Y eso a pesar que en la revista The New Yorker la experimentada corresponsal Jane Kramer escribió: "Ella
habla con los reporteros aún menos de lo que hace con otros socialistas y es especialmente precavida de la prensa
americana Cuando hablas a sus oficinas y pides hablar con su secretario de prensa extranjera, te enrutan con un pasante
de Ciencias Políticas que dice 'Pas possible' ('No se puede') y cuelga rápido".
Así, cuando tras una primaria a la gringa, que los propios franceses para enojo de los italianos etiquetaban como la "berlusconización" de la política francesa, Ségo fue proclamada la candidata el 17 de noviembre de 2006,
parecía que los sondeos le darían la razón y sería la primera mujer y madre presidente de su país.
¿Y qué hizo Royal? Desapareció por voluntad propia de la televisión, comenzó a recorrer el interior del país, escuchando a los ciudadanos y recolectando sus sugerencias para su programa de gobierno, seguida hasta por la televisión japonesa y su ventaja en las encuestas se desplomó, cuando quiso recuperar el impulso con un gran acto público en febrero, su ventaja había disminuido, al parecer irreversiblemente.
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9 de noviembre de 2005, en The Washington Post Molly Moore, corresponsal de ese diario, daba cuenta de
la quema diaria de cientos de coches en las localidades más pobres de las periferias urbanas y de cómo esos
acontecimientos podrían afectar a Nicolás Sarkozy: "Ninguna figura pública en Francia tiene más en juego en la crisis que sacude al país o se ha convertido en mayor foco de ira en contra del gobierno que Sarkozy, el principal jefe policiaco de la nación y el principal contendiente en la elección presidencial de 2007".
Seguía Moore: "Durante meses, Sarkozy ha sido desvergonzado en su búsqueda de la presidencia. Ha cortejado a los medios, dominado las portadas de las revistas, las primeras planas y los noticieros televisivos nocturnos en una campaña al estilo americano de autopromoción sin igual en Francia".
Sarkozy, a quien por el origen húngaro de su padre, Jean-Marie Le Pen lo ha acusado de no ser lo suficientemente francés para ser presidente de Francia, fue el objeto del artículo en que Philippe Ridet daba su versión en Le Monde:
"'Casi 10 millones de telespectadores, eso prueba que la política interesa. Y no será mi viejo compadre Philippe Ridet quien me contradirá'. Esta ocasión, está verdaderamente contento consigo mismo.
"'Viejo compadre' ¿Qué hacer? ¿Partir, enfundado en la dignidad? ¿Fingir indiferencia? ¿Sonreír
tontamente? Se opta por la tercera solución. Sarkozy entero está allí: se apoya sobre una relación antigua y profesional ella data de mediados de los años 90 para subrayar la connivencia para esquivar mejor la crítica."
Ridet se examina: "¿Cómo aprovecharse de su proximidad sin ser su rehén?", "¿Cómo hablarle de usted a
quien tutea a uno?". Y lógicamente se le asigna a la campaña: "Así se convierte uno en embedded como esos periodistas en el ejército americano durante la guerra de Irak. Embarcado, espectador y crítico del show Sarkozy".
Sarko se vanagloria de su cercanía con los dueños de los medios, de su dominio de las presentaciones
mediáticas, se dice que él que prepara sus apariciones importantes como si se tratara de su examen profesional y ha llegado
a transmitir una imagen que ha hecho que jóvenes empobrecidos que habitan los multifamiliares le teman,
porque cumple su palabra.
Un hombre que polariza a ciertos sectores de la opinión pública, la izquierda tradicional que lo juzga demasiado proliberal y de mano dura, los antijudíos desconfían de él por ascendencia materna, los laicos por sus propuestas de ayudar a financiar mezquitas para evitar a los imanes radicales.
Pero de nuevo Jane Kramer nos aclara: "Se sabe que ha amenazado a la prensa por artículos que no le gustaron (Libération) o vengarse cuando ha sido avergonzado. Cuando Cecilia su esposa tuvo un serio amorío el año pasado
en Nueva York, y los paparazzi la atraparon a ella y a su novio, él llamó a su amigo Arnaud Lagardère, propietario de Paris Match, y Lagardère cumplió despidiendo al director que había aceptado publicar las fotos (ambos hombres niegan que hubiera cualquier presión)".
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Se asume que en Francia los 12 candidatos que consiguieron las 500 firmas de apoyo tienen igualdad de oportunidades para aparecer en la televisión. En realidad, antes del 9 de abril, los candidatos principales, a los que se sumó de manera progresiva desde enero el centrista Francois Bayrou, acaparaban los mejores horarios y allí sí, tenían igualdad, los menores que van desde lo que queda del PCF hasta el abieto derechismo del FN, tenían el mismo tiempo en la madrugada.
Arrancando el 9 los candidatos sí cuentan con igualdad de exposición, lo que desploma los ratings en horas normales al transmitir sus spots, y coloca en un severo predicamento a las redacciones radiales y televisivas,
que deben colocar en las mismas circunstancias un hecho que tiene un peso evidentemente noticioso que algo intrascendente.
Así, si Royal le pudo declarar a la revista Time en octubre de 2006, "¿Por qué debería ser uno triste, feo
y aburrido para estar en la política en estos días?", ¿es justo que ella, sexy, carismática, articulada y con opciones reales de poder deba compartir el mismo espacio con otras tres candidatas que le quitan puntos que posiblemente
fortalecieran su posición?
El sistema de igualdad termina por ser desigual, pues los candidatos con mayores recursos e imaginación emplean Internet o la cobertura de los medios escritos para acallar a los otros e impiden que un candidato menor se pudiera allegar los recursos públicos o privados para atacar a los indecisos con sus propuestas.
Pero será el 6 de mayo cuando en la encuesta real, la de las urnas, sepamos quién será el presidente del país
más enfermo de Europa.