Marco Levario Turcott
El jueves 9 de junio en la noche, como a las diez, alguien timbra en la casa de
etcétera. Es un niño de 11 o 12
años que antes de correr hacia un Tsuru blanco, le entrega el sobre a Laura Islas y le enseña el acuse que ella firma con
la displicencia de la cotidianidad, en una lista alcanza a leer Reuters,
Reforma y El Universal.
Entonces no apostamos por el contenido del sobre ni lo sospechamos siquiera. El caso es que, con un
mensaje anónimo, ahí estaba confirmada la denuncia que hicimos aquí hace tres meses.
Alguien que dice trabajar desde hace muchos años en Gobernación revela lo que considera una "fuerte traición
a la democracia" y da a conocer el permiso para que Televisa opere centros de apuestas. En dos cuartillas, la
fuente argumenta su desilusión de Santiago Creel porque considera que "representa un vil engaño para el pueblo de
México". Sobre Televisa nada comenta.
Creel tuvo razón cuando luego de difundirse la información sostuvo que su origen es parte de una
estrategia política en su contra porque, claro, la fuente buscó defenestrarlo a él y no a Vicente Fox cuando es muy difícil
creer que la cesión a Televisa se haya dado sin la anuencia presidencial. Sin embargo el asunto central es que el
ex funcionario dio sustento a sus adversarios y también a quienes no lo son -como es el caso de los editores de esta revista- pero que denuncian el grave error que cometió, las falsedades que propaló para defenderse de esa
crítica y que, además, demandan la revocación de aquellos permisos como también es nuestro caso.
Apantallados
El viernes 10 los diarios más importantes del país dan la nota.
Reforma le dedica ocho columnas y El
Universal primera plana, sin decir la forma en que obtuvieron la información. Más aún, ambos diarios hacen como si fuera
una revelación propia (incluso Juan Arvizu, reportero de
El Universal escribe el 21 de junio: "Cuando este diario dio
a conocer una investigación en la que quedó al descubierto el otorgamiento de..." ).
Reforma y El
Universal -y una semana después
La Jornada también, porque ese diario al principio desestimó
la información- cuestionan a Creel, no aluden a la responsabilidad presidencial y coinciden con la fuente anónima:
no critican a la empresa favorecida con aquel permiso. Al paso de los días ocurriría lo mismo con la mayoría de
los políticos que, al criticar a Creel, no molestaron a Televisa ni con el pétalo de un comentario y si lo hicieron fue
sólo mediante insinuaciones.
Al principio, Reforma y
El Universal abordan sólo parte del quid. Enfatizan, con razón según nosotros, en la
muy cuestionable decisión de poner a Televisa en bandeja de apuestas el gran negocio y sugieren un intercambio de favores entre la empresa y el ex funcionario. Pero esos medios no entendieron (o desestimaron el dato) que
el permiso dice algo más delicado, dice lo que Televisa quiere hacer en 2006: promover apuestas desde sus
canales concesionados.
Reforma paulatinamente soslayó el tema y
Milenio, hasta hace poco acérrimo crítico del ex secretario
de Gobernación, no lo abordó. La
Jornada le dio relieve hasta el 17 de junio, en ocho columnas, y también desdeñó
el dato que hemos dicho. Lo puso en interiores:
El diputado Arturo Nahle García dijo que el subsecretario de Gobierno, Felipe González, "le confirmó"
que Televisa utilizará el permiso "para transmitir por la red de televisión abierta bingo y otros juegos relacionados
con los casinos, y de esa forma el público en general, vía telefónica, pueda apostar". En cambio, por esos días,
El Universal sí difundió que el permiso implica la transmisión de apuestas en pantalla y dio realce a las críticas
(sólidas según nuestra opinión) sobre la decisión de Santiago Creel quien, sin argumentos, amenazó con llevar a los
tribunales a quien "se pase de la raya" y cuestione su "buen nombre".
La amenaza
Con ese amago, el precandidato del PAN a la Presidencia puso en entredicho su propia reputación.
Primero está la intolerancia que atribuye la crítica a decisiones de gobierno a una confabulación en su
contra, como en páginas anteriores desarrolla Luis de la Barreda. Ufano con aquel terminajo que pretende acuñar en
torno de la palabra sospecha, Creel (mal) conjuga el verbo para remitir a sus adversarios del partido o a "los callos"
que afirma haber pisado con la expedición de esos permisos. Y vaya que le gustan las apuestas, como a mediados
de junio lo mostró: "Apuesto doble contra sencillo que (las críticas) vienen de quienes se afectó sus intereses".
En cambio ignoró las múltiples opiniones expresadas en diversos circuitos.
Segundo. Creel cuestiona a sí mismo su nombre (si es que él comprende que éste se enaltece con la veracidad
de las afirmaciones dichas, porque en más de un sentido ha falseado las cosas). Por ejemplo, no es cierto, como
él sostuvo, que un Consejo Consultivo de Juegos y Sorteos hubiera tomado la decisión. Así lo advirtió Miguel
Ángel Granados Chapa en Reforma, el 17 de junio:
"La realidad es que, integrados a ese consejo, son colaboradores y subalternos del secretario quienes tienen
voto en ese grupo, mientras que los tres representantes de la sociedad civil disponen de sólo voz y no se les puede
imputar las decisiones de ese órgano, aunque sea colegiado."
Tercero. Creel mintió al afirmar que logró "democratizar" el mercado de apuestas al dar a Televisa la operación
de 65 centros de apuestas remotas y 65 salas de sorteos de juegos. Del total de los permisos, Televisa concentra
ahora 30%.
Cuarto. Además, en el proceso de elaboración del permiso, el ex funcionario transgredió el
reglamento, particularmente en la parte que señala que en la integración de ese consejo no puede haber conflicto de interés y,
sin embargo, uno de los miembros de ese órgano, el señor Emilio Carrillo Gamboa, integra también el Consejo
de Administración de Sky.
Quinto. Precipitado, nervioso, enojado, impreciso e inseguro por eso, durante los primeros días de la
segunda quincena de junio, Santiago Creel pretendió eludir su responsabilidad y atribuyó la decisión al subsecretario
de Gobierno, Felipe González quien, un par de días antes, abnegado, quiso asumir los costos. Y no es así:
la responsabilidad es de quien fuera titular de la política interna del país.
(Sexto. Tal vez, el ex secretario de Gobernación deba leer de nuevo -si es que ya lo hizo- al
Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha para que al menos, dentro de los insultos que ha proferido, lo cite con propiedad.)
Omisiones, distorsiones
Este subtítulo no indica que desarrollaremos la omisión informativa en la que incurrieron varios medios
impresos (Milenio) o electrónicos (casi todos, lo que muestra, entre otras cosas, que la libertad de expresión e
información llega a hipotecarse de acuerdo con los intereses de las empresas mediáticas).
No señalaremos el desdén que sobre el tema mostraron
El Economista, El Financiero, Diario
Monitor y La Crónica de Hoy, ni constataremos que Televisa y los conductores de sus noticieros, en los espacios de radio que ocupan, al defender los derechos de la empresa no informaron al respecto. Menos aún reseñaremos la indignación de
quienes, en defensa de sus propios intereses, trasladaron a sus espacios los cuestionamientos respectivos, como sucedió
con TV Azteca, que lo hizo sólo un día y quién sabe por qué luego dejó el tema. Tal vez, en el río revuelto de las
apuestas, la televisora del Ajusco baraja sus propias cartas y tiene la mira en el edificio del World Trade Center.
Más bien, el subtítulo remite a las omisiones discursivas de Santiago Creel.
Al pelear con molinos de viento, el ex secretario de Gobernación dijo confiar en la solvencia legal y la
transparencia de la decisión. Quizá en los vericuetos del reglamento que él pensó para decidir los permisos esté su
resguardo principal. Esto, naturalmente, sin desestimar la réplica legal que el PRI y el PRD hicieron en la Cámara de
Diputados y, entonces, sin dejar de tener en cuenta que ahí está la posibilidad de que se revoquen los permisos (y
también, aunque esto es polémico, en un fallo de la Suprema Corte de Justicia que invalide la aplicación del reglamento).
Pero al jactarse de la ingeniería legal que encargó a sus subordinados, Santiago Creel deja algunas zonas opacas.
No es claro, por ejemplo, por qué a principios de marzo Creel les respondió que no a los directivos de
Televisa cuando estos enfatizaron en su propuesta (ya sea por la vía del amago o por la seducción en tiempos
electorales, como esa empresa acostumbra). ¿Por qué primero les dijo que no, insistimos, y luego aceptó sin esperar la
resolución de la Suprema Corte de Justicia sobre la controversia entre el reglamento aprobado en septiembre de 2004 y la ley
de 1947?
Al pasar la raya de la prudencia, Santiago Creel urgió al subsecretario de Gobierno expedir los permisos
respectivos; no le importaron las objeciones del área jurídica ni las de otras instancias de la propia secretaría. No. Él tenía
prisa e instruyó machincuepas legales cuya ambigüedad le permite a Televisa, como aceptó el propio Felipe
González, promover las apuestas desde sus pantallas sin que el permiso mencione siquiera los mecanismos de regulación
-los horarios de transmisión, por ejemplo- que le competen a la Dirección General de Radio, Televisión y
Cinematografía. Nada de eso importó. Por eso, sin duda, con su determinación perdió el precandidato del PAN a la Presidencia.
Falta saber si gana Televisa. Y nada está dicho aún. Los dados están en el aire y los permisos pueden y deben revocarse.