Los medios ya son parte de la guerra
Javier Solórzano Zinser
¿Dónde empieza y termina la libertad de expresión en tiempos de guerra? Esta es la pregunta sin respuesta clara
que ha recorrido el mundo de los medios de comunicación desde el día en que Gran Bretaña y Estados Unidos
decidieron atacar las bases de Al Qaeda y a los talibán en Afganistán.
El asunto toca la ética y el origen mismo de la actividad periodística, y podría, al paso del tiempo, convertirse en
un tema de carácter coyuntural que puede dejar su vigencia cuando lo que vivimos pase a segundo plano. Sin duda el
día llegará.
Dicho de otra manera, en los conflictos de Vietnam y la guerra del Golfo Pérsico, los medios de
comunicación estadounidenses tuvieron actitudes "solidarias" con el gobierno. Al paso de los años se encontró una especie
de boomerang que cayó directamente en la credibilidad y valor de los propios medios ante la opinión pública. Cuando
éstos se percataron de lo que habían hecho a lo largo de muchos años, bajo la presunta defensa de los intereses de la
nación, la toma de conciencia caminó de la mano de un
shock del cual todavía no se sale. La muerte de civiles, el napalm,
el deterioro de la juventud en guerra, fueron, entre otros, parte del marco de un escenario traumático y doloroso.
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Foto: El País |
Cuando los medios de comunicación informaron del paso de las fuerzas de EU en guerra la decepción de los
estadounidenses creció y el cuestionamiento, entre muchos otros, recayó en el papel de los medios de comunicación.
Lo coyuntural se convirtió en la marca de una generación. La guerra de Vietnam tuvo en los medios un testigo y un
escenario que llevó a EU de la presunta victoria a una derrota que no fue sólo bélica sino también moral. Las críticas
posteriores a Vietnam junto con la gran cantidad de películas sobre el tema reflejan una visión analítica y al paso del tiempo
derivan en dos líneas.
La primera etapa en que se hablaba de la virtual victoria donde los medios eran aliados de su gobierno, y la
segunda, la del dolor y la presencia de escenas a través de la tele de niños corriendo de la barbarie cargada de equívocos
militares junto con la violación de las reglas elementales de la guerra, porque aunque parezca paradójico la guerra también
tiene sus reglas.
Afganistán puede ser de nuevo un cuestionamiento a los medios de comunicación. Bajo escenarios distintos a los
de Vietnam y el Pérsico, el problema central para definir el propio conflicto es la falta de claridad de quién es el
adversario. Pero lo que también ofrece un planteamiento nuevo es el papel que hoy juegan los medios de comunicación y las
nuevas tecnologías. El gobierno de EU puede exhortar y solicitar solidaridad, pero el mundo es otro. La televisora árabe Al
Jazeeba se ha dedicado a romper con todas las proyecciones y peticiones del gobierno de EU. De igual manera, la BBC y Sky
News han informado a través de un comunicado que no censurarán ningún contenido sobre el conflicto. Sin dedicarse a
alentar el problema, han asegurado que lo que ellos tengan que sea confirmado será dado a conocer.
CNN se ha colocado del otro lado. Sus razones tendrá que podrían revertírsele. En particular ha llamado la
atención la información que han dado a conocer sobre la petición de entrevista con Osama bin Laden. Además de presentar
las seis preguntas, han reportado, a través de su página en Internet, que "darán a conocer aquello que estimen de
interés noticioso" sobre el encuentro con el líder de Al Qaeda. Son dignos de considerarse varios asuntos sobre el tema.
Lo primero se relaciona con la palabra "estimen". Suponemos que esto quiere decir que no vamos a conocer todos
los elementos, de hecho, al momento de escribir esta columna no se sabe si incluso pudiera darse la entrevista.
Informativamente es importante ver a plenitud a Osama bin Laden no tanto para admirarlo, sino para conocer, en
la medida de lo posible, la mayor dimensión de este hombre. ¿Cuál es el criterio de lo que se "estima"? Es difícil saber,
pero lo cierto es que bajo la "petición" del gobierno de George W. Bush la "estima" generará que sea todavía más
subjetiva la manipulable información. Pero CNN no es la única cadena que se ha replanteado sus estrategias.
En días posteriores al 11 de septiembre, programas como los
Simpson fueron censurados en algunos de sus
diálogos. El motivo y criterio es que contenían elementos que podían confundir, bajo la situación de guerra, a la opinión
pública estadounidense. La lista de los censurados o reconvenidos alcanza canciones y películas, sin pasar por alto la
reprimenda o llamado de atención a algunos conductores de radio y televisión que asumen posiciones críticas. Está claro el día
del inicio de la violencia, y como todo tiene su propia historia, el paso del tiempo ya está colocando en el análisis
de investigadores el porqué de la situación.
Lo que viene de nuevo es impredecible. Sin embargo, lo primero que hay que considerar es que, a querer o no,
los medios de comunicación ya son parte de la guerra. Es difícil saber en este momento cuáles serán los derroteros
informativos. Pero lo que está sobre la mesa son las viejas y siempre presentes discusiones sobre el rol de los medios. La
libertad de expresión, el derecho a la información, la búsqueda de la verdad a través de instrumentos plurales, la relación con
el poder político, los medios bajo un estado de guerra, en fin, la lista de siempre. Por algo será. Sin embargo, lo que hay que atender de nuevo es lo que da origen a los medios; la crítica y la autocrítica como forma de vida. Sin estos instrumentos el servicio voluntario e involuntario al poder político da paso al descrédito y a la sumisión. Ha llegado a los medios de comunicación otra vez una discusión que de manera ilógica se supone de académicos, es evidente que es de todos.