Salvador Quiauhtlazollin
Hace un cuarto de siglo, inició el sexenio de Miguel de la Madrid Hurtado, calificado por muchos de "gris". Disiento de este calificativo. Veamos: en dicho sexenio una pujante sociedad civil tomó su lugar, las fuerzas políticas se redefinieron, la lucha estudiantil y social triunfó, dos veces se saltó el escollo de crisis económicas bestiales (en 82 y 87), y dentro del gabinete hubo hombres (pocos) que aún creían en el proyecto nacional. Sin embargo, para los jóvenes fue un sexenio de incomprensión, cerrazón y represión. Y eso lo sufrieron al doble los seguidores del rock y los que se identificaban con las causas populares, como el que esto escribe, en ese entonces un escuincle chilango y clasemediero muy consentido.
El presente texto lo escribí a inicios de junio de 1988, estudiando en la Facultad de Derecho. Lo hice en los tiempos libres que me dejaba la campaña cardenista. El lector verá que tiene un tono localista, ingenuo y subjetivo, pero no quise modificar su sentido, y se presenta prácticamente tal cual, con sólo algunos cambios sintácticos. También dejé las citas de entrada y salida de cada año: la lírica potente de una canción representativa. Cierto, se nota la furia y la depresión adolescente, pero eso le dota de cierta candidez.
Una advertencia: a muchos les parecerán ciertas citas musicales anacrónicas. Pero hay que recordar que en ese entonces (y ahora, pese al optimismo calderonista), México pertenecía al Cuarto Mundo, y los discos nos llegaban con un año de retraso, si es que nos llegaban. Muchos de mis puntos de vista han cambiado (por ejemplo, ahora Thriller me parece un discazo y las Flans encantadoras). También hice cambios en mi vida que jamás me imaginaría (fui VJ del Magic). Pero como anoté anteriormente, no quise modificar mi rabia existencial.