinoamérica, desde que en 1968 realizara la mítica
La hora de los hornos filmada en la
clandestinidad, estrenada con gran repercusión en Europa, coincidentemente al mayo francés y confirmara su talento con
películas como Los hijos de Fierro,
Tangos, El exilio de Gardel, Sur
premiada en 1987 en el Festival de Cannes,
El viaje o La nube. Estos son algunos de los tramos de una conversación que tuvo, como eje central, el papel de los
mass media.
¿Qué responsabilidad tienen los medios masivos en la degradación institucional que padece la democracia argentina?
Una enorme responsabilidad. La única forma que tiene un ciudadano común de incidir en el curso de
los acontecimientos es el voto. Cada dos años, el hombre de pueblo vota. Sistemáticamente se le ha venido
robando el voto a la gente a través de sucesivas traiciones, de mentiras flagrantes, de promesas hechas sabiendo
de antemano que no se cumplirán. Esa violación del sufragio que es el basamento que tiene una democracia,
no habría sido posible sin la complicidad de los medios de difusión.
¿Cómo se fue conformando la actual concentración de medios que se verifica en Argentina?
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Fernando "Pino" Solanas |
Menem, cuando accede al gobierno en 1989, toma las siguientes medidas: por un lado, duplica la cantidad
de miembros de la Corte Suprema de Justicia y triplica el número de juzgados penales, nombrando en todos los
casos a jueces que le fueran afines, con el fin de asegurarse que fueran encajonadas todas las denuncias penales por
los graves ilícitos perpetrados desde el gobierno. La segunda medida que llevó adelante fue una alianza política
con los medios de comunicación. Entregó, sin debate previo, los canales abiertos de televisión y las
principales radiodifusoras a los grupos económicos cuyos intereses serían defendidos a sangre y fuego.
Esos grupos fueron creciendo en poder desde los inicios de la restauración democrática.
Ya tenían la posibilidad dada en los últimos días del mandato de Alfonsín de poseer además de un canal
de televisión, una radiodifusora y un periódico. Lo que en general, en las grandes democracias, está prohibido, con
el fin de asegurar la multiplicidad de miradas y opiniones. Es muy peligrosa la concentración mediática porque
se terminan constituyendo grandes grupos lobbistas que manejan tendenciosamente a la opinión pública.
Algo verdaderamente grave en sociedades mediáticas como las
contemporáneas.
Estamos bombardeados por informaciones, casi todas repiten lo mismo, porque las usinas (fábricas) de
información son tres o cuatro. El peso de los medios es aplastante, los políticos hacen política a través de los medios. Es
más importante seducir a un comunicador que a un enorme sector de la ciudadanía. Desde 1989, cuando se
regalaron los medios de comunicación se pagaron cifras reducidas que no compensaban siquiera el valor de los
inmuebles, nunca se pudo hacer el tratamiento de un gran debate sobre el modelo comunicacional que los argentinos querían.
Es un tema que generalmente se
esconde.
La televisión es la principal formadora de ideas y hábitos mentales. Entretenimiento y central informativa,
todo junto. Además, es la principal cadena de exhibición cinematográfica. El complejo de televisión abierta y
televisión por cable difunde al año, por catálogo, cerca de 20 mil largometrajes.
Gran cantidad pero escasa
variedad.
Porque 90% de las pantallas mundiales están copadas por los modelos y gustos estéticos de un solo
emisor: Hollywood. Los latinoamericanos no hemos sido capaces de crear canales alternativos de comunicación,
oponernos a la dictadura absoluta del audiovisual estadounidense. Así se violan derechos inalienables como el derecho a
la diversidad y a la libertad creativa. El derecho de cada pueblo a realizar y promover su propia imagen.
Volvamos a la
televisión.
Esta crea el acontecimiento, y conduce el sentimiento y la opinión pública. Selecciona a la medida de sus
intereses las noticias a difundir. Esto también ocurre con la prensa escrita. "Este diario no ejerce ninguna censura",
uno puede escuchar; pero la noticia más importante está perdida, en un suelto casi invisible; en cambio,
noticias irrelevantes suelen aparecer en título catástrofe.
La manipulación noticiosa es inherente a la política de los
medios.
Es que la vida nos exige mucho y vivimos obligadamente dispersos. El ciudadano común está muy restringido,
se gana la vida corriendo de un trabajo a otro. No vivimos para leer el diario entero ni para quedarnos todo el
tiempo frente a la televisión. El zapeo manda, y generalmente, no vamos más allá de hojear. Por lo tanto, el dominio
sobre la opinión pública en estos tiempos es verdaderamente atroz.
Este es un mal no sólo argentino sino
contemporáneo.
Una sociedad democrática no puede prescindir de un gran debate sobre cuáles son los medios de difusión
que esa comunidad quiere y necesita. Si de verdad se quiere ayudar a la salud mental de los ciudadanos, y no
obedecer a la corporación profesional de los políticos y de los grandes grupos económicos asociados a ellos. Vivimos
en sociedades mediáticas donde el ciudadano no ha debatido qué hacer con el principal espacio que lo comunica
o intercomunica, lo informa o lo distrae. Yo no le veo ningún destino democrático real a una sociedad que no pueda plantearse abiertamente ese debate, para poder crear un reaseguro contra la manipulación electoral, y que
el ciudadano, por fin, pueda participar verdaderamente y tener incidencia en el curso de los acontecimientos que
lo involucran.
¿Quién es el poder que está detrás de la pantalla?
Los programas de TV no son de los ciudadanos ni de la prensa libre, vivimos un sistema que es el peor de
todos: la radio y la televisión financiada por la publicidad. Los contenidos están determinados por los
anunciantes. ¿Cuántas veces un periodista de los medios electrónicos nos ha dicho: "Estoy con usted, pensamos igual, pero
por favor no lo hablemos al aire porque pierdo los anuncios"?
En épocas de crisis nadie quiere perder nada. Se hace todo tipo de concesiones para atraer anunciantes y,
¿quién puede hacer publicidad en los grandes espacios sino son los más importantes grupos económicos? Murió la Argentina de la pequeña y mediana empresa. Murió la Argentina industrial. Hace 20 años se hacía publicidad
sobre productos: alimentos, prendas de vestir, electrodomésticos; ahora sólo se ven avisos de bancos, telefónicas,
grandes empresas de servicios que se alzaron con el botín de las privatizaciones.
Los propios dueños de los canales de televisión, para decirlo
brevemente.
Menem hizo un pacto con ellos para que silenciaran toda crítica durante los dos o tres primeros años de
su gobierno, que fueron los años donde se vulneró la Constitución nacional y casi todas las leyes. Jamás en la
historia argentina se cometió un atropello más gigante contra el patrimonio público, dejando a la mitad del país por
debajo de la línea de pobreza, y ubicándonos en el último lugar en el
ranking de crecimiento de países latinoamericanos.
¿Cuál es el principal mensaje de los medios que habría que combatir hoy?
Debemos dejar de aceptar esa suerte de flagelo "psicológico" muy hondo que nos inoculan desde los medios: el no se puede. Esa política que tiende a asustar a sus víctimas, chantajeándola con males no muy definibles pero absolutamente terribles. Una política de coacción que paraliza la sociedad y asegura que esta realidad que vivimos es la única posible. Fuera de ella no hay alternativas, dicen, sólo el abismo. Así se ha creado en las mayorías un sentimiento funesto: no se puede. Un sentimiento que traduce una honda derrota cultural a escala planetaria conquistas sociales que llevaron siglos de luchas y sacrificios se perdieron en nombre de la modernidad y la globalización. Si no vemos con claridad las causas de la crisis no habrá manera de salir de ella.