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Trazos de historieta


Si etcétera fuera una historieta usted vería a un grupo de expedicionarios en los mundos fantásticos del cómic con la misión de desagraviar a la historieta, considerada por muchos como hija bastarda de la pintura, la literatura y el cine. Pero esos serían puros cuentos, intercambio estéril, y para cuentos mejor nos quedamos con los de las historietas (aunque no con todos).

Otro cuadro épico habría sido blandir la espada contra las fuerzas oscuras del mal por la propaganda que han hecho en el nombre de la historieta y así pasar de las aventuras del Príncipe Valiente a las desventuras de la honestidad valiente. Preferimos las primeras, pues aunque siempre hay de historietas a historietas, las historietas que parecen historietas no son historietas.

Entonces quisimos dibujar historietas aunque sólo fuera con algunos trazos de su historia, para comprenderlas en tanto medio de comunicación de masas que tiene guiones, lenguajes y expresiones artísticas tan ricas y contrastantes como la imaginación y tan complejas como la situación que representan ahí y donde surgieron y se desarrollaron, algunas veces en tanto formas de censura y otras contra la censura y otras veces nada más porque dibujar e inventar fue y sigue siendo un pasatiempo que vale la pena.

Revisar las historietas es una forma de escudriñar el mundo. Más aún si con la complejidad de esa tarea preguntamos por qué provocan el entretenimiento que provocan, como el tren que son para las diversiones pasajeras, las fugas sistemáticas, las recreaciones fantásticas o las expresiones disonantes. Y si la respuesta es nada más porque sí, entonces hay quienes pueden entregarse a sus placeres y leerlas sin el prurito o el desdén de los iniciados, que también son héroes, admitamos, aunque algunas veces lo sean de malas historietas.

Por todo esto lo invitamos a que siga con nosotros una travesía por el mundo de la historietas, a que si ya las conoce disfrute al recrearlas y si no se adentre a los territorios ignotos de los monstruos y las epopeyas, de las mujeres bellas y los hombres inescrutables, de los seres de otros universos y los héroes y antihéroes de éste. Y es que, como sucede con la vida misma, el final feliz no lo garantiza nadie, ni siquiera las historietas.



Este es el resultado de la travesía.

El origen de las especies

Discernir el origen de la historieta es un vulgar y tedioso tema de historieta, conflicto estéril que, como sucede con todos, la mejor forma de resolverlo es no enfrentarlo. Aquí decidimos hablar de los orígenes, así, en plural, con la certeza de que se sitúan en la segunda mitad del siglo XIX.

Al merodear por esos altiplanos vimos los vestigios del feudalismo, la pujante industrialización europea y el fortalecimiento de las ciudades como el epicentro de la disputa política, social, científica, cultural y aun religiosa y que, por cierto, tuvo en la imprenta el principal modo de difusión. En ese traslado, también leímos el entusiasmo de Michelet por el tren que lleva al escritor de Londres a Liverpool: "Cincuenta leguas en cuatro horas. Nada puede dar idea de la escalofriante velocidad con la que se desliza, como en un cuento de hadas, este sorprendente panorama".

Pero nuestros cuentos son otros y remiten a las hadas también, al lado de otras fantasías épicas, justicieras, policiacas, libertarias, lúdicas, amorosas e incluso eróticas.

Naturalmente aceptamos que el contexto en el que se originaron es ineludible y que en algún momento que es éste dibujaríamos a la Europa del siglo aquel y al ascenso de los nacionalismos; en otro que ya también es éste trazaríamos las sublevaciones obreras y campesinas y el alto analfabetismo, y en uno más que cubrimos ahora, a las disputas intelectuales sobre el origen de la vida y hasta señalaríamos la fascinación provocada por el célebre libro de Darwin que tuvo un tiraje inicial de mil 250 ejemplares cuando entonces el diario The Ilustrated London News tiraba cinco millones.

Como se ve, siempre estuvo presente el demonio de la dispersión y no estamos seguros de haberlo espantado. Menos cuando entre las tensiones naturales de la mesa de redacción alguien sugirió iniciar con un paralelismo para demostrar que la seriedad de las historietas en aquel siglo era la misma que los dichos de los seguidores de la teoría de la "generación espontánea" en el sentido de que de la nada puede surgir la vida, o la de aquellas candorosas expresiones de Spencer en las que afirma que el hombre puede lograr la felicidad si logra equilibrio con la naturaleza.

Rechazamos la opción con movimientos y ruidos similares a las onomatopeyas escritas de las historietas e hicimos lo mismo con la petición de ser acuciosos con la incipiente pero vigorosa propuesta cultural del realismo contra el romanticismo y que fue desde donde, a pesar de su declive, nacieron las aventuras de Robinson Crusoe o las de Peter Simple, además de los viajes fantásticos de Julio Verne, entre otras narraciones.

Nuestras historietas son otras; lo supimos siempre. Y por eso despreocúpese, que en adelante no le diremos nuestros otros devaneos. Sólo agregamos que en esos días en Europa, pero sobre todo en Alemania, soplaban tiempos de guerra por la determinación de Bismarck por unificar a esa nación peleando contra Dinamarca (1864) y luego contra Austria (1866) para luego ir contra Francia. Y que a eso deben añadirse las intervenciones militares de Austria en Italia, de Francia en España y de Rusia en Polonia. En tal situación Víctor Hugo exclamó:

"¡No, no! La humanidad no tiene por destino estar sentada inmóvil en el umbral frío de las tumbas."

¿Generación espontánea?

Max und Moritz
En esas condiciones vivió Wilhelm Busch, considerado el padre de la historieta por algunos expertos. El dibujante y guionista creó en 1865 la tira Max und Moritz, que narra el periplo de dos niños traviesos ajenos a las vicisitudes del país, mientras la prensa constataba las admoniciones de la Quanta Cura de Pío IX, en las que entonces denuncia "los errores modernos" y exige volver a lo básico de la creencia en Dios que para un Hegel que casi nadie leía era la idea absoluta expresada en el Estado.

Tal vez debido a esas condiciones de sopor y de ignorancia es que Busch tuvo el mismo éxito de Bismarck cuando éste advirtió que ningún alemán podía morir hasta fumar cien mil puros y beber cinco mil botellas de champaña. El artista alemán retomó la técnica romance de la litografía, recurso desde el que ya habían sido impresas las obras de Dumas y Goethe. Cuando decimos esto hay que tener en cuenta el invento de la rotativa extendido entre 1850 y 1885; antes de esos años se imprimían ocho mil ejemplares de una página por hora y luego, desde la rotativa, salían 96 mil de 12 páginas. (Además, ahí está el invento del telégrafo y el recurso postal que en la Alemania de Busch, poblada por 40 millones de personas, que significaban 50 cartas por cada habitante transportadas en la floreciente industria del barco de vapor.) No por nada Edmond About afirmó en 1864:

"En nuestros días no hace falta más que un mes para que una idea dé la vuelta a la tierra."

Cuando About lo dijo, Reuters era la agencia británica más poderosa del globo, las palomas mensajeras apenas habían cedido el vuelo al telégrafo y todavía el mundo estaba a 12 años del teléfono, a 58 de la radio, a 72 de la televisión y a poco más de un siglo de Internet.

Y sin embargo, las dudas. A pesar de lo dicho hasta aquí no discernimos sobre el origen de la historieta porque es imposible evadir las historias de Dickens que fueron ilustradas en diarios y revistas, como también lo fue la crítica de Balzac desde donde se flagela a los pujantes hombres del dinero, pero no sólo eso. Además, el escritor es pionero en la crítica a los medios de comunicación, como consta en esta frase que hizo decir a uno de sus personajes:

"Todos los diarios son cobardes, hipócritas, infames, mentirosos, asesinos; matarán las ideas, los sistemas, los hombres, y precisamente por eso florecerán."

Lo que habría dicho Balzac frente al televisor.

En Dios confiamos

En todo momento advertimos que los expertos podrían decir que aquellas no son historietas porque, entre otras cosas, éstas tienen la característica del globo como espacio de diálogo entre los personajes y, entonces, advertirían que en tal sentido ahí están los dibujos del inglés Wiliam G. Baster en 1884 o seis años después las revistas de Inglaterra Chip y Comic Cuts.

Otra discusión sin salida es la que se remonta a 1800, cuando el inglés James Gillray publica la primera aproximación de la historieta con una sátira biográfica sobre Napoleón Bonaparte. Pero sobra quien recuerde al suizo Rodolphe Töpffer como el primer autor europeo por sus historietas de 1840 y porque su estructura está más cerca de lo que conocemos actualmente como historieta. Si constatamos esos puntos de vista, mencionamos también al primer personaje inglés de tiras, Alley Sloper, creado por el ya citado W. G. Baster para una edición especial en 1884.

Yellow Kid
Con un manotazo autoritario a la mesa, aquí son frecuentes, dijimos que sea como sea, Alemania, Francia o Inglaterra y, como veremos también Estados Unidos, usted podría escoger la denominación de origen de las historietas. Incluso algunos atrevidos mencionan a México porque en 1880 la cigarrera El Buen Tono inserta en cada cajetilla la saga Historia de una mujer, serie de 102 litografías hechas por el pintor catalán Eusebio Planas. Si esas tenemos, nosotros, desprovistos de patriotismo para algunos, recordaríamos las ediciones de The New York Herald y los anuncios que, junto con los respectivos dibujos, se difundían en 1867 para alabar unas píldoras curativas de todo. Así lo haríamos también frente al afán de encontrar en México la piedra filosofal de las historietas y sus recuerdos de las primeras estampas religiosas del siglo XVI o las ediciones ilustradas de cómo nos veían los europeos al finalizar el XIX. De las litografías mexicanas mejor ni hablamos, pues fueron hechas al menos 50 años después que las europeas. Con esa ruta, deberíamos llegar a las pinturas rupestres y discutir cuándo, dónde y quién hizo la primera. En ese hipotético y descartado esfuerzo creemos que ni los dioses aztecas ayudarían.

Como sucede con las historietas mismas, el tema de su origen no siempre es cosa de niños. En esta travesía mejor echaremos un vistazo a sus tradiciones y leyendas, sobre todo en Alemania, Bélgica, España, Francia, Inglaterra e Italia, y en América, Argentina, Estados Unidos y México.

Cava el viejo topo

He aquí entonces que desde "la rueda industrial cada vez más rápida e irresistible" (Michelet), saltamos de continente y más precisamente al norte de América.

El desarrollo de Estados Unidos es motivado por la vasta presencia británica aunque de inmediato adquiere una fuerte raigambre nacionalista y, en consecuencia, con sus propias convicciones económicas, políticas y sociales, y su propio aporte a la economía de libre mercado y al liberalismo político, fue fundamental para el robustecimiento del mercado de capitales y la incipiente democracia.

Aquella potencia no tenía el orden del desarrollo industrial alemán, ni la vitalidad cultural francesa ni la sagacidad inglesa para ejercer su predominio económico, pero tampoco tenía las convulsiones sociales ni los espasmos guerreros ni las controversias religiosas europeas y, por ende, su desarrollo económico fue más sólido y heterogéneo. Ahí, los medios de comunicación tuvieron un desarrollo formidable. (En 1866 se inventó la máquina de escribir y 14 años después también existió el primer vagón imprenta desde donde se instaló un periódico.)

Pero sobre todo, en Estados Unidos cobró auge otro de los antecedentes más importantes de la historieta como lo es la publicidad (nacida en Londres, en las páginas del Times en 1835 y que entonces dirigía John Walter). Para muestra una cifra: en 1850 el empresario Thomas Holloway gastó más de medio millón de dólares para dar a conocer en inserciones de diarios y en carteles, con las imágenes respectivas, sus pastillas milagrosas a los estadounidenses y al mundo entero. Y eso que aún faltaban 36 años para que John Pemberton inventara la Coca-Cola.

Little Nemo
Tanto en Europa como en Norteamérica, la publicidad tuvo efectos pronto en las formas de comunicación, por sus frases y sus dibujos, y uno de ellos fue precisamente la historieta. Lo fue en dos sentidos, primero en la técnica del dibujo y el mensaje y luego como espacio de distracción que publicaban los diarios para que las páginas de publicidad fueran atractivas.

En Estados Unidos, Richard Felton Outcault publicó la primera historieta el 7 de julio de 1895 en New York World, de Joseph Pulitzer. Trata de un jovencito calvo, de orejas grandes que no habla y que porta un camisón de dormir amarillo sobre el cual casi están todos sus pensamientos mientras que los de los demás personajes están puestos en carteles. (Amarillo, porque ese color no lo registraba bien la competencia de New York World.)

El travieso Yellow Kid vive en el barrio pobre de Hogan's Alley en Nueva York; siempre exagera las cosas y lo hizo de un modo tal que a él se debe el empleo del apelativo "amarillista" cuando nos referimos a las distorsiones de los medios de comunicación.

Dos años después del también llamado "Golfillo amarillo", Outcault publica en el diario del principal competidor de Pulitzer, William Randolph Hearts. Trabaja en el suplemento mensual de ocho páginas en color The American Humorist, difundido en el New York Journal. Esto ejemplifica la intensa disputa que hubo entre ambos empresarios, que llegó a conocerse como "guerra amarilla" y que fue fundamental para que las historietas tuvieran impulso.

En 1897 Outcault se incorpora al New York Herald, donde publica varios trabajos, el más relevante un año después: Buster Brown. Son las andanzas de un niño malcriado, violento y rico. Journal respondió con Katzenjammer Kids, de Rudolph Dirks, en 1897. Katzenjammer Kids es la adaptación estadounidense de la obra de Busch y también sería conocida como El capitán y los pillos. A todas éstas le seguirían Little Tiger y Little Jimmy, de Swinnerton (1897) y en 1899, Las andanzas de Happy HolIigan, de Frederick Burr Opper.

Otra historieta innovadora fue Little Nemo, creada por Winsor Mc Cay, para muchos otro precursor de la historieta como la conocemos hoy en día. Mc Cay sobresalió por ser audaz en el encuadre, usar diferentes planos, ser preciso en los dibujos y dotarlos de argumentos inteligentes.

El hombre mono

Buster Brown
Corrían los últimos años del siglo XIX y el mundo seguía asombrado por el desarrollo industrial y agrícola, los complejos urbanos y la consolidación de una nueva potencia en el Norte de América que, junto con Inglaterra y Francia, entonces provee al mundo 62% de los productos manufacturados. Impactado por lo que veía, en 1902 Picasso describe con dibujos su viaje a París.

Pero el águila calva es la que ondea señorial sobre su territorio y el del mundo; la guerra civil norteamericana sólo es un fugaz mal sueño y el foxtrot, el blues y el charleston se abren paso tanto como los barriles de whisky en los salones y las fórmulas medicinales en las boticas, entre ellas la Coca-Cola, por ejemplo, para curar la jaqueca y el cansancio.

Hacía no mucho los cerdos corrían por los planos irregulares de Boston y Edgar Allan Poe publicaba sus cuentos en varios diarios sin que en ese momento se le diera el valor que merecía. Ahora, ahí y en Atlanta, en Filadelfia, en Tennesse y California, sobre la construcción de las ciudades se yergue la promesa de los grandes negocios y las grandes fortunas. El tren sigue a todo vapor y la electricidad se expande; la industria automotriz también, encabezada por Henry Ford. Estados Unidos tiene la tasa de natalidad más alta del mundo.

Es cuando William Randolph Hearts y Joseph Pulitzer, mediante una intensa y no siempre leal competencia entre ellos, impulsan grandes periódicos y a través de éstos a las historietas, como hemos visto (el primero, ya se sabe, inspiró a Orson Welles para crear su memorable película y, el segundo, daría sello al premio periodístico más reconocido en la nación americana). Hayan surgido o no en Estados Unidos, las historietas alcanzaron ahí su difusión masiva, a decir de todos los expertos en el tema.



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