Más allá de posturas como ésa -que según Scherer suscitaron la irritación del Ejecutivo-,
Excélsior formó parte del trato aquiescente que la prensa tuvo con el entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz. Tomemos como base
el último informe de gobierno y la edición correspondiente al miércoles 2 de septiembre de 1970.
Éstas fueron las ocho columnas: "'Presente creador y fe en un futuro promisorio', dijo DO". En primera
plana, todas las notas nacionales abordan el informe. Hay una foto grande de 11 centímetros de ancho por 21 de
largo donde se observa al Presidente, según el pie de la imagen, frente al "aplauso unánime de la Cámara (que) duró
dos minutos quince segundos (...) Con los brazos extendidos el primer magistrado agradece la impresionante ovación".
Al lado está la nota firmada por Ángel Trinidad Ferreira, que se despliega abajo de la cabeza: "Su meta, desde
el principio, mantener la estabilidad política y la paz interior".
En la segunda mitad de la portada hay dos avisos, uno advierte que en interiores está el texto de la respuesta
de Octavio Sentíes al Presidente y el otro que en la página cuatro se encuentra el texto íntegro del informe. Abajo
se sitúa la crónica de Manuel Mejido donde se constata: "La multitud envolvió a un hombre en un auto". Luego hay
una entrevista con Luis Echeverría, "el candidato triunfante a la Presidencia", que opina sobre el informe de
gobierno. En un costado está otra foto donde se mira a Echeverría frente al televisor de su casa, viendo y escuchando
la locución de Díaz Ordaz.
Las demás notas cubren el informe de gobierno. Sobre el tema, en interiores hay un despliegue de varias
páginas. Entre otros, hay estos dos pies de foto: "El presidente Díaz Ordaz hace una pausa para secarse los labios y
continuar, sereno y con voz firme" y "Emocionado y luego sonriente, el Presidente Díaz Ordaz extiende la mano
derecha primero y luego ambos brazos para agradecer los prolongados aplausos (...)". Los editoriales de
Excélsior no son menos aduladores:
"El informe de gobierno muestra claros logros en diversos aspectos (...) que ofrecen múltiples posibilidades
para el porvenir"; "no eludió los riesgos inherentes al poder y de él podrá decirse desde ahora que ha sabido afrontrar,
sin ocultarse, las responsabilidades de su paso por el Palacio Nacional"; "el pueblo participa con su esfuerzo y
disfruta en buena medida de las realizaciones de un sexenio".
Ni una sola palabra que aluda a los sucesos del 2 de octubre de 1968.
"Arte acrobático con redes de protección"
Como lo constatan sus propios relatos, Julio Scherer García tuvo un intenso y amistoso intercambio de
opiniones con los presidentes Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría Álvarez, también con el entonces secretario de
Hacienda y a la postre Presidente, José López Portillo. La relación dio frutos en la oferta editorial de
Excélsior. Esto escribe Scherer en
Los presidentes.
Con Díaz Ordaz
"Una noche, relajado Díaz Ordaz en Los Pinos, le pedí su intervención para entrevistarme con los jefes de Estado
de Guatemala, Honduras, Paraguay, Ecuador, Brasil, Argentina, Santo Domingo. 'Con el mayor gusto', me dijo
al instante. Quise interrumpirlo, darle las gracias. 'No vale la pena', me contuvo. A través de nuestras
embajadas, Relaciones Exteriores concertaría las citas que me interesaban."
Las entrevistas se publicaron en
Excélsior.
(Años después, en
Estos tiempos, Scherer García relata una charla con el entonces presidente Salinas. "Le
conté por qué había evitado el viaje a Moscú y a Johannesburgo para encontrarme con Gorbachov y Mandela. Aunque
el presidente ya me había dicho que mi aspiración profesional era legítima, yo pensaba de manera distinta. Las
entrevistas obtenidas desde el poder, tramarían hilos sutiles en una relación que había rechazado desde su origen. Una cortesía conmigo se traducía en una atención al presidente de la república".)
"No, señor Presidente"
La relación con Echeverría también dio dividendos. Luego del 10 de junio de 1971, Julio Scherer fue "un asiduo
de la casa presidencial (...) Allí topaba con quien quisiera y con quien no imaginaba, allí me hacía de citas y
entrevistas para nutrir al diario de información privilegiada. En el barullo, se hacía de espacio para conversar conmigo.
Centinela de la libertad de expresión, me preguntaba:
"Entre tú y yo, ¿obstaculiza tu trabajo alguno de mis colaboradores?
"No, señor presidente."
(Por esos días, un "sobrino entrañable" de Scherer fue atendido en un hospital de Estados Unidos porque el tío
le hizo la petición a Fausto Zapata, entonces coordinador de Comunicación Social de la Presidencia. Los costos
corrieron a cargo del erario.)
La primicia
Recuerda Scherer:
"En los días previos al destape, Echeverría y López Portillo tuvieron para
Excélsior y para mí en lo
personal pruebas de confianza extrema. El periódico fue avanzada en la sucesión y yo depositario de la clave que hace
posible la sexenal transfiguración en el sistema político". Para decirlo de otro modo, al periodista le confiaron el nombre
del sucesor de Echeverría y eso repercutió en varios artículos, sobre todo el escrito por Ricardo Garibay, que
insinuaron el nombre de José López Portillo como el próximo mandatario.