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Ignacio Ramonet  Revolución digital y globalización


 (Primera parte)

 Ignacio Ramonet



Tal vez, la revolución digital sea más importante que la invención de la imprenta, pues una imagen, un texto y un sonido que se difunde por Internet llega, instantáneamente, a cualquier parte del planeta. Al respecto, Ignacio Ramonet sostiene que la inmediatez de la comunicación inmaterial ha permitido al sector financiero la enorme capacidad y desarrollo con el que cuenta hoy en día. Por ello, la globalización económica, dice el director general de Le Monde Diplomatique, "no hubiese sido posible sin la aparición de la Web".



Ilustración: Time
Quisiera agradecer la invitación que me ha hecho el Fondo de Garantías de Depósitos y Protección Bancaria (Fogade), en nombre de su presidente, Rómulo Henríquez, y agradecerle sus palabras, y esta invitación en el marco del XVII aniversario.

Quisiera centrarme en las características de la información y en sus desvíos y errores más comunes. Evidentemente lo que digo se aplica a la información en general, en escala nacional y en particular a las regiones que mejor conozco, que son los países democráticos desarrollados, aunque yo asumo que ustedes podrán hacer algunas comparaciones con lo que ocurre aquí, pero que yo no conozco bien, no soy un especialista de la situación de los medios de comunicación en Venezuela.

La temática de los medios de comunicación interesa tanto y cada vez más, quizá porque estemos viviendo un cambio importante en las características de la información y por un cambio importante en la disposición de los medios. Sobre esto quisiera insistir: los medios de comunicación se transforman cuando se modifican una serie de parámetros, y a veces basta que uno solo se modifique para que los medios cambien. Desde hace diez años estamos viviendo una modificación de tres parámetros o dimensiones importantes que caracterizan a la información: tecnológicas, económicas y retóricas.

Las tecnológicas se refieren a las llamadas nuevas tecnologías de la información y de la comunicación, las cuales, desarrolladas desde finales de los años 80, han invadido nuestra manera de comunicar desde hace cinco o seis años. Se trata de Internet, de la revolución digital.

El cambio al cual estamos asistiendo, no sólo es de tipo geopolítico, geoeconómico y comunicacional, sino que a veces todo esto está íntimamente mezclado. Por ejemplo, si reflexionamos sobre el plano geopolítico, diríamos que estamos en un mundo nuevo geopolíticamente hablando desde la caída del Muro de Berlín.

El Muro de Berlín marca el final de un ciclo, la Segunda Guerra Mundial o postguerra, la guerra fría, etcétera. Pero a la vez, 1989, cuando cae el Muro de Berlín, es la fecha de invención de la Web. Es decir, que Internet nace en el gran público en 1989, igual que la caída del Muro de Berlín; ahí hay sincronía por los azares de la historia, pero hay sincronía entre los dos fenómenos, lo cual no significa que nosotros que usamos Internet lo utilizamos desde 1989. Las personas que están aquí, y cada uno de nosotros hace un pequeño examen de conciencia: ¿desde cuándo utilizo Internet? Pues ustedes observarán que hay pocas personas que usan Internet o han utilizado antes del 95; vamos a decir que Internet es para un público alfabetizado, para personas que trabajan en medios de comunicación o son profesores y estudiantes o dirigentes o cuadros de empresas, etcétera. Para ese segmento de la sociedad que en muchos países no representa más que unos puntos de porcentaje de la sociedad, esa práctica es muy reciente. A veces tenemos la idea de que usamos Internet desde siempre pero no es verdad, usamos Internet desde hace cinco o seis años como máximo y más allá es la prehistoria de Internet.

Ahora, quizá no hayamos tomado conciencia de que esta revolución digital constituye realmente un cambio muy importante. ¿En qué medida lo es? Creo que cada uno puede entender bien y en definitiva inconscientemente todos lo sabemos. Hasta ahora para comunicarse se utilizan tres sistemas de signos: la voz, la palabra, la lengua. El lenguaje, usamos la escritura con el sistema de letras que caracteriza letras y palabras. Por otra parte, utilizamos la imagen para comunicar; la imagen es muy antigua pues la encontramos en las pinturas rupestres; la lengua pensamos que ha aparecido hace muchísimo tiempo; es una de las prácticas de la hominización, de la constitución del ser humano en tanto que distinto del ser animal, y la escritura es probablemente el más reciente que aparece hace cinco mil años.

Pero hasta ahora, para comunicar cada uno de esos sistemas necesitaba un conjunto de instrumentos tecnológicos que le eran propios a la imagen o al sonido o a la escritura. Por ejemplo, la escritura tiene todo su aparato como el mismo del sistema sonoro, por ejemplo, yo mismo me estoy comunicando con ustedes a través de una tecnología sonora, que es el micrófono, una invención alemana de los años 20 y, por consiguiente, es un sistema, pero ustedes observan que sólo funciona con el sonido. Es decir, yo, por este micrófono no podría enviar una imagen que vendría a colocarse aquí, o enviar un texto.

En cambio, cuando surge la revolución digital, este fenómeno permitirá el descubrimiento de Internet (se produce en los años 70, 80); la diferencia es que ahora por el mismo tubo puedo enviar un texto, una imagen y un sonido, porque en realidad lo que envío, cuando mando un sonido por el tubo digital, es una transformación del sonido en ceros y unos ­un sistema binario­ y cuando mando una imagen es igual y cuando mando un texto es igual, lo cual hace que tecnológicamente no hay ya distinción, el sistema de reproducción no sabe distinguir entre un sonido, un texto y una imagen.

Para el sistema, para la tubería, para el aparato que me permite comunicar una imagen, un texto y un sonido es lo mismo; esto es radicalmente nuevo. Por eso se dice que esta revolución digital es tan importante como la invención de la imprenta.

La revolución digital quizá sea más importante que la imprenta, en términos de difusión de la comunicación, de rapidez de la difusión, porque ahora estamos en la instantaneidad. Una imagen, un texto y un sonido que se difunde por Internet llega al planeta entero instantáneamente, porque no hay ningún lugar de la Tierra que esté más alejado de una fracción de segundos de cualquier otro lugar del planeta, porque es muy pequeñito para la velocidad de la luz. Esta conferencia la podríamos difundir por Internet y se podría ver en directo en Australia sin ninguna dificultad y sin gran costo, además estaríamos enviando imágenes, textos y sonidos.

Esto evidentemente es una gran transformación de todo el ambiente de la comunicación, ¿en qué sentido? Por ejemplo, hoy a escala internacional, el acontecimiento principal que está ocurriendo es la globalización económica. Pero la globalización no hubiese sido posible sin la revolución digital, porque ésta ha permitido la construcción de una infraestructura de comunicación, lo que llamamos las autopistas de la información, que han permitido que la comunicación inmaterial y la transmisión de datos inmateriales sea inmediata y se haga muy importante, lo cual permite al sector financiero tener esa capacidad y desarrollo que ha adquirido últimamente, porque las informaciones financieras circulan a la velocidad de la luz por las infraestructuras de la comunicación, mientras que las producciones de la economía tradicional, por ejemplo el petróleo, tiene que circular de manera material, infinitamente más lenta. Si ustedes exportan petróleo eso se transporta en un barco petrolero que viajará a una velocidad más lenta, pero si exportan un valor de una empresa venezolana, ese valor va a circular por Internet a la velocidad de la luz y, evidentemente, los ahorros, así surgen los fondos de pensiones, la globalización financiera, eso no hubiese sido posible sin la existencia de la revolución digital.

Cada gran revolución económica, como la industrial, está acompañada de un sistema de comunicación, igual que la gran transformación del siglo XV se vio acompañada del desarrollo de las carabelas, de la misma manera la revolución industrial está aparejada del desarrollo del ferrocarril, sistema de comunicación característico de la era industrial y de la revolución económica.

Esta segunda revolución capitalista que estamos viviendo con la globalización económica son las autopistas de la comunicación. Las carreteras, los ferrocarriles, la navegación eran vías de comunicación y la comunicación son intercambios de mensajes, como aseguraba McLuhan. Hoy de nuevo no hay diferencias entre los dos. Por las autopistas de la comunicación circulan mensajes, finanzas e intercambios principales.

Foto: El País Semanal
Piensen que cada día se intercambian dos mil millardos de dólares por la autopista de la comunicación en el valor financiero, si consideramos la economía mundial, 5% de los intercambios económicos internacionales son de la economía material, la que produce trigo, automóviles, petróleo y 95% son intercambios puramente inmateriales y financieros, valores, divisas; esencialmente las divisas, que se compran y se venden, circulan gracias a la transformación de la comunicación.

En realidad, cada vez hay menos distinción entre el universo de la economía y el universo de la comunicación. La primera consecuencia ­ya no hay una tecnología específica para la escritura, para el sonido, para la imagen­ es que ha tenido una serie de consecuencias en el ámbito de las empresas de comunicación.

Por ejemplo, una serie de aparatos de comunicación que antes eran especializados: un teléfono hasta hace diez años era un aparato de comunicar pero sólo servía para intercambiar sonidos. El aparato estaba especializado, no tenía utilizaciones en otros campos de la comunicación, y si ustedes observan hoy sus aparatos telefónicos, fijos o móviles, tienen una pantalla y en ésta aparecen textos e imágenes. Es decir, que un aparato telefónico ya no está especializado en el sonido; sino en el sonido, en la imagen y en el texto; es decir, los tres sistemas de comunicación más dominantes.

De ahí que en el plano económico, respecto de las empresas que dominan o están presentes en el sector de la comunicación, cada vez es más difícil saber lo que es una empresa de comunicación, en el sentido económico de la palabra. ¿Dónde empieza y termina la economía de la comunicación? Si nos hubiésemos planteado esta pregunta hace diez o 15 años, la respuesta hubiese sido, pues hay industrias de la prensa escrita: papel y texto. Hay industrias de la comunicación oral, la radio, por ejemplo, o el disco y hay industrias de la comunicación mediante imagen: la televisión o el cine.

Piensen que la gran reflexión sobre la economía de la comunicación y sus relaciones con el poder político es una película de Orson Welles: El ciudadano Kane, película que Welles rueda en 1941 y donde en realidad éste se está refiriendo a un magnate de la comunicación estadounidense pero que existió al final del siglo XIX: Randolf Hearst; es decir, Orson Welles, un creador del siglo XX, va a utilizar como ejemplo mismo de lo que es la dominación de la comunicación y el poder que tiene ésta en una sociedad democrática a un personaje que existió realmente a finales del siglo XIX.

El modelo Hearst era válido para Welles y podríamos decir que prácticamente hasta los años 80; hoy, El ciudadano Kane se sigue exhibiendo en los cineclubs o por TV como el ejemplo mismo de lo que la dominación de los medios puede conllevar como orgullo político, como influencia de manipulación de las mentes, etcétera. Pero, ¿hay alguna comparación posible entre el modelo Kane y la realidad de hoy? Evidentemente no. ¿Por qué?, ¿quién es Kane?, o ¿quién era Randolf Hearst? Era una persona que poseía sólo periódicos, en un solo país: Estados Unidos. Es decir, tenemos a un grupo, a una persona, una empresa que posee un solo tipo de comunicación.

Foto: Cristina Ortega
Eso no tiene relación con lo que es la economía de la comunicación hoy. Por ejemplo podríamos comparar a Welles con los grupos mediáticos de hoy: al Grupo Murdoch, a Rupert Murdoch, al grupo Taiwan, American Airlines y Taiwan. Podríamos comparar al grupo Vivendi-Universal, con el Grupo Walt Disney, por ejemplo. Pero si comparamos a Murdoch, ¿qué vemos? Pues Murdoch es alguien que evidentemente posee periódicos, pero no en un país, sino en tres continentes: Asia, Europa, Estados Unidos y América Latina. Pero no sólo tiene periódicos, Murdoch posee también estaciones de radio, compañías disqueras, estudios de televisión ­la FoxTV­ estudios de producción cinematográfica, la Twentieth Century Fox, editoriales, revistas, toda la comunicación posible y no en un país sino en muchos y, por consiguiente, los tres sectores. ¿Por qué?, porque no hay diferencia entre los tres sectores; porque el que produce una novela con su casa editorial, también puede tomar esa novela y hacer una serie de televisión, porque tiene su estudio de televisión. Es lo mismo y la va a difundir por sus canales, etcétera, y estará presente en Internet.

Sin embargo, Murdoch aún es un vendedor de contenidos. Pero podríamos decir que en Estados Unidos General Electric que tiene una empresa de electricidad, es evidentemente un gran actor de la vida comunicacional porque controla cadenas de televisión, casas editoriales, controla radios.

De igual manera, ahora una compañía telefónica puede ser propietaria de cadenas de televisión como Haster y Como; la Telefónica española de cadenas de televisión puede ser propietaria de todo un sistema de comunicación donde hay escritos, textos e imágenes.

Evidentemente, el videojuego es una comunicación, es un mensaje nuevo aparecido con la revolución digital. Es decir, vemos llegar sectores que hasta ahora estaban fuera de la economía de la comunicación y ahora son actores importantes de la comunicación, pero que vienen de lo que antes se llamaba el hardware, es decir, la producción de sistemas industriales; ahora las compañías eléctricas, telefónicas, informáticas; pero también el sector bancario el sector de seguros, etcétera, intervienen en la comunicación como un actor importante. No sabemos ahora dónde se termina la economía de la comunicación. Por ejemplo, los fabricantes de satélites están dentro de la comunicación. ¿Por qué? Porque se usa para los teléfonos. Nueve satélites sobre diez son de telecomunicación; éstos aseguran dicho sistema. Los fabricantes de estos satélites están en la economía de la comunicación. Por extensión, los fabricantes de los cohetes que colocan a los satélites en órbita también están en ese campo. Antes pensábamos que los fabricantes de cohetes estaban en la industria militar. Hoy hay que considerarlos como parte del amplio cerco de la economía comunicacional.

Hemos visto cómo la transformación del parámetro tecnológico, el hecho de que hayamos pasado de sectores muy diferenciados tecnológicamente ­escrito, oral, imagen­. El hecho de que hayamos pasado la revolución digital donde ya no hay fronteras entre esos tres sectores ha hecho que tampoco haya fronteras en el campo económico y aparezcan nuevos actores extremamente poderosos, más poderosos que los anteriores. Ahora hay grupos mediáticos, grupos que poseen medios en muchos países y que tienen capacidad de dominar, por ejemplo, como la CNN, porque es un medio de comunicación que pertenece a uno de los grandes grupos de comunicación del mundo. America On Line, que ha comprado Time-Warner.

Por consiguiente, en un país que no es donde reside el centro de esta empresa, por ejemplo Venezuela, se están viendo imágenes producidas por ese centro como se ven en el mundo entero. Hay grupos cuya capacidad de intervención planetaria es muy importante, si ya El ciudadano Kane nos impresionaba, por su capacidad de manipular e influenciar la opinión (recuerden que Randolf Hearst, el modelo, fue uno de los que más influyeron en la intervención militar en Cuba, Puerto Rico y Filipinas en 1898), imagínense la influencia que pueden tener estos grupos mediáticos a escala planetaria, cómo pueden transformar las cosas, presentarlas diferentemente en función de sus intereses que son amplios.

No digo que lo hagan en tal caso, pero pueden hacerlo, y pesan de manera muy importante para ejercer censura política, moral y, ahora, además, económica; la censura en función de los intereses del propio grupo planetario que son muy diversos y que va a tratar de proteger.

Por eso se han multiplicado las fusiones y las concentraciones. Estos grupos nacen porque compran a los pequeños. Tienen capacidad y cuanto más adquieren a los pequeños más capacidad tienen para adquirir empresas pequeñas; además en función de esta propia tecnología, la soberanía nacional en términos de control de la información no tiene gran sentido. Imaginemos un gobierno que quisiera prohibir, limitar, mantener fuera de su espacio territorial a las imágenes, los discursos, las comunicaciones que viniesen del exterior; hoy no podría hacerlo o muy difícilmente. Ningún país tiene soberanía comunicacional. Es algo que se ha perdido, porque las imágenes vienen de fuera y son fáciles de captar. Los países más autoritarios, China, por ejemplo, no pueden evitar que las imágenes del exterior penetren no sólo ya mediante Internet sino también a través de las antenas parabólicas, fáciles de fabricar de manera artesanal.



Ignacio Ramonet es director general de Le Monde Diplomatique.

Versión de la conferencia que dictó en Caracas, Venezuela, el 4 de abril, en la celebración del XVII aniversario del Fondo de Garantías de Depósitos y Protección Bancaria, Fogade. Agradecemos al autor haber autorizado la publicación del texto.







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