Muchos intentos pero pocas fusiones
Maribel Ramírez Coronel
En México no se ha sabido aún de matrimonios entre medios de comunicación, pero eso no quiere decir que
no haya habido coqueteos y hasta largos noviazgos. Ejemplos hay muchos y no sólo en televisión y radio sino
también en los medios impresos.
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Foto: Raúl Ramírez Martínez |
¿Seguirán los medios mexicanos esa tendencia internacional rumbo a las fusiones y adquisiciones como en
otras industrias del país? Quizá eso nadie lo sepa con certeza, pero a decir de los especialistas, ello se vislumbra difícil
en vista de la forma como los actuales medios de comunicación se han estructurado junto con las redes del poder
en México.
Pocos medios de información en México han sido manejados como un negocio privado, con rentabilidad,
perspectivas a futuro, proyecciones de utilidades o eficiencia operativa, etcétera. La mayoría de periódicos,
estaciones de radio y la principal televisora han vivido económicamente estables y han podido ser redituables sin ser
necesariamente rentables desde el punto de vista financiero.
La férrea competencia por lectores, radioescuchas o televidentes, e incluso por anunciantes, es algo
relativamente reciente para la industria de la comunicación en el país. Hasta hace algunos años los medios no tenían gran
necesidad porque con el hecho de estar bien con el gobierno en turno podían realizar otro tipo de "negocios" o acuerdos,
y eso era suficiente para sostener la empresa dedicada a la información.
Por lo mismo, la búsqueda de fusiones y adquisiciones para estar en mejor posición de competir ha sido,
por decirlo de alguna forma, incipiente. Consultado por
etcétera, René Pimentel, especialista de medios de
América Latina en el grupo Deutsche Bank, considera que no hay mucho terreno para que en México se den fusiones
entre empresas informativas debido a que las existentes, en particular las televisoras que prácticamente forman
un duopolio, ya tienen una proporción tal de mercado que resulta razonablemente imposible permitirles abarcar más.
Y señala que en general es la misma situación en Latinoamérica. "Será difícil ver en América Latina fusiones
entre medios porque para eso tendría que haber más competencia y más empresas", dijo Pimentel vía telefónica
desde su sede en Nueva York.
TV Azteca, historias de telenovela
La impedida fusión entre Televisa y Grupo Acir para conformar el más grande consorcio de radiodifusión
en México es el ejemplo típico. Pero éste es sólo uno de tantos intentos frustrados de fusiones. TV Azteca, de
Ricardo Salinas Pliego, es la empresa que ha alcanzado relaciones más formales, pero también la que mayores
escándalos ha generado por los estropeados desenlaces con sus eventuales consortes, que incluso los guiones de sus
telenovelas políticas se quedan cortos.
Los más grandes esfuerzos los ha hecho con la cadena estadounidense de noticias NBC y con CNI Canal 40,
de Javier Moreno Valle, pero en ambos casos las relaciones terminaron muy mal e incluso se llegó a los tribunales.
La operación con CNI Canal 40 involucraba contratos por 100 millones de dólares, que llevarían a que TV Azteca
se quedara con el control del 40, pero al final los desacuerdos por la repartición de ganancias derivaron en
enfrentamientos y hasta la fecha continúan las demandas.
Más recientemente, la televisora del Ajusco se alió con otra cadena estadounidense, Pappas Telecasting,
la propietaria de emisoras privadas más grande de Estados Unidos, con el propósito de conformar Azteca
America Inc., una nueva cadena de televisión hispana en territorio del vecino del norte. Por cierto, este trato lo firmó
TV Azteca en septiembre pasado al mismo tiempo en que estallaba el conflicto con la Televisora del Valle de
México, concesionaria de Canal 40.
La relación con Pappas Telecasting aún va viento en popa y, de hecho, recién adquirieron, ya como aliadas,
una estación neoyorquina de televisión (WSAH), por 37.5 millones de dólares, que les permitirá transmitir por
tiempo completo programación en español.
Las intentonas de Televisa
El consorcio de Emilio Azcárraga Jean también ha tenido sus buenas intenciones en materia de fusiones que
no han llegado a hacerse realidad, y no precisamente porque la Comisión Federal de Competencia (CFC) se
lo haya impedido como sucedió en la frustrada alianza con Grupo Acir.
Antes de conocerse el trato de Radiópolis con Grupo Acir, Televisa ya había sostenido negociaciones con
Radio Centro por largos meses, pero no llegó a un acuerdo concreto. Con quien sí lo logró fue con Acir, pero no
contaba con las protestas de radio-difusoras de los estados, que vieron en la alianza Televisa-Acir un problema de
sobrevivencia: el empaquetamiento de publicidad en radio, televisión y revistas. Ante la imposibilidad de poder
competir recurrieron a la CFC, organismo que decidió no autorizar la alianza.
Otro que pudo haber sido el gran matrimonio fue el que empezaba a cocinarse entre la misma Televisa y
Teléfonos de México, de Carlos Slim, que si bien no es medio de comunicación como tal sí se perfila su presencia a futuro
en el escenario multimedia. De hecho, entre Telmex y Televisa hubo lazos formales en el negocio de cable, pues
en Cablevisión participó como accionista el Grupo Financiero Inbursa, que también es parte de los negocios de la
familia Slim.
La intención de las familias Azcárraga y Slim era conformarse juntos para ofrecer a futuro el gran negocio
de Internet por televisión de cable, rubro donde se espera el mayor crecimiento de la Web. Luego de ocho meses
de intensas pláticas, nunca pudieron llegar a un arreglo. Especialistas consultados argumentan que la principal
razón por la que estos acercamientos han quedado como simples propuestas o tratos de palabras, o cuando mucho
cartas de intención, se debe a que ninguna de las partes ha estado dispuesta a perder los cotos de poder y, por ende,
el control del medio, lo cual es una base indispensable al momento de una fusión.
Prensa escrita, algunos casos
Un caso ilustrativo en materia de medios impresos es el de las negociaciones y forcejeos que en 1993
tuvieron lugar entre Dow Jones y el grupo regiomontano de
El Norte, cuya finalidad era editar conjuntamente un diario
en la capital de la República
(Reforma). Ambos querían el control accionario para tener la última palabra en el
momento de la toma de decisiones, sin embargo, ninguno accedió a ser socio minoritario. Al final,
Reforma salió a la luz teniendo como único dueño a Alejandro Junco y familia; este diario, periódico capitalino que desde su
nacimiento fue planeado para ser manejado como negocio, conformó una alianza con
Wall Street Journal para publicar información del diario estadounidense en su sección financiera, de manera similar a como se han dado
acuerdos de otros periódicos nacionales con agencias y diarios internacionales.
El diario El Economista, por ejemplo, tiene alianzas de este tipo con
New York Times y con el británico
Financial Times. Ese periódico, dirigido por Luis Enrique Mercado, también ha buscado manejarse como empresa, y
ha pretendido crecer sin dejar de ser un periódico de nicho específicamente financiero.
El grupo de empresarios propietarios de
El Economista estuvieron a punto de adquirir
Excélsior en la década pasada; al final, empero, se cayeron las negociaciones que tenían prácticamente definidas con Regino Díaz
Redondo, quien tampoco llegó a ningún acuerdo en sus pláticas con Televisa. Algo parecido sucedió el año pasado
cuando El Economista intentó aliarse con
Novedades para editar juntos el periódico
The News que se publica en inglés. Recientemente,
El Economista concretó un "joint venture" con el
Dallas Morning News y desde hace unos días
empezaron a publicar juntos el periódico
Express con el propósito de cautivar a los angloparlantes que residen
en México.
El Financiero, de Rogelio Cárdenas, vive una crisis económica desde hace meses y los que saben no dudan
que pronto podría dar noticias de venta o alianza con algún grupo importante para salir avante. De hecho, ha
trascendido que el mismo Grupo Dow Jones que había intentado editar su periódico con
El Norte, mantiene acercamientos con El
Financiero, pero hasta el momento no ha habido nada concreto.
Radio y TV Cable
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Foto: Gustavo Guevara |
El analista de Deutsche Bank considera que en México hay más probabilidad de fusiones y adquisiciones
M&A, el término multicitado en inglés por Mergers and Acquisitions en el sector de radiodifusión y televisión de
paga. De hecho, quienes siguen de cerca la información de telecomunicaciones tienen claro por dónde vendrán
estas fusiones.
En principio se espera que algún día se fusionen las dos redes de televisión por satélite, Sky (de Televisa) y
DirecTV (de Multivisión), dado que sus propietarios a nivel internacional Hughes, de General Motors, y el australiano
News Corporation, respectivamente ya han tenido acercamientos. También será natural la consolidación en el
negocio de las cableras, pues a la fecha en México existen no menos de 300 licencias para este tipo de televisión cerrada
que normalmente se conforma de negocios familiares relativamente pequeños.
En radio, seguramente se conocerán noticias similares, y estará pendiente qué tanto más pueden hacer
Radiópolis o Radio Centro, quizá no entre ellas, pero sí con otros grupos de radiodifusión. Vale recordar que en radio ya
ha habido movimientos desde cuando Clemente Serna vendió Radio Red a la familia Aguirre, propietaria de
Radio Centro, para dirigirse mejor hacia el negocio de revistas con el Grupo Editorial Expansión.
Hablando de revistas, una reciente alianza que vale incluir aquí es la que firmó Televisa con el grupo
editorial colombiano del escritor Gabriel García Márquez para arrancar la revista
Cambio aquí en México, con miras a
fundar un nuevo periódico.
Es hasta hace pocos años que los medios nacionales dan cuenta de este tipo de movimientos, pues antaño
era vigente la frase: "entre gitanos no nos leemos las manos", pero la transformación que vive el país a nivel
político y económico va aparejada de la apertura en el mundo de la información y comunicación.
Los estudiosos del mercado insisten que en el mundo globalizado que vivimos el tamaño sí importa, pero
también aseguran que los medios latinoamericanos como cuarto poder viven sus propias circunstancias y podrían ser
la excepción. En realidad, eso está por verse.