En el ámbito de las razones de Estado, la ley federal de transparencia es el aporte más significativo de la gestión presidencial y del Congreso de la Unión. Sin exagerar, esa decisión trastocó y modificará aún más la relación entre
el ciudadano y las instituciones.
La información del gobierno es, salvo excepciones plenamente justificadas, un bien público. También lo es, y luego de que entró en vigor la mencionada ley en junio de 2002, la información de organismos autónomos como la CNDH entre otros, de las cámaras de Diputados y de Senadores así como de los gobiernos estatales y municipales.
Impulsar y respetar el derecho a saber genera una sociedad informada de la gestión pública, entre otras cosas inhibe prácticas de corrupción, permite a los ciudadanos tomar mejores decisiones en su vida individual y colectiva, evaluar al aparato público, comparar e investigar. Es decir, al significar una permanente rendición de cuentas sobre recursos, estrategias, planes, programas, metas y objetivos de las acciones públicas en el entorno que abarca la ley, se afianza la cultura ciudadana y, en consecuencia, se fortalece a la democracia.
 |
Ilustración: Franco Donaggio |
Al ser también esa ley una forma de evaluar a las instituciones no deben extrañar las resistencias que aún hay para transparentar la administración (incluso en el propio IFAI), pues en no pocas ocasiones con la ley de transparencia se exhiben inconsistencias y arbitrariedades cuando no corruptelas. Entre otros aspectos, sobre las resistencias a la ley escribe Ernesto Villanueva, una connotada autoridad sobre el tema.
La ley federal de transparencia es también instrumento del ejercicio periodístico serio, que no se sustenta en la propalación de rumores o de trascendidos provenientes de fuentes que piden el anonimato. Esto último salvo cuando los canales formales de petición informativa no son respetados y siempre y cuando el medio emplee rigurosos mecanismos de verificación así como que se haga responsable con toda claridad de lo que difunde.
En esta edición contamos diversas historias de la transparencia mexicana. Una forma parte de otro libro que próximamente pondrá en circulación editorial e, se llama "La ley de Herodes" y es narrada por Miryam Audiffred. Vanessa Díaz, por su parte, acota sobre los límites de la transparencia al mismo tiempo que advierte sobre las obligaciones que al respecto tiene el Poder Legislativo. Como muestra de que esa ley es además instrumento periodístico ofrecemos una tabla de información inverosímil sobre compras y adquisiciones del gobierno federal, por ejemplo cuando la Secretaría de Seguridad Pública gastó poco más de tres millones de pesos en el servicio del parque Reino Aventura ya hemos solicitado información que pormenorice al respecto. Ahí, sin duda, a los ciudadanos nos fue como en feria.
De arbitrariedades y cosas peores hemos dado cuenta aquí, particularmente en el rubro de la publicidad, tan importante para los medios y perniciosa para ellos cuando son sujetos de la arbitrariedad del gobierno, como advierte Javier Darío Restrepo, una de las figuras más emblemáticas de la ética periodística en América Latina.
Sobre los criterios para asignar publicidad, es decir, sobre inconsistencias, favoritismos y vetos desde hace poco más de tres años, le hemos dado cuenta a usted lector porque buscamos que la asignación de publicidad sea razón de Estado y entonces se determine con mucha precisión y equilibrio. Más aún, hemos compartido y seguiremos haciéndolo, nuestras propias cifras al respecto. No hay autoinmolación, al contrario, síntoma de buena salud financiera, pero sobre todo de fortaleza ética, es decir con toda claridad el monto que recibimos por concepto de publicidad.
Ni estamos en quiebra ni estamos en jauja, sólo hay números equilibrados, sin duda. Demuestran que dependemos financieramente de la publicidad del gobierno y al mismo tiempo que eso no determina nuestra línea editorial. Así de frágiles y así de fuertes.
El costo de cada edición lo advertimos en seguida como forma de corresponder al respaldo de nuestros amigos y colaboradores, así como de nuestros anunciantes, a quienes agradecemos su confianza y su compromiso con la crítica (a los que por eso dejaron de anunciarse no les agradecemos, claro). Y también damos estos números para tomar distancia, por supuesto, de todos aquellos que exigen transparencia en otros pero no en lo suyo. En noviembre, que es nuestro sexto aniversario, informaremos sobre nuestros ingresos en el sexenio que está a punto de concluir.
Habrá quien diga que sólo somos unos soñadores, pero como respondería Lennon, no somos los únicos.