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Leonardo Kourchenko  ECO. Un año después


 (Primera de dos partes)

 Leonardo Kourchenko


En abril de 2001 el Sistema Informativo ECO concluyó sus transmisiones. Después de casi 13 años de una aventura noticiosa al mundo de habla hispana, las lecciones de esa gran escuela sigue dando frutos.

A casi 12 meses del cierre, todavía recibimos en Noticieros Televisa llamadas telefónicas, faxes y correos electrónicos provenientes de muchos países del mundo, preguntando por ECO. ¿Cuándo se reabre? ¿Cuándo lanzan otra vez un sistema noticioso las 24 horas del día?

Los parámetros de la televisión moderna, las temporadas de las teleseries ("sitcoms") en Estados Unidos y Europa han extendido su influencia a las televisoras de habla hispana, tan distintas en sus criterios de programación. Para nosotros los mexicanos resulta aún difícil entender las causas por las cuales los programas de televisión concluyen y salen del aire, acostumbrados a los más de 20 años de Raúl Velasco con Siempre en domingo o a los rotundos e históricos 27 años ininterrumpidos de Jacobo Zabludovsky en 24 Horas, y qué decir de Xavier López "Chabelo" y sus 23 años continuos de programas infantiles.

Hoy, en la televisión mexicana sucede una revolución voraz y silenciosa, donde las demandas de la audiencia cambian y se modifican con mayor intensidad y volubilidad que en las décadas anteriores. En primer lugar, porque hoy volteamos a ver de fondo, seria y profesionalmente, lo que las audiencias "dicen", "quieren" o "prefieren".

Durante años los programadores mexicanos ­y lamentablemente es un resabio del pasado que aún subsiste con nefastas tendencias­ decidían lo que era conveniente o deseable para el público, basados en su única e incuestionable "sensibilidad". Afortunadamente, en los tiempos que corren no hay, por lo menos en Televisa, un solo programa que no se "pruebe" con diversos métodos de investigación, antes de alcanzar la pantalla. Todos los géneros, desde las telenovelas hasta los programas de comedia, los concursos, los musicales y, por supuesto, los noticieros, están sometidos a minuciosas sesiones de grupo, encuestas y sondeos permanentes, porque el tono y el contenido de todo programa evoluciona, y las audiencias cambian sus percepciones.

En segundo lugar, y también afortunadamente, hoy existe una competencia de televisión abierta en México. Es real y no ficticia como era en el pasado con la disfrazada televisión del Estado que pretendía competir comercialmente, sin producción ni contenido.

Todo esto aunado al profundo cambio social y político que vive nuestro país, una apertura sin precedente en las señales de televisión cerrada en México ­tanto en cable como DTH­ han generado una auténtica transformación en los hábitos y consumos televisivos de las audiencias mexicanas.

Si bien ECO se sustrajo levemente de este marco y de estas condiciones de mercado, por múltiples causas y factores que ahora comentaremos, no le fueron del todo ajenas. Es justamente en este contexto que el Sistema Informativo ECO enfrentó, hacia finales de los 90, una serie de retos y desafíos de replanteamiento y reestructura que produjeron su renovación gradual, y su estrangulamiento final en 2001 por premisas de mercado, competencia, distribución de señal y, finalmente, ventas.

ECO fue creado en 1988. La única señal internacional de noticias que transmitía las 24 horas continuas era CNN en inglés, cuya distribución internacional era pobre y su posicionamiento de marca poco reconocido todavía. No había nada más en el mercado. La señal internacional de Televisión Española vendría años después, ya bien entrados los 90. La triste y perdedora experiencia de NBC y su canal en español para América Latina entre 1990 y 1991 le dejó la lección a las cadenas estadounidenses: el mercado de habla hispana era complejo, sofisticado, tenía sus propias reglas y valores y no bastaba con sólo traducir programación producida en la Unión Americana y lanzarla al espacio de Centro y Sudamérica.

La visión de Emilio Azcárraga Milmo y el cerebro periodístico de Jacobo Zabludovsky consistieron en ese momento en crear un vínculo hispanoparlante, un enlace para esa enorme comunidad mundial que comparte más que la lengua de Cervantes, sino que la hermanan rasgos, colores, matices, música y arte popular; problemas sociales, largos años de errores y corruptelas políticas que ahora se conocen como la década perdida, partidos en proceso de construcción, sociedades cada vez más demandantes de democracia e igualdad.

ECO fue desde el principio ese lazo que le permitía a un español de viaje por América, en cualquier país o capital, saber lo que sucedía en la península ibérica y en su Europa unificante. Era la ventana por donde se asomó por años la creciente comunidad hispana de Estados Unidos, para saber no sólo qué sucedía en sus países de origen sino para tocar y sentir su música y sus tradiciones, y conservar, en alguna medida, algunos rasgos culturales.

Ultima generación de ECO, 2000
Fotos: Cortesía del autor
ECO significó además la posibilidad de acceder a esos grandes acontecimientos internacionales, ésos que siempre hemos visto y entendido a través de la mirada anglosajona, como las guerras y las cumbres, los cambios políticos, las derrotas y las victorias de las ideologías. Los grandes cambios en Europa del Este a finales de los 80, la histórica caída del Muro, las revoluciones de terciopelo y de solidaridad, el derrumbe estrepitoso del bloque soviético. Todos estos hechos se cubrieron en español, por latinos, con una visión propia de nuestro mundo y nuestra cultura sin necesidad de traducciones e interpretaciones. ECO aportó esto al mundo televisivo de habla hispana.

Cuando la señal de ECO es lanzada al espacio, no se plantea, de origen, como una señal comercial de televisión cerrada, como ahora conocemos los sistemas DTH Sky y DirecTV ni tampoco como una señal a ser vendida o "paqueteada" en los sistemas de cable locales. ECO nace como un pionero en la televisión internacional de habla hispana, donde ni siquiera se diseña un aparato de venta, distribución o comercialización. Simplemente, se lanza al espacio, y se regala como obsequiosa cortesía a todas las televisoras del mundo que les interese.

En muy poco tiempo, menos de 16 meses, la señal era vista en más de 35 países, y creció a más de 50 en menos de dos años.

Las razones eran simples: el nivel de competitividad a finales de la década de los 80 era muy reducido. Muy pocas señales competían en el espacio internacional, nadie se atrevía a pensar en producir, generar y, más aún, obsequiar una señal las 24 horas del día. Para ese momento no habían canales de noticias todo el día y toda la noche, los argentinos (tal vez el mercado televisivo por cable más sofisticado del subcontinente) no habían lanzado una operación informativa tan extensa y demandante; los españoles se concentraban en ese momento en abrir su mercado local a otra competencia fuera de la estatal Televisión Española; y qué decir del resto de los latinoamericanos: en Venezuela, el Grupo Cisneros (Venevisión) destinaban todos sus recursos al entretenimiento.

Por ello, cuando ECO hace su debut estelar en todas las ondas planetarias se convierte en una joya dorada para múltiples televisoras latinoamericanas, que no dudan en incluir largos segmentos del Sistema en su programación local al aire y en cable, en distintos horarios.

Para sorpresa nuestra, otras comunidades en Europa distintas a España, manifiestan su interés por incluir ECO en sus sistemas de cable local para atender a grupos hispanoparlantes: sucede en el norte de Inglaterra y los suburbios londinenses; en Bruselas; en buena parte de los países del norte de Europa.

En el caso específico de Estados Unidos, la señal inunda los mercados de habla hispana con gran aceptación: Chicago, Los Angeles, Nueva York y Miami.

Como decía Jacobo cuando celebrábamos los aniversarios, "... nos dieron tres meses, y aquí estamos".

ECO se transmitió durante 12 años y siete meses, convirtiéndose en la cadena informativa más importante en el mundo de habla hispana. Fue visto en más de 100 países a lo largo de esos 12 años, en muchos de los cuales permaneció como señal fija en los sistemas de cable y las televisoras locales.

Los ciclos y las épocas

Aquella madrugada del 31 de agosto de 1988, todo era como un carnaval. La gente corría de un lado para otro, los técnicos ajustaban los equipos y hacían pruebas, se preguntaban cuánto tiempo iban a durar las lámparas prendidas sin que se fundieran por exceso de calor o de tiempo. No había precedente en un programa continuo, que no se detenía, que no acababa.

Jacobo Zabludovsky hacía apuntes en una hoja de papel con los horarios de los distintos conductores. Se hacía ahí, en un borrador, la primera parrilla de conductores y horarios, que después se convertiría en la biblia de "los que estaban y los que no estaban".

El esquema inicial consistía en 20 minutos de noticias, y 40 minutos de entretenimiento por hora. Se pretendía crear un balance que le diera al público internacional un panorama más amplio y extenso que la sola información.

A cada conductor de los que encabezaron aquella parrilla inicial se le asignaron equipos de trabajo, redacción y producción, para que cada uno generara los propios contenidos de esa hora. Azcárraga Milmo pensaba que debía haber una uniformidad informativa, pero cada quien debía imprimirle su sello, su propio estilo a las entrevistas, crónicas y reportajes para que la cadena, como un todo, fuera un rico y multicolor abanico de contenidos televisivos. Así, los conductores diseñaron conforme sus preferencias, conocimientos, experiencia y estilo, las horas al aire de las que eran responsables. Algunos se orientaron a la música y la presencia de artistas en vivo como Juan Calderón o Talina Fernández; otros a las entrevistas y reportajes, con otros géneros musicales como Ricardo Rocha y Guillermo Ochoa; algunos a información especializada en la ciencia o el espacio como Alfonso Teja, durante la madrugada (ver cuadro 1 "Conductores más destacados").

Lo cierto es que se fueron perfilando, gradualmente, las preferencias y especialidades de cada conductor. Bien sabido ante el público y la pantalla eran las fortalezas y debilidades de cada uno. Mientras que algunos se concentraban más en el entretenimiento, otros lo hacían en la información y la noticia, y esto obedeció esencialmente al estilo y la formación de cada uno. Había los periodistas enteros ­por llamarlos de alguna forma­, aquellos cuya trayectoria y experiencia se ubicó más en las redacciones de los noticieros, mientras que otros eran comunicadores que contaban con experiencia radiofónica, musical, de eventos especiales, de programas de concurso o entretenimiento. Así, el abanico de segmentos y espacios era diverso, multicolor y, al mismo tiempo, consistente en materia informativa.

Por supuesto, esto generó desniveles en temas noticiosos. Resultaba difícil observar en la pantalla a Juan Calderón o a Talina Fernández leyendo titulares o presentando noticias de la guerra del Golfo, o los cambios en Polonia, Alemania Democrática o la Unión Soviética, minutos antes de ver al mismo conductor haciendo bromas, chistes o "chacoteo" en pantalla con colaboradores o artistas.

Había ahí un problema de credibilidad, de consistencia periodística por el esquema y la estructura de la cadena. Tal vez ­pero eso lo supimos muchos años después­ algunas de estas incuestionables figuras de la televisión, cuya experiencia y profesionalismo, sin duda, están ampliamente demostradas, debieran haber dedicado esos espacios a programas exclusivamente musicales o de entretenimiento, y dejar las noticias o los resúmenes de cada hora a reporteros o periodistas que no entraran al campo del entretenimiento.

No fue un problema de ellos, sino de la programación del canal, de la estructura del sistema, que originalmente así fue planteado. Este punto sería años más tarde, a mediados de los 90, uno de los ejes centrales de la primera gran reestructuración de ECO.

Había otros problemas que generaron al paso de los meses y los años, las críticas y los señalamientos de la audiencia: la repetición informativa. Popularmente incluso se decía que el nombre del sistema "ECO" obedecía a la constante repetición de noticias y textos.

Julieta Lujambio, 1990
La causa estaba en que la constante noticiosa fue asignada desde un principio, y permaneció así al paso de los años, a una redacción central, que se ocupó de preparar todos los noticieros o segmentos informativos de cada espacio. De esa forma, los primeros 20 minutos de cada conductor estaban ya producidos, redactados y coordinados por el mismo equipo, mientras que los restantes 40 minutos de cada hora quedaban en manos y bajo la responsabilidad de cada conductor.

Sin embargo, esto hizo durante muchos años que el contenido informativo fuera casi idéntico, hora tras hora, con mínimas diferencias y, evidentemente, molestaba al auditorio.

Comparto con usted, estimable lector, estas experiencias con el ánimo de extender esta maravillosa aventura de la televisión mexicana. No había parámetros, experiencias previas o sistemas operativos que orientaran, en esos años iniciales, el proceso de producción o redacción informativa para evitar estos errores. No había manuales ni diseños que establecieran criterios diferenciados, perfiles de comunicadores y periodistas, o especialización de segmentos programáticos. Los turnos de trabajo, el número de horas asignado a cada conductor, a cada staff en el estudio, e incluso después, cuando se vio la inminente necesidad de tener horas a la semana o a la quincena para dar servicio de mantenimiento a los equipos: piense usted que este era un sistema que no descansaba; no había momento en que terminara el programa, se apagaban las luces y todos se iban a casa. Unos entraban y otros salían; llegaban los de la madrugada y salían los de la tarde; se pasaba la estafeta para que todos estuvieran al tanto de lo que ya había entrado al aire, o de lo que necesitaba actualizarse, especialmente cuando se trataba de conflictos, noticias de último momento. Todo lo fuimos aprendiendo sobre la marcha; se estaba haciendo historia.

Al paso del tiempo, la constante informativa fue estableciendo normas y reglas editoriales, criterios de audios y textos, tratamientos informativos por segmento u horario.

Por ejemplo, desde los primeros años quedó establecido un noticiero a cargo de Jacobo Zabludovsky que se dirigía, por horario y contenido, fundamentalmente a España, con notas, reportajes y textos diseñados esencialmente para ese auditorio. Esta experiencia serviría años después (en 1998) para crear segmentos de noticias para cada público, de cada país, con contenido diferenciado.

Los equipos de cada conductor se integraron con una mínima célula de producción (seis u ocho personas) además de reporteros y redactores. En esos primeros años, cada conductor titular tenía a su cargo un equipo de 17 personas, en los cuales se incluían co-conductores o reporteros a cuadro, especializados en secciones de espectáculos, cultura, arte, ciencia, etcétera.

Los espacios de fin de semana fueron perfilados desde el principio como revistas, programas tipo magazine dicen los estadounidenses, donde cabe un poquito de todo. Música, cultura, arte, entretenimiento, deportes, etcétera. Los segmentos semanales incluían forzosamente finanzas, deportes, clima y titulares de los grandes diarios en el mundo.

Con la caída del Muro de Berlín en 1989 y la inevitable degradación regional de la Unión Soviética, Jacobo lanzó una operación de cobertura nunca antes vista por un medio en español en el mundo. Se abrieron corresponsalías trascendentales para seguir de cerca los sucesos que estaban transformando no sólo la geografía política de Europa del Este sino, especialmente, el balance mundial de poderes.

María Elena Rico ­asignada en España al lado del inolvidable Joaquín Peláez­ fue destinada a Moscú en 1989, convirtiéndose en una de las primeras oficinas permanentes para un medio occidental. Se establecieron corresponsales permanentes en Polonia, Hungría, la entonces Checoslovaquia ­hoy inexistente­ Rumania, Lituania, India, Egipto, Líbano, Siria, Albania, Grecia, Suecia y más (ver cuadro 2, "Cobertura de ECO en el mundo").

ECO llegó a tener más reporteros establecidos en todo el planeta que cualquier cadena estadounidense, incluida CNN.

Fueron los años de todas las notas, todos los eventos, todas las coberturas y los viajes. No había un solo conflicto en el mundo, y pasaban muchos en esos años, donde no estuviera un corresponsal o enviado especial de ECO y Noticieros Televisa.

Fueron esos primeros años, etapa de aprendizaje, de forjar nuevas figuras y conductores que, gradualmente, se fueron ­nos fuimos­ profesionalizando.

* * *

Cuadro 1. Conductores más destacados

Jacobo Zabludovsky

Guillermo Ochoa

Lolita Ayala

Ricardo Rocha

Jorge Berry

Abraham Zabludovsky

Guillermo Ortega

Juan Calderón

Ramón Fregoso

Francisco Ramírez

Alfonso Teja

María Antonieta Collins

Mara Patricia Castañeda

Julieta Lujambio

Rocío Villagarcía

Miguel Angel Collado

Verónica del Castillo

Jaime Almeida

Martha Debayle

Francisco Stanley

Jorge Rebing

Lourdes Guerrero

María Elena Leal

Joaquín López-Dóriga

Amador Narcia

Leonardo Kourchenko

Adela Micha

Lourdes Ramos

Diane Pérez

Talina Fernández

Patricia Chapoy

Jesús Díaz

Ana María Lomelí

Alejandro Cacho

Francisco Fortuño

Gloria Calzada

Rebeca de Alba

Jaime Maussan

Patricia Suárez

Miguel Bárcena

Marintia Escobedo

Jorge Alberto Riancho

Jorge Gil

Leonardo Schwebel

Mayra Saucedo

Ana María Vargas

* * *

Cuadro 2. Cobertura de ECO en el mundo

Alemania

Argentina

Austria

Bahamas

Belice

Bélgica

Bolivia

Brasil

Bulgaria

Canadá

Checoslovaquia

Chile

Colombia

Costa Rica

Cuba

Dinamarca

Ecuador

El Salvador

España

Estados Unidos

Francia

Guatemala

Haití

Holanda

Honduras

Hungría

Inglaterra

Irlanda

Italia

Jamaica

Luxemburgo

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Leonardo Kourchenko es vicepresidente de Información Internacional de Televisa.

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