Autorregulación en la CIRT
Fátima Fernández Christlieb
Han transcurrido casi tres meses desde el sorpresivo anuncio que hicieron los industriales de la radio y la
televisión acerca de la instalación de un consejo para autorregularse.
Causó sorpresa el hecho de que una cámara industrial acostumbrada, en lo político, a ser órgano de presión ante
el Estado, trastocara su discurso con el cambio de gobierno e invitara a algunas organizaciones sociales para buscar
una programación mediática de calidad.
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Foto: Bernardo Moncada |
No puede decirse que este anuncio haya despertado súbitamente esperanzas de un cambio en los medios
electrónicos, porque para revertir tendencias habría que eliminar esa contradicción intrínseca entre el mercado competitivo y
las exigencias humanas de mejores contenidos en radio y televisión. El texto que leyó Joaquín Vargas aquel 6 de
marzo, en el Museo de Antropología, se entiende únicamente como un intento de adecuación por parte de la CIRT a los
requerimientos de modernización de un sistema político que comienza a abandonar el caudillismo y la discrecionalidad.
¿Qué ha ocurrido con ese Consejo de Autorregulación? Públicamente nada. Es altamente probable que se reúnan
de vez en cuando y ahí suceda lo que suele ocurrir cuando un equipo de futbol tiene el balón y juega como local: obliga
a los visitantes a remontar adversidades para poder conducir el partido. ¿Qué tendría que ocurrir para que alguien en ese consejo lograra reducir la tensión y el conflicto que genera el mercado al enfrentarse con las exigencias de
una sociedad plural y compleja?
Si uno revisa a quiénes invitó la CIRT a esta tarea de autorregulación, sólo se perciben dos posibles fuentes de
acción con posibilidades de trascender la contradicción de los medios comerciales. Una más remota que la otra. Ambas la
tienen difícil, pues tendrían que dedicar una buena parte de su tiempo y sus recursos, además de contar con una claridad
meridiana respecto de tácticas para desplazar los dictados del
rating.
Por un lado, estaría la asociación civil creada por Lorenzo Servitje para influir en una mejora a los medios. Desde
febrero de 1997, mes cuando hizo públicos sus objetivos, la Asociación a Favor de lo Mejor ha mostrado capacidad de
movilización de sus miembros, pero sus acciones no se muestran acordes con el nombre que se dieron: más que buscar lo mejor
en los medios se han dedicado a subrayar lo que coyunturalmente les parece reprobable y con esto no han logrado
nuevos y más liberales apoyos; permanecen como un grupo bien intencionado pero intrascendente.
Por otro lado, estaría la ANUIES o la cincuentenaria organización de las universidades públicas y las instituciones
de educación superior de nuestro país. Resulta curioso que desde 1986, al pensar en esta organización cuyos miembros
de facto son académicos con el rango de rector, se le asocie con una posible contribución a los medios electrónicos.
Desde ese año (y sólo legalmente porque no ha operado) forma parte del Comité Asesor del Consejo Nacional de Radio
y Televisión (que tampoco ha tenido continuidad) contemplado en la actual ley federal en la materia. La ANUIES acaba
de elegir un nuevo secretario general y se alista para un trienio que puede ser histórico si logra echar a andar su
proyecto estratégico para transformar la educación superior y en el ámbito de la educación informal podría lograr un
aporte descomunal si se toma en serio lo que le pide la CIRT: ayudar a que en los medios se promueva "lo mejor de nuestra
cultura y nuestra sociedad, a partir del reconocimiento de su diversidad" (en palabras del presidente de la cámara
industrial). Lo anterior coincide con las líneas de acción que la ANUIES se ha trazado para el año 2020 en cuanto a la
preservación y difusión de la cultura nacional y regional, en el contexto de la cultura universal y en vinculación con sectores
no universitarios de la sociedad. Este puente ANUIES-CIRT podría generar sorpresas. Ojalá se consolidara.
De los demás invitados al Consejo de Autorregulación también se puede esperar algo, pero su trayectoria y
objetivos los ubican muy cerca, casi dentro, de la dinámica que sigue el mercado de los medios y desde ahí es difícil tomar
distancia para pensar y sentir más allá de la venta de tiempos a los mejores anunciantes.