Hay de piratas a piratas
Víctor Ugalde
Comúnmente se habla de las pérdidas que provoca la piratería callejera pero casi nadie menciona la piratería de
altura, la de cuello blanco, la que afecta a los más débiles en la cadena productiva cinematográfica como son los
autores cinematográficos.
Piratería que se promueve desde las grandes empresas como Televisa y las cadenas de la exhibición
cinematográfica. Empresas que utilizan los servicios de grandes firmas de abogados para litigar, aprovechando los supuestos vacíos
y contradicciones de la legislación nacional, así como las viciadas prácticas de la justicia mexicana para utilizar la obra
de los autores nacionales y mundiales sin pagar debidamente los derechos correspondientes.
En nuestro país se encarcela por años a un padre de familia por robar unos panes mientras se le otorga la libertad
a los empresarios cuyos delitos están mal sancionados en la legislación vigente.
Los pequeños piratas son como los viejos filibusteros, hombres de escasos recursos que se la juegan al rayo del
sol vendiendo día a día con tal de obtener un ingreso que les permita sobrevivir y mantener a su familia ofreciendo
productos copiados sin licencia ni autorización, lo que afecta tanto a la Secretaría de Hacienda como al empresario que produjo
la obra, la distribuyó y la exhibió pero sobre todo daña al autor que la pensó e hizo posible.
El filibustero ofrece un producto de regular o baja calidad al costo de 15 o 40 pesos, dependiendo de la zona
donde se oferte. Esto permite a los excluidos y marginados obtener un poco de diversión a bajo costo. Su actividad,
aunque dañina para la economía formal, permite divertirse a los que no pueden pagar el alto costo del boleto en los cines, el
cual supera los 200 pesos por familia promedio.
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Foto: AVE |
Los bucaneros, grandes y medianos piratas que delinquen en forma organizada gracias a los avances
tecnológicos, cubren un mercado ávido de novedades y de entretenimiento pero de escasos recursos. Sus ingresos son
cuantiosos. Éstos consiguen el master de diversas formas, ya sea a través de una copia del DVD traído directamente del
extranjero, de un canal de televisión transmitido desde otro país, bajándolo de Internet, comprándolo en alguna tienda o
grabándolo directamente de la pantalla cinematográfica. Ellos reproducen y comercializan, ilegalmente, películas a gran escala, distribuyendo su mercancía a través de los filibusteros. En el país se estima que existen unos ocho o diez laboratorios
de donde salen la mayor parte de las copias piratas.
Por definición corsario significó en el pasado un hombre de mar autorizado por su gobierno para ejercer actos
de piratería. En el presente esta práctica la ejercen las grandes empresas de la comunicación, avaladas, y se podría
decir impulsadas, por omisión del gobierno, en contra de los derechos de los artistas de este país y del mundo.
El presidente de Canacine, Miguel Ángel Dávila, expresó que la piratería está mermando gran parte los ingresos
de las salas cinematográficas, pues algunas películas que apenas están a punto de estrenarse en salas, se ofrecen
en buenísima calidad en los puestos callejeros o desde mucho antes en tiendas o librerías. Lo que equivale a una
pérdida de espectadores e ingresos, pues éstos prefieren pagar de 200 a 400 pesos por el DVD o VHS antes que pagarlos en
una sola ida al cine que les cuesta casi lo mismo.
Según la Ley Federal del Derecho de Autor, los autores e intérpretes de una película (directores, escritores,
compositores de música, actores y ejecutantes de música) deben recibir una pequeña regalía cada vez que su obra se explote
públicamente con fines de lucro, pero los empresarios nacionales, usuarios cotidianos del cine mexicano, se niegan a
pagar aunque el monto no supere1.65% de los ingresos en taquilla. Por ejemplo, en 2004 se recaudaron cuatro mil 545
millones 117 mil 477 pesos en la taquilla de la República mexicana. De esta cifra le correspondería a los artistas nacionales
cuatro millones 92 mil pesos, cantidadque los empresarios como Cinemex, Cinemark y Cinematográfica Estrella de Oro se
niegan a pagar utilizando para ello estratagemas legaloides, que van desde promover juicios de amparo contra las reformas
a la Ley Federal del Derecho de Autor de julio de 2003, porque un artículo dice que el causahabiente del derecho es
el autor original y/o sus herederos. Ellos acudieron a los jueces mexicanos sosteniendo que eso representaba un doble
pago pues se tendría que pagar al autor y sus herederos, aunque cualquiera sabe que nadie hereda si no hasta la muerte
de la persona. De los siete juicios promovidos, cuatro ya han sido resueltos en favor de los autores pero las empresas
siguen sin pagar tal y como los obliga la ley, baste señalar como ejemplo que el autor de la exitosísima
El crimen del Padre Amaro, estrenada desde agosto de 2002 no ha logrado cobrar sus regalías.
Si esto no fuera preocupante, hay que agregar que en las secretarías de Economía y de Educación Pública circula
un proyecto de reformas al reglamento de la LFDA en la que el titular del instituto, que en teoría está para proteger
los derechos de los autores nacionales, y por extensión de los extranjeros con los que México tiene firmados convenios
y tratados para protección mutua, anda promoviendo una contrarreforma del sentir del Poder Legislativo. Contrario a
toda técnica legislativa, que nos dice que ningún reglamento puede ir por encima de lo estipulado en la ley, en el artículo
nueve bis se trata de evitar el pago del derecho poniéndole trabas no contempladas por el Poder Legislativo. En caso de
que el titular del Indautor logre su proposito, esto provocara que los empresarios se amparen nuevamente y promuevan
más juicios que retrasen el pago de sus obligaciones.
México acaba de modificar la Ley Federal Contra la Delincuencia Organizada (LCDO) e incluye a la piratería con lo
cual tal conducta es considerada y sancionada como delito grave, sin que quienes en ella incurran puedan alcanzar
el beneficio de la libertad bajo caución.
Se ha colocado a la piratería como una actividad parte del crimen organizado, definiéndose ésta como a
quienes produzcan, reproduzcan, introduzcan al país, almacenen, transporten, distribuyan, vendan o arrenden, copias
de fonogramas, videogramas o libros protegidos por la Ley Federal del Derecho de Autor. Conforme a la LCDO
tales conductas se realicen por tres o más personas en forma organizada permanente y reiterada con instalaciones
equipos o instrumentos que permitan asumir.
Esta ley se aplicará a los filibusteros y bucaneros, pues sus actividades afectan los intereses del gran capital, pero
estén seguros que no se aplicará a los corsarios y por ello podrán seguir medrando en contra de los legítimos intereses de
los autores nacionales y extranjeros. México seguirá siendo el paraíso de la piratería de cuello blanco para vergüenza
nuestra ante los ojos del mundo
Cine y medios
En Mexico son pocas las películas que han tratado a los medios dentro del cine, creo que esto se debe a la
confabulacion que ha existido entre el poder y los medios, lo que propició la censura sobre este tema. Antes no se podía criticar a nadie.
En los años 50, con el surgimiento de la TV, se filmaron algunas cintas como
Del rancho a la television y Te vi en
TV, y en los últimos tiempos las películas que más se han acercado a este tema son
Un mundo raro, de Armando Casas, y
El bulto, de Gabriel Retes. Estas cintas sin entrar de lleno en el poder de los medios reflejan parte de sus prácticas.
También se realizaron filmes como
Siempre en domingo y El año de la
peste, de Felipe Cazals; Estudio
Q, de Marcela Fernández Violante;
Días difíciles, de Alejandro Pelayo, y
Cascabel, de Raúl Araiza. Yo me quedaría con esta última,
pues nos muestra el control que tenía el poder corporativo sobre la producción artística, la forma como censuran una obra
de teatro y otra de cine con todos los recursos que se usaban en tiempos de la presidencia imperial.
Todavía estoy a la espera de alguna cinta que muestre cómo ha sido la relación prensa, poder y sociedad en México o para definirlo más contemporáneamente poder mediático, poder político y sociedad. Quisiera que en México se produjeran cintas como El ciudadano Azcárraga o Los periodistas, de Vicente Leñero.