En el salón México de estos días, el cine no debe estar dentro de los olvidados temas ni ubicarse entre nosotros los pobres. Este ya no es un pueblo de madera como para decir vámonos con Pancho Villa o con Zapata; no es el México insurgente. Ahí está el detalle: somos un país que busca consolidar su modernidad y no se la puede jugar al águila o sol. Falta dinero y proyectos y en la canoa de esas ilusiones que son el lugar sin límites, debemos saber que nadie (o casi) tiene cabeza de vaca. Todos hemos disfrutado muchas películas, y tu mamá también. Por eso hay que impulsar al cine a toda máquina, hacer la tarea, de otro modo cualquiera diría esquina bajan, no pensar en eso es crear un ángel exterminador o generar amores perros o creer sólo en la mujer de Benjamín, o en María de mi corazón, aunque sea sólo con tu pareja...