Una ventana al Mundo de los Medios
Asaltaron las instalaciones de etcétera
28 de Noviembre 2008
Agradecemos todas las muestras de solidaridad que varios de nuestros amigos, colaboradores y colegas han tenido con nosotros, después del asalto que sufrimos. etcétera
01 de Diciembre 2008
Atinada estrategia de comunicación
Diciembre 2008
mediosfera
SCT: Buen manejo de crisis
Mario A. Campos,
Diciembre 2008
días de radio
Las caras de la radio
Fernando Mejía Barquera,
Diciembre 2008
intimidades públicas
No te pago para que me pegues
Fedro Carlos Guillén,
Diciembre 2008
lo que quiero decir
Como preparar una conferencia de prensa
Rubén Aguilar Valenzuela,
Noviembre 2008
política y media
Comunicación, empresa
y democracia
Efrén García García,
Noviembre 2008
textos
Los enredos de Televisa
Jorge Meléndez,
Diciembre 2008
Obsoleta ley de
radio y TV
Andrea Recúpero,
Septiembre 2008
Jack: el asesino
hecho leyenda
Roberto Saas, Octubre 2008
Obama y las grandes esperanzas
María Cristina Rosas,
Diciembre 2008
Daniel Santoro: Verificar, base del periodismo de calidad
Andrea Recúpero,
Noviembre 2008
Tengo miedo
Agosto 2008
Repertorio de pasiones
Carlos Fuentes, Diciembre 2004
Fin de un ciclo
Septiembre 2008
Carta Luis Miguel Carriedo
Septiembre 2008
Reír frente al abismo
Luis Torres Albarrán
Noviembre 2008
Con una pequeña ayuda...
Noviembre 2008
El jet set de la tragedia
Diciembre 2008
Electrizante hallazgo
Diciembre 2008
Diciembre 2008
Triste realidad
Diciembre 2008
La brújula perdida de Crónica
Noviembre 2008
Termina la aventura editorial de El Centro
Noviembre 2008
Revistas, al margen de la publicidad gubernamental
Octubre 2008
Combos, desdén por los permisionarios
Octubre 2008
Saturación mediática de los informes
Octubre 2008
ensayo
marzo 2002

Carlos Guevara Meza  Big Brother


 Ahora la televisión te verá a ti

 Carlos Guevara Meza


Los llamados y los elegidos

Si, como decía Andy Warhol, todos tenemos derecho a 15 minutos de fama, ¿qué significan 106 días en el programa de mayor rating? La gloria, el paraíso terrenal, la utopía. La posibilidad de saltar de la anomia a la existencia, el llegar-a-ser. Abolir la distancia entre la realidad y los sueños. Vivir de veras. Si la única justificación de nuestra existencia está en esos 15 minutos; si lo único que realmente puede llamarse vida es lo que acontece en esos 15 minutos, entonces 106 días son la inmortalidad o casi: 106 días son el derecho a la fama de diez mil 176 personas. Diez mil 176 vidas para cada uno.

Después de todo, ¿qué puede ser mejor que salir en la tele? Abandonar, quizá para siempre, este no-lugar de la in-significancia, dejar de ser uno-más para volverse alguien. "Ser es ser percibido", decía un filósofo antiguo y hubo que esperar a la era de la televisión para que esto fuera cierto y experimentado por el mundo. Ser visto en la pantalla constituye una identidad en la medida en que el otro por fin nos reconoce. "Mi hijo salió en la tele", "mira, es el que sale en la tele", "¿tú eres el de la tele?". No volver a ser ninguneado jamás. La muchacha o el chavo (según los gustos) del café, esa persona atractiva en el centro comercial en quien fijamos nuestra mirada para manifestarle nuestro deseo, esperando el reconocimiento ("sí, tú también me gustas"), la aceptación, que "dé entrada"; y que nos ignora olímpicamente, que desconoce nuestra existencia, o que se va, nerviosa, lanzando una mirada de significado inequívoco: "¿Quién te crees que eres?"; no volverá a pasar. Ahora será uno el blanco de las miradas, el objeto del deseo, quien tiene el privilegio de reconocer o desconocer, aceptar o ningunear a los demás.

Y no sólo el "ligue". Es cambiar la infracción por el autógrafo al agente de tránsito, la mala cara por la sonrisa y el buen servicio en la ventanilla, el "espéreme tantito" por "lo que usted diga", las puertas que se abren sin espera ni antesala, la bienvenida en todas partes, el respeto, la importancia. La aceptación incondicional. Y sin importar lo que uno haya hecho en la pantalla: la actuación memorable, el discurso grandioso, el análisis revelador; o bien, la estupidez gigantesca, el ridículo espantoso o la palabrería plagada de lugares comunes. No importa si uno es el que cayó en la trampa del "te caché", si envía el video casero del porrazo brutal e involuntario, si es el "atractivo visual" del programa de variedades, el patiño idiota del cómico de moda, si sale en el prime time como la estrella invitada o si es el gordo de ejemplo en el infomercial de las tres de la mañana. Uno es famoso. Es hora de comprar el videocasete para grabarse, de hablar a familiares y amigos y avisar, de reunir a la familia frente al aparato con el fin de que atestigüen que uno salió en la tele.

Foto: The Economist
Claro, ya habituados a la fama, sería mejor seguir saliendo, permanecer, persistir. Participar de ese mundo maravilloso lleno de mujeres y hombres hermosos, amigables, donde todos son un equipo, una gran familia que se apoya. Ser feliz. Y sin esfuerzo, sin esos largos años de trabajo a los que los demás están condenados sin garantía de éxito. Porque, ya se sabe, no se requiere talento para estar en televisión: es salir en la televisión lo que nos vuelve talentosos. Siempre conoce uno a alguien más hermoso o más inteligente que podría estar en ese lugar. Uno mismo por ejemplo. ¿Qué tiene ese que no tenga yo? Por supuesto todo es falso. No existe la gran familia, el buen equipo. Las grillas y las transas existen como en cualquier otro lugar, sino es que más. Y la fama es efímera, insustancial. Hablar ahora de Raúl Velasco, Paco Stanley o de Jacobo Zabludovsky es como hablar de la Edad Media, quizá más tedioso. Y ellos eran las estrellas, los imprescindibles, los eternos. ¿Quién podría recordar el rostro del bruto que se cayó de la escalera o de la mujer a la que una corriente de aire levantó la falda?

Y es que la televisión es como un dios magnífico (posee de Dios la omnipresencia, el poder, la gloria y la crueldad) que elige algunos y los hace participar de sus atributos. Sus razones son misteriosas. Sus designios, inescrutables. Su operación, milagrosa. Concede o retira la gracia sin explicaciones. Da el ser. Cierto, todos participamos del ser, pero en diferentes grados. Unos deberán contentarse con ver alguna estrella desde lejos y arreglárselas para contarlo como una gran hazaña. Patético.

Naeske y Freud llamaron narcisismo a la manía de admirarse a sí mismo, la satisfacción erótica derivada de la admiración de los atributos propios. Considerado normal en cierta etapa de la niñez, se califica como comportamiento neurótico en la edad adulta. Narciso se contemplaba en el río del tiempo, pero no sabía que era suya la imagen que amaba. Hasta Narciso se enamoró de otro. El Narciso del psicoanálisis requiere un espejo. Pero nosotros somos como vampiros: los espejos no devuelven nuestra imagen o, lo que es lo mismo, esa imagen no basta. Y no basta porque carecemos de la ingenuidad del mito, porque sabemos que el del espejo no es otro. Porque no queremos mirarnos, sino que nos miren.

Por tanto, tienen razón los productores frente a los críticos: no es un voyeurismo generalizado lo que soporta el éxito del programa. Es el exhibicionismo. El deseo de ser mirado y admirado. Por eso decenas y decenas de miles llenaron su solicitud y millones seguirán la trama, tratando de proyectarse en los 12 elegidos. Sin duda, muchos de los espectadores esperarán ver hermosos cuerpos semidesnudos o desnudos, besos, fajes y coitos, pero no se transmitirán a menos que el rating descienda demasiado y todo se dejará a la imaginación (particularmente calenturienta en un país donde, según las encuestas, la gente prefiere trabajar a hacer el amor y donde el tiempo promedio de duración del acto es patéticamente breve). Sin embargo, la principal motivación de los espectadores será estar en su lugar, ser el centro de atención.

Conociendo a Televisa y por lo que ha pasado en otras versiones, los elegidos seguramente serán chicos bien, egresados o estudiantes de las licenciaturas de moda, educados en los cursos de liderazgo y en los manuales de autosuperación, es probable que tengan pensado hacer carrera en los medios y vean esto como un trampolín. Todos serán blancos, con algún moreno (pero moreno a lo Alejandro Fernández) por no dejar. Todos ellos presas de lo que los psicólogos llaman "adolescencia prolongada": vivirán con sus padres a pesar de estar en capacidad de ser independientes y dependen gravemente de la aceptación de ellos y su grupo, a diferencia de una personalidad adulta y fuerte (aunque, ¿quién puede tener una personalidad adulta y fuerte en un mundo como éste?). Sin embargo, los 12 elegidos no serán apóstoles sino chivos expiatorios. La lógica de Big Brother es la lógica del sacrificio.

Como la vida misma

Reality show es el nombre de este tipo de programas. En efecto, de realidad tiene muy poco. La artificialidad está por todas partes. ¡Casa con alberca y un solo baño! Chicos clasemedieros haciendo su propia comida, horneando su pan, ¡por favor! Ya ni los pobres. Una comuna de chicos Tec viviendo en condiciones de escasos recursos. Y el aislamiento. No me refiero a la imposibilidad de salir de la casa, que no sería tan raro como pudiera pensarse. Es la prohibición de computadoras, teléfono, celular, localizador, Internet, radio y, por sobre todas las cosas, de televisiones. Sólo pueden llevar un libro para entretenerse. Eso sí es inverosímil.

Encerrados en una cápsula de cristal, opaca de su lado, ignorarán lo que los demás piensan y sienten de ellos. No disfrutarán su fama, no encontrarán a nadie que los reconozca, nadie los apoyará. Estarán solos en un mundo artificial, aséptico, invariable, rodeados de extraños con quienes compartirán todo, envueltos en la hipocresía de los valores "humanistas" de la derecha neoliberal, de la cooperación, la amistad, el compañerismo, la autenticidad, el amor pero todos serán sus enemigos. Cada uno de los otros será alguien a desplazar, a opacar, a eliminar. Uno será para los otros un obstáculo o, en el mejor de los casos, un escalón. Y esto sí es la realidad. Como trabajar en una empresa.

El sacrificio está en la imposibilidad de recurrir a las redes de protección. No habrá hora de salida cada día, no habrá mami o papi que te den un consejo por la noche, alguien a quien comentarle la jornada, no habrá diversión ni escape. Ni novia ni amigos ni antro ni tele. Nada con qué aliviar la tensión. Tu única familia serán tus contrincantes, tu único apoyo es el del verdugo. El día de la "nominación" todos se tomarán de las manos, llorarán de emoción, se apoyarán mutuamente, abrazarán al pobre diablo que sea eliminado, y no será más que la actuación de los que se sienten triunfadores pero no pueden ser triunfalistas, so pena de caerle mal al público invisible.

Como la vida misma, llena de provisionalidad y precariedad. Uno puede ser extirpado en una semana, igual que en el trabajo cuando hay recorte. La persona que te abraza pudo ser quien te vendió y tu pareja y tu familia, qué pensarán si no que fue tu culpa, que tú no te esforzaste lo suficiente, que hubieras podido hacer esto o aquello. ¿Dónde fallé? Con suerte, el primero en ser eliminado disfrutará algo de su fama. Todos buscarán entrevistarlo, saber cómo se siente, qué pasó en realidad (porque no veremos nunca toda la realidad). Los demás serán fantasmas, losers, con una L bien grande fosforeciendo en su frente. El triunfador, el winner, gozará de fama, de prestigio, de dinero (dos millones de pesos no es cualquier cosa, ¿qué empresa te jubilaría así después de sólo 100 días de trabajo?).

Y el público habrá ejercido su venganza. Envidioso por no haber sido agraciado, el público acepta el papel de Hermano Mayor de la obra orwelliana, vigilante, policiaco, intolerante y vengativo. No habrá Winston Smith, todos somos O'Brien. Los curas y los moralistas se equivocan: lo morboso no está en ver a una hermosa chica bañándose o a una pareja fajando. Lo inmoral es que todos, gustosamente y sin escrúpulos de ninguna clase, aceptaremos el papel de victimarios.

Pero detrás del Gran Hermano hay otro aún más grande. Las preferencias del público serán cuidadosamente analizadas por los mercadólogos. Todo, hasta la ropa de los concursantes (si no es que fue previamente manipulada por los productores y patrocinadores), será objeto de deseo para los consumidores. Las formas de hablar, de comportarse, los sueños y deseos del confesionario y su impacto en el público. Todo será medido para saber qué vender y a quién. Esas preferencias, sin embargo, estarán manipuladas: desde la selección de los concursantes, desde el formato del programa. Un dios nunca cede su lugar.

El espejo y la mirada

Como se ha dicho, algunos espectadores esperarán satisfacer sus calenturas. Pero el verdadero voyeurista se sentirá decepcionado. No solamente porque los concursantes entrarán a la regadera en traje de baño, porque la censura de Televisa eliminará las verdaderas escenas candentes y aun en el caso que las transmita (si el descenso del rating amenaza la inversión millonaria) seguramente bloquearán lo más interesante con difuminaciones. El buen voyeur quiere ser testigo de lo que le es prohibido, de lo que no es espectáculo, de lo que es obsceno en su sentido etimológico (es decir, lo que acontece detrás del telón). El buen voyeur no se complace en el acto de desnudismo profesional, sino en el atisbo del cuarto donde la persona se viste o desviste, aunque se trate de la misma mujer o del mismo hombre. Por tanto, el programa frustra el voyeurismo en la medida en que los participantes del show se exhiben voluntariamente.

La dimensión del deseo, por supuesto, está presente en los espectadores, como lo está siempre y en todas partes. La contemplación de cuerpos hermosos proporciona material para las fantasías eróticas de todos, como sucede con cualquier programa, película o imagen. Hombres y mujeres bellos en la televisión dan pie a todo tipo de ensoñaciones, desde la orgía hasta el enamoramiento platónico. En ello Big Brother no se diferencia de Los guardianes de la bahía o de cualquier telenovela. Repito: en un país reprimido cualquier cosa basta para calentar los ánimos.

Sin embargo, igual que en cualquier programa o película (en esto no hay diferencia alguna y menos en una producción hecha por Televisa), el mecanismo básico de atracción de audiencia es la identificación y la compensación. Proyectarse ahí, imaginarse siendo ellos, ensoñarse en los brazos o abrazando al personaje físicamente hermoso, pensarse pasando las mismas situaciones, recibiendo el mismo reconocimiento y compensando, en esta ocasión, la ausencia de todo ello mediante el poder del verdugo. Eliminando con la ficción de la participación telefónica a aquel o aquella que rompe nuestra identificación o que se nos parece demasiado y nos desdibuja por lo mismo. La ilusión de participar del poder del dios. Si en la vida real yo no soy quien decide el recorte de personal ni puedo impedirlo ni enfrentarlo por ningún medio; aquí yo soy quien "despide" al antipático, al que no colabora, al que no se esfuerza lo suficiente. Si en la vida real sufro, en la televisión también veo sufrir y ahora puedo hacer sufrir. Si en la vida real no tengo acceso a ciertas cosas, o las tengo a fuerza de enormes sacrificios, ahora puedo gozar viendo a los que no las tienen ni las pueden tener.

En términos de dramaturgia, la televisión no ha pasado de Aristóteles: es pura catarsis, liberación de los bajos impulsos con el fin de mantener el orden social. Afortunadamente, la televisión no ha podido sustituir la vida real, salvo cuando la vida real no presenta urgencias. Frente a los apocalípticos de siempre no está de más recordar el caso argentino: con todo y Big Brother la gente salió a las calles a protestar cuando la realidad se hizo insoportable.


* * *

Los números de la versión mexicana

Número de aspirantes: 150 mil

Inscritos por sexo:

Hombres: 80.79%

Mujeres: 18.58%

Distribución por edades:

Menores de 21: 27.43%

Entre 21 y 25: 48.69%

Entre 26 y 30: 15.35%

Mayores de 35: 2.95%

Distribución por escolaridad:

Licenciatura: 43.10%

Postgrado: 3.02%

Preparatoria: 43.19%

Primaria: 1.06%

Secundaria: 8.97%

Fuente: Televisa



Carlos Guevara Meza, filósofo por la UNAM, es profesor de Historia del Arte y Estética en el Centro Nacional de las Artes.

PRINCIPAL
4 DE DICIEMBRE DE 2008
Eres el visitante
9894107
A partir del
16 de julio de 2003
Terra Networks certifica
8,950 visitas diarias
números anteriores
QUERIDO DIARIO
Centros de acopio
para los damnificados
por las lluvias
REPORTES MAPAMEDIA
LE RECOMENDAMOS
¿Qué sigue?
Rubén Aguilar Valenzuela, 02 de Diciembre, 2008

Anteriores
A nuestros colegas del país: compartan sus horrores
Noviembre 2008
Acuerdo por el cual se entrega las estaciones combo a las AM
15 de Septiembre 2008
CÓDIGOS DE ÉTICA
TV Azteca
Televisa
LOS DÍAS Y LOS MEDIOS
Diciembre 2008
DEBATE
¿Los medios construyen modas?
SONDEO
¿Lee revistas de moda?


No
No sé

VER RESULTADOS

ESCAPARATE
ABC de las telecomunicaciones
Octubre 2008
Homenaje a los maestros
Octubre 2008
FOTO DEL MES
Agosto 2008
FOTO DE LA SEMANA
La voluntad y la fortuna de Carlos Fuentes
11 de Noviembre, 2008
Anuncios cortesía
de etcétera
Adiós a las minifaldas
Septiembre 2008
LIBROS
PRENSA
RADIO
TELEVISIÓN
ÉTICA Y CINISMO
MEDIOS Y DEMOCRACIA
MÁS TEMAS
QUIÉNES SOMOS
RECOMENDAMOS