Jóvenes guapos,
efímeros y prescindibles
José Luis Martínez S.
y Mario Villanueva
El mercado de los sueños infantiles y adolescentes en América Latina fue durante muchos años
patrimonio indiscutible de un grupo inventado, forjado hasta en sus mínimos detalles por el puertorriqueño Edgardo Díaz
en los 70: Menudo.
Punto de partida de una secuela que actualmente continúa con Uff, seis jóvenes venezolanos seleccionados
entre cientos de aspirantes en 1998 con el propósito de colmar las expectativas de un público ciertamente cándido
pero definitivamente enorme y proclive al consumo.
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OV7 |
Entre Menudo y Uff han existido muchos otros grupos, algunos tan exitosos como Timbiriche, creación de
Luis de Llano Macedo, quien se ha especializado en moldear ídolos juveniles como Garibaldi o DKDA, en los que
aplica rigurosamente la fórmula de Díaz: lo fundamental es "el concepto" y no los integrantes, quienes pueden
ser reemplazados en cualquier momento, ya sea para promoverlos de manera individual o para regresarlos a
los páramos del anonimato, manteniendo inalterable la imagen del "producto". Bajo la misma idea, Antonio
Berumen impulsó en su momento la carrera de Magneto y posteriormente la de Mercurio, cuyo ascenso vertiginoso sólo
es comparable a la rapidez con que cayeron al olvido.
Y en el principio fue Menudo
Durante la segunda mitad de los 70, Edgardo Díaz se empeñó en encontrar la fórmula musical que cumpliera
con las expectativas de los adolescentes, segmento cada vez más grande y sin embargo desatendido por la industria
del espectáculo, cuando menos en América Latina. Advirtió que los jóvenes se interesan por los jóvenes, y que
para muchos de éstos es primordial la belleza física. Así, en 1977 reunió a un grupo de guapos muchachos que
no rebasaban los 16 años, mismos que debían mantener la frescura de la pubertad, por lo que su estancia en
la agrupación estaba necesariamente limitada. La peculiaridad del concepto se sustentaba en la sencillez de las
letras de las canciones y, sobre todo, en un estilo de pop soportado por sintetizadores, extremadamente edulcorado.
Los temas rosas y triviales (amor, desamor, el primer noviazgo, las experiencias escolares, las aventuras con los
amigos y los sueños propios de la edad) conectaron perfectamente con la audiencia y ésta se sintió reflejada,
identificada plenamente con el grupo.
Para mediados de los 80, Menudo se había convertido en el primer conjunto latino en alcanzar fama
mundial con la grabación de un disco que contenía sus mejores éxitos con versiones en inglés y español. El nicho
abierto por Edgardo Díaz, vía un poderoso y bien pensado,
merchandise, encontró eco en México.
Hacia 1981 Luis de Llano Macedo y un grupo de colaboradores, entre ellos Martha Zavaleta, planeó reunir a
varios niños de entre diez y 13 años para formar lo que más tarde sería Timbiriche.
Cientos de niños acudieron a la audición, de los cuales sólo ocho fueron los elegidos: seis integraron el grupo
y los dos restantes quedaron como suplentes. Uno de los requisitos indispensables impuesto por los promotores
fue que los seleccionados tuvieran y mantuvieran un buen promedio escolar, con maestros particulares.
Se diseñó el vestuario e imagen de la agrupación y cada uno de los integrantes daría su personalidad a determinadas canciones.
Durante 12 meses se preparó a los niños con clases de danza, canto, vocalización y manejo de algunos
instrumentos musicales. Para 1982, en el curso de una comida que reunió a ejecutivos de Televisa con el
entonces presidente de la República, José López Portillo, Timbiriche hizo su primera aparción en público. Semanas
después, a través de un programa especial, el sexteto fue presentado por Miguel Bosé a manera de apadrinamiento. El
éxito fue inmediato y Melody, su disquera, sacó dos discos al mercado ese mismo año.
La euforia generada también sirvió para explotar al máximo el concepto: Julissa adaptó para niños la
comedia musical Vaselina, teniendo como elenco a los timbiriches. La participación del grupo en distintos productos
garantizaba su inmediata y espontánea venta. Extrañamente, y tal vez por la constante renovación del grupo más en
lo musical que en sus integrantes, Timbiriche rebasó una década de constantes logros y millonarias ventas de discos.
Cuando Timbiriche vivía su mejor época, 1985, la puertorriqueña Mildfred Villafañe halló otro nicho
poco aprovechado por la industria del espectáculo mexicano: el juvenil femenino. Después de concebir un
programa televisivo (que se llamaría
Fans) donde se daría cuenta de las aventuras de un trío de chicas por cazar un
autógrafo y al no concretarse su salida al aire, Villafañe optó por llevarlo al mundo discográfico. El resultado, Flans: un
grupo de jóvenes de rostros dulces e ingenuos que acompañaron el éxito de sus canciones con la imposición de la
moda que heredó su nombre: el estilo Flans, desenfadado, libre, atrevido... pero no tanto.
De igual modo que sus predecesores, la preparación de sus integrantes contempló un año de baile y canto,
así como el meticuloso diseño de imagen de cada una, un estilizado vestuario y vistosas pero fáciles coreografías;
la envoltura se completó con una costosa producción sustentada en el pop-rock.
Con ello, y de nuevo con el apoyo televisivo, se impuso una moda que influenció al público juvenil de los
80 mediante rítmicas y pegajosas baladas, así como la comercialización de la marca de ropa Códice Flans. La historia se repetía y el modelo se desgastaba rápidamente con su sobreexplotación. En 1990 Ilse, Mimi e Ivonne,
las integrantes del grupo, cierran un ciclo de su vida al separarse, editando su último álbum titulado
Adiós.
Amparados en la misma receta, varios productores y compañías discográficas han intentado repetir los
excelentes resultados y obtener las suculentas ganancias logradas por Menudo, Timbiriche y Flans. Algunos
han logrado su objetivo, aunque la mayoría se ha quedado en el intento. De entre todos esos productos
musicales prefabricados resaltan las apariciones de Magneto, Mercurio, Garibaldi o Jeans.
Actualmente OV7 se empeña en mantenerse en el gusto de los jóvenes, pero el mercado de los niños y
los adolescentes le pertenece a Uff. El primero inició su carrera más o menos hace 12 años, cuando la idea de
su lanzamiento contempló al público infantil y llevaba por nombre Onda Vaselina, de la mano de Julissa. A
diferencia de sus antecesores, este grupo apostó por la variedad de razas para su imagen: niños rubios, morenos y negros.
El conjunto se fue adaptando a las modas y a las expectativas de un auditorio que iba creciendo con sus
integrantes. De modo que Onda Vaselina pasó de la balada al norteño, al rock and roll de los 60 y al pop, género que hasta
ahora ocupa su repertorio.
En ese sentido, OV7 ha aprovechado la complacencia de su público, el carisma natural que caracteriza a cada
uno de sus siete integrantes y, sobre todo, las tendencias de los ritmos que se encuentran en boga en los
principales mercados discográficos. A pesar de que se niegue el reemplazo del talento por una envoltura atractiva, en la
escena musical sigue predominando el atractivo físico.
Los expertos siempre han augurado su desaparición en el corto plazo; asimismo, han sentenciando el
desgaste y caducidad de una fórmula vigente a pesar del paso del tiempo.
El ejemplo más claro es Uff, cuyos panegiristas dicen sin ambages: "Productores talentosos-atractivo
físico-disciplina escénica-música sencilla y bailable" garantiza el éxito.
Por ahora, el futuro le pertenece a Uff, en tanto no llegue otro grupo a ocupar su lugar en el corazón
de condominio de los veleidosos adolescentes. Lo cual, según la experiencia, ocurrirá más temprano que tarde.