Nelly Mejía Méndez
Cuando la víspera de un partido de futbol importante como una final, un clásico o un juego de Selección Nacional, se prepara hasta lo más mínimo para disfrutarlo por televisión: las botanas y cervezas, la playera de nuestro equipo, en ocasiones, el estratégico apagón del celular para que no haya modo de ser interrumpido durante el juego: dejar de existir durante 90 minutos.
Cuando el partido está por comenzar, la publicidad cae sobre las canchas. Desde el silbatazo inicial, los anuncios de los patrocinadores resultan bastante molestos. De pronto, justo en el momento en que hay una jugada interesante, aparecen camionetas, cervezas, tortillas y bolsas de cemento en media cancha. Incluso ha habido goles transmitidos a medias, porque los comerciales se han adueñado de la pantalla.
No hay nada más fastidioso que tener que perderse hasta el mismo festejo de la anotación por culpa del clásico globo azul de la telefonía celular o porque se hace un abismo en el campo para que de ahí salga una camioneta.
Los comentaristas son un show aparte, a veces también insoportables, lo mismo de Televisa, TV Azteca, ESPN o Fox Sports, porque desde que empiezan con su narración se escuchan los gritos clásicos de "¡Arrrrranca!" o "¡Aficionados que viven la intensidad del futbol!" o "¡Sobresaliente!": lugares comunes al por mayor desde el primer segundo, que a muchos ponen de malas.
Los ex futbolistas, convertidos en "analistas" por las televisoras, intentan describir durante los partidos la
formación de cada equipo y sus variantes, pero no pasan de repetir lo obvio, lo que estamos viendo en el televisor. Así, a
decir verdad, se agradecen poco las intervenciones de Luis García, Jorge Campos que parece ser más cómico que
analista, Ricardo Peláez y Alberto García Aspe.
Conforme pasan los minutos, entre jugadas de gol, los apodos que se le han adjudicado a los jugadores que algunos rayan en lo ridículo y los comentarios de quienes en otro tiempo fueron jugadores, no hay como estar tirado en un sillón con la bebida helada a la mano viendo un buen partido, pero con el mute puesto.
Reporteros de cancha
Una de las partes que da cierto respiro cuando estamos viendo un partido son los reporteros en cancha, cuya labor es acercar al público a las acciones en el terreno de juego, todos esos detalles que se le escapan a la pantalla.
Su tarea principal, según dice Gerardo Ramos, reportero de Estadio W y comentarista en cancha, es "ser los
ojos de los narradores dentro del terreno de juego; creo que es una posición ilimitada y privilegiada".
Una vez que termina la primera mitad, hay que correr de inmediato hasta llegar a las inmediaciones del túnel que lleva a los jugadores al vestidor. A menudo el encuentro es poco oportuno, pues no hay ganas de hablar, así que los reporteros tienen que aguantarse el desaire.
Se entiende que al medio tiempo o en cuanto acaba un partido de futbol, los aficionados esperen escuchar las primeras palabras de los protagonistas sin embargo, hay que reconocer que muchas veces la tarea del reportero que se encuentra en ese momento con micrófono o grabadora en mano, no es siempre la mejor.
Y es que las preguntas, como tales, han dejado de existir. Ahora los reporteros se acercan a los deportistas con una afirmación en lugar de una pregunta, como: "Un partido difícil...", "Una derrota más para el equipo...",
"Contentos por la victoria...".