Llegué a Rosario la tarde del 15 de noviembre, en medio de una escasa y tenaz lluvia que me
había seguido todo el camino desde Buenos Aires. Pero el primer encuentro con la ciudad y sus rostros alivió
el cansancio de casi 14 horas de viaje. "El cielo rosarino muda su ornato de ópalo verde y rojizo por
un impreciso azul", escribió alguna vez Jorge Barquero, para referirse a estos matices reparadores de
las tardes rosarinas.
El ambiente era una fiesta desde la víspera del congreso. El centro de la ciudad, arrinconado por
las aguas del Paraná, se vistió de gala y fue imposible no contagiarse con la mirada afectiva de sus
ventanas y balcones vestidos con pendones alusivos al III CILE, que recibieron entusiastas a los visitantes.
Y es que Rosario asumió digna su papel de capital cultural de la lengua española. Sus habitantes
fueron generosos en sonrisas y gestos. Tal vez fuera la fiesta de la lengua española lo que movió a su
conversación y a que frecuentemente se dieran tiempo para detenerse en la jornada y preguntar por México, por
las palabras que se escriben y leen en el otro extremo de América Latina.
Supongo que en un principio fue el acento. Era imposible no ser una tilde mal colocada en la
tendencia argentina de usar esdrújulas (en más de una ocasión corrigieron mi habla al decir el nombre del
hotel Ariston, en lugar del correcto Áriston, o Majestic en lugar de Májestic). La expresión confundida de
mi rostro subrayó mi carácter de extranjera.
Los trabajos del III Congreso de la Lengua Española que darían comienzo el miércoles 17, en
realidad ya habían iniciado cuando ese mosaico de nacionalidades y vocablos se encontraron. Lo mismo en las
calles que en la sala de prensa, los pasillos de los hoteles, hostales o sedes designadas para la realización de
los actos programados durante los cuatro días de actividades.
La lluvia del día 15 se fue y regresó una semana después. El martes 16 la cuenta regresiva del CILE
se agotaba a la luz de un sol pleno y un cielo barrido de nubes. La celebración ya podía ser leída en los
titulares de Clarín, La
Nación, La Capital,
Rosario/12, Ñ.
Mientras los reporteros acreditados, sobre todo los enviados especiales en su mayoría argentinos
y españoles; mexicanos, sólo quien esto escribe consumíamos todos esos textos, la sala de prensa se
echó a andar con sendas conferencias de prensa en las que participaron los organizadores del congreso.
El director de la Real Academia Española (RAE), Víctor García de la Concha, habló entonces. "Es el encuentro de una familia que está vinculada, más allá de las diferencias políticas, por un hecho:
la lengua común. Una lengua que es variada, que es plural, que es un mosaico de hablas diversas que
tiene una estructura unitaria muy sólida y muy fuerte que está apoyada en todas las diferencias. Una lengua
que convive con otras lenguas de las que se enriquece y a las que sirve muchas veces de vínculo, de
entendimiento, de comunicación solidaria".
De esta forma, la palabra española comenzó a llegar, temprano, a su propia conmemoración.
Había mucho que decir sobre ella. Y aún ahora, hay tanto que apuntar sobre el tema.
La palabra más transparente
Con la presencia de los reyes de España y el presidente Néstor Kirchner, así como los escritores Carlos Fuentes y Héctor Tizón, entre otras personalidades, comenzaron formalmente los trabajos.
El Teatro El Círculo, soberbio, abrió sus puertas para mostrarse casi con la misma belleza y esplendor
de aquellos días de principios del siglo XX, cuando Enrico Caruso elogió su acústica y José Ortega y
Gasset dictó cátedra.
Pese a que la mañana bonaerense ocupó su atención en el estallido de un par de bombas en
algunas sucursales bancarias, y que un desperfecto en el avión del Presidente retrasó hora y media la
ceremonia inaugural, el buen ánimo no se perdió entre los asistentes y vecinos que desde sus balcones aguardaban la llegada de los reyes. Tal vez la mayor desesperación la tuvieron los reporteros ansiosos por tener
mayor información con la que "armar una salida" para radio, o mandar su nota por Internet.
Finalmente, los discursos de Fuentes y Tizón compensaron la espera. Cada línea de las palabras
del mexicano quien para muchos tuvo la mejor participación del CILE, conmovieron a tal grado que en
la propia sala de prensa arrancó los aplausos. Y es que los dichos del autor de
La región más transparente celebraron a la palabra pero también tocaron los bordes de una herida, quizá la más punzante y
profunda, que acusa nuestra lengua. La de la miseria y marginación de sus hablantes
(etcétera, diciembre 2004).
Héctor Tizón habló sobre una de las amenazas más fuertes a la palabra, la imagen. "El uso de la
palabra oral o escrita parece anublarse ante el avance de las técnicas de transmisión instantánea, lo que
era diferido nos llega en tiempo real; antes éramos los destinatarios de la información, ahora nos
convertimos en meros testigos de la historia de los hombres. Pero la imagen no es la noticia ni la noticia es el
acontecimiento. Como se ha dicho ninguna mirada es original ni soberana y ninguna percepción está a
salvo de ser manipulada. Ya no se difunden ideas, conceptos ni ideales. Se generan creencias a través de
las imágenes publicitarias. Y el uso de la lengua es subsidario".
El rey Juan Carlos se refirió a la lengua española como "una voz, en suma, plural y polifónica,
compuesta de muchas voces"; y el presidente Kirchner llamó a dedicar "tiempo y esfuerzo al estudio de las
graves consecuencias que la exclusión, el hambre y la pobreza (...) tienen en lo que respecta al uso de la lengua".
Así terminó el principio de aquella esperada fiesta, bajo la mirada de un Quijote de herrería que
vigilaba atento la entrada del teatro que se desocupó por algunas horas, sólo hasta que el reloj marcó las
16:30 y comenzaron las actividades académicas del congreso.
Y otros demonios
Contar el festejo en un par de planas es pretencioso. Incluso decir que esos días en Rosario fue
casa tomada porque sus horas se midieron por las letras, palabras, líneas e ideas expresadas, resultaría
insuficiente.
La intensidad de los trabajos se desahogó en dos días, en los que fue necesario dividirse hasta en
ocho para atender por un momento a cada uno de los diferentes páneles simultáneos que se celebraron en
el Centro Cultural Parque España.
Bajo la premisa de Identidad lingüística y globalización, discutieron más de 160 especialistas,
escritores, académicos, semiólogos, periodistas, lingüistas, críticos, literatos; en tres secciones conformadas por
16 páneles, en los que se habló del español y sus demonios. Migración, pobreza, lenguas indígenas,
diversidad, mestizaje, medios de comunicación, imagen, creación literaria,
spanglish, comunicación, nuevas tecnologías de la información...
Largas filas de congresistas asistentes, uniformados por un maletín azul con agarraderas de metal y
la leyenda "III Congreso de la Lengua Española", formaron parte de los atardeceres luminosos y el
paisaje del Parque España que hace frontera con las aguas marrón del río Paraná.
En el recinto escuchamos a Tomás Eloy Martínez, Juan José Millás, Álex Grijelmo, Blas Matamoro,
Jorge Volpi, Miguel León-Portilla, Carmen Riera, Nélida Piñón, Cristina Peri Rossi... Fue posible acercarse
a ellos, solicitar su correo electrónico, la firma de un libro o simplemente intercambiar algunas
palabras. Incluso, con un poco de suerte, y a la caída de la noche, encontrarlos en el
lobby del hotel en una reunión casi increíble: José Saramago, Ernesto Sábato, Héctor Tizón y Tomás Eloy. (Imposible no desear que
Carlos Fuentes hubiera permanecido un día más en Rosario y verlo ahí.)
Sobre la importancia de un encuentro como el CILE participó el escritor argentino Mempo
Giardenelli. "La identidad lingüística es seguramente la primera señal de identidad fuerte que tenemos los
seres humanos en tanto sujetos que vivimos en sociedad. Sin lengua no podríamos entendernos,
discutir, intercambiar, crecer, desarrollarnos como seres inteligentes. En cualquier lugar y cualquier época de
la Historia de la Humanidad, cada nación fue antes una lengua que un Estado".
El homenaje a Ernesto Sábato encabezado por José Saramago fue el momento más emotivo del
congreso. Lo expresado por el escritor portugués y más de 20 minutos de aplausos de pie por parte de los
mil 500 asistentes al Círculo robaron las lágrimas del autor de
El túnel. Quizá en este instante las
palabras contuvieron su propio tema de conversación: ellas mismas, escritas y habladas, y al final del festejo
se unieron con todos sus acentos, al reconocimiento hecho a uno de sus autores más queridos.
Rosario de palabras
Miércoles 17 de noviembre. De a poco se quedó vacío el inmueble de Mendoza y Laprida. Desde
lejos, la noche y su viento cálido acentuaron la belleza de sus ángulos clásicos engalanados con columnas
corintias. El alumbrado público hizo un perfecto juego de sombras en cada uno de los rincones de la
fachada del Teatro El Círculo que después de un día de bullicio, fiesta y palabra, se quedó silente. La agitación
se trasladó de sus hermosos muros a las calles. Por la misma Laprida, y casi todas las vías aledañas,
se formaron y separaron indistintamente grupos que se dirigían hasta el río donde se ahogaba la luna
que mordía el cielo de un noviembre en primavera.
La peregrinación constante se detuvo hasta las orillas del Paraná y comenzó a extenderse por todo
el paseo fluvial, en búsqueda del mejor lugar, la vista más clara del Puente Rosario-Victoria: una
moderna construcción inaugurada en 2003 que comunica las provincias de Santa Fe y Entre Ríos. Incluso
fue necesario que algunos subieran al techo de los autos, los menos pudieron reservar una mesa en
alguno de los restaurantes exclusivos con vista al río. Unos pocos, más errantes, caminaron sin más rumbo
que el propio paisaje índigo.
Pasadas las 21 horas, los destellos del espectáculo hirieron la oscuridad nocturna. Luces
multicolores encendieron el terciopelo añil del cielo y el cauce del Paraná, los dos confundidos por los mutuos
reflejos. Veinte minutos de rostros asombrados por un fuego que como fénix renacía apenas terminaba, y así
fue del cerúleo al magenta, al blanco, al dorado, al turquesa.
Aunque mediaran kilómetros de separación al puente y pese al banquete que los mosquitos de la
zona "se montaban" no hubo quien abandonara su sitio sino hasta que la oscuridad fue devuelta. Y con
ello otro espectáculo, uno de tango, de música, imagen y danza que, como pocas veces, asistieron juntas
para celebrar a la palabra.
Tres días después, la concurrencia aumentó. El escenario fue el mismo. Rosario y su río, esta vez
acompañados con música, rock, que agasajó, dijeron las cifras oficiales, a más de 50 mil asistentes.
* * *
21 de noviembre.
Tres años han pasado desde Valladolid, siete desde Zacatecas. Tal vez pocos lo sabían con precisión
y tal vez tampoco importe demasiado. Porque la celebración de la lengua castellana asistió a Rosario, y
sus habitantes estuvieron ahí para festejar la fortuna de una Babel cuya principal riqueza ha sido su
diversidad tolerante, generosa, receptiva. Así la lengua castellana. Así terminó el III Congreso Internacional de
la Lengua Española.
Más de dos mil 900 asistentes, 600 periodistas y 160 ponentes se dieron cita en Rosario, a 300
kilómetros de Buenos Aires, en el país donde Borges y Cortázar compartieron laberintos y búsquedas, para
asistir a la mayor fiesta de nuestro idioma. Estaban todos, en las calles angostas de Rosario que fueron para
sus visitantes las venas generosas donde circularon las palabras, de todos matices, lo mismo las festivas
y rítmicas, que las dolorosas y preventivas.
Porque como lo dijo Juan José Millás durante su participación, "el español está acosado por el
español mismo". Ante el imperio de la imagen y la indolencia de los bajos índices de lectura, así como el
avance del inglés en la cada vez más numerosa comunidad hispanoparlante en Estados Unidos, la lengua
castellana encontró en Rosario la oportunidad de salir fortalecida, con nuevas herramientas (como la
nueva política panhispánica de la Asociación de Academias de la Lengua Española), que no olvidan que
la quintaesencia de nuestro idioma son sus propias diferencias.
La cita es en 2007. Cartagena de Indias. Saramago se refirió así al gran ausente, Gabriel García
Márquez: "Si Mahoma no va a la montaña...". Colombia entonces acunará la mayor fiesta de la
lengua española, ésta que celebra a la palabra y el puro gusto de encontrarnos.