Antulio Sánchez
Desde el 27 de septiembre Reforma cobra sus contenidos en línea. Para quienes no son suscriptores de la versión en papel, la consulta de su versión electrónica cuesta 360 pesos trimestrales. La medida busca compensar las pérdidas que ha sufrido por la baja de ventas de su versión impresa.
El problema es que parece que nuestros medios actúan por mimetismo. Toman medidas basándose en lo puesto en marcha en países desarrollados y lo efectuado por algunos medios especializados en otras partes del
planeta. Como crecen a escala internacional los medios que cobran por acceder a sus contenidos, entonces los locales
imitan sus pasos, sin quebrarse demasiado la cabeza para pensar en la viabilidad de esa decisión.
A los directivos de
Reforma nunca se les ocurrió pensar que mientras no cambien la manera de construir los
textos periodísticos en línea, las cosas no mejorarán. Pocos lectores se verán obligados a pagar si el producto no
se diferencia mucho del contenido gratuito que hay en la red. Un caso de esto es
El País que desde noviembre del
año pasado dio un giro de 180 grados en sus criterios de acceso a Internet.
La nueva página de El
País si bien incorporó algunos servicios nuevos, en realidad no mejoró profundamente
la edición previa, no sobresalió por un diseño revolucionario ni dio paso a contenidos más cautivadores que
los ofrecidos gratis. Lo peor es que hasta el día de hoy sigue vendiendo en la red un producto diseñado
exclusivamente para el papel. Hasta antes de empezar a cobrar su información se hablaba de que 500 mil usuarios visitaban
elpais.es diariamente. Ahora no se han proporcionado datos claros al respecto, pero es de imaginarse que su ausencia
es indicativo del bajo número de suscritos.
Reforma pretende vender contenidos que pueden encontrarse gratis en otros sitios. Olvida que los lectores
del sitio de Reforma no son entusiastas miembros de una organización no gubernamental para que colaboren y
lo apoyen por solidaridad en sus políticas o proyectos.
Hasta ahora los modelos de los periódicos en línea basados en suscripciones no han tenido éxito. Pero si
este modelo ha demostrado ser malo en las naciones desarrolladas, peor lo es en AL donde el grado de penetración
de Internet es bajo y, sobre todo, no hay condiciones tecnológicas para concretar un sofisticado modelo
multimedia de contenidos en línea.
Tendencias
Entre los sitios rentables en Internet, sólo tres superan el millón de suscriptores de pago y ninguno está
relacionado con medios informativos: Ncsoft (www.ncsoft.net, especializada en juegos en línea), Classmates
Online (classmates.com, para contactar con antiguos compañeros de clase) y American
Greetings (www.americangreetings.com, tarjetas de felicitación). El único sitio relacionado con los medios convencionales
que obtiene ganancias con su sitio es The Wall Street
Journal (www.wsj.com) y ocupa el octavo lugar de la lista.
Hace poco la Asociación de Editores Online (www.online_publishers.org), de la que forman parte entre otros
Wall Street Journal Online, New York Times
Digital, CNET Networks y Le Monde
Interactif, indicó que uno de los
factores básicos del éxito de The Wall Street
Journal está en ser un servicio especializado en cuestiones financieras; hasta
el primer semestre de 2003 contaba con 650 mil "afiliados". Eso indica que por ahora los contenidos que los
usuarios están dispuestos a pagar son los de corte financiero y otros especializados dirigidos a segmentos definidos.
Esto lo complementa The Online Journalism
Review (www.ojr.org), quien indica que es otro el panorama
para las páginas de información general, sobre todo porque los potenciales usuarios de tales sitios no leen en la red,
sólo miran y escuchan, por eso sugiere que los editores digitales ofrezcan productos que cubran ambos
aspectos: experiencia visual e interactiva. Por eso
Reforma se equivoca, como ya había sucedido a mediados de los 90
cuando en vano quiso cobrar por sus contenidos. No comprende que lo importante para establecer el cobro en la red
es ofrecer informaciones totalmente diferentes a las que brinda en papel. En este caso, debe ser información
multimedia que permita ampliarla o diversificarla en todos los formatos que es posible concretar en la red, con un rico y
sólido manejo del diseño apoyado en la infografía dinámica o de segunda generación, con contenidos
personalizados, etcétera. Pero incluso aunque
Reforma estuviera en posibilidad de ofrecer esto, el entorno tecnológico en el
país no es el adecuado para eso.
Según datos recientes de Select IDC, 44% de los más de diez millones de usuarios de Internet que existen en
el país utilizan conexión de banda ancha, la ideal para realmente ofrecer contenidos multimedia en la red. Aunque
no se debe olvidar que el grueso de dicha conexión la tienen empresas y no usuarios domésticos, que pudieran
ser potenciales consumidores de contenidos informativos en línea.
A pesar de que se trata de un muestreo demasiado optimista en cuanto a la demografía, se infiere que
debe esperarse a 2007 para tener un mercado maduro, en condiciones tecnológicas y demográficas aptas para que
el acceso de pago sea viable. Por eso lo único que se puede esperar de la medida de
Reforma es poca viabilidad. Si no retorna a ofrecer el total o parte de su contenido gratis perderá cualquier posibilidad de capitalizar
ingresos publicitarios por el tráfico generado o echará por la borda cualquier otra posibilidad de usufructuarlo.