Argentina y Brasil impulsan
su industria; ¿México cuándo?
Víctor Ugalde
El momento que atraviesa el cine brasileño y argentino es extraordinario. Brasil pasó en unos cuantos años de
la catástrofe a una bonanza incipiente gracias a la Ley sobre el Audiovisual que se promulgó en 1993 con una vigencia
de diez años, y que acaba de ser refrendada por ocho años más.
Con ese instrumento se logró pasar de seis películas de largometraje en 1994 hasta alcanzar un promedio superior
a las 40 en los últimos tres años.
Este hecho les permitió revertir la escasa participación del cine brasileño en su mercado, que en 1992 sólo
representaba 0.05% y ya para 2003 alcanzó 25%, gracias a que de los 98 millones que asistieron en 2003 a las salas
cinematográficas, 24.5 millones prefirieron el cine brasileño.
Por su parte, Argentina, que en 1994 sólo producía diez películas al año, ha elevado su nivel de producción de
los últimos tres años por encima de los 37 largometrajes, pasando de 16.8 millones de espectadores en 1994 a más de
30.7 en los últimos dos años; de éstos, 10.6% consumieron cine argentino. ¿Y en México...? El cine nacional sólo
obtuvo 7.5% de los 138 millones de espectadores que asistieron al cine en 2003.
Estas cinematografías de América del Sur han tenido éxitos que superan en su mercado a las
superproducciones estadounidenses. En Brasil,
Carandiru obtuvo 4.6 millones de espectadores y
Lisbela e o prisioneiro 3.1. En Argentina,
El hijo de la novia, 1.4, y A paso, 1.1, pero sus resultados no corresponden en igual proporción cuando salen al
mercado latinoamericano por el control que ejercen las transnacionales de EU. ¿Y en México? En el 2003,
Nicotina obtuvo 1.4 millones de espectadores y
Asesino en serio, uno, pero su repercusión internacional fue exigua, por lo que 90% de
los productores mexicanos pierden su inversión.
El mundo no es perfecto, en Brasil y Argentina el cartel estadounidense acaparó 70% de las pantallas; por ello,
con el propósito de enfrentar de manera conjunta esta presencia monopólica de las distribuidoras trasnacionales
agrupadas en la MPA, ambos países decidieron unir esfuerzos para preservar sus industrias culturales, que en conjunto aportan
6.5% del PIB. ¿Y en México? El cine estadounidense acaparó 80.2% y las empresas de la MPA orientan la política de
Canacine, mientras el déficit de nuestra balanza de pago cinematográfica con Estados Unidos supera los 300 millones de
dólares en sentido negativo para 2003.
Para consolidar sus avances, los presidentes de Argentina y Brasil anunciaron recientemente un proyecto conjunto
de impulso a su industria cinematográfica ¿Y México? Continúa negociando acuerdos bilaterales asimétricos y
no cumple con su obligación de establecer estímulos y apoyos para nuestro cine.
La unión Brasil/Argentina busca promover la complementación e integración de las industrias
cinematográficas, armonizando sus políticas públicas, impulsando la libre circulación de bienes y servicios cinematográficos.
Para empezar armonizarán los aspectos legislativos que inciden en el desarrollo de la cinematografía como
son: legislación del cine y audiovisual, de derechos de autor, formas de financiamiento e incentivos fiscales.
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Escena de Carandiru |
Una legislación cinematográfica conjunta incorporará los beneficios de una y otra parte. Actualmente en Brasil
hay apoyos fiscales federales y estatales, inversión directa, cuota de pantalla que obliga a exhibir su cine durante 63
días, además de obligaciones de apoyo de la televisión a su cine. En Argentina existen créditos a la producción, subsidios
según ventas, subsidios a la exhibición, inversión de capital directo, cuota de pantalla y subsidio electrónico otorgado por las empresas de la televisión. El cruce de los dos sistemas incrementará la producción y el apoyo en todas las etapas de
la cadena productiva. ¿Y en México? Sólo hay inversión directa a través de los exiguos fondos estatales, un estímulo
de un peso por espectador que atraigan las cintas mexicanas en su corrida de estreno en salas y la obligación de exhibir
un 10% de cine mexicano en cada sala, que a la fecha no se cumple.
Para este convenio, ambos países acordaron negociar de manera conjunta los acuerdos comerciales impulsando
la defensa de la diversidad cultural. Si las autoridades mexicanas tuvieran visión a futuro deberían sumarse a esta
iniciativa, pues en conjunto los tres países representan un consumo de 280 millones de espectadores y un mercado potencial
de casi 600 millones de dólares. Dinero que por el momento se va de nuestros países para beneficio de unas
cuantas empresas estadounidenses afiliadas a la MPA que actúan como un monopolio.