La ilusión ya no viaja en la red
Antulio Sánchez
Así como las sirenas de Homero
atraían con sus cantos a los marinos para extraviarlos, el
surgimiento de
las empresas puntocom en la década pasada hizo perder la
cordura a muchos inversionistas que se dejaron seducir
por las promesas de riqueza inmediata. Ese periodo marcó el
auge y derrumbe de la denominada "nueva
economía".1
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Foto: Newsweek |
Por acto de magia todo se puso patas arriba, se
impusieron eslóganes como "la rentabilidad no importa,
sólo interesa la inversión", "Internet es el
fin de los monopolios". Se perdió el sentido y en la
fiebre del extravío se
llegó a situaciones tales que la capitalización de una
empresa como Yahoo! superó el triple del valor
bursátil de
BMW; Cisco triplicó el valor de General Motors y Amazon
alcanzó durante al auge de las puntocom una
valoración
de 24 mil millones de dólares y dobló el valor de todas
las empresas que cotizaban en la bolsa rusa.
De 1995 a 2000 se pensaba que a la mina de oro se
llegaba con la creación de una página Web y sólo
con eso
cientos de jóvenes aprendices de empresarios fueron capaces
de conmocionar a los inversionistas a quienes
les pasó lo mismo que a los habitantes de Macondo: se
alucinaron al conocer el imán que les llevaron los gitanos.
Los inversionistas dejaron en manos de esos nuevos e inexpertos
empresarios toneladas de dólares que sin piedad
fueron derrochados. Se volvieron sagrados términos como
start up (empresas de reciente creación) y
dot com (empresas nacidas bajo el amparo de Internet y
desarrollan su negocio en ésta) y portales.
En ese momento, el mayor valor era presumir ser
puntocom. Con ello aparecieron los teólogos de la
nueva economía que magnificaron las virtudes de tales
negocios. En los directivos de los portales afloró
prepotencia, ineptitud, despilfarro e improvisación. En plena
borrachera por las expectativas de beneficio, por la idea de que
la tasa de ganancia no era lo que determinaba la inversión, lo
decadente y opulento se hicieron filosofía de vida.
Se perdió el sentido y la memoria, no se
entendió que cada vez que han surgido nuevas oportunidades de
negocios suelen producirse crisis de crecimiento.
A partir de 2000 las cosas empezaron a cambiar, se
presentaron severas caídas en el índiceNasdaq y la
burbuja generada por la nueva economía comenzó a
desinflarse, vinieron cierres de empresas, cientos de
desocupados, estampida de inversionistas de todo lo que oliera a
puntocom.2 Hoy las puntocom ya no están de moda, el
término nueva economía está en desuso, se habla
de vieja economía renovada con nuevas tecnologías. Ya
no se
presume de ser puntocom, el escenario está marcado por
caídas bursátiles, descensos en el tráfico de
portales, cierre
de empresas, despidos. A pesar de que las puntocom fueron una fugaz
estrella de la economía
estadounidense alcanzaron a diversas regiones del planeta.
El despropósito también tocó
a Latinoamérica y uno de los momentos más destacados
se dio en marzo de
2000 con la compra del portal Patagon por parte del Banco Santander
Central Hispano (BSCH), que desembolsó
528 millones de dólares por 75% de dicho portal. Uno de los
héroes de la transacción fue el argentino
Wenceslao Casares,3 creador del primer sitio financiero en
la región y quien a los 26 años se convirtió en
millonario.
Mitos fundacionales
La mayoría de empresas puntocom se nutren
de contradictorias fuentes. Por un lado, hay una clara
filiación
con la contracultura y una idea de alcanzar un mundo mejor. Parten de
ideas de corte espiritual que tan cercanas
fueron a la generación de los años 60 y 70 del siglo
XX. Al mismo tiempo, no faltan los presupuestos yuppies como
la hambrienta necesidad de enriquecimiento. En todo caso, la
generación de las puntocom sintetiza una época
donde ya no es problemática la coexistencia de lo espiritual
con la acumulación.
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Ilustración: Newsweek |
El culto a la nueva economía destacó
por su carácter juvenil y se volvió norma que las
puntocom fueran
conducidas sólo por jóvenes, pues tener más de
35 años era obsolescencia. Su actuar se apoya en la idea de
transparencia
que se convierte en una especie de cosmología.
El mito de gobierno electrónico
"Vamos a cotizar dentro de poco en la bolsa
(...) en seis meses seremos millonarios", prometía
soberbiamente el colombiano Kaleil Isaza Tuzman a un grupo de
engreídos empleados de GovWorks (gobierno funciona). Era
el lanzamiento de la empresa que él mismo fundó.
En un contexto donde las ofertas de todo tipo
surgían, a Isaza se le ocurrió que lo suyo era el
e-gobierno,
un concepto poco referido en ese entonces pero que pronto se
convirtió en asunto de interés para muchos
empresarios y gobiernos. Si bien no inventó los términos B2G
(business to government), C2G (consumer to
government) y G2G (government to
government), gracias a él se pusieron de moda. La empresa
de Isaza nació en plena fiebre de
la nueva economía. Como muchos otros jóvenes, Isaza
Tuzman a los 28 años en 1998 abandonó la
prometedora carrera que se le abría en la sociedad de
inversiones Goldman Sachs y se fue en busca del tesoro que
prometía Internet.
Un año después, parecía que
el vaticinio se hacía realidad. GovWorks contaba con cinco
pisos en Tribeca,
una de las zonas más antiguas y exclusivas de Nueva York y se
embarcó en gastos de operación que superaron los
2.5 millones de dólares mensuales. Fue en Tribeca donde Isaza
y socios se dedicaron al derroche; entre el glamour y rodeado de modelos se gastaron miles de
dólares en festines, en celebrar ininterrumpidamente el
éxito que
sentían les pertenecía para siempre.
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Kaleil Isaza |
Para el arranque de la empresa, Kaleil y sus
socios juntaron 200 mil dólares producto de sus ahorros,
después vinieron otros préstamos por 750 mil
dólares. Durante ese lapso, Kaleil y socios afinaron su plan
de negocios
que posteriormente recibiría el visto bueno de inversionistas.
En las rondas de financiamiento de GovWorks le
fue bastante bien, la cruzada efectuada por Nueva York y Boston entre
1998 y 2000 se tradujo en la captación de
60 millones de dólares.
4 Además, la empresa
estaba valorada en 300 millones de dólares y las proyecciones
eran
que para 2002 valdría mil millones de dólares.
Kaleil nació en Colombia, hijo de padre
colombiano y madre israelí; estudió filosofía
política y dos maestrías,
una en estudios latinoamericanos en la Universidad de Harvard y la
otra en relaciones internacionales en El Colegio
de México. Hay una parte de su vida que lo relaciona con los
mitos de la contracultura y su ideal de transparencia.
Kaleil Isaza viajó a los 13 años a India, donde
seguramente nutrió su espíritu y cultivó esos
arranques de
predestigitador que luego pondría en marcha en la
construcción de GovWorks.
Durante su estancia en Estados Unidos a Isaza se
le ocurrió aligerar la vida de los ciudadanos, permitirles que
desde
su casa pagaran impuestos, multas de estacionamiento y cuentas de
electricidad, además de buscar trabajo en
el sector público, e invertir su tiempo libre en desarrollarse
intelectual y espiritualmente.
Unos meses después inició
formalmente el negocio con otros dos socios, Tom Herman, amigo de
infancia
e ingeniero en sistemas que trabajaba en programación desde
los años 80, y George Fatheree, su compañero
en Harvard. Ellos soñaban con emprender una cruzada
liberadora; partieron con el espíritu de los
boomers de la contracultura, de los gloriosos años 70
del siglo pasado, de que su lucha era contra los grandes monopolios,
las grandes corporaciones, que su cruzada era, también, para
liberar a los ciudadanos de las hostiles garras de
la burocracia. Según ellos, con eso contribuían al
proceso de ciudadanización, pero eso era una vil excusa, pues
tanto el gobierno como la ciudadanía sólo eran
clientes. Su objetivo real era hacerse ricos lo más pronto
posible, tres
años a lo sumo y luego vender la empresa en cantidades millonarias.
Isaza se convirtió en un icono entre los
latinoamericanos que incursionaron en Internet a hacer negocios,
pues a diferencia de los otros que se centraron en su región,
a él se le ocurrió desafiantemente conquistar primero
la capital mundial de las puntocom: Estados Unidos. Alcanzó
notoriedad rápidamente, lo mismo aparecía en
The New York Times, que en la cadena de
televisión CNN, en publicaciones especializadas como
The Wall Street Journal y Forbes. Era invitado a la
Casa Blanca por Clinton, quien alababa el liderazgo de Kaleil para
cerrar la brecha digital.
Kaleil era motivo de orgullo en su país, el
gobierno colombiano se ufanaba de que su programa de lucha
contra la corrupción era asesorado por la empresa de Isaza; el
presidente de Colombia, Andrés Pastrana, se refería a
él
como el colombiano que estaba revolucionando la gestión
pública a escala mundial y un ejemplo del extraordinario
talento colombiano.
El futuro se presentaba prometedor para GovWorks,
sus directivos estimaban que el dinero no les cabría en
los bolsillos. Juzgaban que llegaría mucho dinero por concepto
de comisiones, venta de programas y afiliaciones
de los gobiernos que adoptaran su plataforma. Se incorporaron a su
servicio 36 gobiernos locales y federal de
Estados Unidos; se suscribió un contrato para pagar las multas
de tránsito de la alcaldía de Nueva York y había
pláticas
para incorporar otras 800 ciudades.
Las apreciaciones de Isaza y compañeros
rayaba en la alucinación, se proyectaba que el gobierno
electrónico tenía a escala planetaria un potencial de
tres billones anuales de dólares y sólo en Estados
Unidos representaba
600 mil millones de dólares. Según Kaleil, para ellos
estaba destinada la mayor parte de ese pastel. Abrieron siete
oficinas en tres continentes y en puerta tenían prometedores
contratos con importantes organizaciones
gubernamentales; iniciaron con ocho empleados y un año
después superaban los 200. Su objetivo era alcanzar
paulatinamente
varias regiones del planeta, pero el tiempo pasaba y los ingresos no
llegaban, todo se quedaba en portentosas
promesas de ingresos.
"No tengo planes. Sólo persigo
sueños", decía Kaleil, pero los que no
querían vivir de sueños eran los
inversionistas, un día se cansaron y perdieron la paciencia
del derroche de Kaleil y el escaso retorno de dinero a GovWorks.
Durante meses esperaron en vano a que se produjeran ingresos pero
nunca llegaron y se empezó a cerrar la llave de
los fondos, se despidió a la mitad de la plantilla.
En noviembre de 1999, la burbuja de Internet
comenzaba a desinflarse; GovWorks había quemado 60
millones de dólares, se requería 25 más para
seguir en operación, pero los inversionistas y la junta
directiva de la
empresa decidieron poner a la venta GovWorks. La empresa
después de ser valorada en cientos de millones de
dólares
apenas se pudo vender en diez millones a First Data y poco
después la enterró por completo.
Kaleil no quiso confiar más que en su
soberbia y la idea de que era un iluminado destinado a llevar a su
tribu
al éxito no le permitió apoyarse en otras personas, no
contrató a mayores que él. Ahora, después del
fracaso
Kaleil reconoce: "Cuando monté Gov-Works pensaba que
podía hacer lo que quisiera y que tenía una perspectiva
más aguda, más precisa que los demás. Hoy tengo
mucho respeto por la gente
experimentada".5 Y reconoció lo que
era el fondo del fracaso de su empresa: "Pequé de
inexperiencia, egoísmo y ambición".
Fue así como el joven empresario
engreído y ambicioso vino a menos. Tuvo la suerte de triunfar
demasiado rápido, apenas había cumplido los 28
años, pero también antes de los 30 ya había
hecho pedazos su futuro.
Después de la venta de GovWorks, Kaleil estuvo
varios meses en depresión, de la cual salió para dar
paso a
otra empresa y capitalizar el fracaso. Creó Recognition Group
(www.recognitiongroup.com) con el fin de prestar
ayuda a empresas en dificultades; el fracaso sirvió para que
elaborara un libro bajo el título tentativo
Viviendo en la burbuja: siete pecados
empresariales que aparecerá en la primavera de este
año. Atrás dejó planes inconclusos, sueños
y amistades desechas. Sus acciones, que en cierto momento lo hicieron
rico, ya no valían nada y quien
estaba destinado a ser billonario terminó endeudado y sin
posibilidad de que su aprendizaje espiritual lo sacará de ello.
El libertador de Internet
Si alguien fue mencionado insistentemente como el
Bill Gates de Latinoamérica fue Fernando Espuelas, quien
se convirtió en la encarnación perfecta del empresario
exitoso de la nueva economía en la región. Fundador
de Starmedia, Espuelas fue modelo a imitar por cientos de
jóvenes latinoamericanos que soñaban con emular sus
pasos en la nueva economía. Sus logros en el continente
puntocom se magnificaron en su natal Uruguay, donde
el periódico El Observador lo etiquetó como
"el Simón Bolívar de Internet", un redentor
del mundo empresarial
que venía a romper la hegemonía de los viejos grupos
empresariales de la vieja economía en la región.
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Fernando Espuelas |
Su figura creció entre el sector
empresarial del continente, con un culto absurdo si se considera que
durante
los cinco años que estuvo al frente de Starmedia la empresa
nunca generó rentabilidad alguna. Sin embargo, su
nombre destacaba en diversos medios de comunicación que lo
colocaban entre los siete hombre más influyentes en
el despegue de Internet en América
Latina.
6 Como muchos de los empresarios puntocom, en poco tiempo
Espuelas pasó de la gloria al infierno, de la
adulación a la satanización y el desprecio.
Después de los amargos tragos pasados
durante su adaptación en Estados Unidos, Espuelas
concluyó sus
estudios universitarios en el Connecticut College y se graduó
en historia y
marketing, retornó a su país a inicios de los
años 90, donde tuvo diversos trabajos relacionados con el
marketing, pero en 1993 regresó a Estados Unidos, a
Miami, donde AT&T lo contrató como director de
Comunicaciones de Marketing para el Caribe y América Latina.
En ese momento tenía un futuro prometedor
como directivo, pero él dice que en su fuero interno algo
pasaba y la respuesta llegó en 1995, pero para conocerla tuvo
que estar a más de siete mil metros de altura. Cuando
tenía 29 años, durante un viaje de retiro espiritual
con su esposa al Himalaya, en el momento que con tenacidad
subía corriendo una pendiente le llegó la
revelación: "Entonces visualicé un quiebre
histórico para Latinoamérica,
tan importante como la llegada de los españoles. La Internet
podría ser el instrumento para hacer avanzar a los
latinos, reducir la brecha entre ricos y pobres y contribuir a la
conquista de una verdadera democracia". Fue así como
aquel individuo que poco sabía del ciberespacio supo que
"Internet funciona para atraer a la gente e involucrarla en
los procesos de decisión y acción, como se hacía
en las ciudades de la antigua Grecia".
A su regreso a Estados Unidos buscó a su
inseparable amigo Jack Chen, lo invitó para que se uniera a su
cruzada y para fines de 1995 ambos cocinaban la salida de Starmedia.
Renunciaron a sus empleos y empezaron a tocar
las puertas de amigos y familiares para que les facilitaran dinero,
exprimieron al máximo sus tarjetas de crédito
y reunieron 100 mil dólares con los cuales instalaron en marzo
de 1996 la primera oficina de la compañía.
Fue así como dieron vida a un portal con
perspectiva panregional que en menos de tres años tenía
18
oficinas en 11 países. El portal se basó en un modelo
de negocio independiente de los operadores y soportado por
ingresos publicitarios, que después sería imitado por
varios portales. Espuelas siempre explotó hábilmente la
idea de
que Starmedia por ser la empresa pionera en la
región estaba llamada a ser la dominante en el mercado,
una
situación que durante varios meses se vio respaldado en
tráfico e ingresos por publicidad.
Durante su estancia en Starmedia reunió
más de 400 millones de dólares en fondos de capital
privado, llevó
a la empresa a cotizar en el índice Nasdaq y la
convirtió rápidamente en la número uno en
América Latina.
Sin embargo, con el tiempo se supo que no actuó con claridad y
transparencia, que la mentira y la trampa
fueron recursos de los que siempre echó mano para lograr sus objetivos.
Espuelas fue reconocido por su destreza en la
oratoria, por su capacidad de lograr lo que se proponía, pero
no sólo fuera de Starmedia vendió bien sus ideas, sino
que también dentro de la misma empresa se convirtió en
un
gurú al cual seguían todos sin objeción, lo que
mencionaba era precepto y se consideraba que de su lado siempre
estaban la verdad y la razón. Su palabra era la propia de un
teólogo seductor y los medios de comunicación de
Estados Unidos y Latinoamérica cayeron a su pies, le dieron
amplia cobertura y destacaron sus virtudes empresariales.
Sin embargo, ya con éxito, Espuelas se dedicó a
dilapidar el dinero, derrochó en publicidad y
promocionó por
televisión en toda Latinoamérica su empresa, incluso
antes que se atrevieran a usar ese medio gigantes de las puntocom
como Yahoo!
En 1999 todo iba viento en popa, el escenario era
prometedor y las valoraciones de Starmedia estaban por
las nubes y compraba nuevos portales, pero las cosas empezaron a
cambiar en el 2000, cuando los ingresos no
llegaban y los gastos seguían su acostumbrada espiral. Como
podía, Espuelas capoteaba la tempestad y se refugiaba en
el incremento constante de usuarios del portal y el aumento de
ingresos por concepto de publicidad. Pero eso
dejó de funcionar.
El repetía su frase de que "gastar
plata no es una medición de Wall Street. Los analistas
observan el
incremento de número de usuarios y ventas de publicidad",
pero los inversionistas se cansaron e indicaron que una
condición necesaria para seguir apoyando a Starmedia era que
el porcentaje de pérdidas se redujera. Espuelas y la junta directiva se fueron por lo cómodo, recortar
personal, cuestión que se repitió varias veces hasta
febrero de
2002; de los 800 empleados que había a mediados de 2000 ahora
sólo hay 400.
En 2001 las cosas se complicaron, fue el momento
cuando vio cómo la empresa que había dado vida se
derrumbaba. En abril de ese año nuevos vientos soplaban en el
tratamiento de las puntocom, motivado entre
otras cuestiones porque se presentó en la Corte de Estados
Unidos el problema con Microsoft, el gobierno subió las
tasas de interés y Wall Street comenzó a evaluar la
industria de Internet con mayor rigor y menos pasión por las
expectativas. Fue así como en un entorno más riguroso
para medir el comportamiento de las empresas
puntocom afloraron todas las joyas que en su interior ocultaba Starmedia.
En ese momento, las acciones tecnológicas
de Starmedia y de todas las puntocom se derrumbaban; miles
de pequeños accionistas perdieron grandes cantidades y su
patrimonio se fue al demonio, los grandes
inversionistas no estaban para derrochar dinero; cientos de empresas
habían cerrado y muchas otras eran acusadas de
irregularidades. A mediados de año, los directivos e
inversionistas vieron cómo Starmedia perdía su brillo
en el
índice Nasdaq, sus acciones que en 1999 estaban por arriba de
los 60 dólares perdieron 90% de su valoración y
estaban en los 60 centavos de dólar.
Durante la segunda mitad de 2001 las
irregularidades eran notorias, Espuelas fue removido de la presidencia
y en su lugar quedó Susan Segal; en noviembre él dijo
tener interés en buscar nuevos horizontes y abandonó su
cargo de consejero delegado y hoy sólo figura decorativamente
su nombre en el directorio. Todo indica que su salida
fue la condición puesta por Bell South y otros inversionistas
para facilitar 36 millones de dólares a la empresa para
seguir con vida. Al mismo tiempo se hacía pública la
putrefacta situación en la cual se encontraba Starmedia y la
corrupción en que se venía desenvolviendo desde
hacía tiempo. En septiembre se hizo público que
Starmedia otorgó
irregulares líneas de crédito de 10.8 millones de
dólares a sus ejecutivos y de los cuales ocho millones fueron
entregados
a Espuelas y Chen. Poco después se hizo público que
esos préstamos se declaraban como
perdidos.7
El 21 de noviembre se presentaron cinco demandas
de accionistas de Starmedia que acusaban a varios de
sus ejecutivos de "entregar informes falsos respecto de su
situación financiera", de manipular los datos financieros
y de inflar datos y, por ende, incurrir en prácticas de
contabilidad indebidas. Se alegaba la violación de diversos
apartados de la SEC (Securities and Exchange Commission), que los
bancos actuaron como juez y parte:
recibieron elevadas comisiones por mantener alto el precio de las acciones.
Ese mismo día, el Nasdaq notificaba que se
habían removido las acciones de Starmedia y sus acciones
estaban en 38 centavos de dólar. Al mismo tiempo, Espuelas
quedaba como figura decorativa de Starmedia. Ese mismo
día también iniciaban las investigaciones de la
irregularidades financieras en Starmedia, la cual reconocía una
"inadecuada" contabilización que sumó
ingresos por diez millones de dólares entre octubre de 2000 y
junio de 2001 y
que curiosamente fueron efectuadas por las oficinas de México,
por Adnet y Starmedia México, los laboratorios de
la alquimia de Espuelas para engañar a los inversionistas,
inflar el tráfico y los ingresos por
publicidad.8 En ese contexto no hubo posibilidad de
fusionarse con otro portal, ya no había quien adquiriera
Starmedia y los varios negocios
que compró ahora están a la venta pero tienen muchas
dificultades para ser rematados.
Pero el incendio alcanzó a más
personas. La cercanía de Susan Segal con Espuelas y Starmedia
se tradujo en
un alto costo, perdió su posición como directora para
Latinoamérica de Chase Capital Partners (CCP), fondo
de inversiones de Chase Manhattan Corp. Si bien es cierto que en la
segunda mitad de 2001 ya se había dado la
fusión entre CCP y el JP Morgan, de la cual surgió el
nuevo banco JP Morgan Chase, en la nueva firma Segal ocuparía
una posición similar a la desarrollada en el CCP, pero eso
coincidió con los escándalos de Starmedia que hicieron
que la denominada reina del capital de riesgo perdiera su trono.
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Ilustración: Time |
Segal fue seducida por las promesas de riqueza de
Espuelas y el CCP invirtió más de 30 millones de
dólares
en Starmedia. Al inicio todo parecía perfecto, al salir las
acciones a la bolsa en mayo de 1999 tenían un costo de
15 dólares y el primer día subieron más de 78%,
y un mes después superaban los 60 dólares, pero a
partir de
ese momento su descenso imparable terminó por hacer polvo lo
que se había considerado un negocio redondo.
En medio de la vorágine de la fe ciega de Segal en Starmedia
no percibió la necesidad de deshacerse de las
acciones, llenó de títulos y acciones las cajas fuertes
de CCP que alcanzaron la descomunal cantidad de 12 millones de
dólares que hoy nadie las compraría.
Cuando se removió a Espuelas de la
dirección de Starmedia, los empleados se sintieron
intranquilos sin
su presencia, la ausencia del guía provocó pesimismo y
angustia, pero en cuanto se enteraron de los errores y
la corrupción que Espuelas era uno de los orquestadores
de las manipulaciones, y dispuso de sumas millonarias
que tenía la empresa de reserva para operar entonces el
ídolo fue odiado y desterrado del templo, se le quiso
enviar a la pira y se le declaró un incompetente y ladrón.
A pesar de todo a Espuelas y Chen se les
compensó con 650 mil dólares, para muchos una afrenta
pero en
realidad poco para Espuelas, que en su mejor momento sus acciones de
Starmedia le reportaron 160 millones de fortuna
y estaba en miras de ser un billonario. Así fue de fulgurante
el ascenso de Starmedia, un día llegó a ser el mejor
portal de Latinoamérica, pero rápidamente
pasó a ser uno de los mayores fiascos de Internet y, al
parecer, está a
punto de desaparecer como una más de esas efímeras
luciérnagas puntocom que han poblado el ciberespacio.
* * *
Personas que perdieron su empleo en las puntocom
2000: 41,515
2001: 100,925
Empresas puntocom cerradas
2000: 225
2001: 537
Fuente: Webmergers
* * *
Síntesis en cifras de GovWorks
Diciembre de 1998: se funda con un capital de
200 mil dólares.
Mayo de 1999: primera ronda de
financiamiento por 18 millones dólares.
Noviembre de 1999: segunda ronda de
financiamiento por 18 millones de dólares.
Abril de 2000: tercer ronda de
financiamiento por 39.2 millones dólares.
Mayo de 2000: despiden a 90 empleados.
Agosto de 2000: despiden a 35 empleados.
Noviembre de 2000: J &P Selligman se
retira como inversionista, despiden a 41 empleados.
Diciembre de 2000: cesan todas las
actividades comerciales.
Enero de 2001: es adquirida por First Data.
* * *
Valoración de Starmedia
(en dólares)
Junio de 1999: 3,700 millones
Febrero de 2000: 2,800 millones
Mayo de 2000: 600 millones
Diciembre de 1999: 470 millones
Abril de 2001: 230 millones
Mayo 2001: 145 millones
Diciembre 2001: 22 millones