En riesgo, la expresión plural del mundo
Víctor Ugalde
En la pasada V Conferencia Ministerial de la Organización Mundial de Comercio, celebrada en Cancún, el
único acuerdo fue que "aparentemente" no hubo acuerdos.
Momentáneamente se detuvo la marcha de las grandes corporaciones transnacionales, que a través de la OMC,
tratan de convertirse en un gobierno supranacional que les permita controlar al mundo al imponerle sus reglas comerciales
a las 148 naciones integrantes.
El tema que descarriló el avance fue el disenso sobre agricultura, que simplistamente se puede resumir en que
las naciones desarrolladas se rehusaron a eliminar los grandes subsidios a su sector agrícola y las naciones en desarrollo
se negaron a reducir sus aranceles, lo que permitiría la entrada indiscriminada de los productos agrícolas subsidiados de
las transnacionales que arruinarían, aún más, su agroeconomía. Situación que se reproduce puntualmente en la
industria cinematográfica mexicana y demás industrias culturales, salvo la radio y la televisión que tienen un trato preferencial
en México.
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La razón de la controversia es simple: ningún país que pretenda conservarse libre y mantener cierto rango de
independencia puede renunciar a la autosuficiencia de los básicos alimentarios (el trigo para Estados Unidos, el arroz para
Japón, etcétera) pero sobre todo no pueden renunciar a orientar y dirigir su producción cultural, pues con ésta se mantiene
su soberanía ideológica y su sentido de identidad. Por esto no resultó raro que el tema agrícola haya hecho naufragar
Cancún como tampoco fue raro que el artículo que se refería al material audiovisual y sus derechos de propiedad intelectual
haya estado a punto de impedir la creación del GATT, antecedente directo de la OMC.
Si en Cancún no existieron logros en materia agropecuaria no quiere decir que no hayan existido avances. A decir
del presidente de la OMC, Supachai Panitchpakdi, se caminó en otros temas como el de las inversiones, la competencia
y los servicios. Situación que debe poner en estado de alerta a los comunicadores y creadores nacionales.
Desde hace tiempo la representación comercial estadounidense está intentando integrar en el Acuerdo General
sobre el Comercio de Servicios (GATS) los productos elaborados por las industrias culturales como cine, radio,
televisión, producción musical y editorial. Pretensión que complementa con el Acuerdo sobre los Aspectos de Derecho de
Propiedad Intelectual Relacionado al Comercio (TRIPS). Los estadounidenses tratan de normar sobre aspectos de propiedad
intelectual y la circulación de lo que ellos llaman "mercancías" aunque en realidad se debería hablar de
satisfactores culturales distribuidos mediáticamente. Con su propuesta pretenden la homogeneización del consumo de sus
productos, política que pone en riesgo la producción cultural de los países más débiles, económicamente hablando, pero
sobre todo pone en riesgo la existencia de la expresión plural del mundo.
La diversidad cultural es clave para la humanidad y se volverá un tema tan conflictivo, o más, que el de la
agricultura, aunque por el momento este tema no tenga su verdadera relevancia por discutirse encubiertamente dentro del rubro
del sector de los servicios.
Los países ricos saben que para ser, hay que pensar que se es y este pensamiento o interpretación de la vida se
transmite masivamente a través de los productos elaborados por las industrias culturales, hecho que se produce movilizando
miles de millones de recursos y sus consabidas ganancias, botín anhelado por las grandes transnacionales de la
comunicación como United International Pictures, Sony, Columbia Pictures, Disney, Twenty Century Fox, Paramount y Warner
Bros, entre otras.
Hasta el momento sólo Suiza y Brasil han presentado en la OMC propuestas para salvaguardar sus industrias
culturales, reconociendo que "los países deben conservar la capacidad de preservar, desarrollar y poner en ejecución sus
políticas culturales respectivas con el objeto de fortalecer la diversidad cultural, dado el papel esencial que los productos y
servicios culturales juegan tanto en la identidad y la pluralidad de la sociedad como en la vida de las personas".
Cultura, comercio y economía están íntimamente ligados pero por la estructura de la OMC son los representantes
de comercio y economía los que están tratando de dictar el futuro cultural del mundo aunque por no ser especialistas
en el tema no sepan cómo. Los políticos de pensamiento tradicional, como son la mayoría de los que gobiernan el
mundo, consideran que la "cultura" sólo comprende a las bellas artes y creen que los productos de las industrias culturales
son "esparcimiento y comercio", por lo que se les debe incluir en el sector servicios y estar regidos por las fuerzas del
libre comercio.
La posición mexicana al respecto no se ha consensado con la sociedad artística y creadora, por lo que urge
la organización de un foro para que las autoridades de la Secretaría de Economía luchen por lograr "la excepción
cultural", política que ha protegido de manera eficaz las políticas y programas de Canadá y Europa; se trata de evitar que nos
suceda como en el cine mexicano, pues con la firma del TLC se desplomó la realización nacional y se incrementó el consumo
de productos estadounidenses distribuidos por las transnacionales. Estamos a tiempo, pues en diciembre se celebrará
una nueva ronda del GATS en Ginebra.