Mario A. Campos
En 1997, Giovanni Sartori presentó al mundo su
Homo videns, libro en el que el politólogo italiano advertía sobre
las terribles consecuencias del triunfo de la imagen sobre la palabra. Con el ánimo de provocar debate, Sartori describía a
las futuras generaciones como seres pegados a las pantallas mediáticas, cuya habilidad para el pensamiento abstracto
terminaría por desaparecer debido a lo simple que resulta la comunicación visual.
Han transcurrido nueve años desde la aparición de sus negros pronósticos y tenemos suficiente material para revisar
sus hipótesis. Que en estos años ha crecido el poder de los medios es una verdad tan clara que ni siquiera requiere de
pruebas. Las imágenes han adquirido cada día más influencia y en la actualidad, en prácticamente todas las democracias del
mundo, los estados de ánimo producto de la exposición ciudadana a los medios, marcan la actuación de los actores públicos.
Que la sociedad hoy se encuentra teledirigida, tal y como planteaba el autor desde el subtítulo de su libro, parece
difícil de refutar. Sin embargo, el argumento central de Sartori, el del surgimiento de un nuevo tipo de ser humano,
menos analítico y participativo, difícilmente pudo haber dado más lejos del blanco.
En el tiempo que ha pasado desde el nacimiento del
Homo videns, los jóvenes -preocupación central del autor-
han incrementado notablemente sus capacidades y hoy, hacen un impactante uso de herramientas como la Internet y los
celulares, que los convierte sin duda en la generación más y mejor comunicada en toda la historia.
Tan sólo en México -según el reciente estudio elaborado por www.parametria.com.mx- 50% de los jóvenes entre 18
y 25 años cuenta con un teléfono celular, que les permite, entre otras cosas, formar parte del flujo de mensajes que
circulan vía SMS y que actualmente alcanza a nivel mundial el millón de envíos cada 90 segundos.
El fenómeno no sólo es digno de atención por la cantidad sino por las dinámicas sociales que le están acompañando,
y que van desde el uso particular del lenguaje -que ha llegado a tal nivel que en España han formado un
diccionario (www.diccionariosms.com) para entender cómo se están comunicando los usuarios- hasta el envío de anuncios
sobre plazas de trabajo disponibles en algunas ciudades, en una muestra más de cómo estas herramientas ayudan a formar
y fortalecer comunidades.
Contra el augurio del libro, la tecnología digital no sólo no acabó con las palabras sino que las llevó a su nivel
de producción más alto. Con un
blog naciendo cada segundo, la
blogósfera se duplica cada cinco meses con sitios creados,
en más de 50%, por menores de 30 años que han creado un sitio en Internet para compartir con el mundo sus intereses
y puntos de vista.
Habrá quien señale y con razón, que más comunicación no implica necesariamente más inteligencia, no obstante,
basta con ver la manera en que los jóvenes utilizan la tecnología para aprender, trabajar, divertirse y relacionarse con
conocidos y extraños, para ver cómo ha cambiado el mundo en estos años.
En 1998, Giovanni Sartori vino a México a presentar su libro. En esa ocasión, alguien del público le preguntó sobre
la evidencia que tenía para respaldar su pesimismo. "Mis alumnos antes me entendían más rápido", respondió el autor en
un tono que a la fecha no sé si hablaba en serio.
Ahora que yo doy clases en la universidad tengo un estudiante que era
hacker desde los 12 años, y otro que
está armando su propio estudio de audio en casa, situación que me obliga a mantenerme actualizado para tratar de
entenderlos, y razón suficiente para documentar mi optimismo.