Thelma Gómez Durán / José Luis Cuevas
¿En el siglo XXI, qué papel juega el erotismo?
El erotismo forma parte de la conducta humana. En París, por ejemplo, hay un museo del erotismo; hace poco
lo visité. Hay dos cosas importantes de la condición humana: Eros y Tánatos. Ahora existe una especie de gran
apertura, no existe mucha censura dentro del erotismo.
Alguna vez le pidió a Teresa del Conde que lo calificara como pornógrafo. ¿Este calificativo es vigente todavía?
Sí, claro. Cuando se inauguró la sala Erótica tuve que dirigir unas palabras. Dije: "Todos aquellos que no
se sientan excitados sexualmente, para mí resultará un fracaso, porque mi intención es que mi obra erótica
despierte una excitación sexual en los espectadores".
¿Qué lo excita?
A mí me excita definitivamente la relación sexual, no precisamente el hecho de ser tan sólo un observador de
una serie de situaciones. Las películas pornográficas resultan ser un poco aburridas porque ya se sabe uno el
argumento, ya se sabe cómo empieza y cómo acaba.
¿Qué historias podría contar su cama del siglo XXI?
La cama ha sido un ring en donde se han llevado a cabo muchas experiencias de carácter erótico.
¿En ese ring, Cuevas siempre ha salido ganador?
En asuntos de sexualidad siempre salgo ganador, definitivamente
(risas).
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Fotos: Bernardo Moncada |
¿Sigue siendo el amante prolífico o ahora es un apóstol de la fidelidad?
No tanto como un apóstol, pero soy absolutamente fiel.
¿Y cómo le sienta la fidelidad?
Muy bien porque hay un sentimiento de amor profundo. Beatriz del Carmen y yo no nos separamos ni un momento. Es una relación sui
géneris, porque estamos juntos las 24 horas del día.
¿Entonces las mujeres ya no lo buscan?
Si me buscan, no me encuentran.
¿Ha probado el Viagra?
Alguna vez ya me preguntaron eso, pero les dije: "No, lo que ando buscando es un antídoto"
(risas).
¿Qué prefiere, el
table dance o el burlesque?
El table dance no me causa excitación. Prefiero el
burlesque, porque en él intervienen muchos elementos. En
el burlesque no sólo se podía ver a mujeres desnudas o semidesnudas, también era un lugar de diversión en
donde había espectáculos cómicos.
¿Zona rosa o zona roja?
Lo de Zona Rosa fue una ocurrencia mía, yo la bauticé así Ya no voy a la Zona Rosa. Pero el nombre de la
Zona Rosa surgió porque iba a tener una exposición en la galería Proteo; ahí iba a exhibir obras con temas de la zona
roja. Resulta que en una entrevista que publicó
Excélsior, me pregunta la reportera
Bambi, ¿qué vas a exponer? Le
dije: "Son temas de la zona roja que voy a exponer en esta zona rosa". Fue algo que se me ocurrió en ese momento. Y así cabecearon la entrevista. Curiosamente se empezó a popularizar con ese nombre esa sección de la colonia
Juárez. Fue Barrios Gómez quien la popularizó. Él tenía una columna que se llamaba "Ensalada popof", una sección
frívola; cuando había un gran evento en ese lugar, él le decía la Zona Rosa. Y así se popularizó.
¿La nostalgia es una compañera común en estos momentos de su vida?
La nostalgia es el recuerdo. Es despertar un sentimiento que surge de pronto por cosas que están en el
pasado. Pero realmente no he sido muy dado a la nostalgia porque la nostalgia surge cuando el presente es poco
interesante, entonces se recuerda el pasado como esos años maravillosos de la juventud.
¿Y sigue viviendo con los nudos en la garganta o ya aprendió a llorar?
Yo no he llorado nunca, fíjate.
¿Eso le pesa?
Creo que es sano llorar; por eso las mujeres son más longevas que los hombres. Las mujeres lloran a la
menor provocación. No hay día en que una mujer no llore. Los hombres no lloramos porque tenemos muchos
prejuicios machistas. Yo tenía un padre que era el clásico machista y, en mi infancia, cuando lloraba, él siempre me decía:
"Los hombres no lloran".
¿Heredó esa actitud machista de su padre?
Ciertos elementos que formaban parte de la conducta machista de mi padre, sí las heredé. Por ejemplo, el
hecho de no llorar o el haber aprendido a boxear, porque mi padre fue boxeador en sus mocedades y a mi hermano
Alberto y a mí nos enseñó a boxear. Eso estuvo bien, porque cuando era más joven, estaba envuelto en pleitos.
¿El box le sirvió en la vida?
Me sirvió de mucho. Me acuerdo que en el Museo de Arte Moderno se me echaron encima unos asistentes a
una exposición, pero ellos no sabían pelear; daban unos campanazos... Y yo sólo decía: "El que sigue". Eso era en
mis tiempos de juventud. Quizá ahí sí podría hablar de una especie de nostalgia, porque ahora quisiera seguir
teniendo la fuerza física para poder seguir enfrentando a quienes me faltaran el respeto.
¿Qué medio consume más: la televisión, la radio o los medios impresos?
Definitivamente soy lector de periódicos. Recibo muchas revistas de México y del extranjero. Hay una
revista que se llama Libros. Es una revista que disfruto mucho.
¿Qué libro está leyendo?
Estoy releyendo El
Quijote; trae un prólogo excelente de Vargas Llosa. Muchas veces, en relecturas vuelvo
a muchos autores que leí en mi adolescencia. Por ejemplo
Madame Bovary, lo he leído cuatro o cinco veces.
Descubrí una cosa, que tenía una especie de preferencia hacia los libros que trataban de las mujeres adúlteras, por
ejemplo, Madame Bovary, Ana Karenina
El amante de Lady Chatterley. Esos libros los releo de vez en cuando.
¿A quién prefiere, al marqués de Sade o a Georges Bataille?
Al marqués de Sade, porque lo he ilustrado. Aunque Georges Bataille también. Dentro del tema erótico me
parece uno de los autores fundamentales. Y también André de Pieyre Mandiargues, un literato francés con el que tuve
una buena amistad en París.
¿Cuál es su periódico favorito?
El Universal, lógicamente, porque ahí colaboro. El periodismo en México ha mejorado mucho. Están bien
hechos los periódicos, aunque hay muchos diarios que han decaído. Lo que me llama la atención es que
posiblemente México es el país donde más periódicos se publican, al igual que revistas. ¿Cómo es que hay consumidores para
todo eso?
¿Qué periódicos han decaído?
Excélsior fue un gran periódico, yo colaboré ahí. Desgraciadamente ha bajado mucho. La supervivencia de
muchos periódicos es un misterio.
¿Ningún otro diario le ha hecho la propuesta de publicar su columna "Cuevario"?
Empecé publicando "Cuevario" durante más de diez años en
Excélsior, después me fui. Estuve sólo dos
semanas desempleado como periodista. Después me llamó Francisco Ealy Ortiz, una gran persona. Inmediatamente empecé
a publicar en El Universal, que me parece un periódico excelente, no sólo porque yo publique ahí.
¿Qué características resaltaría de
El Universal?
La información es muy buena. Por otra parte, es importante la parte editorial. Y también la calidad de los caricaturistas. Me parece algo
fantástico que todos los días publican y que están muy al día de lo que
está sucediendo. Eso te lo digo porque cuando fui joven, fui caricaturista. Y no era mal caricaturista.
¿Y no le gustaría volver a realizar caricatura?
Pues, no He sido un gran admirador de los caricaturistas mexicanos, siempre han sido muy buenos, desde
el siglo XIX. El más grande de todos ha sido José Guadalupe Posada.
¿Cuál es su opinión del periodismo cultural?
Hay buen periodismo cultural. Sin embargo, el gran suplemento cultural fue
México en la cultura y no ha sido superado; ahí me inicié en el periodismo. El primer artículo me lo aceptó Fernando Benítez en 1955-1956. Ahí me metía terriblemente con la pintura mexicana. Se llamaba "La cortina del nopal", después el artículo se
popularizó mucho. Llegué con Fernando Benítez. Yo tenía aspecto de niño, porque la niñez me duró mucho; usé el
pantalón corto hasta los 15 o 16 años -y es que estaba muy orgulloso de mis piernas-
(risas). Recuerdo que cuando fui al periódico llevaba pantalón corto. Benítez me preguntó: ¿de qué trata tu artículo? Es una crítica a la Escuela
Mexicana de Pintura, le contesté. Dejé el artículo y pensé que en cuanto me fuera lo iba a tirar a la basura. Cuál sería
mi sorpresa que lo publicó y en primera plana con un título que era algo así como: "El niño terrible contra los
monstruos sagrados de la pintura mexicana". El artículo provocó un verdadero revuelo en el mundo cultural mexicano.
Fernando me dijo: "Sigue publicando; trae más artículos".
¿Las adicciones no van con usted?
El cigarro diría que es mi única adicción. Alcohol, cero. Me he emborrachado dos veces en mi vida y casi fue
por error. Mi primera borrachera fue cuando viajé por primera vez a La Habana. Fue con daiquirí, en El Floridita de
La Habana, el bar a donde iba Hemingway. En esa ocasión estaba muy acalorado y había una especie de raspados, yo no sabía que eran de daiquirí. Me eché como cuatro. Salí de El Floridita totalmente borracho. Ésa fue mi
primera borrachera.
¿Las mujeres no han sido una adicción?
No lo consideraría una adicción. Mucho menos ahora que soy totalmente fiel.
¿Algún día lo volveremos a escuchar en radio?
Ojalá. Me encantó la experiencia radiofónica. Estuve en el Imer durante mucho tiempo con un programa que
se llamaba "Los pasos de Cuevas", pero cuando se dio un cambio de dirección, entró una mujer a la que le decían
"Lady Di", ella también dirigió San Ildefonso (Dolores Beistegui). Al entrar ella, simplemente me corrió. Me enojé
mucho. Los hubiera demandado, pero en ese momento no se me ocurrió. Simplemente, sin aviso previo, me dijeron que
iba a grabar el último programa.
¿Volvería a contender por una curul?
No, ya no. Estos años pienso dedicarlos exclusivamente a la lectura y a mi obra plástica.
¿Cómo observa nuestra democracia?
Creo que una de las cosas positivas que estamos viviendo, y que no se pueden negar, es que al presidente Fox
se le ataca constantemente, pero ése es uno de los riesgos de la democracia. Uno de los logros del presidente Fox es
que ha permitido la más absoluta libertad de expresión y ha desmitificado la figura del Presidente. En los tiempos
del priismo, el Presidente era intocable. Había ciertas cosas de las que no se permitía hablar mal y eran: el Presidente
de la República, la virgen de Guadalupe y la bandera. De alguna manera siguen siendo intocables la Virgen y
la bandera. Y está bien, porque en México hay mucha devoción por la virgen de Guadalupe.
¿Cree en Dios?
Tuve una época de ateísmo total. Dejé de creer en Dios. Ahora, he vuelto a ser creyente.
¿Por qué?
Cuando muere mi madre, en 1977, dejé de creer en Dios. Quedé instalado en un ateísmo que consideraba
definitivo. Fue a principios de los 90, cuando preparaba una exposición en Sevilla y trabajaba en un museo que está frente a
La Giralda. Cuando salía del museo caminaba y tomaba diferentes rumbos. Sevilla está llena de iglesias y yo entraba
a varias, pero no por devoción, sino para observar su estética. En una ocasión entré a una iglesia que le rinde culto a
la virgen del Rocío, llegue al altar, me arrodillé, rece el Ave María -porque no se me había olvidado rezar- y
salí creyendo de nuevo, fue como un milagro que se dio de pronto.