Periodistas y analistas opinan
Los editores de etcétera solicitaron a varios periodistas y analistas de medios su opinión acerca de las lecciones o las consecuencias que arroja el enfrentamiento entre el Presidente y los medios particularmente los diarios motivado por Vicente Fox, en su conocida alocución radial del 3 de noviembre pasado, y respondido con frenesí por los profesionales de la información.
¿Cómo se perfila la relación entre el gobierno y los medios? ¿Hasta dónde la falta de autocrítica de uno y otros
dejará las cosas al arbitrio de los intereses de ocasión o los estados de ánimo? Pero sobre todo, ¿puede pensarse ahora en
la reforma del marco legal que regula al trabajo periodístico? Estas fueron las respuestas que recabamos.
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Malas señales
Alma Rosa Alva de la Selva
Las consecuencias del "regaño" del presidente Fox a los medios pudiese tener, en una lista mínima, implicaciones
sobre los siguientes rubros.
Libertad de expresión y derecho a la información
El episodio del 3 de noviembre, al descalificar el ejercicio de la libertad de expresión y de información en los
medios de comunicación, pudiera minar aún más la credibilidad social de la "transición a la democracia" y de reforma del
Estado en el que supuestamente se encuentra encarrilado el país, pues ambos procesos resultan inviables sin la expresión
libre, el periodismo crítico y el respeto al derecho a la información de la sociedad mexicana sobre los asuntos que le afectan.
Relación gobierno-medios
Del compromiso con la libertad de expresión, y de la promesa de una relación "transparente y sana" con los
medios hecha durante la campaña y los primeros momentos de la administración foxista, la diatriba en contra de aquéllos
refleja otra postura, que pudiera ser indicativa de un veloz retorno del gobierno que se ha llamado a sí mismo "del cambio"
hacia una intolerancia y autoritarismo con los medios críticos propio del presidencialismo priista en sus expresiones más
puras, con la búsqueda de una prensa sumisa e incondicional, con la figura del Presidente como intocable.
Ahora, como hace décadas, pudiera caerse en la práctica de satanizar ciertos medios en este caso,
particularmente los impresos, al tiempo que se hace visible la preferencia por aquellos proclives a halagar a la autoridad. El riesgo
que está tomando Fox con tal postura es el de estimular una relación con los medios y el poder gubernamental que
aparentemente se buscaba dejar atrás y que, como la historia lo prueba, ha sido fuente de corruptelas y frecuentes
transgresiones al derecho a la información, con el consecuente precio social, en lo que vendría a representar un grave retroceso en
la participación de los medios en las transformaciones democráticas en el país.
Reforma integral del marco legal de la radio y TV
La reprobación foxista hacia el ejercicio crítico en los medios, al perfilarse hacia la prensa que históricamente ha
sido de entre los medios, la que ha desplegado mayor pluralidad y ejercicio crítico y, en consecuencia, de casi
"exculpar" a la radio y la TV de "juicios malsanos", pudiera favorecer la continuidad, por muchos deseada, de la vieja
relación corporativa gobierno-medios electrónicos que, habiendo florecido en el priismo, aparentemente hoy se buscaba
trascender vía la reforma del marco legal.
A partir de la postura presidencial recién manifestada, es posible que los manejadores de los medios
electrónicos cierren filas en torno a la conveniencia de refrendar esa relación de apoyos y favores mutuos y, como ocurre en
muchos casos, prefieran continuar manteniéndose al margen de la crítica a fondo de la actividad gubernamental y en
particular de la actuación del primer mandatario. Ello haría factible, por ejemplo, la continuidad de las prácticas discrecionales
por parte del Ejecutivo para el otorgamiento y renovación de las concesiones para radio y TV.
Así, la postura presidencial emite señales en contra del avance del incipiente proceso de la reforma integral de
la legislación en medios electrónicos, que arrancó en los primeros meses del año impulsada por la Secretaría de
Gobernación con mesas de discusión sobre la Ley Federal de Radio y TV en las cuales por primera vez han intervenido
representantes de instituciones universitarias y organizaciones civiles, y durante las cuales el tema del otorgamiento de concesiones
ha sido uno de los más debatidos.
Alma Rosa Alva de la Selva es profesora-investigadora de la FCPyS de la UNAM.
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Están inventando un estilo de gobernar
José Cárdenas
Sin duda, algo cambió a partir del sábado 3 de noviembre, cuando el presidente Vicente Fox se lanzó contra los
medios de comunicación, señalándolos como los culpables de la mala imagen presidencial, advirtiendo que no hacían bien
su trabajo y en lugar de poner el acento en las noticias que importaban por lo menos al criterio presidencial se
fijaban en puras "babosadas".
Tal vez en el pasado había una más sutil y discreta forma de disfrazar los errores presidenciales y el equipo de prensa del Presidente, y se ejercía de manera férrea una censura a los medios de comunicación para cuidar que
no se difundieran los deslices y resbalones, que los hubo, de otros presidentes (célebre fue en su momento la confusión
del entonces presidente Luis Echeverría que confundió la Caricom, con la Commonwealth, sin que nadie comentara
nada a la prensa; o aquella columna dentro de las páginas de sociales, que escribió un periodista para demostrar que
nadie lo leía y para probarlo la llenó de insultos contra el entonces presidente Miguel de la Madrid).
Los tiempos han cambiado de una y otra parte, México ya no es el país que cree en la infalibilidad de su
Presidente como un dogma de fe, hoy sabemos que el huésped de Los Pinos es tan humano como usted y como yo, por
supuesto sujeto a cometer errores, algunos nimios otros no tanto, que reflejan demasiado la "humanidad" del Presidente.
Vale que el Presidente se tropiece y no diga correctamente el nombre del escritor argentino Jorge Luis Borges;
vale aunque no tanto, que hable de que va salir con botas de charol en una reunión de gala; vale la última cometida
durante su alocución ante la Asamblea General de la ONU, cuando felicita a Koffi Annan ¡por la obtención del premio
nacional de la paz! (sic) en lugar de decir por el Premio Nobel de la Paz.
Todo eso vale, con trabajos, pero vale, pero lo que no es válido es que comente en el exterior cosas que no son
del todo ciertas, no tanto por que lo haga sino porque al hacerlo se comporta como lo hicieron presidentes
hegemónicos que le precedieron, y que tal vez contaban con un poco más de razón al tener el respaldo ciego y torpe de un
Congreso mayoritariamente priista, y obligado torpemente a la disciplina ciega, ellos podían hacerlo, caminar sobre el
alambre, con riesgo de caerse pero con la seguridad de que abajo estaba una red protectora.
La estructura política actual, sin un partido claramente dominante, no permite al Presidente prometer en el
exterior que habrá apertura de los sectores eléctrico y petrolero; decir que habrá reforma hacendaria, cuando los legisladores
de su partido aún están cabildeando para lograr un acuerdo, y que las palabras del Presidente en el extranjero no hacen
sino complicar las negociaciones.
Estas acciones nos revelan que el Presidente está pagando la novatada, él y su equipo aún no saben cómo
comportarse, es la primera vez que se encuentran en el poder, y no saben cómo ejercerlo de manera correcta y sin tropiezos, no es
delito, por supuesto, están inventando una manera personal de gobernar, aunque muchas veces caigan en errores
cometidos también por los anteriores presidentes, pero a diferencia de aquéllos, el actual los comete por omisión y no de mala
fe. Por lo menos, eso es lo que quiero creer.
Luego entonces, lo único que podría reprochar sería la pretensión de querer acallar al mensajero por el "delito"
de portar malas noticias, lo que demuestra que el Presidente y su equipo no han entendido del todo que México ya
cambió y que ellos son parte importante de este cambio, sólo espero que en los próximos años, al presidente Fox y su equipo
les caiga el veinte y entonces se pongan de este lado de la mesa, donde estamos el resto de los mexicanos.
José Cárdenas es periodista, conductor de
Hechos del domingo de TV Azteca.
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Del servilismo al amarillismo
Jorge Fernández Menéndez
¿Cómo pudo el presidente Fox haberse involucrado, en forma prácticamente gratuita, en una batalla política con
los medios? ¿Cuáles serán las consecuencias de las controvertidas y desafortunadas declaraciones que pronunció el
sábado 3 de noviembre en el programa
Fox en vivo, Fox
contigo? ¿Hasta dónde tendrá consecuencias ese enfrentamiento?
¿En qué medida los intentos posteriores de delimitar el enfrentamiento y bajarle presión tendrán en realidad éxito y en
qué medida la herida puede ser cerrada pero no se puede ocultar la cicatriz que ha dejado?
Todas esas preguntas son, sin duda, importantes en la relación que mantendrá la administración Fox con los
medios, pero más importante aún es comprender que lo que existe no es un conflicto mediático, sino un problema de
gobernabilidad, de ingeniería de gobierno, cuyas expresiones se manifiestan en la prensa y causan malestar e incluso decepción en
ciertas áreas gubernamentales: pero la molestia, la irritación se da con el mensajero, cuando debería establecerse con su
propia realidad.
El punto es importante porque el enfrentamiento con los medios fue de la mano con distanciamiento similar del
Poder Ejecutivo con el Congreso y los partidos políticos, incluyendo el PAN; se da en una situación de dificultades en la
relación con la iniciativa privada porque la economía ha entrado en recesión, porque la reforma hacendaria y energética no
salen y porque muchos proyectos que a principios de año se percibían como muy viables hoy están congelados; en una
situación en la cual el que constituye el principal soporte de cualquier gobierno las Fuerzas Armadas está bajo enorme
presión, generada en parte desde el propio gobierno, con decisiones que se pueden compartir o no, pero controvertidas,
como el indulto a los llamados campesinos ecologistas o la posibilidad de la liberación del general José Francisco
Gallardo. Cuando el Poder Judicial no sale de la consternación por el asesinato de los dos magistrados federales en Sinaloa.
Esta situación es preocupante porque ya en otras ocasiones, cuando se habló de la relación del Legislativo desde
el Ejecutivo se advirtió que se debía poner "orden" en ella. Ahora el propio Presidente aseguró que hay quienes le
están pidiendo que ponga "orden" en los medios. Y ante esa petición de "orden" en el Congreso y en los medios asoma
el espectro del fujimorismo o, en su versión más actual, del presidente venezolano Hugo Chávez.
De más está decir que una aventura política como aquéllas estaría, en nuestro caso, condenada al fracaso y
probablemente no está en la convicción del poder: pero ese fantasma fue azuzado e implicó un costo político adicional
para el poder en este debate.
El problema es otro. El punto está, efectivamente, en poner orden pero en el propio equipo y en la
estrategia gubernamental: allí está el descontrol y el elemento que propicia tantos errores. Los medios simplemente están
reflejando esa realidad y, en algunos casos seguramente abusando de ésta, exagerándola o magnificando sus efectos, pero
los medios no están mintiendo, calumniando ni engañando, como dijo el Presidente.
En todo caso, los medios y quienes trabajamos en ellos debemos insistir en algo que describió con toda precisión
Juan Luis Cebrián, quien fuera director de
El País de España, en su primer número, en 1976: "La veneración al poder que
el franquismo enquistó entre nosotros es todo lo contrario de lo que una prensa libre necesita si quiere convertirse
en instrumento de diálogo al servicio de los ciudadanos".
Y, evidentemente, esa veneración del poder nos llevó durante muchos años a confundir el respeto que debe
existir por las instituciones y los hombres que las encabezan, con una autocensura (o un excesivo sentido de la
responsabilidad y la cautela), que dañó más a los medios que los propios controles desde el poder.
La administración Fox no es el gobierno de Francisco I. Madero, no se parecen las instituciones nacionales con las
de entonces ni tampoco los medios tiene similitud con los de aquellos años. El presidente Fox, a pesar de sus
declaraciones tampoco parece ser un hombre que tome la decisión de, como dice que le aconsejaron, "poner orden" en los medios.
En la prensa, tampoco pareciera existir la voluntad de modificar, al contrario, por ese regaño presidencial, su
actual actitud, en la que cabe de todo: desde el servilismo o el amarillismo más bajo, hasta una prensa crítica y
responsable. El desafío de cara al futuro será saber si el poder opera su propia reforma en la ingeniería gubernamental e incluye
en ésta una política coherente de medios y difusión, incluyendo una relación moderna con los propios medios y
comunicadores, o si seguirá abonando un camino empedrado de inevitables y cada vez mayores desencuentros.
Jorge Fernández Menéndez es periodista. Colabora en
Milenio Diario.
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Insultos a periodistas y medios
José Fonseca
El pasado 3 de noviembre, el presidente de la República Vicente Fox aprovechó su programa radiofónico
para arremeter contra los medios.
La reacción en éstos fue casi unánime. Un rechazo en los más diversos tonos a las afirmaciones presidenciales.
El jefe del Ejecutivo, sin embargo, de una u otra forma sólo ha ratificado lo dicho en su programa radiofónico,
está seguro que es tratado injustamente; está seguro que existe una conspiración mediática para socavar a su gobierno y
está seguro que se le presiona para chantajearlo.
El sexenio foxista es uno de grandes cambios, es cierto, pero el libre ejercicio de la libertad de expresión no es uno
de ellos, porque durante el pasado sexenio, por la bendita indiferencia de Ernesto Zedillo a lo que se pensara acerca de
él, ocurrió la culminación del gradual destrabamiento de la libertad de prensa, particularmente en los medios escritos.
Es posible que el presidente Fox tenga razones para sentirse tratado injustamente, pero también lo es que la
debilidad fundamental de su gobierno ha sido la impotencia para trascender de la propaganda electoral, que crea y
fortalece imágenes, a la propaganda política, que crea y fortalece consensos.
Lo de la conspiración mediática para socavar a su gobierno no es sino una fantasía, un juego perverso de
comparaciones y una afirmación ligera y frívola.
Lo del chantaje es un insulto a la mayoría de los medios y de los periodistas mexicanos, peor porque se insulta
sin pruebas, como lo demuestra el hecho de que hasta ahora el gobierno foxista no ha presentado ninguna denuncia
contra nadie, señal de que también se manejó el concepto a partir de los viejos clichés que fascinan a los eternos
enjuiciadores de la prensa. O sea, otra ligereza.
Sin embargo, es innegable que la luna de miel con los medios ha terminado. Fue más corta de lo que preveían
los estrategas políticos del gobierno foxista.
La simpatía innata hacia quien se percibe débil, que le ganó a Fox tantos adeptos en los medios, se disipó ahora
que encabeza el gobierno. Está sujeto al escrutinio riguroso que se ha vuelto habitual para casi todos los
periodistas mexicanos.
Existe, empero, una sospecha, quizá apenas un recelo, pero avalado por las declaraciones del Presidente y
sus colaboradores.
Se trata de apelar a la sociedad, en la que tiene aún grandes simpatías. Apelar directamente a la sociedad. Lo
dijo el Presidente y lo ratificó su vocero Francisco Ortiz. Están en su derecho, en lo que a los medios respecta.
Mas, ¿tiene derecho a hacerlo cuando se trata de instituciones que forman parte del entramado del Estado mexicano?
Habría que preguntarnos cuál sería el destino de la República si continúa la tarea de socavar a las instituciones
que, por una u otra razón, son vistas desde Los Pinos como un obstáculo para la visión foxista de lo que tiene que ser México.
El entramado institucional y constitucional de la República, con todas sus flaquezas, perfectible como es, ha
demostrado en los últimos tres años que puede sustentar al sistema de pesos y contrapesos que caracteriza a una
verdadera democracia.
Socavar al sistema institucional de pesos y contrapesos en aras de proyectos de cortísimo plazo, no construye
un proyecto de nación.
Al menos no construye un proyecto de nación democrática.
José Fonseca es subdirector de
El Heraldo de México.
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Nuevas tareas de la crítica
Carlos Ramírez
El encontronazo del Presidente con los medios y luego enfocado con la prensa escrita recordaron que el país
se encuentra en proceso de redefinición buscada o estallada de relaciones políticas y de poder. Beneficiario electoral
de la crítica periodística que minó las bases mismas del sistema presidencialista, Fox se quejó de la crítica que él
mismo privilegió en la campaña con mensajes superficiales las víboras, los mandilones y cosas por el estilo, aunque sin
tomar la iniciativa sobre el tema central: la redefinición de las relaciones del gobierno con los medios.
Cuatro puntos pudieran considerarse como temas a discutir:
1. El papel de la prensa en la alternancia. Los medios que ayudaron con su crítica a exhibir en la historia de
Andersen de El traje del emperador la desnudez del rey no pueden ser reducidos o regresados a
bocinas del nuevo gobierno
foxista. Pero al mismo tiempo, los medios deben replantear los tonos y alcances de sus críticas para no convertirse
en protagonistas centrales de la transición política sustituyendo a los partidos. La información y la crítica son
auxiliares para la toma de decisiones de la sociedad. El viejo sistema priista le dio a los medios la jerarquía de destinatarios.
2. El nuevo marco jurídico para los medios de comunicación. Las leyes relacionadas con los medios se hicieron
para no cumplirse. Los medios requieren de un
nuevo marco jurídico que atienda a sus particularidades:
legislaciones separadas para los electrónicos y la prensa escrita y legislaciones para abrir el ostión de la información
gubernamental. Para la prensa escrita se necesita una Ley de Libertad de Prensa donde se definan claramente alcances,
limitaciones, obligaciones y derechos. El derecho a la crítica es de los más importantes, pero exige ciertamente de marcos jurídicos muy claros.
3. La política de comunicación social de un gobierno de oposición en el sistema presidencialista. Instrumento
de coerción social y de utilización interesada de los presupuestos publicitarios en un pasado no muy lejano, las oficinas
de prensa requieren de control legislativo de sus recursos y de acotamiento en sus funciones. La política de
comunicación es un auxiliar eficaz en la función del gobernante, pero puede convertirse en un obstáculo para el ejercicio de la
libertad de expresión. El problema surge cuando la política de comunicación se convierte en un instrumento de
contención de la crítica y no en auxiliar del gobierno frente a la sociedad.
4. La profesionalización del periodismo. La crítica se había asumido como una forma de
ejercicio de la política por otros medios; pero la práctica de la crítica requiere de niveles profesionales especiales y sobre todo de la conciencia de que la crítica no debe sustituir la información sino complementarla. La principal confusión en un proceso de alternancia
es convertir la crítica en el eje del periodismo y no en una parte del esquema de la información. La crítica debe ayudar
a la comprensión de la realidad, no agotarse en una posición política que sustituya a los sectores sociales y políticos
que tienen la función de operar el rumbo del cambio. La crítica tenía una función en el sistema priista cerrado y
otra en la alternancia y la transición.
El encontronazo de los medios con Fox o de Fox con los medios debiera considerarse el
último conflicto que obedezca al viejo régimen y convertirse en el punto de partida de redefiniciones que involucran a medios y a gobierno en
la construcción de un nuevo sistema político democrático. Si no, habrá sido solamente parte del anecdotario político
de lo inútil.
Carlos Ramírez es columnista político. Publica en
El Financiero.
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Desafortunado asunto
Tere Vale
Acudo gustosa a la invitación de
etcétera para comentar algunas de las muy difundidas ocurrencias,
tropiezos verbales, controvertidas y escalofriantes declaraciones del señor presidente Vicente Fox en relación con los medios
de comunicación.
Creo que poco podré añadir a las innumerables críticas, chistes, caricaturas, acres recriminaciones y ácidos
comentarios en relación con todo ello. Sin embargo, me resulta irresistible hacer un comentario sobre tan desafortunado
asunto, a riesgo de resultar simple y sencillamente babosa.
Recordemos que después del trágico episodio "Borgues", que para nuestro infortunio le dio la vuelta al mundo,
Fox aseguró que no tiene nada en contra de los medios, que "aguanta vara" ante las críticas porque es, como
Pancho Pantera: "prudente, paciente y tranquilo" frente a ellas, y sostuvo que para él la libertad de expresión es un
asunto sagrado, cosa que desde luego nos tranquiliza sobremanera. El Presidente se defendió ante la crítica de los medios
de comunicación, luego de que nos acusara de querer "tumbarlo" con nuestros señalamientos. Toda esta historia
comenzó en su muy escuchado y apasionante programa de radio
Fox en vivo, Fox contigo, donde arremetió sin distingos
contra los medios.
Sobre el asunto de que "no faltan las voces que me piden que ya ponga orden a través de restringir la libertad
de expresión", el presidente Fox aseguró que éstas son de ciudadanos comunes y corrientes que ven en las críticas un
exceso y un abuso de calificativos a la Presidencia de la República. En buena medida hay pérdida de respeto, hay quien
ha señalado esto, pero ciertamente ratificó nuevamente delante de todos los mexicanos y de todos los medios: "Ni lo
he hecho, no lo voy a hacer, ¡vaya!". En cuanto a la afirmación de que ha estado "bajo una metralla impresionante
de ataques por una sarta de babosadas que no tienen la menor importancia para el país...", pues ya casi no quisiera
decir nada, embargada por un sentimiento profundo y sincero de pena ajena.
Quizá, y con el propósito de tranquilizar a nuestro primer mandatario, valdría la pena recomendarle consultar
nuevamente a sus muy distinguidos y afamados mercadólogos y mercadólogas y encuestólogos y encuestólogas de
cabecera, que tanto éxito tuvieron en el pasado año 2000; aunque se debe reconocer que poco podrán hacer por nuestro
atribulado Ejecutivo porque bien distinto es hacer chascarrillos y promesas en campaña que gobernar con verdadera
grandeza, madurez política y sabiduría.
Tere Vale es periodista. Fue candidata del Partido Democracia Social al gobierno del Distrito Federal.
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Los dislates de la popularidad
Jenaro Villamil
En la era feliz del régimen priista, el Estado movilizaba a millones de ciudadanos para llenar las plazas,
corporativizar los apoyos y con eso justificar la ausencia de democracia electoral y los excesos del autoritarismo presidencial.
Lo importante para un político del régimen mexicano no era demostrar su
popularidad sino su eficacia, definida siempre
en función de los intereses presidenciales.
Las movilizaciones clientelares se han sustituido por las "cargadas" mediáticas y el instrumento principal ya no son
la torta y la chamba sino la encuesta, el sondeo y el uso y abuso de los instrumentos mediáticos a la mano: desde
los programas radiofónicos hasta los
spots, las conferencias de prensa, las declaraciones de banqueta.
Los instrumentos demoscópicos han pretendido sustituir a la realidad misma, en muchos países son armas
políticas muy poderosas no para generar una opinión pública sino para inducir previamente a la opinión de los públicos, es
decir, de las audiencias mediáticas masivas que son la nueva base para la demagogia política.
En México llegamos tarde a la encuestocracia, pero se ha buscado instaurarla como una moda política que
legitima cualquier medida, ratifica la popularidad del gobernante (salvo en aquellos casos que documenten lo contrario) y
genera atmósferas públicas favorables a la opinión del poder, no a la opinión del ciudadano. De esta forma, observamos en
los principales noticiarios de la televisión que los sondeos telefónicos se realizan en función de la agenda del poder y,
muy pocas veces, en función de la agenda democratizadora.
El caso más delicado se produjo después del regaño presidencial del 3 de noviembre. Ampliamente reseñada y
criticada en la prensa escrita, el vasto monólogo presidencial sobre los excesos de la crítica, las especulaciones sobre quienes
lo quieren "tumbar" con "babosadas" y sus quejas por la cobertura "anecdótica" y "superficial" de sus giras
internacionales, sirvió de pretexto para el montaje de una nueva "cargada" mediática que buscaba colocar al Presidente
como víctima de los medios. Los dos noticiarios estelares de TV Azteca y Televisa organizaron sorprendentes sondeos
que rebasaron el número tradicional de llamadas, y dieron resultados favorables a la posición presidencial: Fox era
víctima de los excesos de la crítica y de la información.
Los imagólogos foxianos lograron lo que no habían podido hacer desde el 11 de septiembre: "reposicionar" la
imagen del Presidente en la agenda mediática. A final de cuentas, que se hable bien o mal, pero que se hable, que eso
da popularidad.
Sin embargo, la estrategia fue errática. La segunda ronda de entrevistas que concedió Fox no abonaron en
su popularidad, pero sí generaron problemas con medios impresos, a quienes les sugirió que la crítica era resultado del
final de prebendas. Por si fuera poco, diversos observadores criticaron el hecho de que, por un lado, el primer
mandatario impulsara foros de consulta para garantizar el derecho de acceso a la información y, por otro, lanzara advertencias
sobre posibles medidas coercitivas para frenar la libertad de información y de crítica.
Le fallaron los sondeos al Presidente. Por más eficaces que resulten para popularizar una medida, no son útiles
para garantizar el aterrizaje de políticas concretas. Una vez más, Fox se encontró con el hecho de que las encuestas
no sustituyen la necesidad del debate, de la crítica, de la comunicación política y de la información. Un gobernante que
se rige por sus índices diarios de popularidad es muy probable que se quede solo ante su espejo, buscando prolongar
el apoyo y evadiendo los focos rojos que plantea la realidad.
Las encuestas son útiles para la democracia, pero en muchos casos pueden ser utilizadas para boicotear el
debate democrático. Y ejemplos de gobernantes autoritarios que supieron hacer "magia" con las encuestas para afirmar
su popularidad hay muchos: de Carlos Salinas a Alberto Fujimori. Las consecuencias están a la vista.
Jenaro Villamil es periodista. Colabora en La Jornada.