José Yuste
1. Accionistas no supieron del redescuento
Eran los últimos años del sexenio zedillista, cuando Ricardo Salinas Pliego, principal accionista y presidente de
TV Azteca, convenció a los demás inversionistas de la televisora a participar en un nuevo negocio, también en el mundo de
las telecomunicaciones, el de la telefonía.
De esta manera, Ricardo Salinas Pliego participa a través de TV Azteca, y todos sus accionistas, en la licitación
de espectro telefónico. Requerían otro socio, y quien mejor que Moisés Saba, el hombre que había sido el
inversionista original de Salinas Pliego en Azteca.
De esta manera TV Azteca, y como inversionista individual Moisés Saba, realizan una sociedad de 50%-50%, con
la cual adquieren la frecuencia de espectro de lo que más tarde se conocería como la compañía telefónica Unefon.
Ésta requería de equipo, tecnología, aparatos, y para ello coqueteó con muchos proveedores. El que terminó
ganando para dar dicha proveeduría fue Nortel.
Nortel ofreció, en tecnología y equipos, más de 600 millones de dólares a Unefon. La proveedora de telefonía
tenía grandes esperanzas de hacer su gran negocio en México. Desafortunadamente, sus sueños se vinieron abajo.
Unefon dejó de pagar 368 de los más de 600 millones de dólares que le debía a Nortel, y después de muchas
negociaciones, pudo pagarle sólo 43 mdd. La deuda se reducía a 325 millones. Un dineral para la proveedora.
Para Nortel esto se convirtió en el peor negocio que había realizado en México, y más tarde le costaría el
puesto directivo al encargado de la compañía en nuestro país. Unefon había sido una mala apuesta porque no tenía forma de
salir adelante, pues su competidor era Telcel, dueño de más de 80% del mercado local.
Nortel buscó opciones, y de repente, se le presentó una ideal con la cual recuperaba buena parte de su dinero.
Una empresa llamada Codisco se acercó a Nortel para ver la posibilidad de recomprarle la deuda de 325 millones
de dólares con un descuento. Era la mejor noticia para la proveedora tecnológica, pues de un plumazo se deshacía del
lastre del caso Unefon, y a la par recuperaba aunque fuera una parte de los 325 millones de dólares que la telefónica le debía.
Así, Nortel, sin saber quiénes eran los dueños de Codisco, y pensando que se trataba de una compañía como tantos
otros fondos que se dedican a recomprar deuda, le vendió el pasivo de Unefon con un gran descuento.
Nortel vendió en tan sólo 107 millones de dólares esta deuda, que originalmente era de 325 millones de dólares,
pero para la proveedora tecnológica dicha deuda era incobrable, y más le valía quedarse con el monto negociado.
Obviamente, nadie sabía que Codisco pertenecía a Ricardo Salinas Pliego y Moisés Saba, pues si Nortel lo
hubiera conocido, jamás les habría revendido la deuda de Unefon con tanto descuento, haciendo que ellos pagasen la deuda a
su valor nominal.
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Foto: TV Azteca. Diez años |
De esta manera, y sin que nadie supiera que eran ellos, Salinas Pliego y Moisés Saba, a través de una empresa
llamada Codisco, compran la deuda original de Unefon de 325 millones de dólares en tan sólo 107 millones, con lo cual
obtenían un descuento de 218 millones de dólares.
Todo mundo creía que Unefon estaba más que quebrada.
Todo mundo creía que Unefon no tenía ni un centavo para pagar sus deudas.
Y todo mundo creía que cualquier pago proveniente del caso Unefon, por mínimo que fuera, era mejor a no
obtener nada. Fue el caso de Nortel.
Lo asombroso vino en los tres siguientes meses, cuando el panorama cambió. Para el tercer trimestre de 2003 la
situación fue totalmente distinta. De repente, Unefon tuvo dinero.
De repente, Unefon sí podía pagar su deuda al valor original, y lo increíble, sí la pagó pero, obviamente ya no a
Nortel, sino a Codisco, donde estaban Salinas Pliego y Moisés Saba. En otras palabras, los principales accionistas de
Unefon compraron su deuda con un gran descuento y se la vendieron a su misma empresa, pero al valor original. La compraron
en 107 millones de dólares y la vendieron en 325 millones de dólares, dándoles a Salinas y Saba, 109 millones de dólares
de ganancia individual.
Aquí vino el posible fraude para los accionistas de Unefon, quienes jamás supieron del descuento, e incluso
terminaron pagando su deuda al valor original, ya no a Nortel, sino en lo increíble, a sus propios accionistas mayoritarios, Salinas
y Saba.
Y vino el otro posible fraude. Los accionistas de TV Azteca, quienes al ser los otros socios al 50% de Unefon,
también terminaron pagando la deuda al valor original, cuando, de antemano, Salinas Pliego ya había obtenido un descuento de 109 millones de dólares que jamás les informó, y por lo tanto, les vendió la deuda como si no
tuviera descuento, llevándose esos 109 millones de dólares como ganancia particular.
2. Investigación por uso de información privilegiada
La gran sospecha, y por ello es la investigación que más tarde emprenderían las autoridades financieras, era si Salinas
y Saba conocían que Unefon, tres meses más tarde, tendría el dinero suficiente para pagar su deuda a valor original.
Se piensa que Salinas y Saba sí sabían que, en el tercer trimestre de 2003, Unefon podía vender parte de su espectro
de frecuencia a Telcel, con lo cual recibiría una gran cantidad de dinero. Éste es el centro de la investigación: ¿Salinas y
Saba sabían que la situación de Unefon cambiaría dramáticamente, de estar quebrada a tener utilidades gracias a que
Telcel estaba muy interesada en comprarle capacidad de frecuencias? Las autoridades suponen que sí sabían.
Si Salinas y Saba sabían que Telcel le compraría capacidad a Unefon, entonces sabían que la deuda valía oro.
Pero dicha información jamás la supieron el resto de los accionistas minoritarios ni de TV Azteca, copropietaria de Unefon,
ni los accionistas minoritarios de la misma Unefon.
Para colmo, la Comisión de Valores de EU (SEC, por sus siglas en inglés) y la Comisión Nacional Bancaria y de
Valores de México (CNBV) también creen que Salinas o Saba movieron las acciones a su antojo habiendo tenido
información privilegiada, apoyados por Pedro Padilla, directivo de TV Azteca, y Luis Echarte, directivo en EU de la televisora. Ya
que Salinas y Saba eran los únicos que sabían lo que pasaría: que Unefon sí tendría dinero por la venta de espectro a Telcel,
y por ello, podría pagar sus deudas.
La investigación de las autoridades en México y EU es por uso de información privilegiada para recomprar la deuda,
y más tarde por uso de la misma información para operar las acciones de TV Azteca y Unefon, lo cual está penadísimo.
3. TV Azteca usa la pantalla frente a CNBV y Hacienda
El caso de Codisco-Unefon-TV Azteca tuvo gran relevancia, por una sencilla razón: caía justo en los momentos que lo
más penado era utilizar información privilegiada en contra de los accionistas minoritarios, o de todo el mercado al mover
las acciones en bolsa sin que nadie más tuviese dicha información. Estos casos fueron los más sonados en EU, como el
de Enron o MCI Worldcom, y más tarde la italiana Parmalat, donde se escondieron miles de millones de dólares de
pérdidas en la contabilidad sin que lo supieran los demás accionistas de las empresas ni el mercado.
Por ello, la CNBV, después de su investigación, concluye que sí hubo uso de información privilegiada por parte
de Ricardo Salinas Pliego, Moisés Saba y Pedro Padilla. Y multó con 27 millones de pesos, alrededor de 2.4 millones
de dólares, a la televisora, y de manera independiente ejerció una demanda penal en contra de Salinas Pliego por el uso
de información privilegiada.
Justo el fin de semana previo a la conclusión de la investigación de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores,
TV Azteca transmitió un programa (Mitos y
hechos de la periodista Lilly Téllez, por cierto, completamente sesgado en
su parte informativa) en contra del rescate bancario, en el cual se criticaba la actuación del presidente de la CNBV,
Jonathan Davis, pero no por su desempeño actual, sino por la del rescate bancario cuando era tesorero de la Federación, donde,
por cierto, no tuvo ninguna responsabilidad en la toma de decisión del rescate.
La ruptura con las autoridades siguió. Justo el día que se iba a dar a conocer la multa en contra de TV Azteca, salió
el presidente ejecutivo de información y asuntos públicos de la televisora, Jorge Mendoza, a acusar públicamente al
secretario de Hacienda, de quien depende la CNBV. La acusación contra Francisco Gil Díaz fue prácticamente inverosímil:
Mendoza presentó unas tarjetas, donde según el presidente ejecutivo de TV Azteca estaban las huellas dactilares de Gil Díaz, en las cuales le solicitaba que la televisora retirara del aire programas en contra del rescate bancario.
4. Enfrenta a la SEC y demandas colectivas
En cuanto a la SEC, ya concluyó su investigación con una demanda, realmente fuerte en contra de TV Azteca,
Ricardo Salinas Pliego, Pedro Padilla y Luis Echarte.
La autoridad financiera de EU concluye que Salinas Pliego utilizó información privilegiada, la cual usó para obtener
su ganancia de 109 millones de dólares en contra de los accionistas de TV Azteca y de Unefon, pero que además manejó
las acciones del mercado usando dicha información.
La demanda de la autoridad estadounidense utiliza, por primera vez, la cláusula del "Whistle Blower", del
soplón, contenida en la famosa Ley Sarbanes-Oxley, referida a privilegiar la transparencia contable de empresas, los malos
manejos informativos y el cuidado para los accionistas minoritarios.
Con dicha cláusula de "Whistle Blower" la SEC utiliza los argumentos del despacho Akim Gump, de Nueva York,
el cual al darse cuenta de las irregularidades de TV Azteca, dio aviso a las autoridades.
Además, vienen tres demandas colectivas en contra de TV Azteca, las Class Action, conocidas en Estados Unidos por
el caso que perdieron las compañías cigarreras de miles de demandantes. Aquí es igual, tres despachos jurídicos llaman
a quienes se sientan agraviados por el uso privilegiado de información de TV Azteca para demandarla. Se trata de
los despachos de Brian M. Felgoise en Filadelfia, de Cauley Geller en Nueva York, y de Charles J. Piven.
La defensa legal de Salinas Pliego en Estados Unidos es tratar de echarse la culpa, en lo personal, para no involucrar
a TV Azteca ni a sus accionistas. Pero el problema es el financiamiento: en el corto plazo, los mercados estarán
cerrados para la televisora, y si no, le saldrá muy caro financiarse en ellos.