Víctor Ugalde
La noticia corre de forma alarmante en la comunidad cinematográfica universitaria. El Centro Universitario de
Estudios Cinematográficos, dependiente de la UNAM, considera cerrar sus instalaciones capitalinas y trasladarlas a
Juriquilla, Querétaro o Morelia.
Algunos maestros están dispuestos a trasladarse a Morelia pero no a Juriquilla pues consideran que estarían aislados
y sin contacto con las manifestaciones culturales del país y del mundo. La otra mitad, la de profesores que además de
su actividad magisterial se dedican a filmar y a otras actividades cinematográficas, se oponen, pues en cualquiera de las
dos ciudades les resultaría difícil ejercer su actividad fílmica que les permite mantenerse en activo.
Al rector Juan Ramón de la Fuente se le ocurrió descentralizar una dependencia y el centro de cine era el ideal
sin pensar en las consecuencias para la comunidad cinematográfica. El coordinador de Difusión Cultural, Gerardo Estrada,
ha empezado a operar en ese sentido y con el fin de que la comunidad fílmica del CUEC no se opusiera les ofreció
(esa promesa siempre repetida por otros rectores) que por fin el centro se convertiría en Escuela Nacional de Cine y además
se le dotaría de instalaciones nuevas con todos los equipos modernos que hicieran falta. Habrá que ver si una vez
radicados fuera de la ciudad de México les cumplen o simplemente se les engaña nuevamente.
Resulta urgente y necesario descentralizar la cultura cinematográfica nacional pero no al precio de cerrar una opción
en la ciudad de México que representa 50% de la matricula pública. De por sí la oferta gubernamental es reducida pues
sólo se ofrecen 30 lugares entre las dos escuelas de cine para los más de 20 millones de habitantes de la capital y su
área conurbada. ¿Por qué reducirla aún más?
El CUEC surgió en 1963 y desde entonces han estudiado más de 800 cineastas de la talla de Jorge Fons, Jaime
Humberto Hermosillo, José Rovirosa, María Novaro, Alfonso Cuarón, Emanuelle Lubezki y Luis Estrada, por citar algunos. En
sus inicios y hasta fines de los 80 recibía 20 estudiantes por año, hasta que presionados por las reducciones presupuestales,
en los 90, la redujeron a 15 alumnos.
Para los que se dedican al cine, resultan obvios los perjuicios de esta intención. Los estudiantes y maestros
encuentran fácilmente en la ciudad todo lo que necesitan para su educación informal y realizar sus ejercicios fílmicos. Si
solicitan apoyo de actores incipientes o consagrados, asesoría de fotógrafos o técnicos especializados,
staff con experiencia, aquí los encuentran; ¿allá les pagarán hotel y viáticos o tendrán que convertirse en viajeros frecuentes a la capital de la
República? Es conocido que si el CUEC no contaba con el equipo necesario para filmar, en la ciudad están instalados más de 80%
de los proveedores fílmicos y éstos les prestan o alquilan a precios reducidos el material complementario. ¿Allá,
cómo resolverán este problema? Además, algunos estudiantes se terminan de formar apoyando los rodajes de cine profesional
y desgraciadamente en el centro del país se filman más de 90% de las películas nacionales, ¿dónde complementarán
sus estudios? ¿Pasaremos a la hora del aficionado? Por último, la oferta fílmica de la ciudad de México es la más plural
del país: Cineteca, el Goethe, el IFAL, la Filmoteca y las muestras diplomáticas presentan otras opciones expresivas
alejadas al "Hollywood" impuesto en la cartelera comercial. ¿En Morelia, se tendrán que conformar con el festival de
octubre? ¿Alfredo Joskowicz dejará sus clases de realización por atender el Imcine? ¿Marcela Fernández abandonará sus
funciones sindicales del STPC y Sogem? ¿El crítico más polémico se resignará a ver la escasa oferta fílmica moreliana? ¿El
biólogo Iván Trujillo abandonará el cine científico y la Filmoteca para dar clases allá? ¿Bajara el nivel y la calidad de la
enseñanza o se volverán viajeros frecuentes a la ciudad de los palacios?
Sería muy bueno que se formalizara la Escuela Nacional de Cine con sede en la ciudad de México y se abriera
un campus adicional en Morelia. Michoacán saldría ganando y la ciudad no perdería una escuela que tanto le ha aportado.
Así se ampliarían y no se reducirían las oportunidades para los mexicanos que no pueden ir a estudiar al extranjero, que son
la mayoría. No es justo que se vuelva más caro el estudio de esta expresión del mundo moderno.