José Antonio Gurrea C.
En menos de un mes (del 24 de enero al 22 de febrero), Víctor González Torres, mejor conocido como el
Dr. Simi, gastó en sólo cinco medios impresos y en la edición de dos publicaciones casi 11 millones de pesos, cantidad
superior al presupuesto de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación en materia de comunicación social para todo 2004, el cual ascendió a diez millones 36 mil pesos.
Este desembolso se inscribe en una intensa campaña mediática donde el citado personaje lo mismo se
promociona como precandidato a la Presidencia de la República (cuando lo que en realidad pretende es impulsar y apuntalar
sus negocios), que arremete contra todo aquel que ose estar en desacuerdo con sus métodos y prácticas.
El trabajo, realizado con base en las tarifas políticas de los medios impresos, documenta cómo, en su apuesta
por ganar notoriedad, el contador González Torres recurre, en su guerra de desplegados, a la injuria, a la
descalificación y a la mentira. Sin rubor, sin ambages. No sólo eso: al pagar considerables cantidades de dinero en publicidad
a medios de comunicación que podrían resultarle incómodos, reduce la posibilidad de que éstos le critiquen.
Las erogaciones a las que se refiere esta investigación se circunscriben a los diarios
Reforma y La Jornada y a las revistas
Proceso, Milenio Semanal y
Siempre!, debido a que se trata de los medios impresos que reciben la
mayor parte de publicidad de las organizaciones integrantes del autonombrado "Grupo por un país mejor". El trabajo
también incluye los gastos correspondientes a la impresión de dos publicaciones propias: el periódico semanal
Simi Informa y la revista mensual Las aventuras
del Dr. Simi, no sólo porque son medios escritos sino además porque su
costo contribuye a documentar el dispendio.
Con la injuria por delante
Si bien la oleada de desplegados de González Torres se ha intensificado en los últimos meses, ésta data por
lo menos de 2003 cuando a través de los medios impresos este contador lanzó una campaña de ataques contra el
IMSS, organismo al que acusó de corrupción.
En realidad, el dueño de Farmacias Similares se encontraba molesto pues sus productos no habían aprobado
los procesos de licitación y adjudicación de medicamentos que había realizado el instituto. En aquel entonces
Santiago Levy le dio al Dr. Simi una sopa de su propio chocolate al publicar en los principales diarios capitalinos un
desplegado donde tras señalar claramente que González Torres mentía, invitaba a este personaje a presentar una denuncia ante las autoridades competentes "si es que tiene algún dato concreto o una prueba para documentar sus
acusaciones ante los medios". La denuncia, por supuesto, nunca llegó. Los que sí continuaron llegando, vía desplegados,
fueron los denuestos contra diversos funcionarios del IMSS.
Pero no sólo para presionar a las instituciones del Estado el llamado
Dr. Simi lanza graves acusaciones sin sustento alguno. Éstas también forman parte de sus burdas estrategias publicitarias. Apenas a principios
de marzo González Torres convocó a conferencia de prensa para denunciar que "existían pruebas" de que su
hermano Javier, con el que sostiene una férrea competencia por el mercado argentino de medicamentos genéricos,
"ofreció cinco millones de dólares para que me asesinaran (...) Resulto muy incómodo por las denuncias que he
realizado sobre sus actos de corrupción", dijo en esa ocasión.
De nuevo, sin embargo, el empresario no dio a conocer las supuestas pruebas ni presentó la
denuncia correspondiente. (No es la primera vez que acusa a su hermano de pretender asesinarlo: en 2002 hizo la
misma aseveración y tampoco presentó denuncia penal.)
En este contexto, todo aquel que denuncie su impostura con el pétalo de una línea ágata o un minuto de
tiempo-aire se arriega a recibir una andanada de insultos y descalificaciones públicos. Por criticarlo en su
programa radiofónico, Joaquín López-Dóriga fue blanco de la injuria a principios de 2004. Y, recientemente, en febrero de
este año, González Torres nuevamente sacó la cartera para inundar diarios y revistas con un desplegado donde invitaba
a participar en una supuesta "encuesta de opinión", cuyo objetivo era desacreditar al periodista.
Mientras tanto, a finales de enero el propietario de Farmacias Similares lanzó su batería de desplegados contra el conductor Víctor Trujillo debido a que éste transmitió en su programa de Canal 4 de Televisa
(El cristal con que se mira) un reportaje donde denunciaba el acarreo en un acto del
Dr. Simi en Chalco.
En una de las inserciones (aparecida, entre otros medios, en
Proceso el 30 de enero), González Torres
pretendió confundir pues al descalificar el trabajo periodístico aparecido en el programa de Trujillo señaló que "periódicos
tan serios como La Jornada, El Sol de
México, Milenio y La Prensa
muestran todo lo contrario al insidioso e
incoherente reportaje...". Lo que el empresario no dijo es que esa información tan favorable a la que hace referencia fue
pagada por él. Sí, se trató de gacetillas.
Días después del asedio en la prensa, Trujillo invitó al empresario al estudio a un "encuentro de botarga
contra cabellera". En ese lugar, González Torres, tan iracundo en sus desplegados, se la pasó elogiando al conductor y
a Televisa. Además, mostró lo elemental de su pensamiento. Según él, la solución para el narcotráfico es "atacar
la corrupción"; para elevar la educación, es "atacar la corrupción"; para lograr una reforma política o fiscal, es
"atacar la corrupción".
Durante la larga entrevista (casi una hora) volvió a hacer mención de los "reportajes serios de
La Jornada", sin que, por cierto, Trujillo hiciera una necesaria aclaración.
(Extrañó, por otra parte, que el conductor de
El cristal con que se mira haya invitado a González Torres al
estudio. Quizá haya influido el hecho de que González Torres paga un espacio de una hora, en ese mismo Canal 4, los
jueves por la noche. Estamos hablando de un desembolso de por lo menos un millón 200 mil pesos mensual más
producción -otros 400 mil pesos, aproximadamente-, por lo que la invitación a González Torres tal vez haya tenido
móviles financieros.)
Tal parece que toda esa muestra de presencia mediática que sólo puede comprar el dinero no basta. Además de
la compra de espacios en televisión, de las inserciones en los principales diarios y revistas, o de los
publirreportajes sobre las llamadas "chicas del
Dr. Simi" en revistas dedicadas al mundo del espectáculo, González Torres
edita semanalmente un periódico tabloide de 16 páginas
(Simi Informa), con un tiraje de 600 mil ejemplares, y de
distribución gratuita, así como un cómic mensual
(Las aventuras del Dr. Simi), que tira 100 mil revistas, a un costo de diez pesos.
De acuerdo con imprentas consultadas por
etcétera, imprimir ambas publicaciones tiene un costo de cinco
millones 563 mil 584 pesos y 454 mil 225 pesos, respectivamente. Es decir, se trata de un desembolso mensual de
seis millones 17 mil 809 pesos. Todo esto más IVA.
En el fondo, un jugoso negocio
Las inversiones millonarias del empresario han funcionado, sin duda.
1) Los medios favorecidos por sus inserciones han evitado la crítica y, en ocasiones, como ha sucedido
con Milenio Diario, hasta publicado información claramente tendenciosa. Un solo ejemplo: mientras la mayoría de
los estudios demoscópicos ubican al también precandidato a la Presidencia con sólo 2% de las preferencias
electorales, el diario dirigido por Federico Arreola publicó en abril de 2004 una encuesta donde González Torres aparecía
con 13%.
2) Aunque sus propias encuestas, amañadas, inverosímiles, lo ubiquen con 39% de las preferencias,
González Torres sabe bien que sus posibilidades de acceder a la Presidencia son mínimas. Lo realmente importante se
encuentra en otro lado. En un negocio millonario que, debido en gran parte a la notoriedad mediática, capta ya 4% de
un mercado, el farmacéutico, que se calcula en nueve mil millones de dólares. Casi nada.
* * *
En Argentina, los mismos métodos
Apareció con un modesto aviso en un vespertino popular. A los pocos días, el mismo mensaje se reproducía
por triplicado en el diario La
Nación, ganando espacio en sus páginas a medida que se acercaba a las secciones más leídas. Luego de la inauguración, un infomercial (mezcla de noticia y publicidad) tomaba la sábana entera de
la tribuna de doctrina. Horas más tarde, la farmacia del
Dr. Simi se llevaba una nota en la empresa de los Mitre.
El grupotote mexicano llegó a Argentina con todo. En el paquetísimo hotel Alvear (el preferido de Carlos
Menem), Víctor González Torres, presidente de la cadena que lleva por nombre su seudónimo, celebró junto a la
Premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú y unas cuantas muchachas-actrices mexicanas la apertura de sus primeros
diez locales en el país. Así, de un saque.
Dr. Simi anunció la inauguración de 190 locales más durante los próximos dos años y salió a competir duro con
las farmacias del Dr. Ahorro, a la sazón, propiedad de su hermano Javier, con quien dice estar enemistado profesional
y personalmente.
El nuevo paladín de las masas repartió yerba, fideos, azúcar y harina a quienes visitaron sus locales en los
días inaugurales. En el fondo no era bondad, sino un gran negocio.
El mercado farmacéutico es enorme. En 2003 contabilizó en Argentina ventas por mil 789 millones de dólares
y, de acuerdo con el Indec, en el segundo trimestre de 2004 la facturación creció 3% respecto al mismo periodo del
año anterior.
Como era de esperarse, tanta mosca dando vuelta reavivó la polémica entre los pro y los anti patentes. Los
primeros afirman que detrás de cada analgésico, antibiótico o jarabe hay años de trabajo, infinidad de pruebas y
fracasos millonarios. La inversión promedio para desarrollar un nuevo remedio alcanza los 800 millones de dólares, y
sólo una de cada diez mil sustancias químicas estudiadas se convierte en producto farmacéutico con lo cual sólo tres
de cada diez que llegan a las farmacias logran recuperar los costos. Además, su desarrollo implica unos 15 años
de investigación, de allí el celo puesto en el monopolio de la explotación comercial por un tiempo dado.
Lo que hoy está a la venta en farmacias no son genéricos (medicamentos cuya patente ha expirado), sino
"copias" que no respetan los derechos de autor ni pruebas de bioequivalencia que en Argentina sólo se exigen para
productos muy específicos (retrovirales, anti HIV y algunos antiepilépticos), y aun así no garantizan la intercambiabilidad
de dos medicamentos. Esto permite que, por ejemplo, un "mismo" remedio se disuelva en partes distintas del
cuerpo, generando curas en un caso, enfermedades en el otro.
Los defensores de este sistema "libre y comunitario" explican que mientras los laboratorios venden sus
productos a 20 dólares, ellos lo hacen a dos dólares y obtienen ganancias. Los precios de mercado les dan la razón y la
realidad muestra que sólo así los sectores pobres tienen acceso a la medicina.
Sin embargo, los copistas no investigan. Copian. No es gracias a ellos que se descubren nuevas drogas para
curar nuevas enfermedades que se generan con nuevas drogas que curan nuevas enfermedades y alimentan el negocio.
Pero como en tantos otros temas, lo que importa acá no es lo que se ve. En 2003, según datos oficiales, el
mercado de "genéricos" representaba solamente el 5.4% de las ventas en unidades mientras que hoy se lleva casi el 20%
a manos de los Doctores Ahorro y
Simi.
Son unos 560 millones de dólares que se reparten entre los dos colosos. Evidentemente, los hermanos se
pelean, pero engordan compartiendo la torta.
Alcídes Cepeda, tomado de Agencia MP, www.agenciamp.com.ar