Valente Viveros Álvarez
Una tarde de verano, Jorge González Cordero se puso su pijama, hizo la tarea, jugó Nintendo y, al
anochecer, cenó unas ricas quesadillas que le preparó su mamá.
Duérmete temprano, hijito, que mañana tienes que ir a la escuela le dijo su mamá.
Te quiero mucho, mami respondió Jorge.
Yo también, hijito.
A la mañana siguiente, Jorge se despertó sudando, muy alterado. Soñó que lo había atropellado un
trailer al salir de casa rumbo a la escuela, y se dijo: "Vaya pesadilla".
Salió de su habitación y recorrió la casa sin encontrar a nadie. Se le hizo muy raro, pensó que a lo mejor
sus padres habían salido a comprar algo y se les había hecho tarde. Entonces pensó que ya no llegaría a la
escuela y se puso ropa de calle.
Jugó Nintendo, se preparó un sandwich de jamón y queso, se sirvió un vaso de leche con Chocomilk y,
cuando se aburrió del videojuego James Bond 007, se puso a ver la tele.
Las caricaturas le parecieron estúpidas; las telenovelas, patéticas, y los programas educativos, de
mucha flojera. Entonces, mientras cambiaba los canales sin mucho interés, oyó una noticia en el noticiero que le
pareció interesante: un niño había sido atropellado accidentalmente por un camión afuera de su casa camino a
la escuela.
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Fotocomposición: Arthur Tress |
Le pareció increíble que algo como lo que había soñado hubiera sucedido en la vida real. Pensó entonces
que a veces los sueños se parecen a la realidad, o al revés.
Después de un rato de escuchar noticias que no entendía o que le aburrían, apagó la tele y se recargó en
el marco de la ventana del cuarto de sus padres, que daba hacia la calle, sin nada que hacer.
En eso, a través del cristal observó en la calle a un grupo de personas que detenían el tránsito, rodeando
un cuerpo que estaba tirado sin vida. Se sorprendió muchísimo al recordar su sueño y la noticia que
había escuchado en la televisión. Se fijó bien en el cuerpo y descubrió que tenía el mismo uniforme que él usaba
para ir a la escuela: un suéter rojo, pantalón gris, camisa blanca con dos botones y el escudo rojo de un zorro, y
unos zapatos de piel negros.
Se asustó pensando que a lo mejor a algún compañero de su escuela le había pasado el accidente. Fijándose bien, descubrió también que sus dos padres estaban entre la gente, con los ojos llenos de lágrimas, y entonces corrió a toda velocidad hacia el televisor, lo encendió en el noticiero y, después de algunos minutos, volvieron dar la noticia que tanto le había llamado la atención.
Dijeron el nombre de la calle donde había sucedido el accidente y, para su sorpresa, efectivamente era el mismo nombre de su calle. Dijeron también el nombre del chofer del trailer, y entonces supo que así se llamaba ese hombre al que estaban subiendo a la patrulla enfrente de su ventana. Al final, dijeron el nombre de la víctima: "Jorge González Cordero".