En mis tiempos (que son otros) estilaba sentarme 14 horas frente a una televisión de bulbos que emitía descargas eléctricas al cambiar de canal. Fueron años confusos en los que se troqueló de manera definitiva mi sistema nervioso central. Destacaban, señaladamente, un par de seres humanos que, además de señores, eran superhéroes Batman y Robin. La serie de televisión era anómala por los motivos que procederé a enumerar: a) Bruno Díaz (Batman) era un millonario huevón que tenía un protegido: Ricardo Tapia (lo que en ese momento sólo podía significar que era su amante). b) Ambos eran elegantes e inclusive Bruno usaba gazné, sin embargo a la hora de elegir el atuendo sus sentidos de quirópteros se desgobernaban pues portaban unos trajes dignos de una demanda penal, con la particularidad de que Batman se fajaba el cinturón debajo de las tetillas. c) El jefe Fierro, autoridad máxima en el combate al crimen, padecía una forma benigna de retardo mental. d) La comunidad entera de Ciudad Gótica era tan bruta que no advertía lo que cualquier niño de ocho años: Robin era Ricardo Tapia nomás que con máscara de carnaval veneciano. e) Batman probablemente padecía de disfunción eréctil pues se rehusó toda la serie a conocer en el sentido bíblico a Gatubela, que se caía de buena. f) Las guaridas de los villanos tenían una pendiente en el piso de 45 grados y nadie rodaba por el piso sino hasta el momento en que llegaban Batman y Robin tirando golpes de fantasía (Pow!!!). g) La Baticueva se encontraba en la mitad de un llano y supuestamente en el subsuelo de la mansión Díaz, que se encontraba en zona residencial, lo que representaba un misterio de ubicuidad.
Pues bien, ante esta imbecilidad pasé sentado horas y probablemente días de mi vida, asunto que demuestra que era un niño imbécil.
Sin embargo, el asunto, visto en retrospectiva, me deja con la ilusión de que el guionista no inhalaba volátiles y en realidad se trataba de humor deliberado Nunca lo sabré.