Víctor Hugo Rascón Banda / José Antonio Fernández
¿Cuál es la situación actual del cine mexicano? Desde posiciones contrastantes, Víctor Hugo Rascón Banda y
José Antonio Fernández pasan revista a temas esenciales para el futuro del celuloide nacional: la distribución del
peso en taquilla, la estructura del Imcine, la participación de las cadenas televisivas en la producción cinematográfica
y el domino de Hollywood en la cartelera comercial, entre otros asuntos. Ambos autores coinciden, sin embargo,
en algo fundamental: la necesidad de que haya más y mejor cine mexicano, y, por ende, en la urgencia de
encontrar mecanismos para incrementar la producción y lograr condiciones favorables para los creadores.
* * *
La crisis quedó atrás
Víctor Hugo Rascón Banda
Más que sobrevivir, el cine mexicano vive.
Quedaron atrás esos tres años en que tocamos fondo, cuando la producción fílmica cayó a niveles muy bajos,
diez, 15 y 18 películas en un país de 100 millones de habitantes que llegó a producir más de 100 películas cuando
éramos 30 millones.
Quedaron atrás, ojalá no vuelvan, esos vergonzantes años en los que las películas de ficheras, de Tepito y
de narcos alejaron al público de las salas y mataron a la gallina de los huevos de oro.
Muchos factores contribuyeron al inicio de esta nueva época: las escuelas de cine, las de actuación, el público
que ante ciertos filmes de trascendencia internacional
(
Danzón,
Como agua para
chocolate,
El callejón de los
milagros,
Sólo con tu pareja...) volvió a creer en su cine y se reconoció en el espejo, así como los nuevos circuitos de
exhibición con salas cómodas y bien equipadas y una nueva legislación, la ley Rojo.
En 2003 se exhibieron 24 películas, vistas por seis millones 301 mil 964 espectadores; en 2004, 18 filmes
que vieron siete millones 893 mil 551 personas. Aquí se observa un fenómeno interesante, se exhibieron seis
películas menos que en 2003, pero hubo más espectadores.
No hemos tenido estos últimos años una gran cantidad de películas, pero la mayoría han tenido un alto nivel
de calidad y muchas de ellas han captado grandes públicos.
En la competencia por el Ariel se han inscrito 14 largometrajes de ficción, cinco documentales, uno de
animación, 20 cortometrajes, nueves cortos documentales y cinco cortos de animación. Hay películas excelentes que se
perfilan como finalistas: Voces inocentes
, Temporada de patos, Cero y van
cuatro al lado de otras que provocaron mucho interés en el público como
Un día sin mexicanos, Matando
cabos, Conejo en la luna, Digna... hasta el
último aliento. (El documental de Felipe Cazals ha impactado y compite con el documental
Preguntas sin respuesta de Rafael Montero, sobre los asesinatos y desapariciones de mujeres en Ciudad Juárez.)
Los 20 cortometrajes de ficción inscritos muestran talento, creatividad, innovación y son un semillero valioso
de nuevos creadores.
2005 será un buen año para la producción cinematográfica. El nuevo presupuesto otorga importantes recursos:
70 millones para el Foprocine y otros tantos para el Fidecine, así como 68 millones para gastos de administración
del Imcine.
Agreguemos a esto los recursos que los productores podrán reunir gracias al nuevo estímulo fiscal aprobado
por el Congreso consistente en donaciones deducibles hasta por un 3% del ISR, con un tope anual de 600 mdp.
La comunidad cinematográfica siempre busca los culpables de la crisis del cine en las instituciones, especialmente el Imcine, que desde su fundación ha tenido que luchar contra la indiferencia del gobierno
federal. Gracias al Imcine y a los fondos de estímulos se han apoyado esas películas de calidad.
Las relaciones de nuestro cine con la poderosa industria de Estados Unidos empiezan a mejorar. Existe un Comité Bilateral de Fomento de la Industria Fílmica creado hace seis años, que es un foro de análisis y colaboración.
La delegación estadounidense la coordina la Motion Picture Asociation (MPA) y la mexicana, la Sogem.
En noviembre, las dos delegaciones firmaron el acuerdo Declaración de Santa Mónica, en la cual la MPA
se compromete a reformar la legislación estadounidense para apoyar el cine mexicano, su producción en México y
su distribución en Estados Unidos. Hay que reconocer esos cambios de actitud. Por el momento es sólo una
declaración que obliga moralmente.
Hay razones para fundamentar nuestro optimismo: talento en los creadores, interés en los espectadores y
valentía en los productores. Hay un incentivo fiscal que puede ser muy bien aprovechado. Hay mayor sensibilidad en
los legisladores.
Para cantar victoria sólo falta mejorar las condiciones del reparto de la taquilla. Los productores no pueden
seguir recibiendo sólo 15 centavos de cada peso recaudado. ¿Quién en su sano juicio va a invertir en esas condiciones?
Tendrá que haber una nueva actitud de los exhibidores y distribuidores a la hora de negociar los contratos con
los productores. Lo tomas o lo dejas, dicen ahora. O tendrá que haber otra clase de distribuidores y exhibidores,
pero ¿quién tiene el capital y la pasión para apostar por el cine mexicano?
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Cuidado con el conformismo
José Antonio Fernández
Sin duda, los números que apunta Víctor Hugo Rascón Banda dejan ver que la industria cinematográfica
mexicana se mueve. Sí hay resultados.
Si sumamos premios con casi una veintena de películas producidas por año, algunos éxitos en México y el
extranjero y un prestigio recuperado, el resultado puede ser ver el vaso medio lleno o medio vacío. Yo quisiera verlo
medio lleno, pero no puedo. Con esos números no estoy ni complacido ni contento. Y aquí expongo mis razones:
1. El cine mexicano podría hacer más cintas por año, al menos 40, pero nos hemos estancado en producir
cuando mucho 20 cada 12 meses, entre las que siempre destacan ocho o nueve por su calidad.
2. Aunque las cadenas exhibidoras necesitan del cine mexicano para subir su taquilla, están dominadas por
el malinchismo de sus directivos y ejecutivos y por el cine de Hollywood. Aun cuando digan lo contrario
públicamente, en realidad sus directivos no creen en el cine mexicano como industria; no creen que éste pueda
representarles ingresos suficientes para mantener su negocio. Por eso les importa poco. Digamos que lo ven sólo como un plus
que puede o no funcionar, y que tienen la obligación (política y en algunas ocasiones comercial, que no cultural)
de exhibirlo. Hasta ahí.
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3. Imcine necesita cambiar. Aun cuando el maestro Alfredo Joskowicz es un hombre honesto y bien
intencionado, al igual que algunos de sus colaboradores, pienso que la estructura de Imcine corresponde a la idea priista
del mundo, que consiste en crear una élite que apruebe filmaciones y otra que pueda filmar. Imcine no está
concebido como un instituto que promueva la industria, es un instituto que impulsa proyectos casi personales o
personales, pero no es de su interés reportar ganancias ni rentabilidad ni tampoco crear círculos virtuosos económicos que
lleven a los directores a dirigir una película al menos cada dos años. Yo propuse a Imcine un esquema de financiamento
a directores y productores totalmente distinto al actual, que tiene como objetivo impulsar la producción de al
menos 40 cintas por año con el mismo dinero que tienen a disposición hoy. Pero la propuesta fue ignorada. Supongo
que habrá diversas fórmulas para cambiar al Imcine, y creo que hay que cambiarlo a la brevedad, porque hoy, lo
reitero, funciona al viejo estilo del PRI: unos cuantos deciden lo que filman unos cuantos.
4. Las televisoras deben participar activamente en la producción de películas mexicanas, porque ellas son las
que más se benefician económicamente. Es necesario involucrar a las cadenas, que no son sólo Televisa y TV Azteca.
5. El tiempo de recuperación de la inversión que hace un productor en una película es larguísimo. Por ley,
debería quedar sentada la fórmula en la que el dinero debe regresar a los productores de una cinta mexicana.
6. Se puede cambiar al cine mexicano para que se haga con buena factura y se produzca más: un pacto para
crear de nueva cuenta una industria del cine mexicano que tenga como finalidad producir 40 películas por año
como mínimo. No menos. Y que sean de buena factura, sin caer en las peores épocas del cine mexicano. Me refiero,
por supuesto, al cine de ficheras, que se hizo porque dejaba dinero y porque al viejo PRI no le molestaba. Y aclaro
que no todas las películas de ficheras son tan malas, algunas, muy pocas, logran ser divertidas.
7. El pacto debiera ser firmado por productores, directores, distribuidoras, exhibidoras, televisoras y, de
manera fundamental, por Imcine.
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Propuestas inviables
Víctor Hugo Rascón Banda
1. Todos queremos más películas. No se puede llamar industria a una actividad que se produce por goteo.
Ya conocemos la causa: nadie produce porque no hay recuperación aunque la película sea un éxito en la taquilla.
¿Cómo cambiar las reglas de distribución y exhibición si se trata de un contrato mercantil privado?
2. De acuerdo. Las cadenas exhibidoras sirven a Hollywood y ofrecen en sus pantallas el material que les
envían. Pero nadie está peleado con el dinero. Cuando ha habido películas que les producen utilidades
(Amores perros, Sexo, pudor y
lágrimas) las han exhibido. El problema es que sus criterios de exhibición son muy estrechos, no
juegan riesgos ni apuestan por el cine mexicano.
3. Las decisiones que se toman en Imcine son colegiadas. Todo es decidido por consejos formados por
directores, escritores, actores, productores y hasta distribuidores y exhibidores. Es recomendable renovar constantemente
estos consejos para evitar la formación de capillas. Me encantaría conocer su propuesta que llevaría a producir,
cuando menos, 40 películas al año.
4. De acuerdo. En Francia y otros países de Europa las televisoras deben destinar, por ley, parte de sus
utilidades a la producción del cine. Aquí, si creáramos esa ley, el día de su publicación Televisa y TV Azteca estarían
tramitando sus amparos desde la víspera, para evadir su obligación.
5. En las mesas de Gobernación, sobre el cine, se propuso una fórmula más justa en el reparto de la
taquilla. Distribuidores y exhibidores dijeron no, este es un asunto de derecho privado, donde el Estado y sus autoridades
no deben meterse, y el tema se sacó de la agenda.
6. De acuerdo. Hay que producir 40, 60 o 100 películas. Bienvenido cualquier plan.
7. Totalmente de acuerdo con el pacto. Desde ahora lo aplaudo. Pero ¿quién será el héroe griego (o mexicano)
que logre tal hazaña? Se requiere un Alejandro Magno, un Napoleón, un Churchill, un Gandhi. ¿Dónde está ese líder
que motive, convenza y una intereses tan distintos y distantes? Busquémoslo y ¡que viva el cine mexicano!
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Nuevas fórmulas
José Antonio Fernández
1. Efectivamente todos queremos más películas mexicanas, y no veo por qué un contrato mercantil no pueda
cambiar. El punto está en encontrar la manera de producir más para romper con el círculo vicioso en el que ha caído
la industria y que consiste en producir pocas cintas por sistema.
2. Las exhibidoras están felices con el cine de Hollywood porque representan el grueso de sus ingresos. Para
que tomen en cuenta al cine mexicano se requiere que éste seduzca a la taquilla. Este es el principio. Si ya lo
sabemos, entonces debemos trabajar todos para que consiga una mayor taquilla, igual con películas de directores jóvenes
que experimentados. El círculo vicioso no lo van a romper las exhibidoras, sino la organización que logre el sistema
de producción y el deseo de los directores por hacer películas que conquisten al público.
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El crimen del Padre Amaro |
3. Sé que las decisiones de Imcine son serias, pero operan bajo un sistema inmerso en una estructura
burocrática inventada por el PRI para controlar los contenidos. Estoy absolutamente convencido que el actual sistema de otorgamiento de apoyo para la realización de películas no es funcional, aunque ha sido efectivo con algunas
películas en relación con la calidad, como el taller de guión al que están obligados a someterse todos los proyectos
aprobados. Y aclaro que en ningún momento he dicho que hoy en día haya mafias en Imcine, sé que se maneja de
manera honesta y eso hay que destacarlo.
Mi propuesta para hacer 40 películas al año es sencilla: