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Laura Islas Reyes  Credibilidad: negocio para la TV


 La delgada línea roja de los programas
 de análisis en la pantalla chica

 Laura Islas Reyes


En el millonario negocio que es la pantalla televisiva, pocos programas pueden escapar a la tiranía del rating. Telenovelas, series ­dramáticas o cómicas, nacionales o extranjeras­, programas de concursos, espectáculos o musicales, casi todos están bajo el riguroso escrutinio de los índices de audiencia.

Pero a contracorriente de este imperio comercial en la televisión, desde hace varios años se han abierto espacios cuyas discretas mediciones de telespectadores pondrían fuera del aire a cualquier otro proyecto.

Son los programas de debate y análisis político, aquéllos que se ocupan de la realidad y sus problemas actuales. Transmisiones que se han convertido en una oferta televisiva que goza de la singular prerrogativa de permanecer al aire aun cuando las mayorías televisivas, las que dejan buenos dividendos, prefieren otras opciones.

Las razones que explican la permanencia de estas producciones no se encuentran en la rentabilidad económica que puedan alcanzar; sus más importantes réditos están puestos en otro lado.

Como un paso delante de una fama nada envidiable, las empresas televisivas le dan un baño de credibilidad a su pantalla. Maquillan con el debate y el análisis parte de sus más de 50 años de historia, como es el caso de Televisa, pasados por el privilegio de lo superficial y el espectáculo, la manipulación y el afán de mercantilismo.

Y mientras estos espacios abren un camino paralelo a los cambios en el sistema político, el negocio de las televisoras sigue su marcha de la mano de otros programas y sus elevados y siempre lucrativos índices de audiencia. Y de la mano también de esos programas de análisis, porque buscar credibilidad ahora es negocio para las empresas televisivas.

Memorial de la pantalla

En un principio, los programas de análisis político fueron intentos tímidos, discretamente asomados entre todas las ofertas de la programación televisiva. No había una barra ­como la hay ahora en Televisa­ que dedicara al debate una hora diaria del valioso tiempo aire en pantalla.

Algunos de los conductores que encabezaron aquellas producciones han trascendido el tiempo, los formatos y hasta las empresas y se han colocado dentro de los espacios que se transmiten en la actualidad.

De estos programas, La entrevista con Sarmiento es el que lleva más tiempo al aire, comenzó sus transmisiones en junio de 1997. Desde entonces, el espacio que conduce el editor en jefe de Fuerza Informativa Azteca ha desfilado lo mismo por el horario de las seis de la mañana que el de la medianoche (que es como actualmente se transmite a través de Azteca 7).

Frente a Frente, conducido por Lolita de la Vega, es una producción de TV Azteca que tuvo su antecedente en Hablemos claro, un programa que permaneció al aire durante 11 años sin interrupción, cuando los canales 7 y 13 eran de Imevisión, propiedad del Estado.

Ricardo Rocha es uno de los periodistas con más larga trayectoria dentro de este tipo de espacios. Con su presencia en TV Azteca, a través de Reporte 13, Rocha recuperó el espacio en televisión abierta que tuvo durante muchos años en Televisa, con otras producciones también de análisis como Para gente grande, que duró 14 años al aire.

La llegada de Rocha a la empresa que preside Ricardo Salinas Pliego tuvo un especial significado: recuérdese aquella guerra de televisoras en 1996, en la que el ahora titular de Reporte 13 acusó a Salinas Pliego de haber adquirido Imevisión gracias a una alianza ilegal con Raúl Salinas de Gortari. Esto, además de las acusaciones implícitas del periodista en contra del dueño de la televisora del Ajusco, a quien involucró en una supuesta contratación de sicarios para acabar con la vida de Ricardo Rocha.

Zona abierta
Durante esa disputa entre las dos empresas más importantes de televisión comercial en México, Rocha conducía Detrás de la noticia, un concepto muy similar a lo que es ahora Reporte 13. Detrás de la noticia, un programa con periodismo de investigación y análisis, inició sus transmisiones en 1996, tres años después salió del aire, cuando su titular renunció a Televisa.

Nexos TV fue un programa de debate y análisis que surgió en Imevisión, a la sombra de la publicación del mismo nombre, en 1989. Lo mismo que Hablemos claro, la producción a cargo de Rolando Cordera trascendió los umbrales de la privatización de la otrora televisora estatal y luego de diez años, después de algunos cambios de horario, terminó su ciclo en pantalla.

Nexos TV dejó de transmitirse unos meses antes de que saliera al aire Zona abierta, un espacio que Televisa acogió bajo la conducción del escritor Héctor Aguilar Camín, miembro también del grupo que realizó Nexos.

Zona abierta debutó en Televisa en el espacio que dejó vacante los sábados Chapultepec 18, un programa de análisis e investigación, conducido por Joaquín López-Dóriga y que se mantuvo al aire poco más de un año.

En octubre del año pasado, el consorcio que dirige Emilio Azcárraga Jean comenzó a perfilar la construcción de una barra de programas de análisis. Ese mismo mes empezó a transmitirse Círculo rojo, una coproducción de Televisa-Imagen, conducida por Carmen Aristegui y Javier Solórzano.

Este concepto ­que más que una mesa de debate guarda un perfil de revista­ es el que se ha convertido en la opción más rentable en el ámbito de estas producciones, aun con la modestia de los números de audiencia.

Después de la llegada de Círculo rojo al Canal de las Estrellas, en el horario de las 23:30, Zona abierta se mudó a los jueves; los martes continuó la transmisión de la serie México Siglo XX de Enrique Krauze, y los viernes se ha convertido en el día comodín para que desfilen otras opciones.

La primera quincena de febrero Milenio Diario llegó a los estudios de Televisa para convertirse en Milenio Televisión, un proyecto que se transmite mensualmente, bajo la conducción de Carlos Marín, director del periódico, y Katia D'Artigues, columnista del mismo.

Las puertas de los estudios de Televisa en avenida Chapultepec todavía están abiertas para otras opciones; hay visos, guiños y coqueteos con otros medios (como El Universal y la revista Proceso) que podrían llegar pronto a formar parte del menú estelarmente correcto de la televisora.

En busca del rating perdido

Para la realización de este texto se estudiaron los datos de audiencia de todo el mes de marzo de 2002; éstos consideran todos los niveles económicos y los hogares de las 27 ciudades que IBOPE retoma como el universo total de su muestra.1

Según datos del Instituto Brasileño de Opinión Pública y Estadística (IBOPE), el pasado mes de marzo uno de los programas que registró el mayor índice de audiencia fue Big Brother en vivo, transmitido por Canal 5, y que el miércoles 20 promedió 30 puntos de rating. Ese mismo día, en el Canal de las Estrellas, Círculo rojo alcanzó dos puntos de rating.

La numeralia anterior se puede traducir así: mientras en dos millones 764 mil 110 casas estaban atentos a la expulsión de Denisse de la casa de Big Brother, sólo 184 mil 274 hogares atendían a la discusión sobre el significado de la Cumbre Internacional para el Financiamiento del Desarrollo efectuada en Monterrey. La proporción, entre los dos programas de Televisa, es 15 a uno en favor de Gran Hermano.

Durante marzo, el lunes 4 se registró el mejor índice de audiencia de la coproducción Televisa-Imagen Informativa que consiguió cinco puntos de rating, mientras que la telenovela Salomé (transmitida por Canal 2 a las 20 horas) alcanzó un rating promedio de 27 puntos.

La entrevista que Aristegui y Solórzano realizaron al presidente Vicente Fox, el miércoles 27 de marzo, contó con el seguimiento de 368 mil 548 hogares (cuatro puntos), mientras que ese mismo día Big Brother en vivo fue visto en casi dos millones 400 mil hogares (26 puntos) y Toma libre hizo lo propio en un millón 750 mil 603 residencias (19 puntos).

En un periodo de cuatro semanas, Zona abierta, producido por Federico Wilkins (quien otrora fuera un rey Midas del rating con programas como Hasta en las mejores familias en Televisa y Ciudad desnuda en Televisión Azteca) registró su mejor índice de audiencia el 7 de marzo al obtener cuatro puntos.

Dos telenovelas, Entre el amor y el odio y Salomé, superaron ampliamente con 25 y 26 puntos, respectivamente (más de dos millones 300 mil hogares), los casi 370 mil hogares que sintonizaron la discusión sobre el maltrato a las mujeres en el seno familiar, transmitida por el Canal de las Estrellas.

En esa misma fecha, la media hora de resumen de Big Brother que se transmite diariamente por Canal 5 a las 20 horas, alcanzó 11 puntos en los niveles de audiencia y la serie de Roberto Gómez Bolaños, El chavo del ocho, logró diez puntos de rating.

El viernes 15 de marzo, en lo que fue su segunda aparición en el Canal 2, Milenio Televisión tuvo tres puntos de rating (casi 280 mil hogares). Número que fue superado por la retransmisión de medianoche de Ventaneando (cinco puntos), mientras que la transmisión en vivo del programa conducido por Patricia Chapoy duplicó lo registrado en su repetición (más de 920 mil hogares).

En la televisora del Ajusco los números no varían a lo que sucede con los programas de análisis transmitidos en su competidora.

En el mes de observación, la emisión de Reporte 13 que alcanzó mayor índice de audiencia fue la del día 14 de marzo con cuatro puntos de rating que contrastan con los 16 de la telenovela Cuando seas mía, y los diez que consiguió en Azteca 7, Mundo acuático, película producida y estelarizada por Kevin Costner, repetida en múltiples ocasiones por TV Azteca.

Una semana antes, en el feriado 21 de marzo, Zona abierta superó el punto de rating que obtuvo Reporte 13; ese mismo jueves las cintas Lobo americano en París transmitida por el Canal 7 y Máxima velocidad por Canal 5, consiguieron nueve y 18 puntos de rating, respectivamente.

La entrevista con Sarmiento
Foto: Jaime Boites
La entrevista con Sarmiento tampoco cuenta con los mejores registros de preferencia en el público. En su emisión del miércoles 27 de marzo tuvo tres puntos de rating frente a los diez que alcanzó, unas horas antes, el filme Depredadores silenciosos.

Otros espacios que también pueden mirar hacia abajo los niveles de audiencia de los programas de análisis son el futbol; por ejemplo, el partido que jugó la selección mexicana contra el representativo de Albania, que tuvo 11 puntos (un millón 13 mil 557 hogares); u Otro rollo con Adal Ramones que en su transmisión del martes 19 consiguió 18 puntos (un millón 658 mil 466 hogares).

La lista de producciones que superan en términos de rating al análisis y debate que propone la televisión en algunas de sus producciones es larga. Los números también son contundentes y no dejan duda de que el dinero no es la razón que mantiene al aire la presencia de estos programas que también son poco apreciados por los anunciantes (en el caso de TV Azteca, sólo Reporte 13 cuenta con patrocinadores).

Habla el círculo rojo

Los pocos pero interesados seguidores de estos programas forman parte de un sector integrado por intelectuales, analistas, periodistas y universitarios. (En una entrevista con José Gutiérrez Vivó, el presidente Vicente Fox se refirió a este foro como el público al que nunca va a dejar satisfecho.)

Consumidor de sus propios productos, este círculo rojo sabe que el interés de la televisión, sobre todo de Televisa, en la producción de este tipo de programas guarda varias explicaciones.

Conocedora de la mecánica de estos espacios, Carmen Aristegui opina que la presencia de estos programas se encuentra en "la necesidad de la televisión de recuperar un espacio; digamos que a lo largo de los últimos años había perdido frente a la radio y la prensa escrita, donde se dieron los mejores ejercicios de discusión y de debate político y que sin duda contribuyeron en una medida fundamental al cambio político que vive el país".

Por su parte, Rolando Cordera ­uno de los pioneros en este tipo de emisiones­ explica que "hay más programas (de análisis) porque hay más interés en la política y porque hay pluralidad de partidos y opiniones. El público maduró con la democracia, por insatisfactoria que nos parezca".

Consciente de que estos espacios no son el mejor negocio que pueden tener las televisoras, Aristegui dice que "en este tipo de programas, el motor no es el negocio, la apuesta está en otro lado, en ser un espacio donde se pueda construir una credibilidad y se puedan subir, en algún sentido, los asuntos importantes para el país".

Para Cordera Campos, además de la opinión y el análisis, estas producciones "le dan imagen y prestigio a las televisoras", lo que puede explicarlas más allá de sus bajos niveles de rating.

"El rating cuenta poco en este tipo de ofertas. Lo que parece importar es la aceptación que tengan en la opinión ilustrada y en lo que podríamos llamar el presidium político y empresarial, así como otros formadores de opinión."

Sobre el redituable negocio, en términos de aceptación, en que se ha convertido la credibilidad para las empresas que hacen televisión, quien fuera director de Nexos TV dice que "la credibilidad y el análisis y la digestión de una información tan abundante y disparada como la actual forman parte del negocio de los medios. Algunos invierten más en esto, otros no, pero negocio es, aunque su rentabilidad específica sea baja".

Círculo rojo
En opinión de Javier Solórzano, "el gran fenómeno de estos programas y lo que ha sido la televisión en estos últimos dos años es que la televisión ha apostado por la democracia, ha apostado por la, en algunos casos, pluralidad y la apertura", aunque también reconoce que los espacios de análisis "sí le brindan una rentabilidad en imagen y prestigio a las empresas".

Para Solórzano, "la televisión es como la suma de muchas cosas, es al mismo tiempo El chavo del ocho, Big Brother y Círculo rojo". Y, en este sentido, apunta que también "se debe reflexionar que la gente ve la televisión para entretenerse, para divertirse, y está en nosotros que hacemos la televisión hacer cosas diferentes, que no perdamos el sentido del humor y el juego que originalmente tiene la televisión".

Tras la credibilidad

La presencia de los programas de análisis, con todo y sus discretos índices de audiencia, sacan algunas de las espinas que las televisoras tienen clavadas a causa del resto de su programación.

Las empresas de televisión en México no juegan a la caridad y a la buena voluntad con sus costosos tiempos. Tienen otras apuestas que cumplir, además de asegurar los millonarios ingresos en la mayoría de sus ofertas.

Ni rating ni dinero. El negocio de la pantalla televisiva va más allá, a donde la credibilidad, el prestigio y la imagen destellando corrección pueden exorcizar cualquier demonio.



Nota

1 Aunque el rating es una medida sesgada en varios aspectos (sólo considera zonas urbanas y no es a nivel nacional), éste es el parámetro por excelencia que utilizan las televisoras para respaldar la audiencia de sus programas.

Las mediciones de rating pueden considerar diferentes variables (sexo, edad, hogares, región). Un punto rating equivale a 1% del universo al que se hace referencia. Las mediciones de IBOPE consideran como universo de estudio sólo 27 ciudades en la República mexicana, con una población de 38 millones 795 mil 995 personas, lo que traduce al punto rating en 387 mil 960 espectadores. En cuanto a los hogares, parámetro utilizado en este reportaje, el total asciende a nueve millones 213 mil 736, lo que hace que un punto equivalga a 92 mil 137 hogares (etcétera, junio, 2001).



Laura Islas Reyes estudia Periodismo en la escuela Carlos Septién García.

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