Los dueños del balón ya han decidido
Javier Solórzano Zinser
El negocio entre la televisión y el futbol tenía que renovarse a como diera lugar. A lo largo de muchos años, la
televisión abierta se convirtió en la esencia del juego. Las cadenas, tanto la privada como la otrora oficial, cada año dejaban
espacios en sus programaciones para los partidos.
No cabía en la cabeza de nadie que el futbol no pasara por la televisión. Cuando a principios de los 70 la
televisión vivió uno de sus muchos momentos de crítica, en particular por su programación, Televisa decidió dejar de transmitir
los partidos del domingo a las doce. Los resultados fueron sin duda previsibles. Encono del aficionado y, sobre
todo, alejamiento de aquellos que deciden dónde meter el dinero de la publicidad en las empresas para las que
trabajan. Decidían y en muchos casos lo siguen haciendo bajo criterios brutalmente desiguales y hasta extraños. En aquella
ocasión buscaron nuevos rumbos.
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El negocio en cada país ha ido evolucionando, pero está claro que en su esencia no puede cambiar. Nadie escupe
para arriba y la sociedad futbol-televisión, en México y en muchos países, obliga a formas y a mecanismos en las que poco
o nada cuenta el aficionado. El tema hoy tiene uno de sus puntos más polémicos en Brasil. Más allá de la investigación
que realiza el Congreso de dicha nación respecto de la corrupción y relación, o propiedad, de la empresa Nike sobre la
alicaída selección, el tema ha mostrado diversas facetas.
El reportaje de la primera quincena en la revista
Newsweek, en su edición de América Latina, sobre el futbol en
Brasil, confirma cómo se maneja el negocio del cual la televisión es parte central. Uno de los periodistas consultados en el
artículo se hace más preguntas de las que le hacen. Asegura no entender cómo es posible que el futbol en Brasil sea un
negocio para los dueños. Nadie va al estadio, los jugadores no cobran tanto como en otros países, a pesar de su calidad, pero
eso sí los dueños de los equipos están llenos de dinero. Es difícil saber exactamente en qué se sustenta una parte del juego que genera que los dueños sean tan ricos. Algunos de ellos como los del Vasco da Gama son además congresistas.
Pero la clave también hay que buscarla en el costo y valor que se establece a través de la relación de los equipos
con la televisión y en general con los medios. Como ejemplo de los negocios en torno al deporte sirva darle un repaso al
basquetbol profesional de Estados Unidos, y los jugosos contratos que se llevan la televisión y las agencias de publicidad
con los llamados productos paralelos. La cifra de negocios está calculada en los 20 mil millones de dólares. El origen está
en patrocinadores, la venta de productos derivados y los derechos de televisión que detentan las cadenas nacionales
TNT, NBC y TBS. A lo largo del día se pueden llegar a transmitir en cadena nacional más de tres o cuatro juegos. En el
peor de los casos un aficionado al basquetbol en EU puede ver aunque sea un partido diario. Estas tres cadenas, para
obtener los derechos, pagaron, entre las tres, dos mil 600 millones de dólares entre 1998 y 2002. Por cierto, ya están
avanzando las nuevas negociaciones por aquello de que alguien les madrugue.
El fenómeno llama la atención por varios motivos. Si bien la industria del deporte todavía no representa
niveles realmente altos en el comercio mundial, alcanza aproximadamente 5%, es claro que el futuro está, entre otros, en
la industria del entretenimiento, dentro de la cual el deporte es clave. La renovación anual, ahora también semestral,
en el futbol mexicano de uniformes, banderines, patrocinadores, contratos de televisión, e incluso cambio de
dueños; muestra, aunque en algunos casos no sea tan palpable, las directrices que va adquiriendo el negocio del futbol.
Uno de los elementos clave en todo el proceso es la televisión. En México se dan singularidades. Las dos cadenas
de tele abierta son dueñas de equipos. Esto les da la posibilidad de imponer lo que quieran, no solamente en
horarios, también en publicidad y propaganda. Televisión Azteca ha metido a sus televidentes en el síndrome Morelia, el
reciente campeón del futbol. Estuvo a toda hora en el 7 y el 13 y, por lo que sabe, ya viene por ahí el video de los otrora
"ates", que será anunciado y vendido hasta en las tiendas Elektra. Es el negocio y punto.
Sin embargo, el negocio ya no da para un Celaya-Irapuato a las 19 horas en red nacional y en pleno sábado. La
televisión de paga es un negocio que ya llegó. Cualquier persona que tenga en casa el sistema más económico de Cablevisión
o Multivisión puede tener acceso por lo menos a 25 canales. Pero no todo funciona necesariamente. El negocio de
pagar por ver ya va cobrando víctimas. El boxeo a través de este sistema ha ido diluyéndose, junto con la propia crisis que
desde hace años tiene este deporte.
Habrá que esperar, pero sin duda el futbol le puede dar un sesgo debido, entre muchas causas, a que es el
deporte más popular del mundo y lo que se ha empezado a pagar por derechos de algunos partidos refleja el negocio que
viene y que de hecho ya es. El gran asunto es lo que puede sucederle al aficionado y su relación con el juego. No pareciera
tener lógica alguna en un país como el nuestro el hecho de que equipos como el América, quiérase o no uno de los
más populares, sean solamente vistos por este sistema cuando juegan en el Estadio Azteca.
DirecTV acaba de pagar 400 millones de dólares por el derecho de los mundiales del 2002 y 2006. La FIFA ya
saborea el paquete que incluye también los derechos de la Libertadores de América y la desigual Copa Confederaciones.
Esta situación obliga a que Televisa y TV Azteca deban negociar con DirecTV para transmitir los partidos y, por supuesto,
pagar los derechos. Es obvio que la tele abierta pasará los mundiales, pero el costo y la forma obliga a pensar en lo que va
a suceder en el futuro. Si la televisión de paga ya tiene una presencia influyente en Estados Unidos y en Europa, está
claro que como fenómeno comercial tarde o temprano estará en México.
La polémica sobre el partido de presentación de Iván Zamorano, el domingo 14 que fue transmitido por Sky y en
la noche por el Canal 2, es el evidente futuro. Para justificar la decisión Sky anunció a principios de año lo que venía:
en México, asegura, existe un mercado de 20 millones de hogares que representan de 2.3 a 2.5 millones de suscriptores de servicios de televisión de paga, sin pasar por alto que se calcula que en los próximos años se podría llegar a los
cinco millones. La suerte está echada porque tanto DirecTV como Sky, que son las cadenas de mayor peso en el mundo de
la tele de paga, ya tomaron sus decisiones, y como suele pasar las respuestas a cualquier nuevo espectáculo irán de la
mano de los "billetazos".
Se ha tratado de argumentar que las nuevas estrategias se toman para que el aficionado regrese a los estadios.
Esto suena hueco e hipócrita. Los buenos partidos siempre tienen al espectador en la butaca. La decisión está tomada
como parte de un nuevo diseño en el negocio del espectáculo y la tele, más allá de pensar en los que van al estadio, que a menudo aguantan muchos partidos de la temporada que bien sabemos son auténticos nembutales. A pesar de
que en muchos estados del país el costo de la televisión de paga es bajo, es obvio que para la mayoría de la población
es inalcanzable.
Los dueños del balón ya han decidido. México es de los pocos países del mundo, quizá el único, que transmite
todos los partidos de futbol de la primera división a través de la televisión abierta. El asunto suena absurdo. En Argentina
se transmite uno solo, bajo el lema comercial del "clásico de la semana"; en España el proceso es similar; Alemania
anda por ahí; Chile transmite uno solo; México es la excepción.
Por más baratos que sean los sistemas de pago por ver, difícilmente se podrán masificar. No hay manera con un
país con los niveles de la pobreza que tiene México. Dos son las cuestiones imprescindibles: mejorar el futbol en México,
la calidad seguramente derivará en que el aficionado vaya al estadio; y, por otra parte, urge revisar las
reglamentaciones de la tele de paga. Si la ley en materia de radio y televisión está congelada desde los 60, es obvio que hay que hacer
algo. Por más que existan críticas en contra del futbol no hay duda que es un asunto nacional y como tal hay que verlo, más allá de que el América tenga a Zamorano o a la mano del muerto.