"[...] Lynch y McGoldrick dicen que en Yugoslavia hay por lo menos 27 partidos, unos 12 dentro del país y
15 afuera, y en Palestina por lo menos dos grupos israelíes y dos palestinos, y no sólo los que representan las
posiciones extremistas; y que si analizamos el conflicto a partir de todos los actores vemos muchas más posibilidades; si
bien hay extremistas en ambos lados y son ellos los que captan la atención, en esos conflictos hay también moderados.
"Aquí viene el punto principal: cada uno en este mundo quiere salir en la prensa, pues hay una remuneración
en eso; en particular, sé que los actores de violencia o sus aliados y familiares toman su tijera y recortan periódicos
para guardar en sus bolsillos las notas que hablan de sus triunfos; lo mismo pueden ser bombarderos de un F16
contra palestinos que los extremistas palestinos suicidas. Entretanto, los que son autores de actos de paz no salen en
primera plana. Esto es importante porque aquí tenemos la contribución de los medios a la polarización de las causas
de violencia."
¿Esa política editorial genera, a su vez, nuevas escaladas de violencia?
No es sólo que los medios hagan un mal trabajo, sino que son peligrosos también; contribuyen a la violencia
con este tipo de cadena de reforzamiento de los actores de violencia. Recuerdo algo que me impresionó cuando era
un objetor del servicio militar en Noruega a la edad de 25. En la cárcel principal de Oslo me internaron lado a lado
con un asesino famoso en Noruega. Llevaba en su bolsillo un recorte de primera plana del día que estuvo frente
al tribunal, porque sentía que aquél había sido su momento de fama. Y uno se preguntaba, "¿Pero no debe ser
también un momento de vergüenza?". Él sentía que era mucho más de fama; si pensaba que había hecho mal era sólo
porque lo habían descubierto. Me llamó la atención este tipo de
feedback positivo, porque entonces él, consciente
o inconscientemente, rondaba sobre la idea de que "tal vez puedo salir en la prensa una vez más". Todo esto fue lo que en 1961 me llevó a introducir el concepto de periodismo de la paz.
¿Puede ampliar el contexto?
Todo comenzó con un trabajo empírico de análisis de reportajes sobre Cuba, El Congo y Chipre en la
prensa noruega. Me llamó la atención que, número uno, para ser publicado el acto tenía que ser instantáneo, es
decir, diferente de lo que era antes, de modo que la violencia en sí misma se convertía en el acontecimiento y cuanto
más negativa, mejor. Número dos, en todos estos conflictos había movimientos de mediación y contra la violencia que
no se difundían. Mi propuesta fue no sólo analizar lo que había, sino pensar en lo que hubiera podido ser, en otro tipo
de reportaje.
Aparte de ser profesor de sociología trabajaba como periodista para la radio noruega y me llamaba la atención
que era fácil obtener otros datos acerca de otros hechos, y que el problema muchas veces no era el periodista, sino
el editor, quien decidía qué era lo que supuestamente interesaba a los lectores.
Después de aquella experiencia he sostenido numerosos diálogos sobre esto y la impresión que me queda es
que los lectores quieren noticias más optimistas, buscan algo con qué identificarse y pensar, "Mire, tal vez yo
puedo contribuir en algo", y estos lectores son sobre todo mujeres, porque parece que tenemos una prensa hecha
para hombres, muy hormonizada.
¿Machista?
Sí. No es que necesariamente todos los periodistas lo sean, sino que es la imagen que le queda al lector. La
prensa cree saber lo que los lectores piden, pero en realidad satisface a una minoría. La prueba es que cuando hay
una noticia buena de paz, por ejemplo, el acuerdo de Israel-Palestina de 1993, los diarios vendieron mucho. Tengo
la sospecha de que en muchos países es el hombre quien, por ejemplo, compra el diario cuando va o vuelve del
trabajo; es él quien decide qué comprar y cuando uno habla con mujeres, dicen, "hay tantas noticias malas que no quiero
leer estos diarios", y quizá por eso ellas se dedican muchas veces a leer semanarios o revistas románticas o de modas.
¿Tiene fundamento cuantitativo esta sospecha?
Todavía no, son impresiones, pero podría ser una investigación interesante.
En este sentido, ¿encuentra matices entre los medios del primer y el tercer mundos?
No es mi impresión. Hay una tradición periodística que viene de Inglaterra y que ha influido mucho, y mi
experiencia con talleres es que los periodistas ingleses constituyen el núcleo más duro.
¿Reporteros o editores?
Sobre todo editores. Su argumento es que son "objetivos", que la violencia es objetiva y todas estas ideas de paz no son más que ideas.
Ese es también el argumento de cualquier editor mexicano.
Y tienen algo de razón, pero les digo que no se trata de comparar una ametralladora que dispara y mata con
una declaración de un movimiento pacifista, sino de comparar la ametralladora con actos y proyectos concretos para
la paz; por ejemplo, la declaración del [entonces] secretario general de Naciones Unidas, Javier Pérez de Cuéllar,
antes que estallara la guerra de Yugoslavia era excelente, ¡pero no estaba en la prensa! Tenía tres ideas magníficas
para evitar la guerra, pero no salió en los medios, entonces mi argumento, cierta ocasión, contra el jefe de BBC
World News era que la comparación es entre una matanza y un acto del secretario general de Naciones Unidas, "y si
usted, señor editor, puede probar aquí que ha presentado así las noticias tendré que desdecirme"; por supuesto, llevaba
mi investigación de contenidos que demostraba que no había sido así. Las propuestas de Pérez de Cuéllar surgieron
en un momento tenso donde todo el mundo tenía más o menos la certeza de una guerra y en tal situación un proyecto
de paz no se ubica, piensan los editores.
En tal circunstancia la información de paz es considerada desinformación.
Exacto. O al menos irrelevante. Entonces el jefe de BBC World News me dijo, "si esa declaración de Pérez
de Cuéllar hubiera tenido consecuencias en el sentido de una reunión de alerta inmediata, la hubiéramos presentado".
Y le respondí, "señor editor, la razón por la que no ha tenido consecuencias tal declaración es que usted no la
publicó; para que algo tenga consecuencias debe aparecer en el espacio público".
Algo semejante ocurrió en la invasión a Irak. Un mes antes existía una propuesta de paz de Sadam Hussein; aquella propuesta de cuatro puntos apareció en
The New York Times nueve meses después de la invasión. Un
poquito tarde, ¿no? Tengo estima por Pérez de Cuéllar y no por Sadam Hussein, pero ése no es el punto, sino que son
cosas relevantes expuestas al filtraje de la industria noticiosa. Es por ello que el periodismo de paz permite hacer
distinciones entre los actores y muestra la información equilibrada, y los periodistas de paz deben saber dónde y qué buscar.
Están en numerosos textos suyos, pero es importante escucharlos de su voz: ¿cuáles son, por cierto, los
rasgos del periodismo de paz?
Tengo una lista de cuatro.
Número uno: entender el conflicto y los objetivos de sus actores. La raíz de un acto de violencia es el conflicto
y para entenderlo hay que saber de qué se trata y quiénes son las partes, así como sus objetivos; por
ejemplo, ¿exactamente qué quieren los zapatistas, los evangélicos o los paramilitares en Chiapas?
Número dos: presentar una orientación hacia soluciones. En Irak las propuestas de Sadam Hussein eran de
interés; si son honestas o no, lo ignoramos, pero hubiéramos podido saberlo llamando a Hussein a la mesa de negociación
a partir de sus mismas cuatro propuestas. [...] Es claro que no las publicaron porque estaban contra los intereses
de Estados Unidos. [...] Y no es que Estados Unidos domine a los medios, sino que éstos no tienen un enfoque
de conflicto y resolución; su enfoque es de violencia y quién gana.
Número tres: perseguir la verdad simétrica. Hay algo llamado "periodismo investigativo" que siendo
importante es una desviación, pues hace énfasis en investigar sólo al gobierno, mientras que nosotros decimos que en el
periodismo para la paz se debe investigar a todos; que no es que George W. Bush no emita mentiras, sino que Hussein
también lo hace. El periodismo tiene que ser simétrico.