¿En qué pasiones se ve reflejado con mayor fidelidad?
Primero, la del trabajo. Es una forma vital de sobrevivir justificadamente. Mi trabajo de pequeño periodista
y pequeño artesano, son para mí un fenómeno de extraordinaria vitalidad y alegría. Ahí ve usted el marco de ese
espejo que cincelé en plata, es una muestra de mi pasión por la artesanía, que me provoca tanto goce como escribir
una buena crónica periodística. Ésas son las alegrías de mi modesta vida.
Ha presenciado todos los Mundiales, cuál de todos le ha parecido más memorable.
El de 1970, en México, fue el Mundial más hermoso. Primero, porque era un momento en que el nivel del
futbol mundial estaba muy alto. A ese campeonato fueron equipos de primerísima línea: Inglaterra, que fue a defender
el título ganado en 1966, y luego, Alemania, Italia y Brasil, que tenían un valor futbolístico superior. También
había una segunda línea de equipos fenomenales: Rusia, Bélgica, Perú -que había eliminado a Argentina-, Uruguay
-capitaneada por el Negro Cubillas. Futbolísticamente ese campeonato fue excepcional. Pero además, hay que
agregar que el pueblo mexicano generosamente contribuyó a la belleza del acontecimiento, vistiendo sus trajes
regionales, haciendo de cada partido una fiesta.
¿Cuándo comenzó su relación con el futbol?
Tendría que remontarme a los primeros años de mi vida. Una niñez muy humilde. El único entretenimiento de
los niños pobres es la pelota. La pelota tiene otra virtud, sirve para que jueguen muchos a la vez. Eso explica por qué
los africanos van a ser campeones del mundo dentro de poco, porque la pelota es el único juguete que tienen de niños
y los acompaña a lo largo de su vida, jugando descalzos como jugábamos nosotros, para defender los botines con
los que teníamos que ir a la escuela.
También tuvo una precoz vocación de dirigente de futbol.
No lo plantée en esos términos, porque alguno puede creer que en algún momento de mi vida he querido
parecerme a los dirigentes de futbol actuales. Nada más lejano a la verdad. Con mis amigos del barrio fundamos un club,
como yo tenía un chamuyo más fino que los demás, era la cara visible del grupo, eso es todo.
¿De dónde le venía el don del chamuyo?
A los 11 años ya era mensajero de la compañía telegráfica Western, eso me daba la posibilidad de tener
contacto con muchas personas, a la hora de distribuir los telegramas. Otro factor que contribuyó a mi formación es que en
mi barrio había un centro anarquista llamado "Centro de Estudios Sociales Brazo y Cerebro", que tenía una
importante biblioteca. Gracias a eso pude acercarme a la obra de Bakunin, Kropotkine, Emilio Zola y todos los grandes
escritores de la literatura revolucionaria. Eso fue determinante para que empezáramos a soñar con el ideal de la
redención humana.
Volvamos al club que contribuyó a fundar, ¿cómo se llamaba?
"Suárez", porque así se llamaba la calle principal del barrio. Ingresamos a la liga en los campeonatos de
ascenso. Cada domingo, un partido, y cada partido, una batalla. Entonces el futbol era muy divertido. Jugábamos por
el prestigio del barrio y por la bandera del club, que para nosotros era un símbolo de alto valor emocional.
Luego le tocaría jugar en uno de los importantes equipos de Uruguay, el Nacional de Montevideo.
En esa época Nacional era uno de los equipos más famosos del mundo. El pase de este modesto jugador de
futbol, de la tercera extra al club Nacional, se negoció por 200 pesos, que era una suma que producía marea por su
magnitud. Así empecé a jugar en la primera división, y al primer año ya me había ganado un puesto en la Selección Nacional.
¿Cómo fue su retiro?
En un partido contra Paraguay tuve el infortunio de sufrir una lesión de menisco. Me empujaron, caí mal, y
tuve una torsión de rodilla tal que me cambió para siempre la suerte como jugador. En ese entonces no se operaban
los meniscos. Anduve a los tumbos durante bastante tiempo, jugando remendado, hasta que no pude más. Entonces, no sabiendo qué hacer con los pies, me hice periodista.
¿Esa fue su acta de nacimiento como periodista?
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Final del Mundial de Uruguay, 1930: Uruguay 4-Argentina 2 |
La afición de escribir me venía ya de muchacho. El Centro de Anarquistas nos había ilustrado lo suficiente
como para hacerme pretensiones de escritor. Le escribía versos a la novia, pequeñas crónicas de los partidos de futbol
que jugaba -siempre y cuando ganáramos-. Un día, en una comida de un muchacho del barrio que se casaba, yo hice
una larga verseada exaltando las virtudes del novio. Había en la reunión algunas personas vinculadas al diario de
Carlos Quijano,
El Nacional. Sin saberlo, había dado mi examen de ingreso al diario. Así, en 1929, empecé el
ejercicio profesional de periodismo, con una sección de anécdotas deportivas.
Carlos Quijano es una figura fundamental del periodismo uruguayo.
No sólo del periodismo sino también de la política. Una figura de relieve mundial. Fundó
El Nacional, de Montevideo, venía de cumplir una beca en París. Había sido medalla de oro en la Facultad de Derecho. Venía
inflamado con el espíritu europeo en materia política y periodística. Yo colaboré humildemente con él en la fundación
de Marcha, un semanario de trascendencia continental, en el que colaboraron escritores de la valía de Onetti y
Mario Benedetti.