Rose Mary Espinosa
Fue entonces cuando noté que la muchacha no estaba bien. Hasta ese momento la había considerado no
más que una fan de Di Caprio, una devota de las superproducciones hollywoodenses, pero al verla ahí,
sentada, imaginándose con el diamante azul en el cuello, no sólo reproduciendo los diálogos de aquella escena de la
película, sino viviéndolos... Los demás miembros del grupo la miraron con extrañeza, algunos con hastío,
otros más se rieron discretamente, pero tanto el guía como yo sentimos lástima por ella.
¡Con qué apostura se sentó en el tocador de la recámara de Rose Dewitt Bukater! Con qué seguridad tomó los objetos que había ahí encima, mismos que no estaba permitido tocar. Con qué sutileza acarició los
frascos de perfume y el espejo de mano. Luego se llevó el cepillo a la cabellera, simulando que la cepillaba pero
sin hacerlo realmente: supo mantenerlo alejado a poquísimos centímetros.
Eran sus ojos los que no se despegaban del espejo del tocador. Y no lo hacía por vanidad. Se levantó
los cabellos, como en espera de colgarse algo en el cuello, y los soltó. Entonces se contempló de una manera
casi hipnótica, fijando esta vez la mirada en el pecho, una mirada llena de asombro, mientras susurraba,
fingiendo dos tipos de voz:
"The heart of the ocean" (El corazón del mar), "It's overwhelming" (Es abrumador), "It belongs to
royalty"(Es de la realeza).
¿Qué había pasado con ella?
Hacía algunos minutos, cuando nos encontrábamos a las puertas de FOXPLORATION, estaba
realmente excitada. Saludó con frenesí al que sería nuestro guía a quien reconoció de inmediato como uno de los
extras en la escena del hundimiento del barco. Él mismo pareció sentirse más sorprendido que halagado.
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Escena de Titanic |
Éramos ocho personas en total y casi todos hacíamos la visita por pura curiosidad. Pero ella era la
gran conocedora, que a la primera supo a quiénes se refería el guía cuando hablaba de
Rose y
Jack. Los demás no recordábamos que esos eran los nombres de los personajes interpretados por Kate Winslet y Leonardo
di Caprio. Por momentos, parecía que sólo ella entendía todo lo que el guía decía y no sólo eso: si él aludía
a alguna escena, ella repetía los diálogos, que conocía de memoria, e incluso se daba el lujo de corregir o
detallar la referencia.
Pero, conforme avanzó la visita, cada una de las piezas que habían sido parte de las locaciones originales
de Titanic, le fueron causando una mayor decepción.
No era lo mismo.
De verdad, no era lo mismo tener conocimiento de que
Titanic se había filmado en las playas de Rosarito,
Baja California, a estar ahí. Las escenas parecían volver a su cabeza. Ningún barco había zarpado de Irlanda.
De hecho, no había barco alguno en Rosarito. Si acaso una plataforma con dos grandes recipientes de agua,
que en perspectiva, "al unirse" al mar, lograban un efecto de profundidad, parecido al efecto visual de las
llamadas piscinas voladas.
Pobre chica.
A cinco años de la proyección de la cinta, había venido al lugar de la filmación, quizá creyendo que
encontraría una reproducción del barco original, que haría su entrada como lo hicieron los pasajeros en 1912, que
se desplazaría por los corredores, que se pasearía por la cubierta, que subiría y bajaría escalones a toda
velocidad, que la contigüidad de las piezas le permitiría trasladarse de la recámara al diván donde sería retratada...
Pero, en realidad, los espacios eran muy reducidos y el mobiliario en la exhibición era apenas una
muestra de lo visto en la cinta, además de que en la misma cinta las áreas parecían más amplias gracias a la
colocación de espejos. Tal era el caso del salón de fumadores, de los distintos comedores, de las calderas...
Fueron muchas cosas a la vez.
Lo que a nosotros nos sorprendía, a ella parecía contrariarla. No le causó ningún asombro saber que
quien dibujó a la Winslet desnuda fue el mismo James Cameron. No le provocó nada ver cómo las ratas
amaestradas cruzaron de lado a lado el corredor al escuchar un timbrazo. No levantó la ceja, no preguntó "¿de
verdad?" cuando el guía nos dijo que los tapices y manteles fueron comprados en la fábrica inglesa donde
originalmente se compraron aquellos del Titanic. No aceptó la propuesta que le hizo el guía de intentar golpear con el
hacha de plástico el tubo al que
Jack había sido esposado.
Apenas se sacudió ante una pequeña mesa, perteneciente a la escena en que
Rose tomaba su desayuno y que fue volcada por su prometido, en un arranque de celos, al reclamarle que hubiera pasado la noche
anterior en una fiesta con los de tercera clase.
La chica empezó a repetir los diálogos de la escena en voz muy baja:
"I'm your fiancée" (Soy tu prometida), "My fiancée? My fiancée?!" (¿Mi prometida? ¿Mi prometida?),
"And my wife by practice, if not yet by law" (Y mi esposa en la práctica, aunque todavía no por ley).
Además de contrariada, se le notaba débil. Cuando llegamos al área de efectos especiales, ella
seguía repitiéndose a sí misma los diálogos y frases de la película. No se le veían ganas de conocer la piscina en la
que se había filmado la escena en que Di Caprio muere. Mucho menos le interesaría conocer la zona de
El planeta de los simios. Tenía ante sus ojos la reproducción del barco hundiéndose, que no medía más de cinco metros.
Ni siquiera cinco metros.
Estaba absorta en sus pensamientos, repitiéndose a sí misma:
"I saw my whole life as if I had already lived it, I saw my whole life as if I had already lived it, I saw my
whole life as if I had already lived it..."
(Vi mi vida como si la hubiera vivido ya...)
Tenía la mirada perdida, cierta angustia en el rictus. Ya no respondía, ya no escuchaba los comentarios
ni las bromas del guía. Él hacía un leve esfuerzo por devolverla al grupo, refiriéndose a ella como la experta
en Titanic.
Ya no se repetía a sí misma los diálogos de la cinta, sino que lloraba silenciosa e incesantemente.
Estaba deseosa de separarse del grupo, ávida por encontrar una salida, por trazarse un camino y encontrar la proa del barco, dondequiera que ésta se hallara, y se echó a correr y la encontró. Una pareja, que esperaba a que le tomaran una fotografía, prefirió hacerse a un lado al notar a la chica tan agitada. La muchacha subió unos pocos escalones y acercó el cuerpo lo más que pudo al ángulo formado entre los barandales. Entonces nos lanzó una mirada de desprecio, volvió a erguirse y fijó la vista en el horizonte. Después extendió los brazos, dejándose rodear por la brisa marina, y cerró los ojos.