Los monos blancos exigieron medios incondicionales
Mara Carnaya
"Fuck you, indio" fue la frase detonante. La tensión que se había generado por los constantes
enfrentamientos entre los periodistas que cubrieron la marcha del EZLN a la ciudad de México, y el cuerpo de seguridad
zapatista integrado en su mayoría por italianos denominados
monos blancos llegó a su límite la tarde del viernes 16
de marzo.
 |
Fotos: Fernando Santos Rosas |
Entre insultos, amenazas y forcejeos que culminaron en un conato de pelea, un
mono blanco agredió física y verbalmente a Juan Carlos Santoyo, reportero de Radio Fórmula, mientras acordaban el orden para integrar
el convoy de vehículos que los llevaría a las instalaciones del IPN, donde el subcomandante Marcos se reuniría
con estudiantes y profesores.
En dos ocasiones el italiano le profirió la misma frase al informador radiofónico a manera de insulto: "Fuck
you, indio". Luego vinieron los empujones, pero el incidente no fue más que consecuencia de lo que se había
venido gestando semanas atrás: la creciente tensión entre periodistas y
monos blancos durante los 16 días que duró
la caravana zapatista.
Santoyo no fue el único agredido. Fotógrafos, camarógrafos y reporteros de diarios, revistas, agencias y
estaciones de radio y televisión tuvieron que sortear los constantes embates de quienes estuvieron al resguardo de
la comandancia zapatista que, paradójicamente, se ha servido de los medios de comunicación para cobrar fuerza
e importancia, convirtiéndose en un movimiento mediático.
Algunos reporteros que cubrieron el
zapatour consideraron que su labor informativa fue severamente
limitada por estos hombres de overol blanco, al impedirles la proximidad con cualquiera de los miembros de la
delegación rebelde.
El descontento entre los reporteros ya era generalizado: Marcos había incumplido su ofrecimiento de
concederles entrevistas en el camino, a bordo del autobús que lo trasladaba a la ciudad de México "mientras nos comemos
unas tortas". Así lo prometió en La Realidad antes de partir, pero durante el viaje no hubo ni tortas ni entrevistas.
Sólo codazos, golpes, insultos, empujones y otras intransigencias de los
monos blancos que obstaculizaron la labor
de los informadores.
Para Juan Carlos Santoyo quien ha cubierto el conflicto chiapaneco desde sus orígenes, la relación entre
los miembros del EZLN y la prensa siempre ha sido así. Dice el reportero que cuando terminaron las pláticas de
los Acuerdos de San Andrés, fue vetado por los zapatistas porque no les gustaba la manera como transmitía
su información.
Además, refiere a
etcétera que los reporteros, fotógrafos y camarógrafos que cubrían el conflicto en
Chiapas constantemente eran retratados y videograbados por elementos de seguridad del movimiento, y que incluso
llegó a recibir amenazas de muerte.
"No comprenden que nosotros nos limitamos a hacer nuestro trabajo, que es informar. No se dan cuenta de
la dependencia que existe de ellos hacia nosotros, y que si volvieron a tomar fuerza después de cuatro años de
silencio con Zedillo fue gracias a los medios. Sin embargo, los que están encargados de su seguridad nos tratan como
si fuéramos el enemigo público número uno."
En cuanto a la actitud de los
monos blancos, Santoyo es tajante: "Lo que molesta es la forma como se
dirigen a la prensa, dándonos órdenes de cómo tenemos que hacer nuestro trabajo. Ellos no son nadie para ordenar
aquí porque son extranjeros y no tienen autoridad moral para hacerlo". Y si fuera necesario un careo con su agresor,
lo haría sin dudarlo: "Lo sostendría sin retractarme. Los insultos se me resbalan, pero no acepto que un
extranjero tenga autoridad para ordenarme lo que tengo que hacer".
Varios reporteros coinciden en que después del accidente en la carretera México-Querétaro, que le costó la
vida a un elemento de la Policía Federal Preventiva, la tensión se agudizó al grado de adoptar actitudes propias de
un Estado Mayor Presidencial.
Ernesto Muñoz, fotógrafo de
El Universal, ha estado asignado a ese movimiento desde 1995 y asegura que
la cobertura gráfica del zapatour también fue limitada para los fotógrafos y camarógrafos: "La consigna de ellos
(los monos blancos) era 'todo contra la prensa', e incluso azuzaban a la gente para que se pusiera también en
nuestra contra. Los empujones y codazos eran peores que los de un Estado Mayor Presidencial. Además, inicialmente
ellos venían como observadores, no como escoltas".
Muñoz dice que durante todos los actos programados en la caravana, los reporteros gráficos tuvieron que
sortear los golpes e insultos de los monos
blancos, en medio de un aparente silencio.
Para el fotógrafo, la mayoría de las veces él y sus colegas laboraron en condiciones adversas. Tenían que
permanecer sobre un templete armado especialmente para la ocasión, y que casi siempre al llegar ya estaba ocupado
por simpatizantes zapatistas que se decían representantes de la prensa sólo "por llevar una camarita". En medio o
detrás de esos espectadores, los fotógrafos no podían moverse y sus posibilidades de realizar un buen trabajo eran casi nulas. Y cuando no había templete, era imposible acercarse a Marcos para tomarle una fotografía: los
monos blancos estaban ahí puntuales para impedirlo.
Nora Sandoval, reportera de la revista
Epoca, también fue agredida. La comunicadora, que desde hace seis
años ha cubierto las actividades del EZLN, dice a
etcétera que en Cuernavaca trató de rebasar la cadena humana
que los italianos formaban al paso de la delegación zapatista, cuando una mujer de overol blanco le cerró el paso y
con violencia la empujó hacia una jardinera.
"Hay una gran contradicción. Si su lucha es en favor de la igualdad, cómo es posible que sean tan selectivos
con los medios. Ellos deciden a quién dar entrevistas exclusivas, incluso escogen directamente a los periodistas, pero
no se sabe con qué criterio. Al parecer sus parámetros son la penetración, el público al que van dirigidos, y el
renombre del entrevistador", asegura.
Más aún, dice que a pesar de que Marcos se limitó a la lectura de discursos en cada comunidad que
visitaban, a partir de que la caravana salió de La Realidad, "todo el mundo está pendiente de lo que hace y dice.
Definitivamente el papel de los medios es determinante, porque gracias a ellos, la imagen de Marcos retomó una fuerza
que ya había perdido".
En este punto coincide Renato Consuegra, reportero de Radio 13. Para él, a pesar del trato duro de la
guardia zapatista hacia los representantes de los medios,
Marcos no dejó de reconocer la labor periodística.
Y narra: "No por nada en Chinameca (Morelos), Marcos hizo un reconocimiento al trabajo de la prensa,
mientras que la 'sociedad civil' y los monos
blancos obstruían nuestra labor. Marcos dijo que debido al trabajo de
los representantes de los medios de comunicación fue que el movimiento zapatista se dio a conocer a nivel
nacional e internacional".
Sin embargo, dice Consuegra, "mucha gente que está a cargo de la organización de las actividades de
la comandancia quiere que se escriba o se hable únicamente en favor del movimiento, pero deben entender que
el verdadero periodista no puede ser parcial. Así como tienen virtudes, ellos deben entender que también
tienen defectos, y que uno no puede ser apologista ni de Marcos ni del zapatismo. A pesar de que hay tantas
verdades como gente en el mundo, lo importante para nosotros es informar con veracidad"