Apostando la vida
Ciudad de México, jul. 13, 2004.- Nadie sabe cuántos son; la Secretaría de Salud ni siquiera conoce la dimensión
del problema, sólo se saben que están ahí, en los
books, en los Yaks, en los hipódromos, en los bingos, apostando
todo, incluso la vida.
El 99.9% de los jugadores dicen: "Yo cuando quiera lo dejo", "yo juego por divertirme" y eso no es cierto,
ni cuando quieres lo dejas, juegas para divertirte, estás adentro.
En nuestro país, la Ley Federal de Juegos y Sorteos data de 1947; no sólo es una ley vieja sino caduca.
"La realidad es de que en México se juega, existen alrededor de mil 500 bingos, la realidad es que te metes
a Internet y puedes estar jugando, estar apostando y creo que más nos vale el no cerrar los ojos ante una
realidad", comentó Francisco Javier Bravo Carbajal, diputado federal del Partido Revolucionario Institucional (PRI).
Además de los hipódromos y las peleas de gallos, que siempre han operado, desde 1990 se autorizó la
instalación de centros de apuestas remotas, los llamados
books.
"La actual administración no ha expedido un solo permiso, diríamos un nuevo permiso, todos los
establecimientos que existen, los llamados
books, esos cuentan con permisos otorgados por administraciones anteriores",
explicó Gonzalo Altamirano Dimas, de la Unidad de Gobierno de la Secretaría de Gobernación.
En los años recientes también han abierto los juegos de números, conocidos como bingos.
Hay muchos establecimientos que funcionan como el caso del llamado bingo, los juegos de números funcionan de manera ilegal en muchas partes del país.
En México, 16 grupos manejan el negocio del juego y se estima que existen alrededor de 100
establecimientos con diferentes modalidades de apuestas, algunos amparados en los vacíos de la ley, todo un paraíso para los
adictos al juego. (...)
Se piensa que sólo juega quien tiene dinero, pero no, las apuestas, como la droga, enganchan a quien le gusta.
"El que juega pierde y el que toma se emborracha, es un vicio", dijo Juan Carlos Jacob, aficionado al juego
de apuestas.
La línea entre conducta normal y una conducta enfermiza es tan delgada, que los apostadores la cruzan sin
siquiera saberlo.
Elías Mamille es un jugador profesional, desde hace 43 años apuesta a las carreras de caballos.
"El juego es más difícil que trabajar, es mucho más difícil ganar en el juego, porque dicen dinero fácil, dicen
los gringos: 'easy come, easy go'; no es cierto, el dinero del juego es mucho más difícil que el trabajo", aseguró
Elías Mamille.
En apariencia es un hombre feliz, pero por el juego, ha perdido todo.
"Porque si usted se pone a recordar, es que yo perdí esto, perdí lo otro, mejor se mete una pistola y se la mete
en la cabeza, ¿por qué?, porque se perdió mucho, el jugador pierde por naturaleza", resaltó este apostador.
Don Elías apostó hasta su familia y se quedó sin esposa.
Reportero (R):¿Qué pasa con la familia?
Elías Mamille, apostador profesional
(EM): La familia, yo soy divorciado.
R: ¿Por el juego?
EM: Pues sí; cuando viene el error, mientras el marido le dice a la mujer sí juego y es mi gusto, a ti no te
falta nada, pero cuando uno le dice a la mujer, ya no voy a jugar y la mujer lo cacha, es cuando la mujer explota.
Elías ahora se arrepiente.
"Si me dicen: ¿qué te hubiera gustado ser?, pues me hubiera gustado no ser jugador, pero lo soy", comentó.
Como él, muchos más han caído en la trampa del juego.
"Se tiene el conocimiento también de amas de casa, mujeres y de jubilados y esto se conoce más porque no
tienen los recursos económicos y entonces es donde se destapa todo, se dan cuenta de todo", explicó la psicóloga de
la Secretaría de Salud.(...)
"De todos lo jugadores patológicos, el 20% alguna vez ha intentado el suicidio, el 20% del total de los
ludópatas", comentó Daniel Olivares Villagómez.
En Estados Unidos existen más de 800 mil adictos al juego, en España son más de 500 mil jugadores
compulsivos, en México nadie sabe.
"Un día me dijo un jugador, no voy a decir nombres, muy bravo, que juega muy fuerte, un día iba ganando
un millón en Las Vegas, como un millón 200 mil dólares, siguió jugando y al final le costó 3 millones y le dije,
bueno, ¿cuál es tu límite?, ¿sabe qué me dijo?: me quiero quedar con el hotel, está loco, ¿sabe qué hotel era?, el
Caesars Palace de Las Vegas", concluyó Elías Mamille.