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Sergio Marelli  Espero ser el último vocero


 

 Fabiola Sánchez / Rubén Aguilar Valenzuela



¿Durazo? Sólo merece un suspiro, un gesto de esos que apuntan resignación por parte de Rubén Aguilar Valenzuela, el sexto responsable de la comunicación social de la Presidencia de la República en lo que va del sexenio. No más. A darle vuelta a la página. Pero hay que revisar. El doctor en Ciencias Sociales y profesor de Ciencia Política en la Universidad Iberoamericana llegó al área con la intención de reencauzar lo que ha resultado ser el talón de Aquiles del foxismo: la comunicación.

Secretarios de Estado que dicen, se desdicen y se contradicen. Mensajes que a cuatro años de gobierno no acaban de llegar a la ciudadanía: ¿cuál es el proyecto?, ¿qué está haciendo el gobierno?, ¿dónde están los resultados?, ¿qué más hay aparte de presuntos complots contra los adversarios políticos? Todo ello aderezado con la información surgida de la peculiar relación entre el Presidente y su ex vocera, la controvertida primera dama que ha sido colocada, con o sin su voluntad, en la carrera presidencial para suceder a su marido.

Concretamente, ¿qué es lo que ha impedido que se perciban los logros de este gobierno? (Rubén Aguilar piensa, piensa antes de hablar. Aun cuando lo carcoma el entusiasmo, que parece difícil domar, reflexiona mucho sus respuestas).

Foto: Victoria Valtierra/
Cuartoscuro
Hay un problema ­definiéndolo como dificultad o impedimento­ que tiene que ver precisamente con los cambios en la estructura y en la cultura política del país. Venimos de una lógica de 72 años donde todos los actores tenían más o menos definido su papel en el libreto: lo tenían los políticos, las organizaciones sociales y, en buena medida, los medios de comunicación. De modo que el primer problema tiene que ver con una estructura y una cultura política en el espacio de ascenso de un nuevo gobierno de alternancia. Hay, pues, una serie de tradiciones ­digámoslo así­, de formas hechas, de maneras de gestionar la política, de maneras de comunicarse por parte de los políticos, reconocidas por el conjunto de la sociedad y de los actores sociales. Llega entonces un gobierno con visión de alternancia ­pues yo soy de los que piensa que la transición terminó en julio de 2000­ cuya tarea es ayudar, colaborar, trabajar en el desmantelamiento del viejo sistema político e iniciar la construcción de uno nuevo, que será la ruta histórica para muchos otros gobiernos. Entonces, ¿cómo construyes un nuevo sistema político que redefina la vida institucional, que cree las nuevas instituciones, las nuevas reglas y, en ese sentido, las leyes que permitan gestionar la democracia?

Para Aguilar Valenzuela, ex colaborador de la guerrilla salvadoreña, actualmente no hay nada en la estructura institucional que premie el acuerdo y que obligue a la construcción de mayorías. "El anterior sistema no lo requería. Y no es de buenas o de malas gentes, no es de habilidades personales o no, un Estado no puede apostar a eso. Tiene que tener estructuras institucionales y reglas que lo garanticen, que no quede a la buena o mala voluntad de las personas, a su mucha o poca habilidad, sino que esté resuelto institucionalmente".

En tal contexto ­afirma­ es muy difícil para un gobierno de alternancia construir un nuevo imaginario de comunicación, con un nuevo lenguaje y nuevos códigos para comunicarse, de modo que le permitan hacer valer su discurso, que sustenten su proyecto y su propia acción.

Y en las condiciones que estamos, ¿cómo resuelve ese problema de comunicación?

Primero te diría que es un problema estructural, que hay que construir un nuevo lenguaje, hay que construir nuevos códigos, y eso va a tardar, es un proceso, no se va a resolver en el corto plazo.

Entonces no hay comunicación en este gobierno.

No, ¡claro que sí hay comunicación en este gobierno!, hay muchísima información, hay comunicación en unos niveles, ¡cómo no! Jamás aceptaría que no hay. Simplemente tú me estás preguntando y te estoy ubicando, desde mi punto de vista, dónde está el problema. Hay un problema estructural que no se resuelve por obra de magia, que se tiene que construir en la medida que se construye un nuevo entramado institucional, una nueva cultura política que dialoga en otros términos, que utiliza otros lenguajes, que no vive del ceremonial del pasado, que no se articula en un discurso formal, que a través de ese discurso y esos códigos llegaban los datos o el proyecto, es decir, creo que está ocurriendo una transformación.

Se trata de un estilo, ¿no?

No es un estilo. Creo que es mucho más que estilo. Es cultura y la cultura no sólo es estilo, envuelve muchas otras cosas. Ese sería un problema, ¿pero esto dificulta la comunicación? Desde luego que eso sí lo acepto. ¿Que se está construyendo una nueva manera de hacer comunicación? La anterior ya no funcionaba. Ahora empieza a construirse una nueva y todavía no acaba de encontrar un espacio de discurso que llegue a todos los actores de la vida mexicana. A algunos les parece que el discurso que se articula es excesivamente informal. A otros les parece que deberíamos mantener cierta manera de hacer las cosas, que son elementos propios de la investidura presidencial. A otros les parece que no, que eso ya está acartonado, que debe ser resuelto de otra manera. Hay una sociedad en cambio y un tipo de información y de comunicación también en cambio, en proceso y en aras de construirse.

Sin embargo, Aguilar Valenzuela reconoce que el segundo problema en la comunicación gubernamental tiene que ver con dificultades reales del propio gobierno, "pero en el marco de este problema estructural, de poder hacer valer su proyecto". Una crítica permanente, dice, es que no hay rumbo. "Nosotros estamos convencidos de que hay rumbo, que está plasmado en el Plan Nacional de Desarrollo, está plasmado en un conjunto de estrategias en términos políticos y en términos económicos".

Con vehemencia resalta: "Te puedo señalar, con mucha claridad, que en términos políticos se trata de ir desmantelando el viejo régimen, acotar el presidencialismo, dar lugar a la existencia de los poderes, respeto a los órdenes de gobierno, hacer real el federalismo, ¿qué más proyecto que eso? Es un proyecto político de enorme envergadura. Cuando la gente dice: 'es que no hay proyecto', me cuesta trabajo entender qué quiere decir. Ahí está el proyecto. En términos políticos es clarísimo, expresado múltiples veces por el propio Presidente: 'Se acotan las atribuciones metaconstitucionales de la Presidencia, hay distinción de poderes'. Todo esto que el Presidente ya dice, me parece un gigantesco proyecto político. Hay libertad de expresión, respeto absoluto a los medios, eliminación total de cualquier tipo de censura, espacios nuevos de participación de la acción ciudadana. Prácticamente todas las secretarías tienen consejos ciudadanos con más fuerza, o sea, ¡es un cambio histórico!".

Con el mismo tono de incredulidad por la incomprensión social, el vocero presidencial enumera los logros en materia económica: "Ahí están la prudencia, el no endeudamiento, el vivir de los recursos propios, reducir las posibilidades del déficit al máximo, estabilizar las grandes variables en un entorno extremadamente complicado por la recesión mundial al principio del sexenio. Esto ha permitido que haya las tasas de interés más bajas en los últimos 20 o 25 años, la inflación más baja, etcétera. Ahí hay un proyecto, pero bueno, si la percepción de la sociedad es que no existe proyecto, pues la percepción termina por ser verdad".

¿A qué se debe, pues, que haya dicha percepción?

Desde mi punto de vista, es seguramente que no hemos tenido la capacidad de hacer valer nuestro proyecto y nuestros propios logros, en el marco de una nueva realidad política y una nueva realidad en construcción. A mí me parece que lo que explica la situación ­y no es un fenómeno propio de México­ son las expectativas que levanta todo proceso democrático en el mundo entero. Y esto está estudiado. Ve a Lula: toma el poder con una expectativa formidable por parte de la sociedad brasileña, y un año después está muy cuestionado por su propio electorado. ¿Por qué? Porque esa sociedad construyó un extraordinario imaginario de lo que podía pasar en términos de resultados sociales, de generación de empleo, de aumento en el salario, una vez que llegara una propuesta alternativa a otros gobiernos en el marco de la democracia. Yo pienso que las esperanzas y la ilusión que una parte importantísima de la sociedad mexicana hizo propias, que con la llegada de la democracia eso iba a ocurrir, una especie de milagro, una especie de refundación de la sociedad, que al final se reducía a tener trabajo y mejor ingreso

Como todo mundo espera con el cambio.

Bueno, es absolutamente justificado, absolutamente justificado que todo mundo lo quiera tener, pero si lo piensas en condiciones de magia, no de proceso histórico, sino que se da ipso facto, en ese momento, simplemente porque arribó la democracia, pues no se puede dar, y contra eso es dificilísimo actuar. No es sólo que el Presidente en su campaña se haya comprometido a una serie de resultados que después no fueron factibles ­como crecer al 7%­, eso contribuye a que haya un vacío, como una distancia entre esa promesa y la realidad, pero creo que al final le pasa a todos los procesos de alternancia, ha pasado en todos, no es exclusivo de México. Me parece que a veces tenemos una visión extraordinariamente provinciana o capillista al creer que todo esto sólo pasa en esta realidad. Es un fenómeno que se da, que acompaña los procesos de alternancia, pero eso no elimina nuestro problema, no lo voy a negar, simplemente lo estoy tratando de situar. Es decir, si yo crezco al 4%, o si yo hago cinco millones de becas de Solidaridad, o las becas de la SEP, o el millón y medio de casas entregadas, o todos estos éxitos que pueda tener el gobierno, pero si mi expectativa es tener trabajo y un mejor ingreso, y tú me ofreces resultados muy buenos pero que no van a ese núcleo duro, pues lo que me digas no me acaba de convencer, ¡no puedo convencerme, no lo acabo de reconocer porque yo cimbré todo en un punto: empleo para mí y mejor salario!

A este gobierno, agrega Aguilar Valenzuela, enfrentado a una crisis mundial recesiva, le ha resultado muy complicado dar empleo y crecer, "y entonces sí, eso abona, desde mi punto de vista, la explicación del por qué el problema de comunicación. La expectativa era otra, era enorme, y no es la única sociedad en que esa expectativa no cumplida provoca decepción, cuestionamientos".

¿Qué tanto ha impedido el logro de acuerdos con los otros actores, este problema de comunicación del gobierno con la sociedad?

Déjame decirte antes algo. Creo que en la alternancia, una vez que deja de existir un sistema político y empieza a surgir otro, todos los actores adquieren una nueva posibilidad, hay un nuevo espacio. Lo que permite la democracia, sin duda, es el surgimiento de muchos actores y esto a su vez permite que los tramos de poder se distribuyan entre estos muchos actores, y que ellos contribuyan a un contrapeso de unos contra otros, que es lo que da estabilidad, en un momento dado, a la democracia. Yo pienso que en este espacio de alternancia, los medios están encontrando su lugar, un nuevo lugar. Si bien en la fase final del régimen del partido de Estado contribuyeron de manera decisiva a hacer posible la alternancia, en la democracia los medios mismos están encontrando un nuevo rol, un nuevo papel. Antes, en un régimen autoritario, pues el gobierno podía ser un blanco fácil de la crítica, pero cuando construyes en una realidad realmente democrática, con múltiples actores, pues tú también debes buscar cuál es tu función social en esa nueva realidad, cuál es tu lugar Algunos estaban acostumbrados a una determinada relación con el poder, pero hoy cambia de manera dramática. Entonces ahí también hay un tramo que le da ciertas peculiaridades a la comunicación, es decir, es mucho más fácil para un gobierno informar desde un régimen autoritario, que desde un gobierno democrático que implica todos estos actores.

Para el vocero presidencial, la falta de acuerdo entre el gobierno y otros actores sociales y políticos no está vinculada al fenómeno de la comunicación. Según él, tiene que ver con problemas políticos previos que están más allá de la voluntad, el debate y la disputa por el poder. De nuevo hace referencia al entramado institucional, que parece premiar el desacuerdo, pues a buena parte de estos actores les representa mayor rentabilidad no acordar, mantenerse en una oposición permanente, que pagar el costo de consensuar con el gobierno. "Parece huevo-gallina, es decir, un círculo perverso, ¿por dónde comenzar?, ¿cómo dar esta nueva estructura institucional si los actores que lo pueden hacer no quieren o no les conviene?".

Perdón que insista, pero ¿cómo se resuelve el asunto de la comunicación con este marco institucional cojo, finalmente?

Tenemos que avanzar en la lógica de una democracia no sólo representativa, sino también participativa, y esto implica incluso reformas al texto constitucional, que permitan la vigencia de elementos que ya existen en otros países: el plebiscito, el referendo, la iniciativa popular, revocación de mandato, etcétera. Me parece que ése es un gran reto para el Estado mexicano, para este gobierno y los que sigan. Necesitamos, y es una tarea de gran alcance, dar espacio institucional a una mayor participación ciudadana que a su vez permita un diálogo entre la ciudadanía, el Estado y el gobierno, y en razón de eso pueda darse el hecho de la comunicación.

Conexión entre cabildeo y comunicación social.

En muchas sociedades es una realidad contundente cómo se acompaña la acción de cabildeo con la acción de comunicación social. En algunos casos se construye en una lógica de manipulación que violenta la estructura democrática ­desde mi punto de vista­, pero se da. Espero que nosotros, que venimos de cero cabildeo, podamos hacerlo sin caer en los vicios de otras estructuras o realidades sociales, pero me parece que es legítimo, absolutamente legítimo, en el marco de las leyes y de un real espíritu democrático. El que tenga una propuesta que quiera hacer valer ante el Congreso, pues tendría que hacerla valer también ante el conjunto de la sociedad, abrirla. Enriquecería la vida política del país y nuestra democracia, siempre que se dé en el marco de reglas claras, de una ética política clara, y no imponga intereses de grupo a través de la compra de actores políticos o tratando de manipular, porque eso sería involución, no consolidación de la vida democrática.

¿Cómo colocar la agenda de este gobierno en la opinión pública?

Como te decía, creo que la hemos tratado de colocar desde el principio. Ha habido dificultades.

En sentido autocrítico, ¿qué diría que les ha fallado?

Rubén Aguilar Valenzuela
Foto: Mario Aldana Pimentel
Muchas cosas, muchas cosas, hay que ser claramente autocrítico. Probablemente la primera, diría, es no haber tenido suficientemente en cuenta estas condiciones estructurales para haber actuado en razón de ellas y a partir de ahí, con mucho cuidado construir una estrategia muy clara, precisa, que ubicara este tiempo de cambio, que ubicara incluso una fase de posible turbulencia que implica todo cambio y la consolidación de la vida democrática, que a su vez, ubicara el nuevo papel que iban a jugar los medios, que ubicara que los medios iban a estar en la búsqueda de un nuevo espacio, también de identidad, en la nueva vida democrática. Todo esto como una primera consideración. Segundo: puedo también asumir como autocrítica que no hemos sido suficientemente imaginativos para poder responder a la expectativa de la ciudadanía, para poderle explicar de mejor manera, en la nueva realidad política, el proyecto y los logros de gobierno. Tercero: probablemente no hemos pensado suficientemente, y no hemos sido buenos o suficientemente buenos para articular la práctica de todos esos actores, cambiando un discurso político acorde, y entiendo por discurso político una lógica de información capaz de responder a estas nuevas realidades. Yo creo que son problemas objetivos, reales, que han impedido que nuestros logros y nuestro propio proyecto puedan ser transmitidos de una mejor manera, para que así podamos resolver las percepciones en contra que existen en el entorno.

Ya ubicado el problema, ¿qué piensa usted hacer para resolverlo?

Yo pienso que mi reto particular tiene que ver con cuatro o cinco cosas. Uno es: asumir de manera consciente, clara, la percepción de una buena parte de la sociedad mexicana que considera que hemos hecho poco, o incluso nada, en estos cuatro años de gobierno; hay que asumir la percepción de la ciudadanía, puedo estar de acuerdo o no, pero eso es otro problema. Tengo que asumir esa percepción, esa realidad y trabajar de frente a esa realidad. Dos: poder establecer realmente una comunicación con la ciudadanía que asuma que la que desata el proceso de la comunicación es mi propia información. Tengo que ser muy claro que en razón del propio interés de hacer valer nuestro proyecto, acción y logros es informar, e informar de una manera más contextualizada, más abundante, precisa, razonada, que no pueda confundirse con un acto de propaganda, sino que haya un peso específico donde si yo te digo que hay cinco millones de familias en Oportunidades y antes había dos millones 200 mil, qué significa eso, en términos no sólo numéricos, sino en términos del impacto social, de cómo una política de asistencia, compensatoria, como la de Oportunidades, termina con resultados de política de desarrollo, ¿por qué?, porque hace que los chicos vayan más a la escuela, porque se mantengan por más tiempo en los estudios, porque se incremente la cobertura; es impresionante en muchas zonas de todo el país, cómo con Oportunidades las mujeres ahora asisten a la escuela brutalmente en mayor cantidad que antes de que el programa llegara a sus comunidades; en el caso de la secundaria el crecimiento ha sido del treinta y pico por ciento, y en el caso de la preparatoria, de ochenta y tantos por ciento, o sea, una política compensatoria termina en una política de desarrollo y yo tengo que ofrecer a la gente esos datos, tengo que ofrecer esa información y en razón de eso también provocar nuevas posibilidades para que la gente nos pueda retroalimentar y en ese sentido se establezca un circuito de comunicación. El tercer aspecto que se propone abordar Aguilar Valenzuela, es dar de nuevo la posibilidad ­"creo que en un momento lo hubo y se rompió"­ de que el Presidente de la República y quienes hacen la noticia, puedan establecer relación directa con él. "Es necesario que haya realmente comunicación. En ese espacio es mucho más fácil resolverlo que en el gran espacio de la estructura social, y poner al Presidente y a los hombres y mujeres de los medios en contacto, para que se establezca un diálogo".



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