En muchos medios, el Grupo Carso ha sustituido al gobierno como el mayor proveedor de publicidad.
Muchas veces estos medios se muestran acríticos con personajes como Carlos Slim.
En este momento, es un problema más imputable a los medios que al anunciante. Hasta donde yo puedo
entender esta actitud resulta de la propia decisión de los medios para bienquistarse con el poderoso anunciante, que de
una actitud de éste de condicionar la entrega de anuncios. Hasta este momento ha sido un dominador benévolo, no pide
favores, en buena medida porque no necesita pedirlos pues se los hacen espontáneamente, pero la concentración
de los anuncios por parte de un solo anunciante es un grave riesgo.
La diversidad de los negocios del Grupo Carso hace que el público no tenga necesariamente conciencia de
esa sujeción que tienen los medios a ese grupo, porque aparecen los anuncios de Sanborns, Telmex, Sears.
Parecen distintos anunciantes. Es potencialmente grave, ya lo es en cierto modo por la inhibición que se autoaplican
los medios, pero puede serlo más aún en la medida en que el Grupo Carso sea capaz de ejercer una presión explícita,
que no lo ha hecho hasta ahora porque, repito, no le ha hecho falta.
¿Qué tan usuales siguen siendo las prácticas gubernamentales como la entrega de compensaciones, embutes
y regalos, para cooptar a los comunicadores?
Todavía existe aunque en menor medida. Los gobiernos estatales priistas lo practican abundantemente. Los
otros lo hacen menos. Muchos columnistas políticos del antiguo régimen siguen practicando su mismo estilo de prensa.
Ya no reciben dinero del gobierno federal, pero siguen recibiendo cantidades semejantes de gobiernos estatales.
Hubo momentos que yo recuerdo en los años 70, particularmente, en que era agobiante el poder de la
corrupción. En las giras presidenciales, los responsables de prensa del gobierno federal iban con maletas llenas de dólares,
como en películas de gangsters, que se repartían a los reporteros. Éstos se agolpaban como niños ante el bolo de un
bautizo para recibir el dinero. Había giras al extranjero, en la época de López Portillo, donde un avión del Estado
Mayor Presidencial volvía a media gira cargado con las compras que reporteros, personal de prensa, directores de
diarios, hacían durante el periplo.
En este sentido, estamos frente a una situación notoriamente distinta. Ya no hay este género de
eriquecimiento súbito de personal de prensa, periodistas, directores, como el que se practicaba. Antes era muy desvergonzado.
Al acoso de algunos gobiernos (me vienen a la mente los casos de
La Jornada San Luis o Noticias, de Oaxaca),
hay que sumar ahora la asociación caciques-narcos como otra amenaza al periodismo.
Sí. Y es más peligroso el problema del narco porque es menos enfrentable, porque es más difuso, porque es
una actitud francamente al margen de la ley, mientras que aun un hostigamiento a
Noticias tan salvaje como el de Ulises Ruiz, y antes Murat, puede ser enfrentado porque existe un movimiento de opinión muy poderoso que va a
terminar de domar a esos gorilas. Eso se puede hacer, el hostigamiento formal del gobierno es enfrentable, se puede
denunciar, se pueden realizar acciones legales y de movilización que contrarrestren, acoten o hasta venzan a esos
hostigamientos. El de los narcos no, ahí estamos indefensos, estamos ignorantes respecto de las dimensiones del poder y de
cómo enfrentarlo y, por lo tanto, inermes frente a eso.
Hay 230 escuelas de periodismo, 60 mil alumnos, de los cuales egresan casi cinco mil al año. En este
sentido, ¿cómo ve a los jóvenes periodistas?
Sus fortalezas es que no pueden alegar ignorancia respecto de la naturaleza del trabajo que quieren hacer.
Antes había una especie de ilusión por trabajar en los periódicos; hoy, quien ignore cómo se trabaja realmente en
los medios es porque carece de información. De modo que quienes estudian periodismo deben saber que se van a
enfrentar a un oficio menospreciado, quizá en el discurso alabado, pero en los hechos menospreciado. Y si conociendo
la realidad en la que van a trabajar deciden de todas maneras ser periodistas, yo admiro su decisión que no va a
ser gratificante desde el punto de vista salarial, pero que probablemente les permita realizar una manera de ser en
el desarrollo de su personalidad. Compadezco a quienes siguen creyendo que pueden encontrar condiciones
glamorosas de trabajo, y en función de ese oropel creen que ése es el trabajo periodístico. Sin embargo, me parece que
sigue habiendo un territorio donde se pueden mover quienes realmente quieren hacer trabajo periodístico.
¿Cuál es el aporte de los medios a la transición democrática?
Muy importante, no sólo porque la reflejaron, sino porque en alguna medida la propiciaron. Sólo la
propiciaron. Ningún medio se puede arrogar el mérito de haber hecho la transición. Ésta es resultado de muchos factores
combinados y uno de esos factores fue una cierta actitud de ciertos medios.
Una transición que se encuentra inacabada, dado que tenemos pendiente una reforma a la Ley Federal de
Radio y Televisión.
Sí, por supuesto. Es una demora, un rezago grave que se acentuó con las reformas reglamentarias del 10
de octubre de 2002. Ahí hay un retraso que es inexcusable.
¿Cuál es su opinión de la televisión abierta que tenemos hoy en día?
Hay mucha telebasura, y entre ésta intentos tímidos de darle otro perfil a la televisión. Algunos programas
de debate arrinconados en horarios insoportables que tienen escasa repercusión por lo mismo. Pero en fin, se ha
abierto camino a la idea de que la TV no sólo es para atontar a la gente, sino que puede ser un instrumento de difusión
de ideas, artes y valores. Eso se está abriendo camino. Se ha ido implantando la noción de que la TV no sólo sirve
para el entrenimiento.
¿Qué opina de la virtual desaparición del Canal 40?
Es una combinación deplorable de factores. Es un resultado de pérdida neta para el auditorio. El Canal 40
con todas sus limitaciones era una opción importante. En materia de medios en la variedad está el gusto, entonces si
la sociedad tiene muchas opciones es mejor porque puede escoger la que le satisfaga, no cabalmente sino en
ciertos momentos, de ciertos segmentos, de ciertos intereses. Los modos por los que se pierde son lamentables, no por
la huelga misma, sino por las circunstancias que producen la huelga.
¿Y de la radio que se hace hoy, qué puede decir?
Hay demasiadas propuestas radiofónicas que tienen que sustentarse en la venta de publicidad. Hay una
disputa por el mercado muy intensa, y eso en vez de propiciar la diversidad alienta la uniformidad, por eso, a veces, son
tan homogéneos los tonos y los contenidos. Pero con todo creo que hay una diversidad que permite al auditorio
escoger. Esas opciones que faltan en la televisión están en la radio.
¿Cuáles son sus periódicos favoritos y por qué?
Mi periódico favorito es en el que escribo,
Reforma, porque es un diario moderno, uno de los primeros que
se sustentó directamente en el mercado, lo que le da ancha libertad. Combatió el monopolio de la distribución. Es un medio muy libre y muy respetuoso con su personal, con sus colaboradores. Es plural, es imaginativo. Tiene
defectos, como su deplorable uso del lenguaje, pero es el periódico que me interesa más, que tiene materiales que
no puedo perderme.
En segundo lugar, leo El
Universal que me parece que ha hecho un esfuerzo muy sostenido y muy congruente
de mejora, de evolución constante. Es un periódico que no se ha dormido. Está en la búsqueda constante de asuntos y
de enfoques importantes para los lectores. En tercer lugar, leo
El Financiero por su especialización. Luego leo
Milenio y Diario Monitor en el mismo nivel. Y después
Excélsior que prácticamente no tiene nada, pero justamente
esperando una sorpresa. Sobre todo lo que me interesa de
Excélsior es descubrir algo sobre lo que le está pasando. A veces
hay avisos internos que tienen relevancia. Y luego todos los demás:
Crónica, Ovaciones, ahora que lo compró
Alarcón... Impacto Diario.
¿Qué siente al ver en condiciones tan lamentables a diarios como
Excélsior, unomásuno o
El Día, que fueron referentes en su momento?
Es muy deplorable. Yo lo siento particularmente en el caso de
Excélsior y también, en alguna medida, en el
de unomásuno porque los viví, fueron mi casa. Era tan ingenuo en los años que trabajaba en
Excélsior que me veía jubilado ahí. Creí que no iba a haber nada más en mi trabajo profesional que
Excélsior, que toda la vida iba a
trabajar ahí. De modo que fue la ruptura de una ilusión. Es un infortunio también para la sociedad, porque entre
más instituciones sólidas de prensa haya la sociedad es mejor, no porque los medios la mejoren de por sí, sino
porque mientras una sociedad esté mejor comunicada entre sí es más viva, se conoce más, es más tolerante porque sabe
que hay puntos de vista diferentes, acontecimientos que no le son cercanos pero que son relevantes. Entonces, hay
un empobrecimiento de la vida social cuando medios que fueron tan importantes decaen a ese grado.
¿Cómo ve a los medios públicos?
En televisión muy bien. El Once y el 22 tanto en su programación normal como en sus aspectos noticiosos
hacen un buen papel. Radio Educación hace su esfuerzo, Radio UNAM también. Todos tienen el problema de la
penuria, pero con pocos recursos hacen más de lo que uno esperaría de ellos dadas las condiciones.
Sin embargo, en este sexenio ha sido más notorio el desdén gubernamental hacia los medios
públicos.
No sé. Yo no diría eso.
Le pongo un ejemplo. A Notimex, a Canal 22, al Imer, cada vez les han reducido más el presupuesto.
En el caso de Notimex es cierto. La agencia nunca ha sido tan maltratada como hasta ahora.
Estuvo varias semanas sin director...
... y ahora mandan a un comunicador de la Secretaría de Hacienda por un arreglo político de Gobernación y
de Hacienda. No hay un criterio profesional para designar al director de la agencia de noticias del Estado. Con
Notimex me rindo a su argumento. Efectivamente nunca ha habido tanto desdén para ese medio como ahora, pero a los
otros medios públicos los han alentado en otros sentidos. Los aprecio ágiles, vivos, móviles, en búsqueda, no
paralizados por las limitaciones.
¿Cómo ve el futuro del periodismo ante la irrupción de las nuevas tecnologías, ante la irrupción del
llamado periodismo digital?
El periodismo subsistirá como susbistió la radio cuando vino la televisión y como subsistió la prensa cuando
llegó la radio. Tendrá que adaptarse a las nuevas circunstancias, tendrá que ofrecer nuevas modalidades. Están
cundiendo los periódicos gratuitos, por ejemplo, que generan un grave desafío a los periódicos que se venden porque en
una lógica irrebatible la gente preferirá no pagar que pagar. Hay muchos desafíos, hay una necesidad de adaptación,
de conversión. Pero al final van a subsistir los medios digitales y los medios tradicionales.