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Laura Islas Reyes  Los renglones torcidos del pasquín


 Aparadores de dislates, errores y calumnias

 Laura Islas Reyes


Se les llama pasquines, peluches, hojas católicas. Son como un secreto a voces, celosamente guardado por la incomodidad que causa y ampliamente conocido por las dimensiones del fenómeno. Hay pocos números para documentarlos pero abundan los ejemplos que no alcanzan a explicar las razones de su existencia.

Estas publicaciones se deslizan, casi subrepticiamente, en los presupuestos de las oficinas de comunicación y propaganda de las dependencias públicas. Lo mismo están en los municipios que en los partidos políticos. Su nicho de mercado no es elitista y buscan subsistir. Y lo consiguen. Nunca falta un anunciante.

Algunos funcionarios los critican y niegan acudir a sus páginas para anunciarse, otros reconocen que lo hacen sólo en "ocasiones especiales", aunque no por ello dejan de señalar ­paradójicamente­ la poca valía que tienen los pasquines, como instrumento eficaz en la política de comunicación social de una entidad pública.

Según una fuente oficial, actualmente existen registrados 127 periódicos regionales en el Valle de México. El año pasado eran 300 y en opinión del autor del reporte, la tendencia es que disminuyan. Alguna otra versión habla de hasta ocho mil pasquines en todo el Estado de México.

Hacen falta, quizá, números para precisar del todo las dimensiones del fenómeno. Lo que tal vez sobran son razones para preguntar por qué siguen existiendo, con su propia galería de horrores a cuestas, mantenida por el erario público.

Las mil y una erratas

Tienen nombres ostentosos, supuestos tirajes generosos, pocas páginas e incontables errores ortográficos, de sintaxis y diseño. La pésima calidad de las fotos es proporcional a la de los textos que muchas veces son, simplemente, ininteligibles.

Algunos de los muchos títulos son: El Enquirer en el periodismo; Vanguardia nacional informativa; Definición, periodismo denuncia ciudadana; Sendero Crítico, periodismo de periodistas; Comunigrafic, mostrando la verdad; La Coladera.

Las no más de 16 páginas de cada uno de estos pasquines se convierte en una colección de erratas que, incluso, se pueden encontrar hasta en sus directorios.

En su edición anterior etcétera describió un ejemplo paradigmático de los pasquines. El "periódico" La Coladera que cuenta con un nada honroso récord de 70 faltas de ortografía y sintaxis por página. Si embargo, sus congéneres no se quedan atrás en cuanto a pésima calidad, erratas y dislates.

Hablar de periodismo dentro de la oferta editorial de estas publicaciones parece de pésimo gusto frente a errores como el de El Enquirer que en su primera plana de la edición del 31 de agosto, en una nota firmada "por: Saldaña", se lee en el primer párrafo: "En jugoso botín de lobos se convierten algunos 'líderes' boraces las ya próximas elecciones electorales para sacar candidatos a las presidencias municipales Diputaciones Locales y Federales así como regidurías, sin quedársela margen las mejores direcciones de los ayuntamientos aquí el que tiene más dinero para pagar será el candidato sin importar la opinión de los integrantes del partido".

Y añade, líneas más adelante: "Al parecer 'el dedazo quedó atrás'; la carisma el liderazgo para con el pueblo es ignorado para sacar al mejor candidato con posibilidades de llevarse el triunfo".

Entre notas que lo mismo publicitan una gira del gobernador Arturo Montiel en Estados Unidos, que las acciones de los alcaldes de Jaltenco, Coyotepec, Melchor Ocampo, Tecámac, Coacalco o Huixquilucan, se encuentra una "columna" firmada con el seudónimo de El Chipote Verdugo de dos tres gandallas.

Sin el menor respeto a la ortografía, toda la "columna" es una cadena de acusaciones, ninguna con sustento, en contra de algunos funcionarios panistas en el Estado de México.

"Jollos y más Jollos, tráfico de los más gacho en tocha la López Portillo y a eso auméntela la jodedera de los policarpios de los municipios de Tultitlán, Coacalco y Ecatepec, mis queridos 10 mil lectores y cacho; me cay de madere si ustedes pueden evitar ese relajo chido por ustedes por que ademas en el perimetro de Coacalco te tienes que refinar los espectaculares del Diputados Local Alejandro Gamiño Palacios, el cual te avisa que no esta, que esta chambeando duro y tupido para pagar la feria que se ingo siendo alcalde de dicho municipio, pero bueno ojala le alcanse el tiempo y la libertad para legislar...".

"Ahora vamos con 'Pepé' Barreto Director de fomento Económico ex fotógrafo y ex director de comunicación Social tocho un malandrín ya que se ha hinchado los bolsillos con negocios manejados aprovechándose de su puesto, el según 'Licenciado' titulo comprado en la hermana República de Santo Domingo, no conforme con tocha la lana obtenida ahora pone de Director de Comunicación Social a su compadre el 'Chavarrigas' Mario, ya que además les gusta la lana fácil".

Dirigido por Rafael Saldaña Atitlan, El Enquirer en el periodismo aclara que es distribuido por ellos mismos y, como si se tratara de una ironía más, que queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de su publicación.

Otro de los pasquines que circulan en el Valle de México es Sendero Crítico, periodismo de periodistas: un tabloide de 20 páginas en las que la constante es que ninguna información va firmada, salvo una "columna" llamada "Sendero de grillos" y cuya autoría se le atribuye a "RA+JE+ZU".

Es tal el anonimato que priva en Sendero Crítico, que hasta su director y editor firman con iniciales: T.O.A. y M.J.M.P., respectivamente. No hay entonces a quien atribuirle los errores que van desde la repetición de notas con diferente cabeza en una misma página, hasta "pequeños" descuidos ortográficos como procelistismo y Walt Mart, para referirse a la cadena estadounidense de tiendas.

Desde su primera plana, Sendero Crítico no niega sus filias y fobias políticas. La cabeza principal titula "El PAN se desmorona... Caos foxista", y continúa, "El PAN otra vez en el engaño". El resto de las notas son una apología a la administración priista: "Arturo Montiel entrega equipo a policías del Edomex", "Clara y concisa fue B. Paredes", refiriéndose a la respuesta de la diputada Beatriz Paredes al segundo Informe presidencial.

Sendero Crítico tiene un costo de tres pesos con 50 centavos, y asegura ser distribuido por la Unión de Voceadores y Expendedores de Periódicos, aunque en los kioskos no fue posible encontrar alguno de sus ejemplares.

Como una curiosidad más de las que se puede encontrar en un pasquín, en el directorio de esta publicación se puede leer la pertinente aclaración de que "los artículos y colaboraciones firmados o no, son responsabilidad de los autores y la dirección (que tampoco se identifica) no es responsable de la tónica editorial que los mismos contengan". En realidad, no hay quien se haga responsable de nada al no haber más que colaboraciones anónimas.

Igual que Sendero Crítico, en Comunigrafic mostrando la verdad y Definición, periodismo denuncia ciudadana no aparecen notas firmadas. Las 12 y ocho páginas, respectivamente, de cada uno de estos pasquines, son una compilación de boletines de prensa que hablan sobre los informes de gobiernos rendidos por los presidentes municipales de Coacalco, Ecatepec, Tultitlán, Jaltenco, Tlanepantla y Zumpango.

Sin embargo, la presentación de discursos resumidos y una serie de datos donde los alcaldes informan sobre lo hecho en sus municipios, no exenta a los dos "periódicos" de errores de diseño, ortografía y sintaxis.

Una perla cultivada en las páginas de Comunigrafic, en su edición de la segunda quincena de agosto de 2002, está en la única nota firmada en el pasquín. Margarita Espinosa, quien en el directorio aparece como la responsable de la publicación, y escribe en una información titulada "El PRI en pie de lucha", el siguiente indescifrable párrafo: "En un dialogo con pistas de Naucalpan, Isidro Pastor Medrano presidente del PRI Estatal, con jóvenes y gente que se encontraban en un dialogo con la militancia de Naucalpan. Expuso que es obligación del PRI, como partido político ir en busca de la militancia, que opine, critique y exponga sus comentarios y desagraviarse y no son las estructuras propias".

Los dos pasquines especifican en su directorio que son distribuidos por los propios colaboradores del periódico y, con las mismas palabras aclaran también que "los artículos firmados por las personas que colaboran en este medio no perciben ningún salario, solo aportan sus ideas".

Otra de las características que se puede ver en la "oferta editorial" de estas publicaciones, es la que da muestra el número 114 ­con fecha de 13 de agosto­ de Vanguardia nacional informativa. En esta edición, en su primera plana, el "periódico" dirigido por Roberto Santos Martínez, publica una foto de la actriz Edith González, como ilustración a un texto titulado "Mantenga su piel siempre joven y sin arrugas".

En la página 19 de Vanguardia informativa aparece el mencionado reportaje, en el que se enlistan los consejos de una dermatóloga brasileña para el cuidado de la piel. El texto no presenta, a diferencia de otros, faltas de ortografía o sintaxis; sin embargo, presenta otro tipo de inconveniente ­uno que quizá sea muy insignificante para los editores de esta publicación­. Y es que Vanguardia nacional informativa omitió citar a la verdadera autora del material que reproducen.

Tal material fue escrito por Eliane Contreras para el portal de Internet Terra y puede encontrarse en la siguiente dirección electrónica: www.terra.com/mujer/belleza/supiel/rostro_envejecimiento.htm

Lo que no olvidan advertir los señores de Vanguardia nacional informativa, a través de un aviso publicado en su página 2, es que "a las autoridades Civiles y Militares se les hace de su conocimiento que, únicamente laboran en este medio Informativo, quienes aparecen en el Directorio, por lo cual la empresa no será responsable de quienes se identifiquen falsamente como colaboradores de este rotativo".

etcétera intentó localizar al director de Vanguardia nacional informativa para entrevistarlo. En un principio, el señor Roberto Santos Martínez accedió a una cita a la que finalmente no asistió. Prometió volver a dar una fecha para hablar sobre su publicación pero hasta el cierre de esta edición no había dado respuesta.

Definición, periodismo denuncia ciudadana, Comunifrafic mostrando la verdad y Vanguardia nacional informativa son impresos en el mismo lugar: Editorial Vanguardia en Ecatepec de Morelos, Estado de México, teléfono 5775 71 95.

Lo curioso de este número telefónico es que, en las propias páginas de Vanguardia nacional informativa está anunciado también como una imprenta independiente a la del periódico, un bufete de abogados y un aviso en el que se solicitan corresponsales para los estados de Puebla y Tlaxcala.

Imprimir en Editorial Vanguardia un pasquín como los anteriormente descritos tiene un precio que va de los mil 320 pesos el millar, con un total de ocho páginas, a dos mil 640 pesos con un paginado de 16. El pedido se entrega de un día para otro; en caso de hacer el pago inmediatamente, se le obsequiara la impresión a dos tintas.

El señor de los pasquines

El director del pasquín espera, gafete de prensa en el pecho, afuera del Vips a la reportera que llega con tres minutos de retraso. Mientras ella se disculpa, se acercan hasta la mesa donde el hombre de cabello cano se disponía a empezar el desayuno junto con su esposa.

Carlos Aguilera Morquecho, director de La Coladera, coloca un ejemplar de su publicación a la vista de la reportera que enciende la grabadora.

"Nos llamamos La Coladera porque tratamos de estar más allá del bien y del mal, que la gente esté informada. Un medio a veces vive medio precario pero lo importante es amar al periodismo".

La reportera interrumpe para preguntarle si en verdad le parece periodismo lo que se hace en las páginas de La Coladera.

Morquecho, disimula el intento por no perder la amabilidad, frunce con discreta sorpresa el ceño, esfuerza la sonrisa y responde que sí. "No emitimos nuestra opinión sino emitimos la opinión de la gente que nos rodea. No se vale que un periodista emita su opinión por medio de un medio. El periodista no debe usar su medio para agredir a nadie".

¿Entonces no le parece una agresión publicar en su medio, un editorial que se titule "Vicente Fox Quezada (la reportera señala la falta de ortografía) impotente y esquizofrénico"?

No, porque se trata de algo que ya está publicado en un medio nacional. Yo sólo cito al medio y publico lo que investigué. No se puede publicar nada sin una investigación.

Carlos Aguilera
Morquecho
Foto: Laura Islas
Ahora que menciona usted la investigación, en un texto que aparece en su página de Internet, usted asegura que "jamás la iglesia (católica) a aceptado que en su seno, existió una 'papisa', esta tubo un alto grado político dentro de la corte francesa, siendo esto una debilidad de los curas de alto rango". (La reportera recurre nuevamente a la cita textual). ¿Me podría decir su fuente?

Eso está en los libros de la historia de Francia.

¿En qué libros?

No me acuerdo del nombre, pero la papisa fue una mujer que se llamaba Catalina de Medicis.

(En realidad, Catalina de Medicis fue sobrina del papa Clemente VII, esposa del rey de Francia Enrique II y reina de este país a la muerte de su esposo en 1559.)

Usted, en este mismo texto asegura, y lo vuelvo a citar textual, que "en la actualidad se hace un escándalo en los EE. UU. Cuando es norma, natural en ese país, el prestarse a la mujer los fines de semana, (existiendo en la realidad, campos nudistas, así como clubes de 'intercambio' de parejas, así como bisexuales), autorizado por el gobierno americano, esto en la actualidad fue muy notorio, porque 'el vaticano ya se arto' de pagar los millones de dólares, que cuesta mantener la prostitucion de sus clérigos". ¿Cuál es su fuente de esto que afirma?

Eso está declarado inclusive por las nuevas autoridades eclesiásticas, por varios sacerdotes católicos.

¿Qué autoridades, el nuncio, el arzobispado, el padre de una parroquia?

Schulenburg fue uno de los que me lo dijo.

La entrevista continúa. La reportera pregunta y el director de La Coladera vuelve a responder incómodo.

¿Cuánta gente trabaja con usted?

Colaboran conmigo mucha gente, como unos 40.

¿Y no tiene corrector de estilo? Lo pregunto porque nosotros hemos contado hasta 70 faltas de ortografía y sintaxis en cada página.

No, no tenemos y sí reconozco que tenemos pequeños problemas de ortografía.

¿No le parece a usted esto una falta de respeto a los lectores?

Si usted considera que eso es una falta de respeto al lector yo respeto su idea y su forma de pensar. Hay libertad de pensar y de opinión. Lo importante es que la gente lo sepa, lo comente, se entere.

Perdóneme que insista, pero hay párrafos que son simplemente ilegibles.

Tratamos de mejorar lo que hacen los colaboradores, pero a veces es muy difícil porque uno lo elabora todo.

El director de La Coladera asegura que contratar una plana de publicidad en su periódico tiene un precio de 17 mil pesos. La reportera le revira que según una de las fuentes oficiales con las que conversó, el costo promedio de la publicidad en un pasquín es de tres mil pesos. (Además de que estas fuentes negaron tajantemente contratar publicidad en La Coladera.)

"Ellos pueden decir lo que quieran pero yo le entrego cuentas a Hacienda con facturas. Pero toda publicación tiene convenios como le conviene manejarlo, algunos con factura, otros sin factura". Sin embargo, el señor Morquecho no llevaba documentos para demostrar su dicho.

¿Cuántas páginas de publicidad del gobierno llega a conseguir por ejemplar?

Unas 18 o 20 páginas que es más o menos 80 o 90% del periódico.

¿Con ese 90% de publicidad, usted no considera que su publicación es un pasquín?

No, porque nosotros metemos publicidad como cualquier periódico.

Pero no cualquier periódico tiene 90% de publicidad y con el otro 10 se dedica a insultar a otros partidos políticos a los que le contratan la publicidad.

Sí, pero hay veces que es (la publicidad) del 20%. Pero no es un pasquín porque sigo publicando a favor o en contra de los partidos.

La conversación prosigue durante una hora. Después, Aguilera Morquecho le comenta a la reportera que trabajó en Excélsior cuando Julio Scherer era director: "Es un gran amigo mío, yo lo considero mi maestro en el periodismo".

El ABC del pasquín

Según el diccionario de la Real Academia, un pasquín es un "escrito anónimo que se fija en sitio público, con expresiones satíricas contra el gobierno o contra una persona particular o corporación determinada". Sin embargo, en el argot de las oficinas de comunicación social el término es de uso común, más allá de las acepciones del diccionario.

Un funcionario municipal, quien también pidió el anonimato por las presiones de que pudiera ser objeto, por parte de los dueños de pasquines, al acceder que se publicara su nombre, habló también de esta realidad editorial.

"Periódicos locales, pasquines, peluches y hojas católicas porque aparecen cada que Dios quiere. La función que tiene el periódico regional es que llega a donde no llegan los periódicos nacionales. Ellos tienen la facilidad de distribuirse puesto por puesto o en las plazas cívicas. Lo único malo es que han proliferado mucho y hay muchos que son pocos serios y lo mismo se dedican a la nota amarilla que al chisme".

Sobre el escritorio, el servidor público despliega unos periódicos de pocas páginas y rimbombantes nombres desconocidos. Todos pertenecen a la larga lista de pasquines que viven gracias al erario público, a través de la publicidad que consiguen en las oficinas de comunicación social.

No son publicaciones que se lean, el propio funcionario dice que por su información, sólo se pueden entender en los municipios. "Pero nosotros tenemos sondeos de opinión pública en donde algunas preguntas eran ¿lee usted periódicos?, ¿cuáles reconoce?; y en ningún municipio en los que me tocó hacer encuestas, me señaló como conocido un medio de éstos".

Aun sin lectores, este tipo de publicaciones subsisten, el funcionario le pone números al redituable negocio de los pasquineros: "Sobreviven por la publicidad que consigan en los municipios. Tirar tres o cinco mil de éstos cuesta cinco mil pesos y venden una plana, a quien se las compre, en siete, ocho o diez mil. Si al periódico le sacan 40, 30 mil o el que menos venda, le llegue a sacar 20 mil; si ya invirtieron cinco mil, les queda una ganancia de 15 mil pesos. Por esa razón abundan".

Ante las respuestas del funcionario, la pregunta obligada es por qué el gobierno decide anunciarse en ellos, si los pasquines no tienen lectores.

"Yo lo vería de esta manera, en algunos casos, como en el de informes de gobierno, ellos mismos ofrecen la distribución local de su periódico donde circula, y eso de alguna manera permite que a los lugares que llegan, la gente los lea, aunque sea la primera plana. Pero a la gente ya se le grabó una nota, y acuérdese que el primer impacto, donde tiene que ver mucho la vista, es muy importante":

Perdone la insistencia pero, ¿en realidad vale la pena anunciarse en periódicos de tan mala calidad?

"Ellos tienen una gran ventaja, trabajan en las localidades y como vehículo de información local son una opción. Es más fácil que usted encuentre uno de estos pasquines en algunos municipios a que encuentre Reforma o La Jornada".

La conversación transcurre por 30 minutos más en los cuales el servidor público explica a la reportera más detalles sobre el fenómeno de los pasquines. Antes de despedirse el funcionario revisa de reojo la sala de espera que se asoma desde la puerta de su oficina. Hay tres hombres que permanecen sentados, aun antes de que empezara la entrevista.

Ahí están, los que me están esperando que tienen cara de todo menos de periodistas.

¿Son pasquineros?

El funcionario asiente.

Los motivos del pasquín

Complicidad, chantaje, despiste. Cuáles son las razones por las que subsisten los pasquines. Otro servidor público que pidió también se respetara el anonimato, por razones ya mencionadas, explica la forma como ha operado y sobrevivido este tipo de publicaciones, a la sombra de las oficinas de comunicación social.

"Creo que una buena parte de las razones por las que los pasquines florecieron es porque más allá del despiste o del chantaje, lo que prevaleció fue el arreglo entre el operador de prensa y el dueño de la publicación para emitir facturas y las órdenes de inserción, para mandar publicidad a esos medios. Y para que finalmente el dueño del pasquín le rebotara o le diera su respectiva comisión al funcionario."

Su experiencia en el trato con los hacedores de pasquines lo lleva a denunciar esta complicidad con los funcionarios. "Una buena parte de los pasquineros que han venido a ofrecer sus servicios han incluido esa opción, casi como si fuera un valor entendido: mándanos publicidad y nosotros te mandamos tu respectiva comisión".

Y añade: "No dudo que en muchos casos, cuando llega un funcionario y estrena cargo en la dirección de comunicación social de algún lugar, él mismo lo fomente. Te llamo a ti, sé que escribes y te propongo registrar una revista, asóciate con un fulano que es prestanombres mío y yo les mando publicidad. Y el negocio sale redondito: tú haces como que publicas, yo hago como que me anuncio, y aquí el único que pierde es el fisco".

Otra de las formas en las que los pasquineros buscan conseguir publicidad es a través del chantaje. El servidor explica cómo los editores de un pasquín se valen de este método.

"Una de las fórmulas de los que acuden al chantaje es que imprimen un número con puros golpes contra nosotros, contra la organización, le tiran a alguno de los líderes, dicen que es del otro lado, que tiene una amante, una casa chica o que hizo una transa. En fin, imprimen un número de esos y vienen y lo dejan en las salas de espera. A lo mejor no circula en ningún otro lado, pero se corre la voz donde ellos quisieron, y entonces después hablan. Le dan continuidad a esa estrategia de ventas".

Los pasquineros tienen diferentes discursos para hacerse de publicidad. El funcionario enuncia los más frecuentes con los que acuden a la oficina de la que es responsable. En un primer acercamiento, "llegan todos con el mismo approach, por llamarle en la jerga gringa. Hay varias técnicas, pero en general las resumo en las siguientes: están los que llegan con el discurso de yo siempre los he apoyado y es hora de que me lo retribuyan. La siguiente es: seguramente ya se dieron cuenta de lo peligrosos que somos como enemigos y entonces habrán entendido que nos necesitan, entonces, para que cesen los ataques de nosotros para con ustedes, ojalá nos podamos entender".

"Y la tercera, preciosa: me encontré a su jefe, lo vi en tal lado, él ya sabe, nos conocemos desde hace mucho, me autorizó y me dijo que viniera por mi orden de inserción."

Ante su negativa, según lo narra el funcionario, los pasquineros continúan su labor de convencimiento. "He experimentado a partir de ese approach inicial, dos etapas más. Viene una segunda andanada en la que te dicen: necesito tanto dinero para sacar de la imprenta el siguiente número. Está la crisis muy fuerte, el gobierno ha cerrado los canales que tradicionalmente teníamos, estoy desesperado; siempre he cabalgado con ustedes y son mi última esperanza para sobrevivir".

La insistencia no cesa. Los editores de un pasquín perseveran y tocan la puerta de la oficina de comunicación social una vez más. "Y viene un tercer intento: tengo a mi mamá, abuela, esposa, tía, hijo, nieto, en el hospital". Después de una tercera negativa, los pasquineros generalmente ya no regresan.

El funcionario cuenta la impresión que le da tal forma de insistir. "Entonces, lo que a mí me queda claro de todo esto es que en buena parte se convirtió en una industria que generó un modo de vida para un sector, que no sé de qué tamaño sea, pero siempre me queda claro que por el talante, hasta por como vienen vestidos, por las cosas que traen cargando, que hay gente que tenía su presupuesto familiar fincado única y exclusivamente en esto".

La presencia de los pasquines es una lamentable constante en las dependencias de gobierno; según el funcionario: "Esto es un dolor de cabeza en todas las oficinas de prensa: llegan y se sientan, se aposentan, destinan un día entero a una antesala si es necesario. Lo cazan a uno en el pasillo, en la salida, a la hora de comer se plantan en el restaurante, ya que uno los intentó batear por todos los medios, provocan el encuentro".

Sobre la utilidad de los pasquines, el funcionario no opina que tengan una utilidad como vehículos de difusión.

"Yo no dudo que eso tenga su utilidad en protopolítica y en un momento dado en una localidad específica, pero no creo que sea una política de comunicación, ni una estrategia que tenga que ver con un asunto periodístico, informativo, ni de otra índole, sino simplemente un recurso político como hay muchísimos."

Aunque no niega su utilidad en un municipio, sugiere que si se tiene la certeza de que periódicos nacionales no cubren las necesidades informativas de las pequeñas localidades, "es más, yo sería de la idea de que si de eso se trata y si se sabe que hay una comunidad donde no leen un medio o no está al alcance, pues yo mismo crearía mi propio pasquín como oficina de prensa del lugar donde estoy. Yo mismo lo fomento y lo reparto ahí".

Una más de pasquines

Una página de La Coladera es suficiente para terminar de no entender cuáles son las razones por las que los pasquines existen o los dejan existir.

Los datos son inciertos dado el propio paso fortuito de estas publicaciones y sus hacedores que, según las fuentes consultadas, van y vienen, publican y dejan de hacerlo, de acuerdo con la época y la generosidad de los funcionarios dispuestos a pagar por aparecer en sus páginas.

Están en todos lados, en los municipios, en los estados, en los partidos políticos. El universo de los pasquines es una realidad que encuentra pocas explicaciones lógicas dentro de una política de comunicación en cualquier nivel de gobierno; pero la realidad es que existen, como un aparador de dislates, erratas y calumnias, siempre dispuesto a ceder el espacio de sus páginas al mejor postor. Un comprador que, casi siempre encuentra, por increíble que parezca.


Laura Islas Reyes es redactora de etcétera.
Correo: lislas@etcetera.com.mx

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