Un estudio analiza la industria y el pluralismo
Gloria Gómez-Escalonilla
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Fotos: El País Semanal |
Una investigación recién publicada realiza un exhaustivo balance de las industrias culturales y
comunicativas españolas en las nuevas redes digitales, sus ventajas y sus debilidades.
El análisis, económico, pero también sobre el grado de pluralismo democrático, será seguido en pocos
meses de otro estudio internacional sobre las experiencias estadounidenses, europeas y latinoamericanas.
Las industrias culturales muestran en España mejoras notables en la última década, especialmente en la
talla de los mercados, en su capacidad creativa y en el atractivo de los repertorios nacionales; y comienzan a
darse los mimbres necesarios para fundamentar una industria cultural fuerte y sólida para el futuro. Pero su
examen revela asimismo empeoramientos importantes en los equilibrios económicos del sistema cultural y
comunicativo, y en su capacidad de diversidad. Esas grietas estructurales se vierten, e incluso tienden a agudizarse sobre
la transición al mundo digital, con serias debilidades y posiciones precarias de partida.
Estas son las conclusiones centrales del libro
Cultura y comunicación en la era digital. Industrias,
mercados y diversidad en España, editado por Gedisa, que contiene el resultado de una amplia investigación
realizada durante más de dos años por un equipo de expertos coordinado por el catedrático de la Universidad
Complutense, Enrique Bustamante.
En el documento, realizado por encargo de la Fundacion Alternativas, se estudian las
transformaciones sufridas durante los años 90 por los medios de comunicación (prensa, radio y televisión) y de los
grandes sectores de la cultura (libro, disco y cine), así como los videojuegos. También se analizan a detalle los retos
y oportunidades que plantean en España los soportes y las redes digitales. La conclusión casi general, con la
sola excepción del papel pionero de la prensa y de la expansión de la television por satélite, es que España
perderá el tren de la era digital en la cultura y la comunicación si no se realiza una política industrial y cultural
sistemática que el informe plantea en sus líneas maestras.
El mercado de la cultura
La edición de libros, de fonografías, el cine y video, la prensa escrita, la radio y la televisión son
actividades que han asumido a lo largo de las últimas décadas, y de manera casi exclusiva en las sociedades actuales,
la función social de producir y difundir la cultura. Como actividades productivas han sufrido a lo largo de
los últimos siglos un proceso de mercantilización e industrialización, hasta convertirse en la última década
en sectores de creciente peso en la economía y el empleo; pero los retos que las tecnologías informacionales
suponen, transforman a la cultura y la comunicación en vectores estratégicos en la denominada "Sociedad de
la Información".
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El trabajo fue arduo: más de dos años de dedicación por parte de diez investigadores que han unido
sus esfuerzos para sortear los problemas que todo trabajo de campo conlleva. Pero el estudio ha terminado y
se presenta como una referencia ineludible ante la escasez de trabajos que aborden, al mismo tiempo, el
presente y futuro del mercado cultural. Los resultados se difundirán en dos publicaciones: la primera ya citada
aborda la realidad española, ofreciendo los resultados sectoriales y también una panorámica general, tanto de la
época analógica como de la digital. La segunda publicación seguirá la misma estructura, diferenciando épocas
y sectores (Bustamante, coord., en prensa), pero estará centrada en el escenario internacional y con un
ambicioso trabajo de elaboración teórica, con especial atención a las experiencias europeas, latinoamericanas
y estadounidense.
La excepcionalidad de la industria cultural
Efectivamente, en todos estos sectores se ha producido, en España pero extensible a otras realidades
nacionales, un vertiginoso proceso de concentración en grandes grupos multimedia, internacionales y nacionales,
que difuminan las fronteras entre los diferentes sectores, y generan un mercado en muchos casos oligopolístico.
Se une a ello un proceso de internacionalización creciente, aunque no tanto por la proyección de los
grupos nacionales hacia el exterior sino por la penetración de los grupos multinacionales, europeos y
estadounidenses, en el mercado español.
Esta realidad, que se ha impuesto en las postrimerías del siglo XX en cada industria cultural española, si
bien puede considerarse positiva desde el punto de vista económico, en la medida que garantiza el crecimiento
y la competitividad de los grupos españoles a nivel internacional, desde el punto de vista cultural supone
serias amenazas. No sólo porque se ponen en peligro los procesos de identidad nacional o regional, sino
porque imponen, de facto, "la cultura global", por su estandarización de la producción a escala mundial, pero
también y sobre todo porque la maximización y aceleramiento de los beneficios de los grandes conduce a una
utilización abusiva de las técnicas del
marketing para asegurar el éxito inmediato de los lanzamientos, una concentración desmedida de los esfuerzos en escasos títulos, y una filosofía de
fast-sellers. En definitiva, una
auténtica "cultura clónica", que perjudica la pluralidad cultural y al propio mercado.
Industrias culturales en el escenario analógico: fortaleza y debilidades
De este modo hay que advertir que aunque la situación de los mercados culturales españoles es
competitiva, con un crecimiento sostenido y un nivel destacado de España a nivel europeo e internacional, también hay
que hablar de la saturación de ciertos mercados (el de la prensa y el libro por el escaso índice de lectura); de
una inestabilidad financiera de la radio y la televisión, fundamentalmente debida el caos regulatorio en este
campo y a la crisis del servicio público, y del protagonismo desmedido de los grandes grupos, ya multimedia,
ya multinacionales, que llegan a tener un control casi absoluto del mercado en el caso del disco y del cine,
y mayoritario en los demás sectores.
Al mismo tiempo, las industrias culturales españolas destacan también por su capacidad creativa y el
éxito de los repertorios nacionales (ficción televisiva, música, cine) porque los grupos españoles o
españoles internacionalizados crean contenidos nacionales; pero esto no exime que haya también una fuerte
dependencia de productos importados, también en televisión, disco y cine. Además, el éxito de la creatividad nacional
se limita a nuestras fronteras porque aunque se ha incentivado una proyección al exterior, sobre todo a
Latinoamérica, esa proyección, salvo en el libro, todavía es muy incipiente.
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Al atractivo simbólico nacional no es ajena la existencia de un amplio tejido empresarial conformado
por pequeñas y medianas empresas, porque su actividad es la que permite hablar de diversificación y aun
de renovación cultural, en la medida en que son las Pymes las que apuestan por las nuevas creaciones. Sin
embargo, el alto grado de concentración existente y el control en ciertos casos oligopolístico del mercado por parte
de los grupos ha contribuido al debilitamiento progresivo de las Pymes, que ven reducida su cuota de
mercado, y a un pronunciado desequilibrio en la remuneración de los creadores de los contenidos, con lo que se
favorece la generalización de una precariedad laboral y, sobre todo, salarial que compensa los excesos concedidos a
los creadores "estrella".
Oportunidades y amenazas en el horizonte digital
El futuro de las industrias culturales en el siglo XXI pasa por tomar en cuenta el nuevo escenario que
dibujan las modernas redes digitales, entendiendo por tales no solamente Internet sino también el cable, el satélite
o las ondas digitalizadas. Y aunque este nuevo escenario represente otras oportunidades para los
sectores culturales, es obvio que también puede presentar serias amenazas a su actividad. El análisis ha tratado en
este sentido proyectar ese panorama para que los nuevos retos no supongan desafíos infranqueables.
Pues bien, lo primero que destaca en el escenario digital español es una seria amenaza para el futuro:
el infradesarrollo de las redes digitales como Internet, pero especialmente en banda ancha, así como el
DAB (Digital Audio Broadcasting) o la DTT (Digital Terrestrial Television), que afecta de manera directa a las
industrias culturales porque no alienta su introducción en estos nuevos escenarios.
Pero las reticencias de los otros sectores a introducirse en las redes no se explica solamente por el
infradesarrollo tecnológico sino que también han contribuido los miedos de la industria tradicional al nuevo escenario:
miedo a la piratería, que se ha visto incrementada en el mundo digital; miedo también a la "canibalización", a
que las nuevas actividades en red compitan con las producciones materiales.
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Pero esos temores pueden resultar amenazas reales en la medida en que impidan articular otras lógicas
de complementación con la actividad tradicional, tratando de explotar el mercado digital. De hecho, en las
nuevas redes surgen otro tipo de rentabilidades: por la explotación de una nueva ventana; por la creación de
nuevos modelos de negocio o por la reducción de costos, que si se proyectan sobre los precios incentivarán el
consumo y, por ende, su mercado, además de contribuir a remunerar mejor el talento creativo y a premiar la innovación en este aspecto, toda vez que las redes suponen también oportunidades para explotar nuevas producciones
que utilicen los lenguajes y formatos multimedia, nuevos atractivos para incentivar la demanda.
Si no se consiguen articular esas lógicas, las amenazas pueden convertirse en oportunidades perdidas. Y
es que en las nuevas redes descienden todavía más las barreras de entrada tanto para productos como
para productores, constituyendo una vía natural para los productos y mercados minoritarios, incluso a
nivel internacional. Pero en vez de explotar esas potencialidades, lo que muestra la realidad hoy por hoy es
una integración vertical todavía más aguda que la existente en los sectores tradicionales, porque la
integración afecta no sólo a la hilera del contenido sino que ha dado el salto englobando a los agentes de
infraestructuras y distribución en red.
Pero, además, las debilidades que presenta la industria en su configuración "analógica" se convierten
en amenazas en un futuro a corto plazo. Así pasa con el desequilibrio entre los grupos y las Pymes, que se
arrastra y contribuye a una todavía mayor incapacidad de respuesta del tejido empresarial de responder a los
desafíos del futuro.
El papel de las políticas públicas en el ámbito de la cultura
A la situación de la industria cultural española también ha contribuido el Estado a través de políticas
culturales y de comunicación caracterizadas por su desarticulación creciente que, además, parecen prolongarse así en
el nuevo escenario digital. Primero por la incoherencia en el tratamiento según los sectores, con abandono de
la música o los medios de comunicación y, en segundo lugar, por una relajación frente a la
concentración, haciendo peligrar con ello el pluralismo cultural por el que deberían velar. Y también en la expansión
internacional, sobre todo pensando en Latinoamérica, pues la política española ha tratado de favorecer la relación
unilateral (como el caso del libro evidencia) sin explotar relaciones de intercambio como correspondería a la
consideración de un llamado "espacio común".
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Estas deficiencias se ponen de manifiesto también en el entorno digital, donde se observa la ausencia
de actuaciones tanto en el desarrollo de infraestructuras como en el terreno de los contenidos y servicios digitales.
El estudio destaca el papel capital que el Estado debe jugar en todos los niveles (regional y
municipal, especialmente), desde el punto de vista industrial y democratizador, e inclusive propone actuaciones
concretas que mejorarían la situación de las industrias culturales en España, por ejemplo el apoyo fiscal a todas
las industrias y que debe desembocar en un IVA cultural mínimo o tendente a cero; sistemas positivos de
fomento a la cultura: desde subvenciones a desgravaciones fiscales sistemáticas a la inversión y a la creación de
condiciones para su acceso al capital-riesgo; estricta regulación anticoncentración; política de apoyo a la proyección
exterior; apoyo al sostenimiento y viabilidad de los grandes medios federadores, públicos y privados;
fomento sistemático de las Pymes culturales; y ya en el escenario digital: servicio universal ampliado a las
nuevas redes; fomento sistemático de la digitalización de los archivos y los catálogos; apoyo a la transición de las
Pymes culturales Estas y otras medidas representan las conclusiones más positivas del estudio que hemos
realizado, ya que el análisis empírico de las industrias culturales españolas ha demostrado que la dinámica del
mercado no funciona a la perfección en este terreno, pues es necesario salvaguardar los intereses culturales porque
son los activos prioritarios de la industria cultural.