Sus logros, mero espejismo
Víctor Ugalde
En los últimos meses, no hay semana que pase sin que nos enteremos, a través de los medios, que el cine mexicano ha obtenido algún logro artístico o económico.
Esto nos llevaría a pensar que estamos atravesando por un gran momento y que la situación de nuestra
industria es boyante y prometedora, sin embargo la realidad es diferente.
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Asesino en serio, uno de los pocos estrenos de este año |
La producción de largometrajes es baja y se reduce año con año, el desempleo crece y el talento artístico
permanece callado, perdiéndose con esto valiosos recursos humanos. Las escasas películas mexicanas que se estrenan dentro de
la creciente norteamericanización de nuestras pantallas no alcanzan a recuperar lo invertido en su lanzamiento y
publicidad, mucho menos el dinero arriesgado para su realización. Los escasos y valientes inversionistas se alejan a pasos
agigantados por las condiciones leoninas impuestas a la recuperación de su inversión por la cadena productiva cinematográfica,
donde la mayor parte de los ingresos se la quedan los comerciantes de la distribución y exhibición extranjera, lo que
provoca su descapitalización y una creciente fuga de divisas por concepto de pago de regalías, lo que agrava día con día
nuestra balanza de pagos, deficitaria en más de 90%.
En este sexenio, en comparación con otras industrias culturales o no, la cinematográfica no tendría por que
quejarse. Gran parte de las promesas de campaña del presidente Vicente Fox se le han cumplido: se emitió el reglamento de la
Ley Federal de Cinematografía (29/III/01), se creó el Fondo de Inversión y Estímulos al Cine (21/IX/01), se nombraron
funcionarios pertenecientes al medio para evitar la parálisis del año de aprendizaje (Alfredo Joskowicz, Imcine; Magdalena
Acosta, Cineteca), se mantuvo la prohibición para exhibir películas extranjeras dobladas al español (la SCJN falló en favor
de los distribuidores, 6/III/00); ha habido respeto a las leyes migratorias y del trabajo, etcétera; sin embargo, ni con la
suma de todas sus acciones ha logrado revertir el grave problema estructural que atraviesa nuestra industria cinematográfica.
Por lo anterior, el 12 de junio pasado la Secretaría de Gobernación instaló la mesa de trabajo para el
Fortalecimiento de la Industria Cinematográfica Nacional, integrada con representantes de la Secretaría de Hacienda y Crédito
Público, de Economía y de Gobernación, con algunos de los representantes de la comunidad creadora cinematográfica nacional como la Asociación Mexicana de Productores Independientes (AMPI), la Sociedad General de Escritores
de México (Sogem), el Sindicato deTrabajadores de la Industria Cinematográfica (STPC), la Asociación Nacional de
Actores (ANDA), el Instituto Mexicano del Cine (Imcine) y la contraparte que representa mayoritariamente a los comerciantes del cine estadounidense, como son Canacine y el Film Board.
Los productores de la cultura han urgido el cumplimiento de la ley de cine de 1999 en lo referente a los
apoyos, estímulos, incentivos y demás medidas de fomento ordenados en los artículos 14, 31, 32 y 35 del ordenamiento
vigente. Por su parte, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público ha evadido su responsabilidad y ha insistido en el
discurso neoliberal que permea esta institución desde hace más de 20 años, manteniéndose en el riguroso control del gasto
y la reducción de medidas de fomento a las industrias nacionales para que compitan con sus pares en el libre juego
de la oferta y la demanda, situación que pone en franca desventaja al cine mexicano frente a sus socios comerciales que
sí reciben un cúmulo de apoyos por parte de sus gobiernos, incluyendo a Estados Unidos, país que a decir de la Unesco
es una de las naciones con mayor legislación en la materia y cuyos apoyos suman millones de dólares.
En su afán por convencer a los cineastas mexicanos de que "los estímulos no son fundamentales en las
producciones, sino que premian la ineficiencia", Hacienda repite el discurso de las grandes empresas estadounidenses que
sostienen que "toda medida de fomento sólo lleva a la ineficiencia y el dispendio", tal y como sucede con países como Francia,
que produjo 171 películas de largometraje en 2000; Italia, 103; España, 98; Reino Unido, 90; Alemania, 90; Canadá, 53,
y Argentina, 40.
Como se podrá ver hay "ineficiencias" que desearíamos tener, pues mantienen viva y vigente la cultura, además
de los grandes beneficios que significan para las economías nacionales. México sólo produjo 14 largometrajes el año pasado y eso que cuenta con una población superior a los 100 millones de habitantes y el mercado en español más
importante del continente americano, razón por la cual somos el quinto exportador de regalías por consumo de productos
audiovisuales estadounidenses.
¿Hasta cuándo entenderán los hombres de Hacienda que hay más rutas que las indicadas por las trasnacionales de
la comunicación? ¿Podrá la Secretaría de Gobernación hacerlos entrar en razón y obligarlos a cumplir las leyes en la
materia? ¿Hasta cuándo comprenderán que de la nada sólo se saca nada?